Un descanso agotador

Poner distancia ante tantos frentes rugosos, por un período que no podría considerarse en tiempo real ni un intermedio balompédico para recobrar las sales existenciales básicas, está visto que vale de bien poco. Actualmente los balones de realidad se lanzan sobre nosotros con masa de titanio, a toda velocidad, aunque nos intentemos ocultar en el vestuario, a oscuras, meditando como regresar ante los focos con alguna táctica que nos permita soñar en la remontada o, al menos, en maquillar el resultado, para que los silbidos dejen paso a la comprensión, a la confianza en próximas jornadas.

Agotador1Aunque cualquier necesidad de calma humana tuviera a su disposición la autoinducción de un reparador sueño social, al despertar, las mentiras de plasma y la violencia intolerante seguirán allí. Semanas después, Dolores de Cospedal regresará al atril, con la soberbia de costumbre, disfrazada de una Bernarda Alba de baja talla, ojeras en ristre, con la pretensión de un desmaquillaje que elimine las preguntas incómodas, en una simulación que pretende cobrar de una tacada. Lo mismo de siempre, la agresividad de costumbre.

La indignación popular continua in crescendo, levantando el tono y el ritmo a la misma velocidad sanamente estridente con que la clase política canovista se empeña en jugar a ser invisibles a la realidad, en repetir el discurso que les conservó en la falsa opulencia de antaño. Ahora la calle es nuestra, con la valentía de los últimos recursos, el conducto estrecho por el que se han obstinado en conducirnos para jugar a la guerra de los insultos. Miran a Venezuela y hablan de un país fracturado; ellos, que lo polarizan todo, que se empeñan en soliviantar a sus últimas huestes diciendo que los desahuciados a un alto tipo de interés no son más que filoterroristas que pretenden mancillar su paz social, la de los que resisten pasivamente.

Agotador2Saltamos nuevamente al terreno de juego y frente a nosotros nos topamos con la misma alineación, inalterable, a pesar que no son capaces de dar pie con bola: una con fiestas pagadas en comandita corrupción; otra que defiende a golpe de virgen; un justiciero en pos de rescatar el aborto clandestino y los matrimonios indisolubles; el interior que sigue a la ley de su dios para él y para el resto; aquel volante exterior que ve la paja en el jugador ajeno; y todos comandados por un portero ciego y sordo, que prefiere el puro de palco a bajar al césped. El resto del equipo, ni está ni se le espera. O nos ha destrozado la red a puntapiés y nosotros seguimos pensando en el average.

¿Y el teórico árbitro de la contienda, cómo lo lleva? Pues confirmando el nefasto nivel de costumbre, con la complacencia de sus asistentes y demás parentela. La Jefatura del Estado parece agotada de una impostura de tres décadas, de una falsa campechanía que ya le resulta tediosa y, con ese cansancio de fingir, todo el castillo de naipes e infantas han ido rodando hasta dejar las postales veraniegas y navideñas en una mala instantánea de instagram, tomada en posición horizontal. No hay mentira que dure una generación ni sociedad que lo resista, y esto de la impecable Transición ya quedó superado, confiemos que por fin, no por dios. Lo cierto es que volvemos a abrir los ojos tras una hibernación a destiempo y dan ganas de seguir, perezosos, buscando el sueño que no nos despierte de una mentira resquebrajada. Esta etapa ha muerto, viva el futuro de vencedores sin vencidos.

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Hay tantos bancos donde sentarnos por primera vez…

…, tantas farolas que aceptar como prenden cuando, sorprendidos por el paisaje a baja altura, toman esa primera calidez anarajanda que nos apertura la tonalidad de detalles desapercibidos cuando el sol lo toma todo y nos disgrega. El planeta se encuentra plagado de espacios que podrían resultar exactos para cobijar nuestra particular melancolía, pero se encuentran a largas manos de un inaccesible billete de avión y, doble barrera, ocultos de la inmensa mayoría de instantáneas y fotogramas que pasan a lo largo de esta vida por nuestra captación visual.

Sin embargo, desde cualquier ventana, con silencio y paciencia, tenemos a pocos pasos ese espacio que ahora nos pertenecería si, al tomarlo en pacífica conquista, alejáramos inmediatamente las toneladas de pavor que nos fueron colgando a cada recuerdo imperativo de los días anteriores, desde esta tarde necesitada hasta, marcha atrás sin retrovisor, los ojos viscoseados de asombro cegador y matriz nostálgica, el primigéneo ejemplo de la supresión memorística; la lección sobre cómo el recorrido está traspuesto de sombras que necesitaríamos como vital avituallamiento.

Hagamos la meláncolica prueba: Cuanto más emerge el balcón, el prisma de los refugios urbanitas se percibe diáfano, tras la vida apresurada. Si obtenemos la paciencia necesaria para disfrutar la presencia de un gato no tardaremos apenas en aprender que su curiosidad es nuestra carencia. La luz artificial se pronuncia, imperceptiblemente, eliminando el círculo de refugio que nos servía de balsa de arena; se expande y, aunque nos resta, nos lleva aún más lejos, ampliamos los dominios del escondrijo y, al ritmo de las sombras que huyen despavoridas, sonreímos tímidamente con el balance de las nuevas tierras y sus correspondientes arrugas, lodos, nidos, habitantes sin ciudadanía.

Desde esa luminosidad en altura no se estila echar la vista abajo, buscar los recovecos en sombra que pueden suponer verdadero hogar, muralla china a poca altura como sumidero de la angustia y, a la vez, manta caliente, almohada en llamas, donde sólo parece existir lo destartalado sin alma hogareña. Es tan particular cuando el ladrillo y el cemento tapian la entrada y la salida de la luz, como una decisión irracional, intolerantemente humana, imponiendo el fin de habitabilidad para aquello que rezume aún el colmo de aliento receptor, una puerta en bienvenida sin timbre ni recibidor, puerta solidificada, puerta que dice adiós a su ánimo de ser puerta, que nos deja fuera y nos prohibe cerrar los ojos y los oídos en su interior, hasta que el rectángulo vivifica en vivienda nuestro descubrimiento.

En cualquiera de esas perfecciones abandonadas por la acelerada mano del progreso que hacina y mancha, que ya no huele a tierra mojada, está a la espera un refugio sin olores, plagado de recuerdos que hicieron las maletas y tomaron el rumbo de sus antiguos habitantes, sean éstos carne y hueso de nostalgía, de huida con dolor de escapista, o bien artesanos de la transformación, lo que quiera que eso signifique. De este modo resulta sencillo echar una cuenta de baratillo y asumir que alrededor del planeta nunca habrá espacio en blanco permanente, imposibilidad de hallar patria en soledad. Según se camine, así la valentía o la desesperación lo permita, habrá un farol que, a estas alturas de la tarde, arrancará su oficio de iluminador del nuevo reino. Y, nosotros, mientras los voltios se expanden, hacemos cuentas, con una sonrisa de total melancolía, del valor que ese banco cálido nos entrega como inicio de una vida renovada.

Los colonos del caudillo

LOS COLONOS DEL CAUDILLO

2012 | 110 min | Alemania, España | HD
Dirección y producción: Lucía Palacios & Dietmar Post
Narración: Juan Diego Botto
Protagonizada por el ex-ministro franquista José Utrera Molina, el ex-presidente del gobierno Felipe González, los habitantes de Llanos del Caudillo Santiago Sánchez, Juan Aranda, Eugenio Bascuñana, Wenceslao Chamero, Ana Romano, Antonio Rubio y Joaquín Romano, y los expertos Cristóbal Gómez, Isidro Sánchez y Esther Almarcha, entre otros.
Con la colaboración especial del pintor alemán Daniel Ritchter
En un lugar de La Mancha existe un pueblo cuyo nombre rinde homenaje a su creador. Llanos del Caudillo es uno de los 300 asentamientos construidos por Franco en los que el nuevo hombre fascista habría de nacer: “el hombre antiurbano y antiobrero, apegado a la tierra, temeroso de Dios y devoto al régimen, del cual es deudor de todo: casa, tierra y trabajo, bajo el control del partido.”
En el año 2008 los autores de esta película son testigos de un fabuloso descubrimiento: decenas de cajas con documentos de valor incalculable sobre la creación y administración de Llanos del Caudillo son salvados literalmente de la quema en el último minuto. En esos documentos está, tal y como el alcalde del pueblo y protagonista afirma, “la historia de un pueblo sin historia”. 
Y lo que comienza como la revelación de un capítulo desconocido de la historia de España acaba convirtiéndose en un espejo de la sociedad española en el presente. Un presente en el que un juez es sentado en el banquillo por intentar investigar los crímenes del franquismo.
La película hace un retrato de esta pequeña población como si de una lente de aumento se tratara y va diseccionando los hechos históricos desde que Franco usurpó el poder hasta la actualidad.
“Los Colonos del Caudillo” es una revisión del legado de la figura de Francisco Franco, una mirada hacia el pasado que nos ayuda a encontrar las claves del presente y entender un país en el que la figura del dictador aún persiste.
Esta campaña es un esfuerzo conjunto entre playloud! y la plataforma de crowd-funding LÁNZANOS: www.lanzanos.com/proyectos/loscolonosdelcaudillo. Más información sobre la película en http://www.playloud.org.
Trailer oficial del documental aquí
En “Los Colonos del Caudillo” existen dos niveles narrativos. De la parte se pasa al todo, de lo local a lo nacional, y viceversa. Por un lado acompañamos a tres generaciones de colonos de Llanos del Caudillo, quienes cuentan sus historias y experiencias a partir de 1955, año en el que se crea el pueblo. Por otro, se hace un repaso de la situación sociopolítica en el resto de España, un país en el que tras 35 años de democracia todavía es posible rendir homenaje al dictador impunemente. Uno de los protagonistas de la película, José Utrera Molina, ex-ministro de Franco y falangista convencido, ha sido condecorado recientemente por la Fundación Francisco Franco (hay que intentar imaginarse una Fundación Adolf Hitler) por defender los ideales del “Movimiento”.Al mismo tiempo, el juez Baltasar Garzón es sentado en el banquillo por intentar investigar los crímenes del franquismo (España es el segundo país del mundo en cifra de desaparecidos, tras la Cambodia de Pol Pot) y es suspendido de sus funciones. La prensa internacional habla de caza de brujas y de daño a la imagen de la justicia española.

¿Cómo es esto posible? En España nunca hubo una ruptura con el antiguo régimen. Son todavía muchos lo defensores de Franco que ocupan puestos de importancia en las instituciones estatales, e incluso en el gobierno. No sorprende demasiado que el actual presidente Mariano Rajoy haya afirmado: “La Ley de Memoria Histórica no sirve absolutamente para nada. No tengo ningún interés en que esté en vigor”.

Con esta película podemos colaborar a profundizar en un debate sobre la historia reciente de nuestro país para poder entender mejor la situación actual. Nuestra meta es organizar mesas redondas allá donde se proyecte la película, en las que participen historiadores y políticos, periodistas y ciudadanos “de a pie”.

Después de tres años de organizar, visionar y editar el ingente material filmado (sin apenas apoyo institucional o de otra índole), el pasado mes de Julio del 2011 mostramos una versión inacabada de 110 minutos en el Instituto Goethe de Madrid. La reacción del público fue muy positiva y nos confirmó lo que ya intuíamos: ésta es una película importante que ha de llegar al gran público a toda costa.
Para el estreno en Alemania, que tendrá lugar en otoño, planeamos tener como invitados al ex presidente del gobierno Felipe González (uno de los protagonistas), Emilio Silva (presidente de la ARMH), Walter Haubrich (corresponsal en España del periódico alemán Frankfurter Allgemeine desde 1968), Paul Preston (autor de “El Gran Manipulador” y “El Holocausto Español”) y el alcalde de Llanos del Caudillo Santiago Sánchez.

El estreno en España nos gustaría celebrarlo en Llanos del Caudillo con los protagonistas de la película y periodistas invitados. Será el pistoletazo de salida de una gira por todo el país en la que mostraremos la película en cines, centros culturales, asociaciones de vecinos, escuelas y universidades, seguida siempre de su correspondiente discusión. Se trata por tanto de salirse de las vías convencionales de distribución y crear una especie de “cine ambulante”, en el estilo de las Misiones Pedagógicas de la Segunda República en los años 30.

Información facilitada por el director del documental, Dietmar Post, y difundida por CasaQuerida.com de cara a conseguir la financiación necesaria para su eficaz lanzamiento.

Cien mil recibimientos, Cien mil afectos

La calurosa casualidad ha calculado que hoy, en la celebración del decimotercer mes de existencia de esta Casa Querida, hayamos podido disfrutar de la inesperada aparición del visitante cien mil. En este escaso año la morada común ha ido ampliando estancias, acicalando sus dependencias y mobiliario, pero sobre todo hemos disfrutado con la ausencia de silencio. El debate, la lectura, el reposo y la positiva indignación han reinado por doquier desde la entrada hasta la buhardilla, repintando las habitaciones y retirando la humedad del salón principal. Tan sólo alguna tímida algarada ha convertido, tímidamente, el ambiente moderadamente festivo en bulla incómoda, pero ha pasado como un silbido más que hueco, que viene y va como el viento jugueteando tras las ventanas abiertas.

Sin duda, la apertura de nuestras puertas ha resultado una confortable experiencia, y confíamos que lo seguirá siendo. No ha sido una etapa sencilla fuera de estas oxidadas rejas y, desgraciadamente, cuando oteamos el horizonte no encontramos motivos para esperar un cielo despejado. No obstante, estamos cobijados, nos damos abrigo y calidez dialéctica y, qué demonios, no nos ha ganado nunca la pereza para evitar que, cuando los nubarrones se despistan, tomemos la ciudad para seguir maquillándola, para que vuelva a parecer como nueva. Y nuestra.

Gracias por visitar y seguir residiendo, de forma permanente o por temporadas, en su Casa Querida!

Una centenaria cursilería

Ocho meses escasos después de haber inaugurado esta residencia de puertas y ventanas abiertas que pretendía ser ave de paso, parada y fonda de honrada servidumbre, las ampliaciones han sido inevitables. En estos días de comienzo otoñal hemos dispuesto la entrada que marca el centenario de nuestra fundación, y de ella y sus noventa y nueve compañeras han bebido y se han alimentado cerca de sesenta mil visitantes. Algunas dependencias han visto como sus tabiques han sido derruidos para hacer sitio a nuevas e imprescindibles estancias, mientras cinco decenas de amados visitantes han tenido a bien compartir el día y la noche viendo pasar la realidad brillante y gris que nutre y, a su vez, vacía los recodos del inmueble.

Es una cursilería impropia y, a su vez, un agradecimiento emocionado transmitirles el abrazo anonadado por amar esta Casa Querida con una aceptación masiva desde su inauguración. Seguiremos abiertos, prestando nuestro servicio honrado. Cuando algo se construye y gestiona con el mismo cariño que es devuelto visitante tras visitante, texto tras texto, las fuerzas no flaquean ni en los días de tormenta. En esta casa nuestra, para todos, la luz es siempre rayo de primavera.

Aún creo en la utopía…

… y no soy el mejor hombre.

No somos más que lo que vemos. Y eso que se nos aparece frente a nuestras pupilas intensas y musculadas luces y más luces, fosforescencia de tonalidades asquerosas, sin color conocido porque la línea de tonalidades posee sus particulares bondades, como un atadillo débil de mensajes, opiniones, axiomas y dogmas que nos enfrentan en las terturlias laborales, cafeteras, alcohólicas, nocturnas, portuarias…

¿Cómo saber si la honestidad agresiva está encapotada de mezquidad irreconocible? No podemos dar caracter sabatino a los plazos permisivos de las castigadas estabilidades humanas, jóvenes pero con arrugas neuronales, y de todos modos esas prorrogas se han convertido en el acontecer del espectáculo que significa estar vivo. ¿Qué significa estarlo en este lado, donde las páginas cefalópadas nos enganchan por nuestras limitadas extremidades neuronales, gracias a su tinta chorreosa matinal, que impregna la huella dactilar de las conversaciones? Una confusión acuchillante, una violación por todos nuestros petreos orificios intelectuales, una muerte segura rodeado de células oxigenadas.

Debe resultar tan puntiaguda, tan brillante la navaja que cercena el equilibrio visceral del intelecto previamente fallecido, esa viscosidad derrotada desde el Génesis de su impacto vaginal, disfrutar con el teorema de una trilogía que esta cultura nuestra, la que nos viene derrumbando sigilosamente por un acantilado sin más puertos de montaña exigentes, con una pendiente definitiva, que comparar a tres hombres solitarios en sus respectivas selvas honradas entre la maraña de desconfianza y cobardía multitudinaria parece un pecado terrenal. No hace falta nombrarlos, pero es imprescindible recordarlos. La trilogía desvinculada nació en el confort de sus amorosas familias, de su estructura social equilibrada, razonó a un ritmo de contracorriente huracanado, fue ajusticiada desde el púlpito del temblor establecido (de ese que parlotea con sextercios, ducados, reales, dólares, metalitos que extorsionan el óxido como la verdad sucumbe al destino biológico) a sabiendas de una inocencia insoportable, de una aceptación irrelevante más allá de la victoria en penaltys sin público…. el veneno de sus tornillos ametrallados despedazaron incomodidad y crearon esperanza disgregada; nos colaron un manifiesto perfumado bajo el felpudo pero el portero adelantó su ortodoxia vigilante a nuestra curiosidad felina, neolíticamente humana. No obstante, fotocopiamos a base de retina obstinada páginas y páginas, convicciones y actitudes, con la implacable abstinencia de expulsar a diestro y siniestro el mensaje repetido al ritmo de salvadora amenaza: Una, dos y… nos continúan otorgando una prórroga inmerecida, barbuda y humilde, armada con selvática argumentación dialéctica, con valentía intemporánea.

Cianuros crucificados aparte, fusilamiento colectivo que ayer procreó una higuera que hoy soterra podridos frutos a modo de agrios masticables, el encuentro en la honestidad colectiva se turbia con avenidas repletas de bromuro viscoso, bajo una niebla rocosa. Esa invisibilidad de camarada inexistente no evita, odiseas instantáneas después, alcantarillear sin sumisión, bípedos henchidos en busca de los congéneres aturdidos pero con los pulmones igualmente saciados, con las mentes pobladas de mensajes honestos. Las migas de pan se escurren por nuestras fronteras de rayuela tramposa, las monedas brillan con el dorado común que aceptan todos los titiriteros de los kioskos centelleantes, más caros, más opulentos en sus dianas torcidas. En el fondo, sin luz, insisten, aventurados, algunos comerciantes de chochona asequible, chochona para todos, pero las farolas ladeadas nos impiden ver, o vemos un colmillo oblongo, una risotada negruzca de encías editorialistas adornadas por cataratas corporativistas; son roulet con neumáticos bolañianos, vigilantes en su refugio arbolado a la espera del seguro genocida intelectual.

Es seguro que el espejo con el que nos obsequiaron al partir los labios viscosos, los que nos expulsaron al desatino vital del que cuelgan nuestras visceras neuronales, no nos alertó de la tormenta de dientes lácteos que agoniza a la primera erección, al primer rugido cristalino. Nos tropezamos con concordia lisa, frenados ante el sortilegio de la cebra plana y mutilada, enfrentándonos a los congéneres agresivos de pedal y velocidad, de ciudad a barranco empujado. Hurtados el rifle boliviano, la cicuta transparente en el meridiano del ágora cobarde, los palos ensangrentados bajo el sol palestino, abrazamos ese valor de ley especulativo que hoy nos ha arrojado al petróleo sólido, pintarrajeado de blanquecina dirección policiaca, ante el hermano gladiador, el pariente ennegrecido con vara impune. De esas plazas con reflejos de odisea universal arrancan un pulgar altivo hembras rizadas con mochilas bolivianas orgullosas, anonimatos púdicos de Sol a solsticio de epopeya contemporánea. A todos ellos les cambiaron las señales y todos nosotros, a su vera, quebrantamos el ferruginoso índice para moldearlo a modo de dedo corazón esperanzador.

El Ser Rabioso

Semanas cerca del banquillo, deseoso de calentarlo pero, a su vez, sin el disfrute de pisotear el caluroso césped estival, a pesar de tanta necesidad de arrancar los hierbajos que brotan con ton y son, con do, re, mi, fa y hartazgo de Sol y cientos de plazas más que son terrenos atestados de espectadores activos, de delanteros rematadores hambrientos de gooool.

Ciertamente, el espectacular movimiento ciudadano que se sueña protagonista de un nuevo episodio debería activar todas las teclas ansiosas de ser apretadas, mullidas en la expectativa de sentir el peso de las carnes y las mentes expectantes de cambio. Los rincones de nuestras ciudades están famélicos de cambios indiscutibles, necesarios, fundamentales, necesariamente instántaneos; son tantos y la premura es tan cierta que se agolpan las reivindicaciones contra el muro de esos ladrillos fortalecidos a base de arena, agua y hormigón transitorio, ora definitivo, forjados a base de una trampa de más de tres décadas que ha consolidado el Estado Nacional de las cosas inalterables.

 

Olvidémonos un segundo de las perspicaces consignas que abanderan esos progresistas espacios urbanos donde pretende residir la nueva soberanía popular. El cambio está ahí pero se aleja mientras la Torre de Babel de los sonidos guturales inconexos se niegua a articular un mensaje ruidoso. Salgamos, pues, a nuestras calles particulares, donde nos aguardan, barra ferruginosa en mano, los falsos préstamos que hemos venido abonando, sumisamente, desde que pedaleamos con todas nuestras erectas extremidades: Nuestros sacrificados progenitores, hijos éstos de otros tantos entregados congeneres de línea consanguinea muy recta, son derivados, desde el momento que sus nóminas abultan más de lo que, proporcionalmente, ocupa una nevera surtida, a renegar de sus propios tributos destinados al Sistema Público de Enseñanza y, de este modo, transforman excedente monetario en agobio existencial para que nosotros tengamos ropa monocorde de lunes a viernes, educadores sin oposición ni estudios acreditados, instalaciones y horario asfaltado; en definitiva, internado moderno, ése que prestigia nuestro devenir futuro como primera cuota social invertida. De ahí a recibir la preparación docente adecuada va un planeta saturnino en su concepción diametral; eso sí, el primer boleto para el reñido sorteo del acceso al reino de los sobrevivientes más o menos despreocupados se ha insertado en el bombo consursal de viernes noche. Hay bote.

Dicho esto, y es muy poco lo dicho, la vida académica, superadas las fases del desconcierto grupal que pretenden alejarnos de la rectitud mercantilista de la que ha manado nuestra leche sustentadora, se topa con la nobleza universitaria, aseguradora hasta hace unas tardes de progreso y labor remunerada; los detentadores de las rotundas recomendaciones que alentan nuestra probreza permanente descubrieron hace mucho que el boato universitario es, imparablemente, reino de los aplicados, y éso no les compensa. Para abordar tan injusta igualación de las inadecuadas escalas salariales inventaron el rentable templo de los máster de postgrado, de infaustas siglas con las que Modifican Brutal y Aleatoriamente las capacidades y los logros a base de remangarse nuevamente la cartera, esta vez ya sin esa proletaria costumbre de becas y ayudas de estudio para desencaminados sociales.

Arrebatados de toda confianza en un futuro en el que podamos ser protagonistas a base de desgastar unas mismas herramientas entregadas al comienzo del curso vital, el desencanto se transforma en supervivencia silenciosa y plena de sumisión tributaria y normativa. Entra aquí el febril desarraigo propio de estas fechas de pompas de jabón de diminuto córtex, en las que sabemos que algo va a ocurrir pero no somos conscientes del protagonismo de nuestros actos; Cuando ser adulto significa mutar en respetuoso siervo de la gleva postmoderno, la rebeldía sin hacha y con heridas que sutura el enemigo segundos después de provocarlas se antoja vergonzoso. Estamos en las calles, en las avenidas frente a nuevos asalariados del feudal señor que nos aplasta, con la trascendental salvedad que el caballero es hostigador y salvador a base de golpiza y sonrisa electoral en similar equilibrio. En realidad, siempre fue así sin darnos cuenta; cuando la humanidad estudia revoluciones pasadas confía en la bonhomía colectiva, siendo ésta redacción de escribanos al servicio del vencedor, ése que, estando a la escala social en la que se encuentre, atrapa con fervor las prebendas e influjos del estrato desterrado. Los tributos directos que venimos soportando, en puridad, carecen de equidad presupuestaria más allá de una cortina de decencia hurtadora de nuestro esfuerzo. Mientras cualquier asalariado o trabajador autónomo mantiene migrañas contables para evitar plazos caducados o contabilizaciones miserablemente incorrectas, alejándose así de la segura e implacable sanción, a la vez que los principales empresarios patrios negocian, en Sistemas Indignos de Cobro Aventajado para gente Valorada, dejando calderilla en esas arcas que suponen el asfalto de nuestras maltrechas carreteras, (ésas atestadas de peaje que nunca se amortizan), de nuestros inmuebles educativos y sanitarios (carentes de recursos, afluentes de servicios miserablemente privados) ó de la asistencia básica de los segmentos sociales más frágiles (bolsas de recaudación electoral inmisericorde), estamos perdidos.

Pretendiendo ser mucho más contundente, el camino hasta esta línea agota la sana impertinencia ante lo que venimos soportando como ancestrales vasallos rodeados de audiovisuales cadenas (metálicas).  Nuestra pretensión era crucificarnos en el puntiguado contenido de todo aquello que entregamos sin recibir, que devolvemos en mucha mayor medida de nuestra justa compensación. Tasas, facturas, recibos, multas, sanciones, consumos y tributos consumen nuestra expectativa de crecimiento social (que no humano, imposible a estas alturas del largometraje ciudadano planetario occidental) mucho antes de olisquear la frontera de la paz individual. Estamos en la calle y, a la vez, nos encontramos en un sendero poco iluminado, con sombras que antes parecían congéneres, borrosos gracias a nosotros mismos porque los que desenfocan la vía de la humanidad hastiada siempre son renegados de nuestra propia estirpe. Así ha sido siempre, y así será.