Pater publiequitas

MaltratoEl género es cosa peliaguda cuando se trata de equiparar lo malo con lo peor. Bien debe ya saberlo el community manager de la Guardia Civil que se arredró la competencia de empalagar de supuesta igualdad un tuit funesto, tanto por su torpeza como por un claro desconocimiento de la etimología legal que acompaña a la condición en cuanto víctima y verdugo de la violencia de género. No hay mal que por bien no venga, ya que además de haber tenido que poner en práctica sus conocimientos de gestión de crisis en entorno social media, suponiendo que el interfecto haya adquirido los conocimientos académicos al efecto, miles de ciudadanos han vuelto a refrescar las diferencias en aquello que no se separa para beneficiar, sino para igualar en la madurez y erradicar en el canibalismo entre iguales.

Viene a cuento esta introducción a raíz de cómo se continúa extirpando el gen de la equiparación en la vertiente sana del tallo social a partir del reflorecimiento de una nueva hornada de publicidad televisiva de machismo indisimulado, imposible de cauterizar a simple vista y que, de este modo, acaba desangrando cualquier campaña de sensibilización ciudadana (no ya decir a partir del papel mojado de la normativa al efecto, tan caduca desde que se asoma a aspectos tales como la equiparación salarial, la inserción de la mujer plenamente en el mercado laboral, derechos y libertades en el plano práctico, etc.) para que nuestros infantes dejen de lado sus diferencias más allá de aquellas que son propias como formación de la personalidad en razón del sexo y la orientación humana que cada uno establezca de manera singular. Pongamos como primer ejemplo este muy “familiar” spot de Gas Natural, contando nada menos que con el televisivo chef Jordi Cruz, que igual te canea por no saber quitar la piel a un rape que, sobre la marcha, se convierte en especialista energético. Para eso, ya se sabe, hay que hablar con el macho del hogar, que la señora, a lo sumo, está para abrigar a la prole ante las racanas decisiones del progenitor y, una vez convencida la autoridad familiar, acercarle mansamente el teléfono, permitiéndose para equilibrar, a ojos de la compañía, una miradita reprobatoria sin más atrevimiento.

A la compañia enérgetica este modelo tradicionalista de grupo familiar le pone. Una vez convencidos, se marcha la tez huraña del pater familia y aparece la alegría y el desenfreno. Por supuesto, esposa y retoños no son más que simple acompañamiento, decorado de quien toma las decisiones, el que manda. Moderneces de igualdad, las justas.

Claro que hay otras compañías que por exceso, se empanan en toneladas de defecto. Imaginemos la secuencia a la inversa: nuestro radar antimachismo saltará por los aires, la campaña sería retirada de inmediato y el snack promocionado se acabaría atragantando entre los dirigentes de la compañía. Pero como desde algunas cúspides ven que en la cara oculta de la igualdad todavía se despiertan unas sonrisas, aquí no ha pasado nada. Nuestro filtro permite escapar demasiadas virutas de polución machista, pero seguimos aspirando. Qué se le va a hacer.

¿Excepciones? Está claro, a la vista de este último corte, que nada más ajeno a la realidad. Si de la pantalla más consumida por el común de los hogares nacionales emanan regularmente secuencias de esta guisa, ¿qué podemos esperar resolver con campañas informativas, planes educativos, y otras zarandajas que no cotizan en prime time? Pues, a lo sumo, un desorientado tuit de nuestras fuerzas del orden diciendo que es igual lo que no es lo mismo. Y eso, por desgracia, empezando la casa por el tejado para no tener que ver los destartalados cimientos en que se asienta el manido principio de igualdad insatisfecho. A otra sociedad con ese cuento.

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Banderas de nuestros muertos

Banderas2150 ciudadanos, en un crisol de culturas y nacionalidades, perecieron la semana pasada en los Alpes franceses tras, según apuntan ya de manera definitiva, la accion voluntaria del copiloto del vuelo, Andreas Lubitz, llevándoles a la muerte de manera premeditada. Como ocurre en cualquier vuelo de carácter internacional, poco importa el lugar de despegue y el de destino en lo que respecta al color de los pasaportes en tránsito, en un planeta que se conecta a escalas de manera imparable, consecutiva, y donde la residencia vence al ius sanguinis de manera aplastante. Todos nacemos aquí o allá, pero nos desplazamos por el orbe a la velocidad que nos permite la actual tecnología de transporte, así como las necesidades laborales, vitales y existenciales.

Una vez consumada la certeza de una catástrofe sin supervivientes, los familiares y allegados de las víctimas desplazados hasta el trágico lugar del siniestro fueron recibidos por un artificio de banderolas como supuesto gesto de honra global a una tristeza que, según parece, trasciende al dolor de lo cercano, de la muerte del ser querido sin motivo aparente. Ese vacío, que no se complace con un arrumaco de trapos coloreados, sí se supone que da bien en cámara, como una especie de gesta bélica en la que se reconoce al héroe a partir de una simbología patria que insiste en resumir el valor de la pérdida a partir de una sensibilidad de millones de humanos errantes. Es, sin duda, el armisticio bélico aquel primer escenario donde las banderas de nuestros muertos comenzaron a ser las mismas que las de las próximas esperanzas, y algunos se empeñan en, por lo visto, repetir el teorema caiga quien caiga y sálvese quien pueda.

Banderas1En la bandera desplegada viene implícita la mediocridad de este mundo nuestro, tan dividido en el rumbo como empeñado se encuentra en dibujar un panorama de interconexión humana en épocas de falsa paz. No hay más que rememorar, como en cualquier otra tragedia de estas características, la celeridad con que el enjambre de contertulios y presentadores de informativos se aprestan, antes aún de recelar de la falta de mesura que supone la expulsión de datos a que les obliga la guerra de las audiencias sobre la virtud de la prudencia y el principio de la fuentes contrastadas, a destacar y poner a cinco columnas la numeración de víctimas con las que comparten documento nacional de identidad sobre aquellas otras de naturaleza extranjera. De la misma manera, en función de la distancia tanto en kilómetros como en riqueza de las naciones afectadas, los fallecidos en siniestros de esta magnitud ejercen poder de titular en primera página hasta alcanzar, en aquellos casos donde los fenecidos son originarios de tierras ya de por sí devastadas por la pobreza y el desencato en el imaginario occidental, apenas un breve en la sección de sucesos. No importa el hecho del desastre, sino si es susceptible de ser vendido como drama por cercano, porque es de los nuestros.

Banderas3Para que la muerte sea noticiable a gran escala debe cumplir ciertos requisitos de impacto mediosocial: Que resulte próxima, que sea numerosa y, a ser posible, que cuente con imágenes de sumo impacto para darle relumbrón audiovisual a la hora del almuerzo o la cena. Cómo olvidar los recientes accidentes en aire y suelo español del vuelo de Spanair, en Barajas, así como el tren Alvia, en Galicia. En ambos casos no se sustantiva la procedencia de las víctimas al corresponder casi en su totalidad a ciudadanos nacionales y producirse el luctuoso hecho allende nuestras fronteras. Pero, al mirar la multifragmentación de cadáveres en las escarpadas laderas alpinas, todos parecen buscar su pena sin reparar en la pena misma: Que sobre los muertos no debe descansar la invención de las banderas, sino la confianza en sentir dolor por el congénere desaparecido para que, como especie, persigamos la comprensión de nuestra finitud y la erradicación de nuestra estúpida parcelación desde la frontera del cinismo hasta la embajada de la lucidez.

La infecta noche

A estas alturas de la semana, y salvo que habite en un entorno rural extremo, con una climatología enlazada con el ánimo más fervoroso por el rechazo a cualquier tecnología de comunicación con pretensiones de sofisticación superiores a la pluma de ganso, es más que absolutamente probable que haya tenido que visualizar y escuchar esta terrorífica escena:

El programa “La Sexta Noche”, tras más de un año de emisión, se ha consolidado en la parrilla nocturna de los sábados a través de una apuesta al principio arriesgada, esto es, el intento de mantener frente a la pantalla al espectador con un producto de actualidad política a digerir durante más de tres horas. Debe ser la algarabía por sortear la daga de la cancelación en la primera etapa, y la consiguiente irreflexión para explorar nuevos escenarios de divertimento, lo que ha llevado a cimentar como base del ánimo polemista, acapador de televidentes irritados pero sujetos a la dosis de morbo bidireccional, a un tridente de periodistas dispuestos a superar cualquier barrera de educación y respeto por el diálogo sereno con tal de defender a capa y espada cualquier consigna que venga bien remunerada en los faldones y banner de sus correspondientes medios. De Francisco Marhuenda y su boletín sin lectores ya se ha escrito cualquier cosa, y una letra más supondría redundencia nauseabunda; Eduardo Inda, tras dejar Marca como los chorros de la hojalata, más parecido a un folletín de variedades que a un diario deportivo (si algo así puede llevarse a término sin inventar polémicas entre medias de que corra el balón para alimentar la gordura del kiosco), regresó a El Mundo con mayordomo y sin necesidad de arrimar la caspa a la pescadilla que le muerde permanentemente la cola; es sonreir frente a la cámara y disponernos a un buen trago de fanfarronería patrocinada. Así son los medios, de eso comen la gran masa de periodistas que hoy se dedican a las relaciones públicas, no a la información.

AdaColauPero aquel Craso de la requemada figura que es Alfonso Rojo merece capítulo aparte, más aún sobre esa estocada a cualquier principio de corrección en el debate y la serenidad que se presume al que busca el diálogo y, por lo tanto, debe desterrar lo barriobajero. De Ponferrada navegó sin mar hacia la luz pública a través de corresponsalías de guerra que pulieron esa otra fama anterior al teléfono móvil, la conexión permanente a la redacción cuando se encuentra uno en lejanas tierras, inhóspitos conflictos, consistente en tratar por igual de héroes a todos los que se la jugaban en medio de escenarios bélicos: algunos entre balas, otros entre aperitivos; los más en la trinchera, los menos mullidos en la recepción del hotel, poniendo el oido donde otro había colocado su frágil destino al servicio de la profesión. De esas carnicerías, no obstante, regresaron todos con las mismas cicatrices, y algunos en base a famas desmerecidas ocupan asientos en prime time, dejando el gatillo sin el seguro puesto.

En change.org más de 65.000 ciudadanos han participado para solicitar a La Sexta que no invite nunca más a Alfonso Rojo, al insulto. Pero intentar sonrojar a Ada Colau por una cuestión ajena al debate, en la diana de lo personal desde la óptica más barriobajera que ni se puede suponer a un profesional de la comunicación que se precie, a un ser humano que mantenga un nivel de buenos modales en la media (y miren que la media no anda escalando, que digamos) no va a eliminar la vía que ha emprendido un programa que, como toda buena intención, perseguía poner en la diana del interés televisivo la actualidad política y social y, en la actualidad, no ha dejado de convertirse en el griterío de turno en donde el contenido carece de importancia. El escaparate, no obstante, todavía incita a determinados ciudadanos con algo que contar a adentrarse en su plató para poder amplificar cuestiones de interés. Con asuntos como éste, con el show por encima de la idea, no se puede esperar menos que una desbandada a corto plazo de cualquier intervención digna. El resto, como ocurre en la gran pradera televisiva, sólo es ruido o reproche.

Entre todos…. retornamos.

Qué a gusto, qué calentitos se encontraban en estas lustrosas fiestas navideñas los señores y damas de orden y rectitud hasta hace nada, sentando un pobre a su mesa y radiándolo para toda la España de adobe, de transistor colectivo que hacía menos gélida la mesa en gastronómica desbandada. Porque el pobre siempre es de agradecer, como el ave en la cazuela, en estas festividades bienaventuradas y, en vista de ese casual crecimiento exponencial de las rentas más altas en tiempos nada halagüeños, en tiempos de sufrimiento parcialmente colectivizado, casi redentor de tanta buena suerte a la sombra del pesebre, lleno de oro y… más oro, nada mejor que un buen pobre para que la dicha sea completa.

Pero como no sólo vamos ser piadosos y caritativos al albur del niño dios y sus reyes de la internacional capitalista, la televisión pública hace meses que ha querido agraciarnos con ese espíritu cada tarde, sin reparar en fechas señaladas y puntuales. A diario, Toñi Moreno, especializada en las lides de la caridad “malentendida” con un amplio recorrido en Canal Sur, ha desembarcado en TVE para expandir su sillón de tristezas vendibles y encontrar la complicidad de un público bien entrado en años, que sabe lo que duelen las de Cain pero que debe ser que prefiere seguir sintiendo la quijada antes que la sensatez. Y, así, lo público despliega durante la siesta lo que califica como “Encontrar soluciones a las dificultades por las que pasen los espectadores. Este es el objetivo de este programa, un espacio de servicio público que impulsa la solidaridad y la participación ciudadana y que canaliza las peticiones de ayuda y las propuestas de apoyo“. ¿Para qué un Ministerio, 17 consejerías y tropecientas concejalías en todo el Estado? ¿Qué es eso de Asuntos Sociales? ¿A dónde va a parar el Estado Social y sus zarandajas constitucionales?. Zape. La solidaridad, para que lo entiendan, consiste en promover la desigualdad para poder retornar a las albricias de descolgar el teléfono, decir bien alto tu nombre, ver como se le iluminan los ojillos al bendito descarriado económico que ha redimido sus fracasos por “vivir por encima de sus posibilidades” y echarle una miguitas mientras la Toñi y su coro de enfervorizadas “cheerleaders” de plató babean ante la magnanimidad del que “sólo hace lo poco que está en mi mano”. Mientras, tras cada triquiñuela de caridad con mayúsculas, de la guarra por quién la promueve y con qué fines, un derecho fenece en nuestra carrera hacia la linea de salida.

ToñiMorenoA Toñi Moreno, como podemos ver en el video inicial, no le gusta que le hablen de Estado de Bienestar, Servicios Sociales, y esas zarandajas izquierdosas, con tanto pobre al que redimir día tras día en su ventana de pegostes y manchurrones. A Toñi Moreno, en cambio, le apasiona llorar con el descarriado económico, tan sentado en su sillón de pobre desconchado; desconchado como su esperanza, toda ella entregada en un último aliento al gracejo de Sanlucar, a la llamada de otras latitudes pero siempre española, país tan de ennoblecer su piedad y su redención dando algo de lo que mucho se tiene si se ve el rostro y las facciones del pobre concreto, del pobre que comparte color y patria, que está en esa barriada de no pisar que se sabe lejos pero también vibra con la Roja, qué cojones. Porque los pobres en tumulto y transfronterizos no son del gusto del caritativo; a saber donde va el dinero que se pide frente a tornados y desastres que derrumban uralita y barro, dios los acoja en su seno. Nosotros, a lo nuestro, con los nuestros, de uno en uno, en fila. Toñi se encarga.

Descongestión violenta

No es cosa de risa las funestas consecuencias maritales y sociales que puede provocar la adicción impostergable de esnifar a diario el spray nasal protagonista de este anuncio de 2011 que su fabricante, Grupo Uriach, ha considerado atemporal y, por lo tanto, nos obsequia con su visionado a todas horas, en cualquier cadena.

Es verlo y verlo y seguir sin comprender qué podredumbre sentimental habita en la pareja protagonista para que ella, en el momento de mayor éxtasis tras la dosis ingerida, decida emprenderla violentamente contra su compañero de cama a modo de abrupto almohadonazo, irritada por verlo disfrutar de su temporal descongestión. Al agredido parece ya darle todo igual, porque automáticamente se sumergue en un placentero sueño con las vías desatascadas, respirando a diestro y siniestro como alma que lleva al regazo del químico Morfeo. ¿Cual es el leit motiv de esta vanguardista puesta en escena para intentar vender el mayor número de sprays descongestionantes? Pues que todo en la vida consiste en tener los orificios nasales bien acicalados, que la felicidad somnífera consiste en esos segundos de esnifar líquido desengrasante y aspirar e inspirar con el sabor de los globos, el confetti y los bellos paisajes.

Pero, en serio, no es cosa de risa; probablemente por eso la damisela, hastiada de convivir con un yonqui de la oximetazolina, encuentra en la violencia el conducto para aliviar su desesperación. La adicción a fármacos legales, que se pueden adquirir a toneladas sin receta, marca la vida de muchas personas que cambian de establecimiento cada cierto tiempo para no sentirse marcados por esos boticarios que despachan con miradas acusadoras. Buceando por la red se encuentran cientos de casos de adictos desesperados por poder combatir con mayor sencillez su dependencia a la nicotina que al frasquito naranja de la felicidad. En efecto, el uso cotidiano de este principio activo posee un efecto boomerang de irreversibles consecuencias, afectando principalmente a la mucosa nasal, que queda más devastadas que los fondos marinos del Golfo de México, una congestión permanente que, a modo del mono de cualquier sustancia adictiva, recrea una excusa permanente para continuar consumiendo el producto y, finalmente, la pérdida irreversible del sentido del olfato. Visto así, la desagradable violencia del spot publicitario se relativiza: imagínense a su partenaire preparándose unos tiros de cocaína en la mesilla de noche, o quemando heroína en una cucharilla para entrar en trance, en plena alcoba, con vistas a provocar el sueño más placentero. Una ruina. Pues la oximetazolina, disfrazada de inofensivo bote naranja con supuestas propiedades de milagrosa descongestión, no se queda corta. Ahí es nada.

No obstante, y como estamos convencidos que el Grupo Uriach no pretende convencernos de que ser yonqui mola, tendremos que rendirnos a la desagradable evidencia de que volvemos a toparnos con un anuncio que hace uso de la violencia supuestamente inofensiva, almohada de por medio, para buscar un presunto tono cómico al desarrollo del guión. Si la agredida fuera la hembra, ¿cuanto tiempo habría aguantado el spot en emisión? Pues eso, que seguimos contemplando el fenómeno de la violencia desde dos prismas, tanto como para que, dos años después, se redifusione la algarada de alcoba y los responsables de la empresa comercializadora continúen considerando que es de lo más adecuado para que corramos ipso facto en busca de nuestra dosis.

 

 

Estreno de Los Colonos del Caudillo

Tras la campaña de crowd-funding, en la que CasaQuerida.com fue activo colaborador, para que el proyecto “Los Colonos del Caudillo” llegara al mejor puerto, nos alegra profundamente compartir la información que nos reenvía la productora del documental informándonos de su próximo estreno. Para todos aquellos que se encuentren cerca de la capital germana les animamos a acudir, y confiamos que pronto podamos disfrutar de este imprescindible esfuerzo colectivo hecho voz e imagen en las pantallas españolas.

EL DOCUMENTAL “LOS COLONOS DEL CAUDILLO” PODRÁ VERSE POR PRIMERA VEZ EN EL CINE
Nos alegra informarles del acto SOMBRAS DEL PASADO – EL LEGADO DE FRANCO EN ESPAÑA, que tendrá lugar el 28 de octubre de 2012 en Berlín.

 El acto estará dividido en dos partes:

– Proyección del documental “Los Colonos del Caudillo” (de 13.00 a 15.30). Será la primera vez que el público podrá ver este documental de investigación dirigido por los ganadores del premio Grimme Lucía Palacios y Dietmar Post. La película hace un retrato de una pequeña población en La Mancha cuyo nombre sigue rindiendo homenaje a su creador y cuyos habitantes tienen opiniones muy divergentes sobre el legado de la dictadura, al mismo tiempo que se hace un repaso de los hechos históricos desde que Franco usurpó el poder hasta la actualidad, poniendo a todo un país ante el espejo.

– Mesa redonda (de 15.30 a 17.15). Se debatirá en un panel con expertos internacionales el significado y el peso que tiene este tema en España: ¿Qué huellas ha dejado la dictadura en la generación actual? ¿Qué tratamiento da el Estado español a la memoria histórica? ¿Se puede seguir diciendo que la transición española fue ejemplar cuando el Estado sigue sin ocuparse de la reparación de las víctimas del franquismo? ¿Cuánto hay que saber del pasado para entender el presente y construir el futuro?

Los participantes en el debate serán:

Felipe González (Presidente de España de 1982 a 1996)

Emilio Silva (Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica)

Carlos Castresana (Fiscal del Tribunal Supremo)

Walter Haubrich (corresponsal en Madrid del periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung entre 1968 y 2002)

Se ha invitado también a un miembro destacado del Partido Popular. Estamos a la espera de su respuesta.

El debate contará con traducción simultánea en alemán y español.

Por otro lado, se mostrarán las serigrafías que el pintor alemán Daniel Richter ha realizado en apoyo de la película. El artista también estará presente.

Cuándo: Domingo, 28 de Octubre de 2012, de las 13 a las 17:15 horas.
Dónde: Cine Babylon, Rosa-Luxemburg-Straße 30 10178 Berlín, 030 2425969

La organización del acto corre a cargo de play load! productions, la Fundación Friedrich Ebert, el Instituto Cervantes, la Asociación Alemana de Profesores de Español y la Embajada española.

Debido a la esperada afluencia de público, se aconseja reservar entrada, enviando un email a id-info-wena@fes.de o un fax a +49 (0) 30 269 35 9249
La entrada es gratuita.

Para más información, trailer, fotos, presskit, etc., visite:

http://www.playloud.org/francossettlers.html

https://www.facebook.com/loscolonosdelcaudillo

Cine Ambulante

https://www.facebook.com/loscolonosdelcaudillo/events

 

Lo que hay que Wert

A partir del minuto cuatro del video anterior pueden disfrutar de las reaccionarias opiniones de la catedrática de ciencias políticas en una institución que se cataloga como universitaria, la Rey Juan Carlos, así como columnista habitual del diario ABC, Edurne Uriarte. Más allá de que su visión de las cosas puede casar y hasta tener descendencia con la línea desinformativa que ya está poniendo, a toda máquina, el títere Somoano en TVE, la conservadora Uriarte, mujer de un sólo hombre, se encuentra entregada en católicos votos a José Ignacio Wert, casualmente Ministro de Educación y otras cosas del destruir.

A ver como podemos analizar esta situación sin que nos reviente una lágrima. La respetable imparcialidad de los servicios informativos de RTVE se ha ido desmoronando de manera manifiesta desde el cambio de gobierno a finales del pasado año, a cuentagotas, sin resultar apabullante de manera automática. Gradualmente, con la destitución de Fran Llorente y el resto de profesionales del ente público, se ha nombrado a una caterva de controladores a sueldo del mensaje que emerge de las ondas y las imágenes de Torrespaña que, en estos últimos días, han recibido la consigna de intentar una escapada de alta montaña que dejara en el camino todo lo que sonara a lugares de encuentro propios de aquello en lo que debe consistir la responsabilidad de la comunicación en un medio que sustentamos todos los ciudadanos con nuestros tributos. El necesario blindaje del ente público, a salvo de las veleidades planificadoras del poder político de turno, siguiendo el patrón de la británica BBC, se ha ido posponiendo por falta de entendimiento entre las dos principales fuerzas políticas nacionales y, de este modo, volvemos a encontrarnos con un intervencionismo manifiesto, acción propia de la actividad reaccionaria del Partido Popular, que aboga por una liberalización en lo económico, que critica con ferocidad cualquier expresión de supuesta censura en tierras lejanas pero que no soporta la pluralidad cuando asoma el hocico por La Moncloa.

La hoja de ruta de comienzo escolar ha sido diseñada de manera tan raudamente burda que, en sólo tres días, ha dejado al descubierto que los tiempos de Urdaci vuelven para quedarse. Su disimulo sólo ha alcanzado a disponer que pongan la cara principal ante el ajusticiamiento de profesionales de indiscutible imparcialidad algunos compañeros de la casa que puedan dar sensación de no ir con ellos la manipulación. En RNE  han ocupado las franjas horarias huérfanas de Juan Ramón Lucas o Toni Garrido voces reconocibles pero sin chicha, con olor a responso melódico. TVE ha esperado al mes de septiembre para hacer lo propio; con Ana Pastor entrando hoy en CNN por la puerta grande, ha sido María Casado la elegida para disimular con su rostro las garras de la sala de mandos. Su primer papelón consistió en moderar el aséptico encuentro del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con un ramillete de periodistas sin ánimo de tirar a dar y desde ya ha tomado el mando de Los desayunos…

Como indigesto acompañamiento al té con pastas hoy se ha rodeado de un nuevo equipo de colaboradores entre los que destaca, de manera repugnante, la presencia de Edurne Uriarte. Y esto es así más allá de que para muchos ciudadanos les resulte demencial comprobar la salida de tertulianos como Jesús Marañas o Fernando Berlín, expulsiones sólo entendibles desde una óptica ideológicamente pacata, que detesta la diversidad y pretende convertir estos espacios televisivos en entidades proteccionistas de la hoja de ruta sin brújula del ejecutivo, para sufrir la presencia regular de opinadores como Uriarte, sino que el asunto entra de lleno en la gravedad de la prevaricación manifiesta. La imprescindible higiene política no puede permitir que el cónyuge de un alto miembro del Gobierno sea contratado en la cadena de todos; resulta intolerable tanto desde la óptica de esa sospecha penal que nunca puede revolotear sobre la cabeza, en este caso muy hueca, de un cargo público, cuanto más desde la previsibilidad de unas intervenciones absolutamente condicionadas por la relación afectiva que, de manera indisimulada (como ya hemos tenido ocasión de comprobar a cuenta del análisis altamente positivo que hace Uriarte de la mencionada entrevista al jefe de su marido), impedirá el más mínimo atisbo de crítica al partido de sus sueños, a la fábrica de la mitad de los garbanzos que se consumen en el domicilio Uriarte-Wert.