Fundamentalismo democrático

Terrorismo1Se queda uno la mar de tranquilo, arropado en casa, tal vez a unas cuotas de ser desahuciado, o volviendo a dejarse seducir por el tumulto tintineante que entra y sale de las rebajas a cuota y fuego de tarjeta de crédito, cuando tras la sangre llega la ley, vigorosa, con más calorías, presta a no dejar espacio para las ondulaciones sociales y la violencia antisistémica.

Y es que es cosa de paz, propia de nuestro confortable occidente humano, trastear con los cuerpos legales en momentos de marejada con rachas de fuerte marejada, según las kalashnikov de cotrabando se encasquillen más o menos. Cuando azota el vientecillo de la intolerancia, efectivamente, incomoda tanto su ritmo firme sobre la opinión de cada cual como el tornado que se genera ante y frente a la libertad de expresión, esa damisela que abre y cierra la balconada antes de que amaine la tormenta. Pero la dirigencia, eficaz y nada pusilánime cuando de cubrirnos las espaldas tocan, ya se ha pertrechado para subir, valerosa, a reparar el pararrayos antes que sacudan más balas atronadoras sobre la palabra y el hecho.

Terrorismo2Poner negro sobre blanco, una vez nos tiñe el rojizo de la intolerancia, tal vez con demasiada ceguera indómita cuando de poner taquígrafos se ha tratado con más potencia de la contratada, es colocar ley sobre ley. Y la que en cada momento copa el montón parece contener más hormigón que su predecesor tocho. Tranquilos todos, pues, porque no hay sistema de garantías más eficaz que aquél que tiene normativa para todos los gustos y colores, permitiendo calificar diferentes actividades presuntamente delictivas con tantos disfraces como la alarma social de turno requiera. Rabiando el pánico, se disipa la muerte.

La calle en toda Europa vuelve a recuperar la placidez de los espacios muertos, sin ventisca. Una vez manifestados en placentera comandita dirigentes de aquí y de allá, abrigados como crías indefensas y temerosas de misma camada, cada cual ha vuelto a lo suyo pero con el buche saciado en esa retroalimentación globalizadora que hace que el control de la ciudadanía encuentre justificaciones a miles de kilómetros, como quien tira un trompo a sabiendas que lo de menos es su baile. A legislar se ha dicho, que las armas las carga el ordenamiento jurídico. Bien sabe la dirigencia que las arrugas en nuestra calma chicha son producto de unos cuerpos normativos demasiado laxos, faltos de hidratos de castigos.

Terrorismo3Si no le gusta tener ojos sobre cualquiera de sus privados movimientos, es que no entiende en qué consiste la seguridad y sus inevitables estrecheces democráticas. Y si la manoseada libertad de expresión le da olor como a moho inconstituyente, entonces es cuestión de ir a contracorriente casi por vicio, y para eso no se alarme que le están preparando un cocido de soluciones con tanto ingrediente como permita el articulado penal patrio. Es por su bien, no lo olvide, más cuando las calificaciones de los delitos se vengan engullendo, como un agujero negro, hacia el epicentro de dirimirse todos con rostro de terrorismo, de organización en pillos colectivos, de culpable de los malos. Usted mañana puede no ser un chorizo, sino el acaparador de recursos para banda armada familiar. Tenga ojo, guarde distancia con la incorrección y el delito, allí donde la frontera se establezca, y aunque esté a punto de rozarle hasta en la alcoba. Pero, no lo olvide, también tenga fe. La democracia sólo quiere protegerle.

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Derecho a la ensoñación

Érase que se era un Estado-Nación mal habituado a residir entre desconchones y grietas tan antiestéticas que, de cuando en cuando, recordaban el riesgo de fractura desde la base hasta el vértice de sus cimientos poco porosos. Entre los límites geográficos de esa unidad de destino en lo irracional (vale, denominémosla España, que ahorra caracteres que es un primor), había que por ahora habíase un gobierno (minúsculo en sus minúsculas) y hasta un presidente (diminuto en su diminutez), con mucho trapo pero poca lengua. De la extranjera, que no de la extemporánea, sobrado de ésta de la punta al trapo. Pues ocurría que le ocurre sortear fronteras (de pega, territoriales, productos de la egoista condición humana. Ninguna interior, no se sofoquen) y el alma tolerante, la prestancia por la libertad alimentada con esteroides y la faz (sin tics, desencajada pero con los párpados enhiestos) ínclita, ella misma orbitando en posición de busto romano sin toga, convertían su presencia internacional en un replicante mal armado para las respuestas, pero inmutable en su silencio aventajado para no tropezar, para que los adoquines no se levanten sobre arena de playa.

??????????????????????????????????????Nous sommes tous Charlie y en esas se atribulaba Rajoy, expedito en tareas de evacuación de las intolerancias internas mientras cruzaba brazos con otros tantos de dudoso linaje exentos de rojizo atuendo, tal vez no tanto a través de la piel política. Pero a la vuelta de excursiones como las que posicionan en primera línea la antítesis del fracaso estratégico, el derecho a la ensoñación torna en pesadilla, se disgrega la voluntad del ser frente a la imposición del estar. ¡Libertad de expresión, qué sabia recomendación! Hoy en día se sigue repitiendo como un mantra que protegemos frente al golpeo externo, una especie de mantra que recubre la exégesis necesaria en cuanto algo decimos, pero no queda nada claro si hacemos, si residimos en su esencia.

Ensoñación2Y eso es así porque resulta de incómoda digestión enarbolar a pachas la banderola gigantesca para parapetar el libre acceso a decir y defender aquellas determinaciones humanas que considera un concreto grupo social legítimo en su impulso y, nada más tomar tierra en la patria inconexa que minúsculamente se dirige, reforzar el respeto al silencio debido: Abogados en trena, defendidos en suspenso, terroristas todos. No hay paz para los postcondenados, no hay ligereza en la pantalla inconexa del “si tú me dices ven, te encierro todo”. Es hecho de particular evidencia en el plano jurídico que sin soporte defensivo no hay causa que merezca la consideración democrática de tal ficción humana. Pues hoy, todos a la carcel. Si hay delito desde la raíz letrada, ¿hoy era el día de pronosticar el suspenso del proceso debido? Reza la prensa menos edulcorada que los delitos que se le imputa al cuerpo de abogados del entorno de Sortu vienen con harinas de otro costal pero los perros suelen transitar sin hueso. Cuando el término “terrorismo” hace acto de presencia allende cualquier gota de agua, algunos parecen sentir el abrigo más reconfortante para jugar sin reglas en el tablero que sigue desconchándose. Hablar de paz es oler a derrota, deben pensar; un grillete a tiempo, un tiempo agrietado.

Ensoñación3Debe ser que como queda poco tiempo para emprender más reformas sobre no ya las imperfecciones propiamente hechas, sino tal vez para impedir una aluminosis metastásica, se coge gusto en el desconcierto universal de amenazas generalizadas, con ese enemigo común inconexo pero disfrazado con ropajes de textura simétrica, para poner paños ardiendo frente labios y lenguas y cuerpos y gestos y ánimos. Frente a todo. Frente al país mismo, desgarrado, hecho añicos, jirones, trizas, polvo contaminante que evapora ácaro contra ácaro. Y no es plan. Ley mordaza, ley que sueña con el sueño del silencio. Multas como recetas, que funcionan a modo de trampolín para negar la mayor siempre y cuando el primer paso exista, si hay salvoconducto no hay delito. ¿Qué usted se muere víctima de Hepatitis C? Si hay receta, hay medicamento. ¿Qué le parece que la cultura está hecha unos zorros? Si usted aprovecha mi aumento de subvenciones, yo graciosamente le aplicaré mi porcentaje de IVA correspondiente. Y así, poco ladrillo resta para que el hormigón quede a la vista.

El humor nunca delinque

Hebdo1Pasear esta supervivencia sin límites prefijados careciendo de sentido del humor es peor que no vivir. ¿Para qué? ¿Qué fuerza vital puede alimentarse sin sonrisas, sobre todo aquellas que esparcen su jocosidad alrededor de nuestros principios? Porque resulta imposible tomarse en serio sin ser capaz de carcajearnos de las debilidades de aquello que sustenta nuestra razón de ser. Unos cuantos asalvajados ayer demostraron que esta premisa, cuando no se cumple, provoca el reverso de la condición humana, denostando la esperanza de la propia bestia y toda aquella humanidad que se abre paso en su vengativa podredumbre moral.

12 seres que echaban a diario a andar sus vidas, salpimentando la actualidad con el punto justo de acidez humorístico a temas de diversa actualidad, vieron cercenados sus respectivos caminos a golpe de bala cobarde. Y la comedia se hizo reivindicación: millones de ciudadanos levantaron las portadas de Charlie Hebdo en todo el mundo para defender el derecho a expresarnos con la libertad de consumir aquello deseado, sin prejuicio por no alimentarnos de aquello que no causa efecto en nuestra múltiples necesidades a sabiendas que será la papilla de otros tantos, felices, deterministas. La intolerancia es analfabetismo social, no hay otra. Algunos lo arrastran al límite más podrido al erigirse como jueces sangrientos de aquello que no entienden a través de sus minúsculas fronteras mentales. Pero otros, muy numerosos, se bastan con ametrallar el entendimiento propio de la inteligencia en desbandada al mantener durante 48 horas como trending topic el hastagh “#StopIslam”. Churras con merinas, sordina con ceguera.

Pero ojo, que no todo son kalashnikov en la viña del obtuso. Con el cinismo bien almacenado en la trastienda del poder político que nos viene acompañando, resulta antológico escuchar al interiorista Fernández Díaz lanzar soflamas a favor de la libertad de expresión sin peros mientras se encargaba de recubrirla con el hedor habitual de su gremio bajo chorros de ley mordaza. Y para hoy, doble ración de sordidez propia del populismo reaccionario al que nos acostumbra el derecha nacional: el video que antecede este párrafo, emitido en “La Tuerka” por el humorista Facu Díaz, ha sido denunciado y admitida ésta a trámite en la Audiencia Nacional por la Asociación Dignidad y Justicia (su nombre comercial si que es hilarante de 24 kilates) al entenderse que, en este caso, el humor está reñido con el buen gusto. “Ofensivo y humillante para las víctimas del terrorismo”, lo califica la entidad denunciante (premio Gregorio Ordoñez en 2011, por parte de presuntos compañeros de aventuras), si bien no parece sentir aversión ante las permanentes descalificaciones hacia miembros de Podemos por parte de destacados dirigentes del PP o periodistas de trazo largo, tildándolos de “amigos de los etarras” o financiados por Irán y otras lindeces. Cosas de la vis cómica patria.

Hebdo2Y como de humor parece que no vamos sobrados, de paciencia tampoco ibamos a ponernos rumbosos a estas alturas del cuento. Y es que al final la política emponzoña tanto el normal discurrir de la alegría colectiva que es imposible abstraernos a la corrupción rampante. Para que acaben de doblegar cualquier mueca sonriente, sepan que Sonia Castedo ha demandado a la periodista Nuria Roca, solicitándole 75000 euros en concepto de daños y perjuicios por calificar radiofónicamente sus maneras y andares al frente del consistorio alicantino. Así que la honradez tiene que plegar velas no ya en la alegría, sino en la firmeza de sus actos y convicciones, mientras todo lo que se impregna de delito levanta el hocico y saca pecho en su inmundicia. Definitivamente, malos tiempos para la humanidad y su necesaria alegría.