Ministros que asesoran: Fichajes de primavera

Han transcurrido tres meses escasos desde el cambio de color político al frente del Ejecutivo español. Ése es el tiempo que se ha mantenido en barbecho el, no por esperado, menos repugnante baile de rumores acerca del caparazón en el que la gran mayoría de ex ministros iba a buscar acomodo para sus desprotegidas cabezas. Es una rutina que se acentúa cuando las legislaturas traen nuevas siglas al Gobierno, y en la mayor parte de las ocasiones todos los fichajes se acaban concretando en base a un perfil laboral y empresarial más que determinado: Asesoramiento, ese término tan orondo en el que incluir desempeño de funciones tan variopintas como inútiles, tan mentirosas como prescindibles, y en una corporación de gran tamaño, preferentemente privatizada del dominio público durante el milagro económico aznariano, ése que desoló la riqueza nacional malvendiendo los monopolios rentables estatales.

Elena Salgado, la flamante vicepresidenta y ministra de lo económico que se encargó de articular y defender políticas absolutamente contradictorias con el espíritu socialdemócrata (¿existe tal mescolanza? En otro orden de cosas, ¿lo cristiano puede ser demócrata? Uf), ha recibido una oferta en firme para transmitir sus valiosos conocimientos a la filial de Endesa en Chile, Chilectra, a cambio de unos emolumentos que se cifran entre 35.000 y 70.000 euros (anuales, se entiende, se espera). No parece, por tanto, una cantidad astronómica acostumbrados a padecer retribuciones más que alejadas de la sobriedad y esfuerzo que los propios dirigentes públicos nos obstan a mantener en estos duros tiempos. No obstante, ésa es quizás una de las particularidades que hacen sospechar, con mayor indignación, que estamos ante un traspaso adulterado, toda vez que para poder incorporarse a la entidad energética tendrá que solicitar una autorización al Gobierno central que le exima de la incompatibilidad para trabajar en una empresa privada durante los dos años siguientes al cese de su cargo de Ministra (Plazo en el que seguiría percibiendo el 80% de su salario anterior). Parece ser que el Ejecutivo central no va a poner demasiadas pegas pero, ¿Cómo va a hacerlo si su líder espiritual, José María Aznar, es ya asesor externo de la corporación liderada por Borja Prado? Ahí estamos hablando del ariete pichichi traspasado del irregular poder público, pero no menos relevante en la estructura de la eléctrica es Pedro Solbes, consejero de Enel (Sí, aquella empresa italiana que presentó una OPA sobre Endesa que el ejecutivo socialista defendió y que ahorá posee más del 90% de su accionariado). Eso sí son traspasos de relumbrón, fichajes galácticos, y no este refuerzo para apuntalar la bicoca del enlace import-export entre dos mundos ya demasiado coincidentes.

Además de las múltiples faenas en grandes corporaciones de Aznar, sus movimientos empresariales sólo pueden ser sombreados por la adquisición de lujo que supuso para Gas Natural la entrada en su Consejo de Felipe González. Y así… en el caso del mercado actual, la entrada de Elena Salgado en un mundo que no domina y en un Estado que no conoce, parece el burbujeante comienzo de una época calentita en cuanto al acomodo ex ministerial sobre capital privado. Lo que no resulta casual es que la gran mayoría de sacrificados políticos de carrera que finalizan abrazando esa abstracta profesión de asesorar a los que deben saber, en teoría, bastante más que ellos del negocio, lo hagan en empresas de pasado público. Primero se encargaron de permitir la gestión ruinosa de sociedades 100% estatales que, al mantener una posición de absoluto monopolio en el mercado interno, debían ser bicocas empresariales para obtener supéravit y, a su vez, capacidad de solidaridad monetaria con aquellas otras entidades estratégicas del sector inevitablemente deficitarias (líneas concretas de Renfe y servicios públicos de transporte, por ejemplo). En segundo lugar, abrazaron esa Europa que impedía tanto el monopolio como la propiedad pública de entidades que compitieran en mercados susceptibles de ser abiertos como un balcón en día soleado. Todo ésto llevo al milagro popular (1996-2000) ya comentado, en un proceso antropofágico de desguace y venta de los recursos nacionales, traspasados a precio de saldo y viéndolos entrar en un proceso competitivo oligopólico al que se adaptaron inicialmente mal (Iberia), hasta cogerle el truco al asunto del capitalismo (pacto de tarifas con la competencia, despidos en tropel, fusiones, repartos de dividendos a la cúpula directiva de escándalo, etc.). Además de su diversificación geográfica en cuanto a inversiones (Telefónica, Repsol), también sus beneficios, en forma de Impuesto de Sociedades (lo único que el Estado consigue de vuelta por parte de los mastodontes construídos sobre el esfuerzo colectivo) se van quedando en ramificaciones empresariales radicadas aquí y allá, generacion de empleo y mano de obra a bajo coste en países del tercer mundo, deterioro más que evidente de la calidad de sus servicios, etc.

Y todo ésto, a pesar del asesoramiento, de aquellos que lideraron el proceso de entregar al capital la riqueza del Estado español, como otros tantos de apellido extranjero hicieron lo propio en sus naciones mercantilizadas. Serán pagos devueltos, porque viendo en lo que se han convertido, esas corporaciones de nacionalidad incierta no parecen necesitar estos refuerzos de primavera.

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