Abrimos las puertas, descorremos los visillos

Esta es nuestra Casa Querida. La que anuncia que hay lugares donde podemos refugiarnos aunque no llueva. En realidad, no tenemos muy claro si es una vivienda okupada o estaba libre de cargas; si sus dependencias están en pulcro orden o hemos entrado a vivir sin pasar antes por Ikea. No importa demasiado, la humilde rotulación de la entrada es, en sí, un acceso que reconforta; adentro iremos encontrando lo que falta y lo que aporta, todo a una.

La Casa Querida que materializa nuestra metáfora por concluir se encuentra, física y desvencijadamente, en Fouras, una digna localidad del sur de Francia. La nuestra aparece para quedarse aquí, en todos lados.

El mundo en el que vivimos es una desgracia. No más que en los últimos seis milenios, pero sí más cínico. Para ser sensatos y honestos, reconozcamos que el cinismo político es casi un invento de los últimos dos siglos, magistral sobre cualquier otra ocurrencia humana. Alguien, nosotros mismos, nos elegimos para decirnos permanentemente lo que debemos hacer para que otros, no elegidos y bien resguardados en las Casas Malvadas, mantengan un planeta dentro de otro. Uno que se rompe y otro que se refleja en lo falso.

Este es el refugio y el hogar para hablar de todo esto y de mucho más. Viva la Casa Querida!

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