Revueltas patrocinadas

Ahora que por Egipto se ponen lúgubremente de moda los tonos militares, da que pensar la supuesta estacionalidad de las revueltas que inundan las costas mediterráneas desde Tetuán hasta Latakia. Más de dos años después de que germinaran, supuestamente, masas floridas al albur de una democracia transmitida a golpe de tuit y “me gusta la libertad”, el calendario parece haberse detenido en plena insolación; Túnez soporta, a día de hoy, el mismo deterioro institucional, caos en los servicios y violación sistemática de los derechos humanos primarios con un dictador múltiple, sin rostro, el de sus propias cadenas oligarcas. A Libia mejor ni asomarse, presa de la venganza en cada esquina, con un Estado absolutamente fallido y la mutación (¿o sería más exacto recordar que no es más que la presencia, sin adornos externos, de la verdadera condición de la codicia?) de toda aquella troupé bendecida como “reformistas democráticos” en una suerte de señores diarios de la guerra por el control de la riqueza, cualquiera que ésta sea. Por Siria no se libran de sus propios libertadores, patrocinados con descaro por un interés mayor a cualquier apariencia cuneiforme de las primeras farsas en el innoble arte de la ocupación macroeconómica de los pueblos. Y de Egipto, ¿qué decir de Egipto? Tan asqueada de dictadores y tan amantes del totalitarismo, ansiosos por elegir y excitados por no aceptar sus propias elecciones. En todos estos casos, lo que allende sus respectivas fronteras se debate debería tener una postura uniforme, alejada de impulsar alienaciones en la opinión pública, favorable siempre a dos principios inmutables: la democracia y la protección y defensa de los derechos humanos. Pues depende, pues depende.

CORRECTION-GREECE-VIOLENCEEs lo que tiene intentar comprender por qué la turba se maneja contra uno, contra otros, o contra ellos mismos, en una sucesión de odios sociales que no parecen deslizarse en función de mayor o menor cantidad de polen de indignación en el ambiente. Allende nuestras fronteras, acostumbrados como estamos a no encontrar más enemigos que el abstracto villano del capital, representado en aquellos mismos a los que hemos entregado, con repetitivo desdén, nuestra confianza cuatrienal, ver imágenes de masas gritando y exigiendo, en lenguas interesadamente traducidas, valores supremos que damos como innegociables (a pesar de que se nos vayan dispersando, como calderilla revoltosa, a diario) nos emocionan. Si a eso le unimos montajes con musiquilla libertaria y un par de tomas de jóvenes en primer plano, los pelos como escarpia revolucionaria que se nos ponen.

Pero como el prisma del largo plazo suele ser mucho más sensato que secundar, sin miramientos, aquello que nos dicen que huele a violeta de la libertad, presenciar la segunda parte de algunos aconteceres que creíamos no iban a contar con trilogía deberían hacernos sospechar que los guionistas ocultos suelen inclinarse por exprimir al máximo la rentabilidad de sus productos. En casos como el egipcio, parece ser que el sufragio universal como cartelera del éxito de la floresta pasada no resulta adecuado cuando a los Hermanos Musulmanes nos referimos. Democracia sí, pero sin pasarse. Aquí no entran en juego mayorías, consensos ni negociaciones posibles, que no está el capital para patrocinar premiere al aire libre y que caigan chuzos de islámica punta. Para poder corregir ese desatino climatológico en lo electoral, siempre podemos contar con el héroe de turno (vease El Baradei y otros star de la oligarquía occidental de rostro árabe) y el estético despliegue de cámaras enfocadas hacia el plano adecuado.

Revuelta2Si a este lado del Mare Nostrum nos da por hacer de las nuestras, discutiendo la servidumbre del poder político a todos menos a quienes los han elegido, rechazando la alienación que resulta dar como hechos innegociables el sacrificio de un mayoritario lado para armar la fertilidad del que siempre gana fuera de las urnas, la estética de las mareas y las pancartas se torna, por obra y gracia de los patrocinadores, en una pira repleta de encendidos anti sistemas (¿es ese término rechazable per se?) que merece dispersar en mamporrero desorden. Entonces, dos costas se enfrentan en función del producto de sistema político manufacturado que se pretenda introducir. Por Siria llevan dos años erre que erre, y mira que les cuesta. Pero no hay salida, si el marketing exige frente libertario en busca del cambio de cromos, no hay valla publicitaria, ni sacrificadas abejas polinizando a diestro y siniestro que eviten la desertización de cualquier esperanza crédula.

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La sombra de Chávez no debe alargarse

Cumpliendo lo estipulado en el texto constitucional venezolano, el ejecutivo del país caribeño ha procedido a convocar elecciones generales el próximo 14 de abril. La imposibilidad de toma de posesión por parte de Hugo Chávez tras su victoria en los comicios del pasado octubre no ha variado esta obligatoriedad de nueva visita a las urnas, toda vez que la normativa electoral regula esta situación no sólo en el caso de no acceder efectivamente a la más alta representación del Estado, sino también por fallecimiento o incapacitación durante los cuatro primeros años de mandato. Aclarado, por tanto, el calendario, así como los candidatos en disputa, queda ver qué grado de variación en la intención de voto puede producirse a escasos cuatro meses de una cita con las urnas que otorgó al PSUV liderado por Chávez unos resultados contundentes, reafirmados semanas después con otra apabullante victoria en los comicios regionales.

Venezuela1No es ningún secreto que Henrique Capriles planteó notables objeciones a la hora de repetir como candidato presidencial de la mezcolanza opositora, toda vez que es consciente de su más que previsible derrota, posiblemente agudizada frente al cadaver aún caliente de Chávez Frías. El gobernador del Estado Miranda sabe que el 14 de abril tiene mucho que perder y nada que ganar: su reputación nacional, a pesar de la derrota del pasado octubre, no le impidió quebrar electoralmente a un peso pesado del oficiliasmo, Elia Jaua, en Miranda, mientras que su capacidad pública para aglutinar a las familias que componen los restos del sistema de partidos anterior a 1999 ya se consideró, en sí, una victoria a medio plazo. Por su parte, Nicolás Maduro ha sido anunciado como sucesor en la jefatura del Estado sin aparente disención entre las corrientes del PSUV, a pesar de los interesados anuncios apocalípticos que, desde el fallecimiento del coronel de paracaidistas, vaticinaban una batalla encarnizada por repartirse supuestas fragmentaciones en el movimiento bolivariano. La realidad es que el consenso, al menos aparente, de las tendencias que componen a la coalición de gobierno no se han transparentado ni por asomo en esta luctuosa semana frente al cadaver del incontestable y carismático lider venezolano Hugo Chávez. Todos siguen a una para proteger el ideario de la particular revolución que viene desarrollando, con sus vaivenes, el Estado caribeño desde finales del siglo pasado, apoyada en más de una decena de procesos democráticos por una inconstestable mayoría de la ciudadanía venezolana.

Desde la progresía más aparente que se puede esperar por parte de las multinacionales de la comunicación, al odio más irreverente que se puede plasmar a cinco columnas, las reflexiones acerca del futuro inmediato y del desenlace de la actual situación macroeconómica y social de Venezuela insisten en presentarnos a un país altamente subvencionado, que ha creado un clientelismo electoral fruto de una especie de simple reparto de la riqueza colectiva merced al maná petrolero. De este modo, el refrendo de las políticas gubernamentales se deriva de una mejora soberbia de las condiciones sociales y económicas de las clases menos privilegiadas (aquellas desterradas históricamente por la corrupción rampante AD-Copei), y que resultará abandonada a medida que el grifo de crudo deje de surtir las arcas estatales. Del mismo modo, el apoyo de la mayoría de Estados del continente americano no merece lectura más compleja que la supuesta generosidad del Comandante Chávez obsequiando a sus vecinos a cambio de adhesiones sin fondo. Esa es la lectura, esos son los sesudos análisis de aquellos que aprendieron la lección del infructuoso golpe de Estado de 2002 y han optado por una nueva vía de agresión periodística, la del descrédito ante un ejemplo gubernativo que hace polvo el interés de sus financiadores y patrocinadores.

Venezuela2Estamos, pues, ante una forma de análisis socio-político tramposo o, tal vez, incapaz de entender el mundo fuera de los parámetros de capitalismo voraz que limita nuestra visión de conjunto. Reinvertir los pingües rendimientos de los recursos colectivos en alfabetizar a la población, abaratar los costes de los productos básicos y tejer una red de protección social eficaz supone gobernar para la mayoría, equilibrar la permanente lucha de clases sin necesidad de sangre y ser fiel al proyecto bolivariano que sueña con una Latinoamérica remando en una dirección, la de sus ciudadanos. Intercambiar petroleo por médicos, materias primas o apoyo institucional no es más que ser fiel a ese fundamento histórico: poner a disposición de todos lo que las falsas fronteras han tenido a bien dejar dentro de un territorio que aspira a derribar esos falsos muros, esas interesadas divisiones que han enemistado a los que debieran ser hermanos, los desterrados de la Historia desde la invasión hispánica. Se puede poner en solfa el estilo bravucón y pseudoreligioso de aquel que ha encabezado ese magno proyecto durante los últimos catorce años, pero no el fondo, los resultados, de su acción política. Queda por ver cuanto de alargada es la sombra de Hugo Chávez en el futuro inmediato de todo el continente, qué grado de dependencia mitificada se estancará en la locomotora del progreso colectivo en el cono sur. Por el bien del mundo de las ideas, su figura no debe trascender a pin y camisetas, a alguna referencia literaria de bondadosas pretensiones, pero nunca resulta conveniente embalsamar y poner en los altares públicos lo físico para intentar sostener lo material; de ahí a ver a las hienas repartirse los restos no hay más que un paso, con la consecuente degradación de lo que realmente importa, del avance de una sociedad esperanzada.

Chávez para principiantes

Desapareció físicamente el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, tras innumerables complicaciones físicas que le han mantenido encogido en ese esfuerzo que parece una diana política aceptable pero que se considera expiación multitudinaria si el que se encorva públicamente viste de blanco purificado por esencias de divinidad crucificada. Hoy ha fallecido un hombre, pero no debe ser enterrado un mito, porque aunque alzara minúsculas biblias en medio de actividades legítimas en eso de la administración eficaz de los recursos colectivos, no había falsa divinidad en los logros que han venido sustentando acceso efectivo de la mayoría ciudadana a los fértiles recursos de la nación venezolana. El chavismo hoy ha muerto con Chávez, y así debe ser. Lo que mañana amanezca debe tener el rocío agradablemente húmedo de sus bonanzas, nunca el diluvio de tormentas con afan de arrinconar.

Chavez1La mitificación del hombre ha impedido comprobar que sus células son tan inestables como las de cualquier individuo finito, y es lógico que así fuera desde que consiguió democráticamente aglutinar un proyecto que desterró ese bipartidismo perverso que exportaba la riqueza colectiva a los confines de la recaudación bancaria extranjera, a buen recaudo. Granjearle enemistades por el posicionamiento de un gobierno con las miras puestas en los prismas de la mayoría desterrada históricamente en la tierra de los dulces sin azúcar, sabrosos en pocos paladares, era cuestión de finito tiempo; golpe de Estado por bandera intentó, por cuestión de horas, convertirle en militar fusilable, con la connivencia de los que ese día se descubrieron insurrectos del armisticio real, con tinta y con palabra. Dio igual. Salió con la evidencia externa de que ninguna trampa podía dejar a un pueblo fuera de juego, y así los banderines se bajaron automáticamente para dejar paso a las sospechas sin fundamento, a esa reiteración de exigencia externa que no se reclama en tierra propia. Hoy no se embalsama un cuerpo inerte, se solidifica un mito poderoso. Y, en realidad, es una desgracia evolutiva, una metástasis histórica, reclamando como estamos el ansia de proclamas con efectividad macroeconómica, que la cuenta cuadre para más que para menos.

Chavez2No hay sombras más allá del personalismo que le han otorgado a sus mandatos democráticos por parte de aquellos empeñados en adscribir un período de voluntad democrática a una suerte de idolatría casi caudillista que nunca fue tal, menos aún cuando trece encuentros electorales se sortearon con mayorías validadas no sólo por las papeletas sino por el refrendo internacional unánime en su ejecución. Una derrota en su haber, la más severa, precisamente la mayor de las victorias democráticas al preguntar a los suyos lo que por estas tierras nos sustraen: el derecho a rectificar lo que no deja de ser una carta consensuada con derecho a roce en lugar de Tablas de Moisés inquebrantables salvo a golpe de alevoso déficit eurocomunitario.

El día después de Venezuela sin su Presidente electo debe ser tan reposado como la borrasca con presiones de componente codicioso lo permita. Encontrar primeras portadas con reflexiones tramposas sobre la inmediatez política de Venezuela sólo vuelve a quitar el antifaz a los titulares mal pagados, pervertidos.

 

 

 

Un pasaporte se desvirga con dinero

Yoani1Yoani Sánchez ya está en Brasil. A falta de próximas giras papales, y con los Rolling Stones sin tour mundial a la vista, la bloguera cubana toma el relevo anunciando una serie de bolos a lo largo y ancho del planeta por casi tres meses para visitar, de este modo, más de una decena de países con el supuesto objetivo de realizar conferencias y encuentros con sus groupies. Una vez más, resulta altamente curioso como una ciudadana del país caribeño que ha afirmado carecer apenas de recursos puede permitirse gastos muy por encima de su supuesto nivel de vida; no olvidemos la polémica a partir de los miles de tuits mensuales que envía y que, afirmaba, lo hacía a través de un servicio de sms, pagando una cantidad por mensaje que, multiplicada por el número total, supondría una auténtica fortuna para cualquier cubano.

En este caso ha accedido a la nueva política fronteriza de la Isla para recibir un pasaporte que le permite salir y entrar libremente al país, cuestión que viene permitiendo el reencuentro de miles de familias que se han mantenido separadas por el doble alejamiento. No hay que olvidar que la política de bloqueo empecinada por el gobierno norteamericano impide el libre movimiento no solo de personas, sino de recursos y material de todo tipo hacia Cuba, además de mantener una política aduanera infinitamente más restrictiva y por la que no parece recibir ningún tipo de reproche, a la vista de como soportan con un estoicismo inusitado miles de turistas los indiscriminados controles aeroportuarios en base a su legislación en materia de terrorismo y seguridad. Esto, parece ser, debe ser soportado para acceder a la supuesta tierra de la libertad, mientras que la modificación de la normativa cubana no merece salir del espectro de críticas y sospechas habituales.

Yoani2La labor supuestamente periodística de Yoani Sánchez trasciende cualquier nivel razonable de critica en razón de su profesión. Tras haber regresado voluntariamente a Cuba en 2004, después de un período de dos años viviendo en Suiza (parece que las fronteras nunca han sido demasiado altas), su labor redactora ha tornado en posición de star system del mundo bloguero a raíz de haber conseguido el Premio Ortega y Gasset de periodismo que otorga en España El País, dotado con 15.000 euros, medio para el que colabora como una suerte de corresponsal de opinión. Un galardón prestigioso hasta esa edición de 2004 prefirió funcionar como soporte de instrumentalización política del cuarto poder, ascendiendo a los altares de la fabricada relevancia un producto que le ha otorgado al rotativo español ese pilar que necesitaba para continuar su labor de desgaste informativo para con todos aquellos Estados latinoamericanos que no se han plegado a las exigencias editoriales del Grupo Prisa, fundamentalmente desde el brazo ejecutor de la editorial Santillana. Que se lo digan si no al actual ejecutivo venezolano, que no pasó por el aro de las imposiciones de la mencionada compañía y se negó a renovar contratos multimillonarios de compraventa de manuales educativos para el sistema público; difícil olvidar el tratamiento activo en el apoyo del Golpe de Estado de 2002 por parte de un medio que era referencia de cierta progresía socialdemócrata, y de ahí se han continuado desparramando las dudas acerca de cualquier proyecto de gobierno en el continente americano que no cuente con sus productos y servicios.

Yoani3Yoani Sánchez puede ser una ciudadana crítica con la Revolución cubana, una amante de las democracias occidentales y sus mecanismos de resolución o generación de conflictos, que de todo tienen, pero no puede seguir intentando disfrazarse de habitante en penuria que vive y sufre una supuesta pobreza material que convierte sus letras en sacrificio luchador, que pretende alzar su narrativa a los altares de la martirización por la redención de sus conciudadanos. El pasaporte que ha tramitado no le abona esa tourné que ha emprendido, comenzando por Brasil y que la llevará a otros países de la región antes de cruzar el Atlántico y saludar a sus mecenas europeos. Si su acción es instrumental como otra herramienta más para desgastar los cimientos del sistema cubano, está en toda su disposición ser transmitente de ideas ajenas a partir de un rostro y unas letras sin alma propia. Lo demás es marketing que se lleva el soplo nada inocente de la Historia.

Foto velada

NewYorkPostRelata el refranero de uso cotidiano que una imagen vale más que mil palabras, pero no es del todo cierto o, como suele suceder en este tipo de afirmaciones que saltan inconscientemente del cerebro a las cuerdas vocales, encierra tanto de cierto como de erróneo. La publicación, hace unos días, de esta instantánea en The New York Post, donde puede contemplarse la fatalidad abandonada de un transeunte a punto de ser engullido por la maquinaria de un vagón de metro en un andén de La Gran Manzana no revela ninguna exclusiva periodística, pero si deja al descubierto lo solos que nos encontramos cuando la hora punta nos provoca un falso cobijo de sentirnos seguramente rodeados.

Ésta es la última foto velada del periodismo inmediato, que nació desde el mismo día de la invención de la cámara fotográfica y que exponencialmente carga sus imágenes a medida que las nuevas tecnologías han democratizado la constatación gráfica de cualquier escena cotidiana, aunque ésta resulte anodina o, como ocurre frente a la muerte abandonada, carezca de interés informativo en tanto en cuanto alumbre, ahí sí, un hecho de lo más noticiable: la prioridad por el impacto frente a la sensibilidad social.

NiñosMuertosSea en medio de la pretendida civilización y sus normas de consultas salteadas, ocurra en tierras que se nos muestran únicamente cuando la sangre se derrama por bandos sin clasificar pero presentados con la parcialidad del que toma y nos incita a tomar parte, los ojos inertes, el pavor ante el acontecimiento definitivo de sangre y sombra, arramblan con toneladas de morbo a velocidad de crucero, entre presentadores que ensayan una gestualidad cariacontecida para acusar, presuntamente doloridos, al terrorista sin juicio que, nos aseguran, comete la barbarie de masacrar espinazos infantiles con la misma celeridad con que pasan a modo sonrisa para anunciarnos las ventajas irrefutables de una pasta dentífrica. Muerte y venta, venta y marketing; venta, en definitiva, de productos y prejuicios, en media hora, a cinco columnas.

La crisis del sector informativo no puede, en ningún caso, servir de excusa para una lacra que viene emanando hace décadas desde los despachos superiores de las redacciones, desde aquellas dependencias donde las máquinas de escribir antes y los ordenadores portátiles ahora nunca han tecleado más que cartas de despido. El respeto por la profesión es consustancial al narrador que, en la fabula más atormentada, traslada el relato de lo vivido bajo el ritmo de la poesía sin prisas. Informar no significa, no puede en ningún caso, empaquetar en un dispositivo de letras o imágenes, a velocidad de vértigo, las escenas de mayor truculencia para servir de complemento al segmento de variedades y cotilleos. No es menos cierto que las responsabilidades en cualquier ámbito suelen trasladarse en doble sentido; para eso siempre existirá el ideólogo que rechazará las responsabilidades y afirmará que se vende lo que se demanda. El juego de siempre, la excusa que todo lo enturbia. Qué grado de verdad puede tener una mezquindad así en una etapa en que el sector de la información zigzaguea por el período más indeterminado, frágil y errático de su historia. Se podrá también esgrimir que esto ocurre porque, con las múltiples redes sociales y el consiguiente acceso a la democratización que internet ha supuesto para emitir juicios de valor y opiniones varias desde cualquier lugar en la mano, los medios tradicionales deben buscar formatos y propuestas capaces de proteger su espacio de negocio.

Pero la confusión y la trampa de medir los párrafos en peso de potencial venta, aderezados con imágenes como las expuestas, sólo alcanza a aplastar la vendimia y dejarla al sol; con la piel churruscada frente al flash constante somos incapaces de olisquear el mosto vital que se filtra y desaparece, alimentando el terreno inadecuado.

 

A cinco días del futuro de Venezuela

El próximo domingo la ciudadanía venezolana enfrenta las urnas más beligerantes desde finales del siglo pasado, cuando el socialismo bolivariano de Hugo Chávez enterró en la historia política de la república caribeña el corrupto bipartidismo de AD y Copei. Por primera vez en los últimos trece años, la oposición, desde el centro reformista a la derecha más extrema, ha conseguido contractualizar sus comunes intereses en la figura de un candidato único frente al Teniente Coronel Chávez, maquillado éste con los mejores aderezos para enfrentar la estética de un maniquí presidencial, sonriente, atractivo y empresarialmente exitoso, como una antítesis frente al supuesto candidato agotado física y políticamente pero imbatible en los comicios anteriores.

Los intereses geoeconómicos que se resuelven en la cita electoral del fin de semana explican esa aparente armonía entre grupos de intereses divergentes bajo el paraguas del musculoso Henrique Capriles. Desde los opulentos años setenta, en los que la crisis del petróleo cebó el negocio del crudo venezolano y, por ende, se cebó con el afán corrupto y con el enriquecimiento de ciertas élites, el país latinoamericano no había vivido una campaña electoral de tanta ostentación publicitaria, una auténtica inversión desde todos los frentes con el único objetivo de recuperar, a toda costa, el control público del Estado y, de una tacada, los principales flujos de riqueza, actualmente en notable trasvase hacia el interés público vía nacionalizaciones.

Esa puesta de largo desde la oposición ha obligado a toda la estructura del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) a duplicar sus tareas de responsabilidad pública y de difusión de los resultados y proyectos futuros de la formación progresista antes de lo previsto. Henrique Capriles, provisto de un extraordinario armamento de difusión y cuidado de su imagen, aceleró su presentación en sociedad meses antes del comienzo oficial de la campaña electoral, blindado por los medios de comunicación afines a sus aliados empresariales, así como expandiendo con hábil anticipación su fabricada imagen de dirigente moderado, expiado de cualquier afección ideológica y con las miras puestas únicamente en el progreso y mejoría de Venezuela (¿a qué acento gallego sonarán esas eclécticas propuestas?). De este modo, y con un discurso empapado de bandera e himno permanente, el abogado caraqueño se dio de bruces ante las primeras encuestas, desconcertadas aún por la irrupción sospechosa de una imagen excesivamente edulcorada, aliñada de una hermosura electoral intrigante. Los últimos coletazos en el proceso de recuperación médica de Hugo Chávez impidieron, en esos primeros metros del recorrido, que la inversión publicitaria despertara adhesiones desde la vertiente sentimentalista.

Entrados ya en barrena puramente de campaña, a ambas propuestas se les puede objetar una indigesta obsesión por acaparar la bandera del patriotismo, del himno y la bandera, del buen venezolano. De igual manera, Henrique Capriles ha optado por presentar un programa que toca todos los palos y abraza todas las demandas, desligándose de una imagen de conservador de clase y haciendo suyas muchas de las propuestas ya en funcionamiento del gobierno actual. A partir de ahí, pocas coincidencias, pocos lugares de encuentro. El Comandante de Sabaneta ha aprendido a no desgastarse intentando caer simpático o amable allende las fronteras venezolanas, donde su crédito funciona mejor o peor en función de sinergias ideológicas más o menos inmutables. En cambio, su contrincante ha permitido desplegar una campaña exterior con el objetivo de presentar al mundo una suerte de sonriente y delicada renovación personificada, nuevamente, en el culto al líder. Especial ahínco ha desarrollado el equipo de Capriles Radonski en esa especie de transtorno obsesivo que supone la adicción a las encuestas. Cientos de sondeos interesados, muchos de ellos de dudoso rigor, han poblado páginas nacionales y en el exterior, fundamentalmente en la étapa central de la campaña electoral, formulando una ficticia sensación de empate técnico, arbitrario, con el objeto fronteras adentro de arrimar adeptos de convicción voluble, mientras que en el extranjero se obtenía potenciar una corriente de opinión poderosa hacia un supuesto cambio necesario.

Lo cierto es que a escasos días de la visita a los colegios electorales por parte de la ciudadanía venezolana, pocas encuestas con propósito de credibilidad aventuran diferencias inferiores a diez puntos en la intención de los votantes en favor del Presidente Chávez. Si bien importantes cabeceras foráneas, fundamentalmente en los Estados Unidos y España, continúan desplegando reportajes y artículos de opinión en busca del favoritismo para con Capriles, los principales diarios latinoaméricanos hablan ya de la tercera elección del socialismo bolivariano, elección que debe venir acompañada por un higiénico deslinde entre los propósitos colectivos a desarrollar e implementar y el insano culto al líder, envenenada sinergia que impide el recorrido de la idea tras la desaparición del inspirador de la nomenclatura oficial. La burguesía venezolana, por su parte, parece que tendrá que esperar nuevos tiempos, enclaustrarse otros cuatro años en el quirófano y retomar la fabricación de un nuevo Frankestein de larga sonrisa. Está por ver si la anestesia de sus comunes intereses de clase no despierta sus diferencias en todo un cuatrienio.

De una filtración a una extradición cruza una rebelión

Ni en las más imaginativas envolturas de crujiente espionaje el australiano Julian Assange pasa por ser un sigiloso infiltrado de poderes contrapuestos en un mapa de secretos por revelar. Ecuador, con su pública recepción al perseguido, no aspira a reeditar gélidas disputas con archienemigos poderosos; en su caso, el balcón de la embajada del país latinoamericano en Londres se convirtió, el pasado domingo, en sede de una guerra cálida, más bien húmeda y tormentosa, en el que los protagonistas a este lado del telón de fina lana buscan redimir el espacio entre la apariencia y la realidad.

Cuando la organización Wikileaks irrumpe en la escena mediática internacional, con la transparente bolsa de secretos y mentiras de la inteligencia norteamericana a cuestas gracias a una filtración obtenida de manera rudimentaria y casi casual con la aparición de una fuente única desorientada, demuestra que no ha desarrollado una sofisticada desconfianza hacia el propio entorno que pretende dejar al descubierto, poniendo en manos demasiado acariciantes con la realidad bombardeada por los cables revelados el grueso de un material que, sin duda, desencajaba con esas cinco tintas matutinas encargadas de dar luz a las sombras. Y, así, se hizo el silencio, el descrédito, la oscuridad. Assange pasó de star system de las trincheras críticas pero disculpables a archienemigo que acaricia gatos malencarados en la penumbra y, aunque no lo parezca, se carcajea con sátira ante la desventura de la humanidad que le cree héroe. De ésto a villano pero de podrida catadura, capaz de violentar sexualmente a cuanta nórdica inocente le saliera al paso, va un ídem. Una de ellas, Anna Ardin, ostenta la imparcialidad ideológica de resultar la predecesora de Jens Aron Modig, el conservador sueco acompañante de Ángel Carromero en el accidente automovilístico que le costó la vida a Oswaldo Payá y Harold Cepedo, en eso de los tramposos accesos políticos a la República de Cuba con visado de turista pero con la única pretensión de servir de mulas pecuniarias para que la supuesta oposición democrática del Estado caribeño sufrague sus estructuras y sus planes, los miles de tuits que Yoani Sánchez dice enviar en formato SMS por carecer de una conexión fiable a internet y que, por el volumen de mensajes mensuales, le supone una cantidad de miles de dólares insolidarios con unos compatriotas por los que dice luchar.

Pero como la desconfianza sólo debemos cultivarla cuando los supuestos delitos ocurren en territorios no amigos de los Estados donde echamos la siesta, pongamos en legítimo barbecho la inocencia penalista de la soberana nación sueca, empeñada gracias a su portentosa evolución democrática y social que cualquier habitante del planeta denunciado dentro de sus fronteras debe ser apresado y puesto a disposición de sus jueces y tribunales. Que esta mañana su Gobierno haya tenido que justificar la rumorología a cuenta de una supuesta extradición futura a los Estados Unidos por un delito del que ni siquiera ha sido llamado a declarar afirmando que nunca lo haría (¿el qué, si no existe imputación ni, teóricamente, investigación? El sensacionalismo televisivo español ha contagiado a la clase política nórdica, definitivamente, comentando entelequias por puro gusto de alentar la polémica en prime time) si Assange pudiera enfrentarse a la pena capital sólo refuerza el escondrijo elegido por el australiano. Ante la duda, la figura del asilo político o por razones humanitarias supone el triunfo de la civilización ante la sobrevenida perversión de un sistema que se autocondecoraba sin silbidos desde 1991 y, claro, ahora nos toca a los desperezados occidentales poner en cuestión lo que nos cuentan a diario, escudriñar cual es la frontera que nos protege o que nos expulsa de la dignidad y del progreso. Tanto los países que conforman ALBA como UNASUR han secundado sin titubeos la postura de su aliado ecuatoriano, que no se arruga frente a amenazas de invasión a microescala de aquellos que exportaron un producto que han dejado, a su vez, pudrir en sus mal ventilados almacenes.

¿Cómo acabará todo ésto? En realidad, esa cuestión carece de interés parcialmente. Si la estructura procesal de Suecia retorna a sus habituales cabales y, efectivamente, posee fundadas pruebas acerca de la comisión de delitos por parte de Julian Assange contra ciudadanos nacionales, terminará por aplicar, precisamente, la cordura jurídica y solicitar un interrogatorio en la propia embajada. De igual modo, Inglaterra pierde credibilidad con cada amenaza, con el esparcimiento de esa rumorología que habla de invasiones diplomáticas o rechazo de salvoconductos. Cada trozo de la máscara que se derrite sobre la anfibia piel de nuestras naciones europeas nos hace dudar de la identidad subterránea de las mismas, de su falsaria naturaleza, haciéndonos añorar el templado ecuador donde parece residir con mayor calidez la anhelada sensatez.