Hablar por vejar

Letra MurgaSi nos tropezamos con otro individuo por la calle y, sin mediar torceduras humanas, éste nos inquiere en cuanto a su parecer con respecto a nuestros andares, sin dires ni diretes, no sólo en cuanto a la cercanía con el borde de la acera sino más bien respecto a supuesta grasa que podemos ir deponiendo pasito tum tum, pasito tum, nuestra reacción dificilmente puede encuadrarse en una soportable levedad del estar. Por el contrario, si otro bípedo rumiante aborda esa pausa cafetera que todos debemos otorgarnos para seguir combustionando el camino de vuelta y solicita hurtarnos una porción de paciencia con el objeto de compartir, vayamos a no saber de antemano porqué inquisitoria razón, aquella semblanza que ha formado de nosotros a razón de cuestiones de índole más o menos pública que conoce, no debería quedarnos más remedio que asentir, disentir, o ignorar. Y ahí no puede más que finiquitarse el libreto de turno.

Sirva esta imprecisa comparativa para encuadrar el texto que nos encabeza. El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, fiesta calificada de interés turístico internacional desde hace más de cuatro décadas y considerada una de las más vivarachas del orbe en los períodos de carnestolendas, cuenta con un período de singular expectación por parte del público local, protagonizado por las agrupaciones de murgas locales. Éstas, formadas por la sociedad civil, compiten en un concurso que rebosa de expectación pública y, por tanto, congrega a miles de tinefeños en directo y a través de los medios de comunicación, por ser las más valoradas no tanto por sus fantasías textiles (que también) sino por lo punzante de sus letras, que pretenden realizar un repaso de cabo a rabo de aquellas cuestiones que preocupan al ciudadano insular.

Letra Murga2  El golpeteo a la masa política local, así como las habituales sornas a los vecinos de la ínsula grancanaria, suelen protagonizar las rimas de estas agrupaciones, algunas con más punzamiento en la ironía carcajeante, todas ellas rayando el humor con el dolor. Pero tras leer ese encabezado que hoy les traemos a término, es sencillo comprobar que, en algunas ocasiones, la ironía se despeña antes incluso de asomar el borde de la mofa. Puede resultar más que posible que el ritmo de las sociedades se encuentre desacompasado de ciertas tradiciones, y lo que antes se reía, más tarde se encajaba, algo después se perdonaba y, no se sabe exactamente en qué borde temporal, se rechace. Y es que la letra de cabecera corresponde a una de las melodías incluidas en el libreto de este año por parte de la Afilarmónica Ni Fu-Ni Fa, murga decana del carnaval chicharrero, eliminada por parte de la agrupación tinerfeña tras la recomendación de un concejal del consistorio capitalino de autocensurar, con mucha delicadeza, esta intervención por su contenido homófobo.

Inicialmente, la reacción del grupo murguero giró en la autodefensa, mezclando en períodos especialmente delicados en cuanto a esta realidad, la libertad de expresión, con su encarnizada confianza en que la murga y su voz supone una especie de voz popular que no puede ni debe ser acallada. En efecto, resulta sospechosamente irónica que estas agrupaciones, con cuentan con un favor popular notable en la medida de los miles de individuos que se dan cita en sus concursos anuales, se erijan en exquisita prolongación de las inquietudes ciudadanas, ajenas a la censura, mientras se dejan abrazar por los prebostes políticos insulares, de todo signo político, como eventos consolidados y armónicos. El local de ensayo del murguero siempre acoge a la víctima institucional de sus partituras sin rubor, besando y abrazando al supuesto contrincante. A partir de ahí, la rima les permite sortear determinadas igualdades, consonando broma con sorna, risa con maledicencia.

Letra Murga3Esta letra difícilmente soporta el equilibrio entre la transgresión de las fiestas carnavaleras y el dolor sin gracia que se puede llegar a inflingir a miles de personas que asimilan con más dureza de la que la legislación contempla su condición sexual, asumida ésta al ritmo que marca el biorritmo individual y que no debe soportar prisas repugnantes por un colectivo sin rostro que lo utilice como caballo de mofa. Pero ese motivo no es el que ha llevado a Ni Fu-Ni Fa a renegar de su obra musical, quienes desde un principio han afirmado la inocuidad de su letra, conminada ésta a sobrevivir en el supuesto paréntesis carnavalero que deja de lado el equilibrio entre la diversión y el entorno. Libertad de expresión es aquél principio que, aquí también, se ha enarbolado por sus dirigentes para enfrentar su más que probable torpeza al intentar hacer reir fuera de temporada, lejos de la realidad social a la que pretenden utilizar como escudo humano para defender el caparazón de su estructura vocera popular. Hasta que el debate público, iniciado con la solicitud (siempre rogatoria, nunca inquisitiva) del anteriormente mencionado concejal socialista, les ha llevado a reconsiderar su posición.

Letra Murga4Florentino Guzmán (PSOE), alegría en alto como se puede divisar en una instantánea publicada en su cuenta de Twitter en la reunión con los letristas de la murga objeto de la polémica, parece dejar caer en saco roto sus supuestas buenas intenciones cuando aprovecha políticamente la controversia para liderar el desenlace de esta situación. Finalmente, como es costumbre, pueblo y política, ciudadano y concejal, son parte de un todo que se encuentra en febrero para decir y escuchar con una sonrisa tan temporal como inocua. En esta ocasión, el límite de la sorna aplacó la sonrisa del payazo murguero por unas jornadas. Pero viendo el espectáculo binómico que se forma entre ambas realidades cada año con total naturalidad, y la que se ha llegado a engendrar en despachos tan poco lucidos como el de esta instantánea, mejor esperar a la reprobación de una de las partes. La libertad de expresión tiene límite en la ley que la ciudadanía se otorga en cada momento de la Historia, pero el verdadero espacio de entendimiento entre personas que comparten un grupo social cierra filas ante la intolerancia mucho más rápido, o al menos de manera más eficaz, que la poca engrasada máquina del ordenamiento jurídico: La Ni Fu-Ni Fa no tendrá oportunidad de recibir, si así ocurriera, la respuesta reprobatoria ante una letra que ni hace gracia, ni es de este tiempo. En lugar de criticar, esto es hablar por vejar.

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Fundamentalismo democrático

Terrorismo1Se queda uno la mar de tranquilo, arropado en casa, tal vez a unas cuotas de ser desahuciado, o volviendo a dejarse seducir por el tumulto tintineante que entra y sale de las rebajas a cuota y fuego de tarjeta de crédito, cuando tras la sangre llega la ley, vigorosa, con más calorías, presta a no dejar espacio para las ondulaciones sociales y la violencia antisistémica.

Y es que es cosa de paz, propia de nuestro confortable occidente humano, trastear con los cuerpos legales en momentos de marejada con rachas de fuerte marejada, según las kalashnikov de cotrabando se encasquillen más o menos. Cuando azota el vientecillo de la intolerancia, efectivamente, incomoda tanto su ritmo firme sobre la opinión de cada cual como el tornado que se genera ante y frente a la libertad de expresión, esa damisela que abre y cierra la balconada antes de que amaine la tormenta. Pero la dirigencia, eficaz y nada pusilánime cuando de cubrirnos las espaldas tocan, ya se ha pertrechado para subir, valerosa, a reparar el pararrayos antes que sacudan más balas atronadoras sobre la palabra y el hecho.

Terrorismo2Poner negro sobre blanco, una vez nos tiñe el rojizo de la intolerancia, tal vez con demasiada ceguera indómita cuando de poner taquígrafos se ha tratado con más potencia de la contratada, es colocar ley sobre ley. Y la que en cada momento copa el montón parece contener más hormigón que su predecesor tocho. Tranquilos todos, pues, porque no hay sistema de garantías más eficaz que aquél que tiene normativa para todos los gustos y colores, permitiendo calificar diferentes actividades presuntamente delictivas con tantos disfraces como la alarma social de turno requiera. Rabiando el pánico, se disipa la muerte.

La calle en toda Europa vuelve a recuperar la placidez de los espacios muertos, sin ventisca. Una vez manifestados en placentera comandita dirigentes de aquí y de allá, abrigados como crías indefensas y temerosas de misma camada, cada cual ha vuelto a lo suyo pero con el buche saciado en esa retroalimentación globalizadora que hace que el control de la ciudadanía encuentre justificaciones a miles de kilómetros, como quien tira un trompo a sabiendas que lo de menos es su baile. A legislar se ha dicho, que las armas las carga el ordenamiento jurídico. Bien sabe la dirigencia que las arrugas en nuestra calma chicha son producto de unos cuerpos normativos demasiado laxos, faltos de hidratos de castigos.

Terrorismo3Si no le gusta tener ojos sobre cualquiera de sus privados movimientos, es que no entiende en qué consiste la seguridad y sus inevitables estrecheces democráticas. Y si la manoseada libertad de expresión le da olor como a moho inconstituyente, entonces es cuestión de ir a contracorriente casi por vicio, y para eso no se alarme que le están preparando un cocido de soluciones con tanto ingrediente como permita el articulado penal patrio. Es por su bien, no lo olvide, más cuando las calificaciones de los delitos se vengan engullendo, como un agujero negro, hacia el epicentro de dirimirse todos con rostro de terrorismo, de organización en pillos colectivos, de culpable de los malos. Usted mañana puede no ser un chorizo, sino el acaparador de recursos para banda armada familiar. Tenga ojo, guarde distancia con la incorrección y el delito, allí donde la frontera se establezca, y aunque esté a punto de rozarle hasta en la alcoba. Pero, no lo olvide, también tenga fe. La democracia sólo quiere protegerle.

Los padres no son los Reyes

ReyesMagos2Dice la ciencia que el momento de nuestro alumbramiento es eliminado de nuestra memoria como necesidad de supervivencia. Vendría a ser un elemento evolutivo destinado a no rememorar el suceso más traumático al que se enfrenta, de manera física, nuestro organismo, si bien somos mamíferos de segundo nivel, incapaces de valernos por nosotros mismos para sobrevivir tras el parto, a diferencia de otras muchas especies de nuestra parentela animal, que es ser expulsados del vientre materno y comenzar la andadura, tal cual.

Esta afirmación, no obstante, puede resultar cierta en cuanto a la eliminación biológica de archivos traumáticos, pero no es ni mucho menos el único borrado de memoria que realizmos en los primeros tiempos, ni por supuesto está demostrado que sea el más perturbador en caso de quedarse rondando por el parque neuronal. Durante al menos, año arriba, mes abajo, la primera década de nuestra existencia (siempre hablando en términos de infante occidental de clase media ingresadora de patrón oro como ejemplo mínimo) estamos condenados a ser estafados, y aquí comienza el interrogante, por aquellos que tienen la responsabilidad de hacernos seres humanos rectos y ejemplares, dotándonos de las herramientas de supervivencia más eficaces para nosotros, y menos afiladas de cara a nuestro entorno.

Trasladar un germen de supuesta bonhomía en la estafa de la fiesta de Reyes Magos no casa con ningún planteamiento de psicología infantil que sea capaz de pasar los filtros del sentido común pedagógico. ¿A santo de qué buena praxis educativa obedece la inclemencia mental que entierra en cerebros aún a medio hacer la perversa promesa de que serán surtidos de todo capricho manufacturado solicitado si “se portan bien”? Y que los surtidores no son sus progenitores, a través del esfuerzo que supone entregar su fuerza de trabajo a cambio de unas siempre injustas unidades de papel moneda intercambiable por bienes y servicios, sino que prefieren dar un paso al costado y ceder todo el protagonismo a la entelequia de tres orondos monarcas (ni siquiera se destaca la parte más interesante de la fábula, esto es, su faceta de científicos y hombres cultos) que reparten, fíjate tú como es de desigual el desequilibrio planetario, cachivaches de las grandes corporaciones en hogares donde menos falta, donde los armarios y las estanterías más pobladas están plagadas de replicas, primas hermanas de esos mismos juguetes condenados a ser pasta a medio reciclar por cada año que se van convirtiendo de maravillas en cursiladas.

ReyesMagos3El festejo producto de la epifanía cristiana cayó hace décadas en las garras despiadadas del capitalismo y brotó como un punto de inflexión consumista que regulaba los picos de fabricación y adquisición de bienes con carácter de urgencia. Da igual si el receptor es el engañado, dócil en la trampa que esconde su carta sin remitente, o aquellos adultos que refuerzan la farsa completando los bajos del árbol artificial con presentes adquiridos a toda prisa, pagados a un porcentaje muy superior de su precio ya de por sí adulterado. Y el engranaje, no contento con empezar el año expulsando excedente a coste demencial, ha conseguido insertar dos tradiciones vacuas en una y, en lugar de elegir, sobornar con la obligatoriedad de doble felicidad desde que el niño Jesús nace hasta que los Reyes llegan a ver como se las arregla en período primigéneo de lactancia.

Pero no nos dispersemos: La cuestión estriba en comprender cómo socialmente hemos otorgado categoría de valor positivo al hecho de crear una mentira desde el telediario hasta el regocijo paterno-filial y, durante unos días, atarear a las futuras generaciones en la dinámica de esperar que todo lo racional deja de tener sentido porque la magia es quien gobierna los actos humanos. Dicen esos adultos, estafados en su mocedad, que es una mentirijilla que no hace daño a nadie. Habría que decir que bien tampoco, a cuenta del sufrimiento eliminado cuando comenzamos a entender, nunca de manera plácida, que nos la han dado con queso, galletas y leche caliente. Si la responsabilidad de crear hombres y mujeres honestos y honrados que no sigan despedazando el planeta y sus anclajes comienza a vestirse por la cabeza, escayolada ésta por mentiras que no fomentan ni refuerzan aquellos valores realmente indispensables, sino por un sortilegio armado de fraude, mal empezamos, mal empiezan.

2015: Electoreando, que es enjundia

Encomendarnos a una suerte de propósitos y adivinaciones como manía de primeros de año resulta tan de obsolescencia politóloga programada como lanzarse a practicar jogging al amanecer del nuevo ejercicio: en el kilómetro cero sobre nuestras lustrosas zapatillas ya se va quedando marcada la huella de su abandono inmediato. De este modo, no hay nada que resulte más preferible que tirar por el camino de en medio, más que nada porque en los bordes de nuestro circuito no hay ni barandillas, ni arcenes, siquiera hay territorio, mapa, nada.

electorando22015 es año electoral puro y duro. El resto, silencio dramático. Aquéllos que aspiran a retener durante cuatro años el estado de las cosas desde sus respectivos púlpitos ya se han puesto visceras a la obra para que el paisaje se enfoque sin tanto ocre, con menos atardecer permanente. No ha sido ni engullir la duodécima uva y ya hemos recibido, en lugar de cava, confettis y serpentinas en forma de alborozos macro y micro económicos; que si menos impuestos, que si el paro no le preocupa al desterrado y la pérdida de empleo se la reflanflinfla a asalariados y otros menesterosos de nómina puntualmente famélica. Ha sido poner el cuentakilometros de la urna en modo on para que los términos “austeridad”, “sacrificio” o “crisis” se encuentren en el paredón de la RAE, si por la gobernanza estuviera a tiro el fusilamiento de los términos electoralmente incómodos. Ay, que Ministerio de la Verdad podrían capitanear los Guindos, Montoro y demás amados líderes patrios.

electoreando1Pero como hay estafas que no se saben cuanto duran, y ciudadanos que están hartos de resistir oleajes sin dique político de contención, mayo y noviembre se prevén citas memoriosas. En ambas (la segunda siempre y cuando Rajoy no pretenda artificios en el calendario para prorrogar la agonía de los cambios inevitables) el electorado va a arribar, en ausencia de diques y escolleras tramposas, inaugurando la memoria electoral de la microhistoria post Transición. Ni el bipartidismo y sus satélites nacionalistas de dudoso espectro pueden seguir sorteando con tanta facilidad la financión a manos llenas, ni la opulencia en campaña parece, a estas alturas, que revierta en mejor pesca. En todo caso, el caladero común promete multiplicar sus potenciales piezas, dejando la abstención en cosa de márgenes históricos, mientras que la irrupción de nuevas siglas en todo el arco de la estructura representativa nacional dirá adiós, como mínimo, al contubernio previsto con refinado tacticismo para un juego de dos. Ese plan general de ordenación electoral continuará, en efecto, poniendo el camino difícil a la soberanía popular, pero la realidad promete también dificultar que lo inalterable resulte, además, inalterado.

2015, un año que nace con la aguja preparada para tatuar su impronta a los cuatro congéneres siguientes. Sus descendientes quedarán marcados por la personalidad de este ejercicio que promete emociones fuertes desde su primer escalón. Aunque casi siempre ganen los mismos, de cuando en cuando aparece el Atleti, y hasta cae simpático.

Disquisiciones veraniegas (IV)

Antes que el calendario intraparlamentario recupere su anodina uniformidad conviene despedir este augusto mes con una de alcaldes. Los que conservarán su nicho de confortabilidad antipolítica y los que están por llegar desde la cercanía de las minorías unívocas. La reforma de la normativa electoral en lo que afecta al régimen local, además de extemporáneo y tramposo, como ya se ha comentado ampliamente en diferentes medios de comunicación, también adolece de cualquier viso de animosidad democrática, esto a pesar, precisamente, de muchos de esos análisis periodísticos que disculpan el fondo de la cuestión poniendo el énfasis únicamente en la forma. Y no. El estómago de la última andanada del Partido Popular para sostener por las bravas el poder municipal en las grandes capitales del orbe hispánico resulta un insolente ataque al deguello de cualquier esencia representativa que se precie. María Dolores de Cospedal ya mostró el camino a sus huestes conservadores reduciendo el número de parlamentarios autonómicos de Castilla-La Mancha y haciéndolo, además, sin debate plenario y sin contar con la más mínima voluntad de explorar consensos con otras fuerzas parlamentarias. A costa de ahorrar unos pocos miles de euros en salarios y dietas, la secretaría general de los populares se dio el atracón más voraz de política reaccionaria que se haya celebrado en España desde 1978.

Separemos la paja del trigo; el voto, de la voluntad. Esto es, comencemos por el final, que suele hacer más sencillo recorrer el camino ya escrito. Que gobierne, per se, la lista más votada, ni resulta más democrático ni, por supuesto, conlleva mayor eficacia de la res pública. Los pactos postelectorales resultan consustanciales a la mejor virtud de la política hecha entre todos, otra cosa es que dichas alianzas se establezcan en base a meros repartos de poder, a cuestiones de codicia personal. Pero para evitar esas situaciones no se puede establecer una cláusula de juego más ominosa en el epicentro del terreno de juego electoral. Es a la ciudadanía a quien le corresponde (y en el terreno municipal no nos negaran que resulta mucho más sencillo) evaluar el capital humano que compone las diferentes listas en su respectiva circunscripción, y exigir, mediante una actividad política permanente como animal colectivo necesitado de salubridad institucional, rigor en la defensa de los proyectos políticos presentados en campaña, así como coherencia en los acuerdos inter partes que puedan resultar de la conformación del ayuntamiento donde se encuentren empadronados. Que, como cacarea irritantemente Mariano Rajoy a ritmo de canícula gallega, puedan resultar gobiernos locales mediante acuerdos de tres, cuatro o cinco (o veinte) partidos, no supone la más mínima contradicción con la esencia de la democracia, mas al contrario, en circunstancias de honestidad pactista, limpia y da esplendor a los comunes rebuznos huecos entre militancia contraria a cada pleno que se celebre en lo largo y en lo ancho del Estado. Todos ellos comprenderan, de manera conjunta, una mayor representación ciudadana en número de votos, ergo el cauce nunca se rebosará de manera atronadoramente ilegítima. Al contrario, la automática gobernanza del minoritario más votado plantea dos dudas inmediatas: ¿Se permitirán las mociones de censura? (de ser así, todo este quebradero fabulado por el presidente y su círculo más temerosamente cercano no haría sino retrasar unos días lo inevitable en cientos de corporaciones locales); y ¿de no ser así, está preparado para crear un mapa municipal con multitud de plenos bloqueados?

Lo de ir, una vez surgidas todas las grietas que plantea esta nueva irracionalidad a golpe de mayoría absoluta, improvisando soluciones al modo de posibles segundas vueltas ya resulta dramáticamente carcajeante. Si se afirma haber visto la luz de la democracia perfecta tras cuarenta años en que se ha jugado a unas reglas establecidas por sus mismos padres políticos, ¿Por qué no se aprovecha el golpe de mano para establecer el mismo parámetro electivo en los parlamentos autonómicos y las Cámaras nacionales? Ah, no, que en recintos como el Senado se vive muy bien eligiendo un tercio de sus representantes a dedo autonómico y sin responsabilidad legislativa real. Como diría el ínclito Mariano “Esto ahora no toca”. Lo que corresponde, visto lo visto, es continuar alejando a la ciudadanía de las instituciones, pero acercando a la gente al colmo de su paciencia.

Disquisiciones veraniegas (III estivales, V petroleras)

La guerra del petróleo canario, sobre el que chapoteamos por quinta edición, aumenta su acopio de armas entre los principales frentes en disputa. Mientras, la compañía privatizada Repsol observa el mutuo lanzamiento de órdagos y continúa su plan de sondeos al mismo ritmo que suaviza a golpe de página a color diaria la beligerancia de los medios de comunicación del archipiélago.

RiveroSoriaEl petróleo canario, por no ser, aún ni es. El petróleo canario puede que sí sea en informes confidencialísimos de la petrolera de Brufau, pero a nivel externo supone una apariencia de potencial negocio, una riqueza que anuncian para todos pero no es más que para unos accionistas dispersos y poderosos. El petróleo canario, al emanar de las profundidades oceánicas, en medio de una nada demasiado cercana a la arena fértil en turistas de rentabilidad notoria y todo él rodeado del agua presta a desalinizarse para surtir las necesidades de unas islas secas, no tiene como destino (o no de manera imperativa) cubrir con bonhomía un porcentaje de la dependencia energética del Estado, sino los surtidores que más calienten al albur de los petrodólares.

El petróleo canario, si emana como torrefacto pegajoso en ubicaciones interfronterizas tan vagas como el oleaje que las circunda, que fantasmagóricamente trazan su radio de influencia en esto del capital y las posesiones terrenales de los reinos de pega, pagará poco al Estado pero deberá mucho a su ministro, José Manuel Soria, veloz por África, amodorrado al asomarse al Mediterráneo. Por su parte, el presidente del ejecutivo autonómico, Paulino Rivero, desprecia lo fósil, aparta su sonrisa de antaño a aquél que fue su vicepresidente cautivador, en ningún caso cautivo, en la pasada legislatura. Pero no le hace ascos desde una conciencia medioambientalista, ni mucho menos, como mencey de un territorio fragmentado en lo territorial pero cohesionado en su devoción por el cemento y el alquitrán. El petróleo canario encandilaría al Presidente si una idílica UTE formada por el gobierno regional y un par de empresas sondeadoras y extractivas llevara a término la aventura oceanográfica en busca del monstruo del chapapote embarrilado.

PetroleoEl petróleo canario no es todavía pero, en todo caso, nunca será para los ciudadanos del archipiélago. Ni para los del resto del Estado español, porque en este país las playas no se venden pero el subsuelo se regala. El petróleo es feo, pero lo usamos a diario, lo necesitamos como el agua porque su transformación en energía nos dan la vida tal y como la conocemos. No nos gusta en la puerta de casa pero sabemos que hay plataformas frente a las playas de otro, de la misma manera que saboreamos con primor un jugoso entrecot pero ni oir hablar del proceso de sacrificio en nuestros mataderos, de la agonía cruda y real de los animales para que el mercado de ágil, higiénico, seguro. Rentable. El petróleo canario también parece serlo, aunque en palabras de Repsol parece poco más que su búsqueda en medio del Océano Atlántico es acto de caridad petroquímicristiana, a suponer por la cantidad que se espera encontrar y los costes que supone su hallazgo y extracción.

El petróleo canario tiene permiso ministerial para hacerlo salir de su escondite, y también encuentra en lontananza un referendum que se acerca a fechas agigantadas en busca de enterrar su sombra, aún desenfocada, hasta mejores tardes políticas. Entre políticos canarios anda el juego, frente a información parcialísima andan los habitantes de Canarias, y contra el porvenir anda toda la personalidad del Capital, obviando el destino humano para alimentar la codicia inmediata.

Disquisiciones veraniegas (II)

En los meses que cada vez para más gente son de asueto perpétuo no se crea empleo. Cualquier cifra que pinte sus labios con intenso color de esperanza brillante a ojos de políticos lascivos no es más que el reajuste macrolaboral de una realidad que debe ampliar sus miras a años vistas o, al menos, a esos doce meses que nos hemos inventado los humanos sirve para cuantificar todo lo terrenalmente incontrolable. Menos aún resulta de aceptación para la honradez vital sacar pecho y maracas rumberas contando falsedades a medias. Resulta de todo orden inaceptable que se propugne con la deshonra de un duelista en desbandada suertes de recuperaciones económicas, de empleo a manos llenas, cuando la creación neta de puestos de trabajo, por sí solo, ya ni siquiera es para el verano. Ni para la abstinencia de esperanza.

En primer lugar, uno de cada cuatro empleos que se ha creado en los últimos meses tiene una duración inferior a una semana, con lo que el mismo ciudadano puede contar, a efectos de orgasmo ministerial de la devota Báñez, como tres empleados en uno en el mismo plazo de treinta días, lo que pega pero no junta. Y, claro, le vale para hacer su casita de papel pero no previene para cualquier brisa que anuncie su llegada en lontananza. Por otro lado, el silencio de las buenas nuevas hace un acto de presencia transfronterizo, con guardia a ambos lados de la verja política, cuando de callar el número de exiliados se trata: Más de 200.000 ex cotizantes de la Seguridad Social que han tomado las de Villadiego, ergo para la filosofía popular significa otros tantos problemas estadísticos menos, ya que ante el vicio de no pedir empleo está para ellos la virtud de hacer como que ni nacieron por los alrededores de Ponferrada.

Y para finalizar la estadística completa de esos fuegos de artificio tan del gusto de quien deja en manos de la virgen del Rocío la economía doméstica a jornada sin descanso, la media de horas de trabajo por contrato formalizado en esta última etapa se establece en diez por trabajador, con lo que por cada puesto de trabajo indefinido y de 40 horas de duración, lo normal es ahora realizar cuatro, de carácter visto y no visto, y nuevamente al circuito de creación-destrucción, que es como masticar un bistec, soltar el buche y volverlo a engullir, aunque suene repugnante, con la imaginación perniciosa de que estamos comiendo dos por uno.

Evidentemente estas coartadas las utiliza con conciencia de causa, pero sin ningún cargo de conciencia, el ejecutivo del Partido Popular, ya que cualquier estadística puede publicarse imprimiendo sólo los quesitos que emitan mejores destellos. Los otros también existen, y juntos expulsan una realidad espantosa. Pero ya se sabe, mientras el tiempo corre, cabalga la esperanza. Aunque esta sea de unos pocos, y con tan mal gusto.