Hablar por vejar

Letra MurgaSi nos tropezamos con otro individuo por la calle y, sin mediar torceduras humanas, éste nos inquiere en cuanto a su parecer con respecto a nuestros andares, sin dires ni diretes, no sólo en cuanto a la cercanía con el borde de la acera sino más bien respecto a supuesta grasa que podemos ir deponiendo pasito tum tum, pasito tum, nuestra reacción dificilmente puede encuadrarse en una soportable levedad del estar. Por el contrario, si otro bípedo rumiante aborda esa pausa cafetera que todos debemos otorgarnos para seguir combustionando el camino de vuelta y solicita hurtarnos una porción de paciencia con el objeto de compartir, vayamos a no saber de antemano porqué inquisitoria razón, aquella semblanza que ha formado de nosotros a razón de cuestiones de índole más o menos pública que conoce, no debería quedarnos más remedio que asentir, disentir, o ignorar. Y ahí no puede más que finiquitarse el libreto de turno.

Sirva esta imprecisa comparativa para encuadrar el texto que nos encabeza. El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, fiesta calificada de interés turístico internacional desde hace más de cuatro décadas y considerada una de las más vivarachas del orbe en los períodos de carnestolendas, cuenta con un período de singular expectación por parte del público local, protagonizado por las agrupaciones de murgas locales. Éstas, formadas por la sociedad civil, compiten en un concurso que rebosa de expectación pública y, por tanto, congrega a miles de tinefeños en directo y a través de los medios de comunicación, por ser las más valoradas no tanto por sus fantasías textiles (que también) sino por lo punzante de sus letras, que pretenden realizar un repaso de cabo a rabo de aquellas cuestiones que preocupan al ciudadano insular.

Letra Murga2  El golpeteo a la masa política local, así como las habituales sornas a los vecinos de la ínsula grancanaria, suelen protagonizar las rimas de estas agrupaciones, algunas con más punzamiento en la ironía carcajeante, todas ellas rayando el humor con el dolor. Pero tras leer ese encabezado que hoy les traemos a término, es sencillo comprobar que, en algunas ocasiones, la ironía se despeña antes incluso de asomar el borde de la mofa. Puede resultar más que posible que el ritmo de las sociedades se encuentre desacompasado de ciertas tradiciones, y lo que antes se reía, más tarde se encajaba, algo después se perdonaba y, no se sabe exactamente en qué borde temporal, se rechace. Y es que la letra de cabecera corresponde a una de las melodías incluidas en el libreto de este año por parte de la Afilarmónica Ni Fu-Ni Fa, murga decana del carnaval chicharrero, eliminada por parte de la agrupación tinerfeña tras la recomendación de un concejal del consistorio capitalino de autocensurar, con mucha delicadeza, esta intervención por su contenido homófobo.

Inicialmente, la reacción del grupo murguero giró en la autodefensa, mezclando en períodos especialmente delicados en cuanto a esta realidad, la libertad de expresión, con su encarnizada confianza en que la murga y su voz supone una especie de voz popular que no puede ni debe ser acallada. En efecto, resulta sospechosamente irónica que estas agrupaciones, con cuentan con un favor popular notable en la medida de los miles de individuos que se dan cita en sus concursos anuales, se erijan en exquisita prolongación de las inquietudes ciudadanas, ajenas a la censura, mientras se dejan abrazar por los prebostes políticos insulares, de todo signo político, como eventos consolidados y armónicos. El local de ensayo del murguero siempre acoge a la víctima institucional de sus partituras sin rubor, besando y abrazando al supuesto contrincante. A partir de ahí, la rima les permite sortear determinadas igualdades, consonando broma con sorna, risa con maledicencia.

Letra Murga3Esta letra difícilmente soporta el equilibrio entre la transgresión de las fiestas carnavaleras y el dolor sin gracia que se puede llegar a inflingir a miles de personas que asimilan con más dureza de la que la legislación contempla su condición sexual, asumida ésta al ritmo que marca el biorritmo individual y que no debe soportar prisas repugnantes por un colectivo sin rostro que lo utilice como caballo de mofa. Pero ese motivo no es el que ha llevado a Ni Fu-Ni Fa a renegar de su obra musical, quienes desde un principio han afirmado la inocuidad de su letra, conminada ésta a sobrevivir en el supuesto paréntesis carnavalero que deja de lado el equilibrio entre la diversión y el entorno. Libertad de expresión es aquél principio que, aquí también, se ha enarbolado por sus dirigentes para enfrentar su más que probable torpeza al intentar hacer reir fuera de temporada, lejos de la realidad social a la que pretenden utilizar como escudo humano para defender el caparazón de su estructura vocera popular. Hasta que el debate público, iniciado con la solicitud (siempre rogatoria, nunca inquisitiva) del anteriormente mencionado concejal socialista, les ha llevado a reconsiderar su posición.

Letra Murga4Florentino Guzmán (PSOE), alegría en alto como se puede divisar en una instantánea publicada en su cuenta de Twitter en la reunión con los letristas de la murga objeto de la polémica, parece dejar caer en saco roto sus supuestas buenas intenciones cuando aprovecha políticamente la controversia para liderar el desenlace de esta situación. Finalmente, como es costumbre, pueblo y política, ciudadano y concejal, son parte de un todo que se encuentra en febrero para decir y escuchar con una sonrisa tan temporal como inocua. En esta ocasión, el límite de la sorna aplacó la sonrisa del payazo murguero por unas jornadas. Pero viendo el espectáculo binómico que se forma entre ambas realidades cada año con total naturalidad, y la que se ha llegado a engendrar en despachos tan poco lucidos como el de esta instantánea, mejor esperar a la reprobación de una de las partes. La libertad de expresión tiene límite en la ley que la ciudadanía se otorga en cada momento de la Historia, pero el verdadero espacio de entendimiento entre personas que comparten un grupo social cierra filas ante la intolerancia mucho más rápido, o al menos de manera más eficaz, que la poca engrasada máquina del ordenamiento jurídico: La Ni Fu-Ni Fa no tendrá oportunidad de recibir, si así ocurriera, la respuesta reprobatoria ante una letra que ni hace gracia, ni es de este tiempo. En lugar de criticar, esto es hablar por vejar.

El sendero que recorrimos de espaldas

Treinta y pico años de sutil disfraz democrático. Por esas sendas hemos venido serpenteando entre mascaritas con descuidado ánimo alegre y, sobre todo, rodeados de maestros del transformismo institucional, dando a entender lo que, ya estamos viendo, no es bajo sus ropajes. ¿Qué ha cambiado tras el miércoles de ceniza de esta mini-historia nacional de Borbones a Urdangarines? Pues seguramente más de un marichalazo social, una caída del telón de aquel escenario profuso en lo colorido, bastardo en los elementos. El acceso a las principales instituciones supranacionales de prestigio en calidad de primer espada, aunque ésta estuviera algo oxidada, engalanó la cándida confianza ciudadana hasta propulsar su autosufiencia a una suerte de carrera espacial de la sofisticación como vanguardia de lo que ocurría e iba a ocurrir. No obstante, en este mundo deconstruído sobre el hormigón de Berlín, el capitalismo de rostro conmiserativo se ha venido exhibiendo como una bestia que mata por gusto, sin hambre. Los estudiantes de primero de ciencias económicas con algo de espíritu de atención pueden atestiguarlo.

Entre OTAN sí, tal vez, quizás mañana, no, pues va a ser que sí, CEE de doce estrellas inmóviles y demás algarabías de Babel, la primera dósis de equilibrismo ebrio la afrontamos entre Maastricht y Lisboa; en realidad, desde que el fantasma del déficit (presente en lo bueno y en lo malo, como una promesa matrimonial) quemó sus sábanas y hundió en la fosa más oscura la pesada bola de las condiciones y recomendaciones, abriendo la barra libre de la moneda única a todo aquel interesado en disfrutar de inflación sin límite y pérdida de poder adquisitivo desde la apertura de la primera chucherría para smoking y trajes de gala.

Como toda acción conlleva una reacción, en algún caso desproporcionada con polvorete de hecatombe, la euforia alcista desarrolló su estructura genética y echó redes en los productos susceptibles de encarecer su valor, cual futbolista en racha goleadora. Los bienes inmuebles han pasado de ser un difuso derecho constitucional de segunda división protectora a la víctima de un entente cutre entre aquel labriego que hoy se transmutó en promotor de ruinas y parches, y el cajero con uniforme de broker perfumado que analiza una operación hipotecaria con la misma fiabilidad que actuliza una libreta de ahorros. Y en medio de la apisonadora obtusa, millones de lícitos aspirantes a propietarios, al sueño heredado de la pobreza de sus generaciones precedentes, siempre instigadoras de la meta vital que supone casa, coche y unos cuantos retoños. De igual manera que recabamos la información, con confianza de profesionalidad, de todo aquel dependiente comercial en nuestras compras de mediana complejidad, el gestor financiero que recibe nuestro salario como contraseña de la esperanza capitalista debía acelerar una marcha o pisar con energía el pedal de frenada en función de valoraciones de objetiva deontología económica. Al parecer, no era así. El estudio de esclavitud pagadora por una eternidad de hasta cuarenta años se ha venido realizando en función de parámetros absolutos de objetivos comerciales. Dicho de otro modo, igual le vendo una longaniza como un pareado con vistas al siguiente mamotreto unifamiliar. Esa fiebre de inconsciencia deudora, legítima para el hipotecado, deshonrosa desde el debido rigor del hipotecante, desarrolló la maquinaria inflacionista con la connivencia impúdica de la clase política, aspirante a alcanzar por el arcen la regular marcha de los principales vehículos europeos a base de ilusionar al personal con una trágica fantasía de precios y salarios en continua alza, de amables empréstitos pagaderos a golpe de alegría consumista. Y que no pare el baile, que no ha salido el sol. Efectivamente, hace un lustro que se encapotó el horizonte, que no hay rayos que den calor. Dicen que al asistir a las primeras clases en la facultad de los números económicos, ya definen algo llamado especulación y sus inevitables consecuencias, aunque la troika política patria debe haber contratado a asesores agripados en sus inicios universitarios.

Hoy, cuando aquello que se calificó de plácida transición se ha concretado en juzgados donde entran duques y molt honorables y salen sonrisas e impunidad, donde los  serviciales azules siguen siendo bestias grises, donde la autoridad pierde la vista frente al saqueo mientras gradua su óptica salvaje en el desahucio mamporrero y la fisioterapia radical de la estructura ósea estudiantil, una nueva asignatura de la carrera del buen gestor público queda desierta de aprobados. Hoy, y también los próximos mañana, el sueño de la laicidad educativa y su desarrollo público se viola, como una perversión hermafrodita, en concertación segregada, en aulas gélidas y rugosas. También penetra en la aspiración a la universalidad sanitaria, derivada de la ensoñación tributaria, el bombardeo publicitario indisimulado de oferta médica privada, fundamental para que el derecho devenga en privilegio, la igualdad en casta. ¿Dónde están los ingresos ordinarios de millones de expectantes contribuyentes? rescatando a la banca en quiebra, la que le niega un añito de carencia por mal previsor, pérfido ciudadano.

Hoy, en definitiva, los autodidactas en comisión de servicio del capital, único poder cierto en esta historia con mala cadencia cuando la orquesta comienza a desafinar, aseguran que la conversión del trabajador en potencial esclavo, que la transmutación del inquieto estudiante en herramienta fabril, alarga exponencialmente nuestra esperanza de supervivencia. Vienen malos tiempos, pero la irresponsabilidad tiene sus debidas consecuencias. Que el ritmo no pare, que es carnaval.