Deportista por un día

MARIANO RAJOYAdemás de las frases más desafortunadas de Carlos Floriano o Rafael Hernando, al gurú de la derecha política española Pedro Arriola también se le debe suponer esa estrategia tan yankee de poner a sus respectivos candidatos a aparentar una rutina de actividad física cotidiana los días de reflexión de las respectivas campañas electorales. Una mácula más en una estrategia que se va deshaciendo a la misma velocidad que el andar despreciable que comenzaron tomando frente a sus nuevos adversarios, hoy en Andalucía ya compañeros de bancada.

En serio, ¿Por qué trasladar una ficción tan manida a la vida política española? Más aún, a individuos que se ve a la legua no realizan más ejercicio cotidiano que subir y bajar el pie derecho del coche oficial. Porque tiene un pase haber instaurado esa cita sabatina en los tiempos del hipermusculado José María Aznar, tanto así que el ex presidente se lo tomó a pecho y dorsal con tanto ahínco que en algunas estapas de su segundo mandato se pueden encontrar más instantáneas del castellano leonés corriendo, jugando a paddel o haciendo abdominales que en tareas propias de un gobernante.

Deportista1Pero repetir, como con desidio electoral, el mismo argumento para el día antes de los comicios a un señor de provincias como Mariano Rajoy, con ese cuerpo deshilachado desde la quijada cubista hasta el desequilibrio de unos previsibles pies planos, que lo que entiende por deporte se ciñe a leer compulsivamente el “Marca”, no parece que vaya a despertar en el electorado más que sorna o cierta grima lastimera. Pero como en las elecciones generales de 2011 el resultado les salió a pedir de voto, lo de cambiar el rumbo de la impresión a transmitir al potencial votante en la jornada preelectoral se quedó en el desfiladero por el que suelen echar a andar al jefe del ejecutivo cuando le instalan alguna equipación más propia de ir a comprar churros que de bajar calorias. Y, horror, el experimento se repitió en los pasados comicios europeos para con … Arias Cañete. Si el perfil era susceptible de chirriar más aún, con el antiguo ministro de agricultura y medio ambiente los estrategas de la formación conservadora dieron en el clavo. No obstante, e imaginando que las previsiones de las respectivas encuestas y sondeos les tenían más despiertos que de costumbre, se dieron de bruces con la innovación en la fórmula, un ejemplo de poner negro sobre blanco y, alehop, al candidato se le incluyó, en el uniforme deportivo de rigor, nada más y nada menos que una bicicleta. Bueno, en realidad dos, la segunda con esposa incluida, para dar ese toque familiar al paseo bajo el sol que buscaba ternura pero, viendo el sobrepeso del candidato, más bien transmitía lástima.

Deportista3Las elecciones al Parlamento Europeo otorgaron una mínima victoria a los populares, así que el pedaleo informativo quedó como argucia electoralista adecuada. Visto así, ¿Qué podríamos esperar para el fin de semana pasado, en clave andaluza? Efectivamente, más calorías en desbandada, aunque sea fugazmente. Juan Moreno Bonilla tampoco goza de una apariencia que haga imaginar al candidato a la Junta ayer derrotado habitual de gimnasios y centros deportivos. Tanto es así que en las imágenes de sus brinquitos sevillanos, más en forma se vislumbra la Torre del Oro al fondo (imagen muy casual, por supuesto) que Bonilla y sus sonrientes acompañantes. Al equipaje, esta vez sí a juego con la actividad a realizar, sólo le falta la etiqueta colgando para certificar que lo excepcional ni es huevo, ni es gallina. Con lo bien que se está un sábado de reflexión con la familia, comiendo, haciendo la compra (que falta hará, con tantos días fuera de casa) o dando un paseo en ropa de civil. Y lo ajustado a la realidad del común de los votantes ser natural. Pero no, al candidato popular lo que le gusta es subir pulsaciones antes del batacazo. El sudor que les espera en mayo y noviembre promete ser torrencial.

La locura ambulatoria del PP

El Gobierno del PP, a cuenta de alcanzar esos famosos parámetros de déficit público que Alemania exporta y que Europa, preferentemente del sur, acata y persigue, ha entrado en una dinámica paranóica que se onnubila permanentemente en busca de puntos muertos, arrugas espacio-temporales, donde meter la tijera sin que este plano de la realidad se percate. Así, el recorrido de síes y noes, de puntualizaciones y desmentidos sobre informaciones que deben ser matizadas o, acaso, negadas antes de anunciarse mediante impersonal comunicado, convierte al Ejecutivo y sus huestes autonómicas en una amalgama de hacinado psiquiátrico, una especie de monstruo de Frankestein de personalidad múltiple nada más despertar a la vida.

El sujeto de la instantánea superior, José Ignacio Echániz, mantiene la responsabilidad en el área de sanidad del Partido Popular, así como la lideró hace un lustro en el gobierno de la Comunidad de Madrid y, en la actualidad, continúa esa responsabilidad en la Consejería del ramo de la Junta de Castilla-La Mancha. Su madrugadora intervención en el programa En días como hoy, de RNE, ha abierto la veda de una sucesión de manifestaciones públicas por parte de sotas y bastos populares que han desembocado en una conclusión de recovecos dialéctivos nerviosos y exculpatorios sobre otro de los latigos que se nos viene sobre la dolorida piel posterior de forma inmediata. El dirigente popular, tras jugar varias manos con las consabidas cartas marcadas que suponen descargar todas las culpas en nefastas gestiones anteriores como inevitable consecuencia de las desagradables apuestas posteriores, se desmarcó con una estrategia de rancio complejo conservador, afirmando que, más allá de las estrategias que opten por implantar en cada CCAA, lo que resulta indiscutible es que el común de la ciudadanía no tiene porque pagarle las medicinas a personas como Emilio Botín. Extraña argumentación para eludir cuestiones más que directas acerca de la implantación de inmediatos repagos sanitarios, cargando culpas sobre un adalid de los suyos. En realidad, un dramatismo populista innecesario; el derecho a una sanidad pública y universal deriva de la responsabilidad fiscal del total ciudadano y, de este modo, el Presidente del Banco Santander tiene tanto derecho a recibir tratamiento y fármacos prescritos como cualquier otro residente en el Estado Español, siempre y cuando sea escrupuloso con la responsabilidad tributaria derivada de sus correspondientes rendimientos de trabajo y capital. Es más, de la rectitud fiscal de personajes como el denostado por Echániz dependen sus píldoras y las de unos cuantos más que, por múltiples circunstancias de índole social, laboral o económica no aportan reembolso pecuniario a las arcas estatales. Estos conceptos, solidaridad y progresividad, marcan las columnas gemelas de un Estado Social sano. Pero no, para el monstruo esquizofrénico de siete lenguas popular el sistema público de salud actual es insostenible. Y, a partir de ahí, las soluciones a ese axioma las iremos conociendo como la de los cotilleos en las revistas del corazón: leyendo desmentidos entre líneas.

A media mañana, el Ministro de Economía, Luis de Guindos, realizó una aparición traicionera ahondando sobre los conceptos defendidos por su compañero de filas: de co(re)pago, nada de nada, necesidad de nuevas respuestas para el sostenimiento de los servicios públicos esenciales y posibilidad de un aporte adicional por parte de aquellas rentas superiores a los 96.000 euros anuales. Contando con que únicamente el 1,2% de la población cuenta con ingresos laborales tan fabulosos, no parece que esa potencial recaudación extraordinaria resulte suficiente para cicatrizar la herida sanitaria nacional. Y eso es lo que debió también pensar Carlos Floriano, secretario de organización del PP, después de resolver con enjundia contable la regla de tres planteada por De Guindos, pues no tardó en salir a la palestra para desdecir al jefe de lo económico y atribuir sus afirmaciones a una supuesta “reflexión personal”. Calla, calla, que esta historia la conocemos. Es el mismo sendero que se sigue para anunciar un fichaje balompédico de relumbrón y, efectivamente, a media tarde la nueva voz anunciadora se transmutó en un discreto folio enviado a los medios de comunicación, recogiendo inmediatos recortes en Sanidad y Educación por un montante aproximado de 10.000 millones de euros, todo con el inexcusable propósito germáni… nacional de ahondar en el obligatorio adelgazamiento del déficit público durante el presente ejercicio. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿A qué hora? ¿En qué hospital o escuela comienza la prueba piloto de régimen presupuestario? Una incógnita. El comunicado inerte (un paso de evolutivo desprecio democrático tras las ruedas de prensa sin turno de preguntas) establece una irresponsable estrategia de lugares comunes, basada en la falsaria oda a la racionalización, eliminación de duplicidades y eficiencia en la gestión (privatización dixit). Sería conveniente que el PP tomara nota de su propia medicina caducada, y no malgastara opiniones multilaterales por parte de sus miembros, todas ellas presuntamente desenfocadas. Parece, por tanto, que la formación conservadora se ha convertido en una especie de psiquiátrico desbordado de opiniones enfermas, alocadas, que gustan de la alocución irreflexiva en lugar del sano análisis de sus propias estrategias políticas. O, quizás, se encuentren todos bajo agresiva medicación sedante y actúen como desquiciados gestores de un ambulatorio en ruinas. Tal y como el que visitamos cotidianamente, ése que ahora puede ser víctima de medidas privatizadoras que todo lo sanan, que todo lo ajustician.