La cuchara es el delito

Camina la fuerza de seguridad por el resbaladizo camino de la insolencia ciudadana, y es que cuando los miembros formados para garantizar el orden y la paz social se encargan de gestionar la inmediatez política, sea esta justa o injusta, y pasa de protector de unos a esbirros de otros, se acelera el desangramiento de la cohesión en la civilización moderna, sin capacidad de cauterización. Prisas con corbata, contradicción de traje y mocasines y, mientras, las fuerzas y cuerpos de seguridad tal vez siendo situadas de manera tan comprometida que prendan el espejismo del delito antes que a los delincuentes.

La población civil y tributaria no necesita discernir entre nombres y brillos de placas; uniformes decolorados o multilingües; partes de atrás y adelante en las ruedas de prensa que cuentan lo que ya fue sin poder avistar qué será. Tras lo sucedido hace dos días en Barcelona y Cambrils, ¿Hacia qué zona sin canícula política podemos enfocar el trayecto para no implosionar de sinrazón? Recopilemos: Hasta ahora sabemos que el ejecutivo central no ha sido precisamente colaboracionista para con los Mossos d´Esquadra en cuanto a facilitar información actualizada sobre posibles riesgos de carácter terrorista en suelo catalán, o eso se informa desde diferentes cabeceras de tirada nacional; a su vez, el ministro Zoido se empeña en dar por desarticulada la peligrosidad fundamentalista a corto plazo, mientras las fuerzas de seguridad autonómicas no dan por clausurado el riesgo hasta detener a todos los sospechosos de la masacre; a todo esto, las editoriales de los principales medios escritos estatales rellenan sus ya de por sí necrosados órganos blandos del cinismo mezclando terror y proces para llamar a la cordura política a esos insensibles políticos locales que se empeñan en mantener su hoja de ruta a pesar del terror wahabista, sellando desde esos púlpitos negros sobre negros el relato de la unidad desalada.

Si durante los próximos días se continúa por esa desalmada vía que parece perseguir la confusión entre realidad política y policial, esa que solicita altura y fortaleza para que los intolerantes no detengan la democracia pero exige el frenazo en seco a las decisiones del ejecutivo y parte de la sociedad civil catalana, el sabor agrio se mezclará con el podrido; posiblemente, de aquí al 1 de octubre, el contenido de confrontación Madrid-Barcelona, una vez evaporados los aplausos en común, aumentarán exponencialmente una crispación que hará añicos esos mensajes vacuos de unidad frente al terrorismo. Si las miras no escalan las alturas necesarias, es de temer que no persigamos el delito, sino que el delito sea eso, la cuchara inocente bajo la violencia siempre alerta.

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Sodomía política

A pesar de estar en posición de cúbito radial, sin manejo de las extremidades ni del torso, paciente por aletargado, resulta imposible evitar el desgarro. Nadie nos ha preparado la lubricación social necesaria para continuar soportando lo que entra y sale, seco y rabioso, de ese orificio que pretendía no ser oscuro. Hoy es Ignacio González y cia, pero en realidad ya es la consecución sangrante y marrón, heces en rojo, que ha acabado infectando a toda una generación de ciudadanos que pretendían serlo. Escuchado, a nuestro oído en solfa, el rumor atosigante que emana de jueces que no deberían estar, fiscales que no deberían mirar y funcionarios que menos deberían laissez faire, laissez passer, darnos por culo es lo menos que se podía esperar de aquellos que defienden su inocencia ante un micrófono, mientras reclaman su inmerecida impunidad micrófono tras ganzua. Todo eso pasa, y duele, porque así fue siempre, y los votos confirman que así será más adelante. ¡Muera la honradez, viva la sodomía política!

Había una vez una apariencia que comenzaba en túnel oscuro pero prometía final feliz. Se le llamó democracia, y se tradujo al castellano, valiente imprecación al cielo de las buenas sociedades. Y millones de españoles lo creyeron, ratificaron y contemplaron, con alborozo, como fue sancionado por un solo ser, tras el que se posicionaron corbatas de toda raigambre ideológica y existencial. Transición lo apellidaron, y llegó a nuestras tierras sin llanto, eludiendo la cesárea. El retoño tenía buena cara, las pupilas apenas dilatadas; sus extremidades, tersas y vivarachas. La placenta, en cambio, cayó como un pulpo con la cabeza reventada, tentáculos por todos lados, dando aire a través de las ventosas para sortear el desconcierto y buscar la supervivencia de la especie pretérita. Hasta aquí han llegado, para quedarse.

Esas extensiones de un cuerpo, en su esencia, dilatante, necesitan el cobijo de nuestras mentes cavernosas, introducirse a golpe de desequilibrios colectivos; como estructura social, a cuarenta años vista, demostramos no ser más que víctimas políticas de una violación trasera que, no por menos humillante, preferimos ocultar en el subconciente de cada pregunta electoral, de cada reclamo participativo. A partir de la reiteración de cada acto indebido, a sacudidas violentas que se introducen nuevamente con forma de sms ministeriales, órdenes fiscales elusivas o, directamente, erectas mentiras húmedas de saliva sonriente así como, de manera alternativa, llanto reptil, se nos empuja a guardar silencio frente a una vejación que dura y dura, que no acaba de eyacular.

Estamos infectados por no haber tomado precaucaciones: Dejamos ser penetrados con resistencia silenciosa y, como recompensa, abrimos las piernas para que se depositara una enfermedad que va más allá de algún escozor puntual. Ahora, quizás tarde, nos vemos postrados, arrepentidos. No obstante, ya no sabemos decir no, ya no podemos siquiera abstenernos; abiertos de par en par, la democracia ha dejado de ser placentera para convertirse en vejación. Lo horripilante no se posa únicamente en el trauma, cementerio que huele a almas vitales, sino en la metástasis de una enfermedad abierta en canal. ¿Cuál podría ser esa última decisión que siempre albergamos como herramienta de salida, cuando esta se encuentra sellada? La resignación, el retorno a lo cuadrúpedo. La sodomía árida.

 

Uno y cuatrino

Mañana comienza la legislatura oscilante, primera etapa de este nuevo escenario camaleónico, en el que las rayas rojas tendrán tan poco grosor como el diametro de las complacencias repartidas se antojen. A partir de la toma de posesión de sus señorías podremos abandonar este zapping político que nos ha tenido eludiendo la publicidad institucionalizada por el rodillo absolutista del PP durante cuatro años, recuperando el placer del debate en Cortes así como, de sabroso aperitivo, podremos degustar los primeros entuertos a desfacer. El que concierne a la Presidencia de la Cámara Baja da la sensación que va a causar menos enrojecimientos de los previstos, y hasta puede conformar un fotógrama inicial que, paradojas de la nueva política, nos traslade a la imagen más viejuna que antojaría esta dispersión de lo mutable, con un superviviente Patxi López encaramándose al trono del reino de este mundo. Vivir para politiquear.

UnoCuatrino1Pero lo que, y más aún tras el ofrecimiento multibanda realizado ayer por Pedro Sánchez, nos tiene a todos en ascuas es qué ocurrirá con el propósito de las diferentes corrientes adscritas a Podemos para establecerse como grupos parlamentarios propios, manteniendo unidad de acción desde la cuatricomia que refulge a partir del morado: cuatro voces, cuatro latigos sobre un mensaje. Cuatro esquinitas tiene mi proyecto. En definitiva, uno y cuatrino, hasta que la plurinacionalidad, tal vez, nos separe.

Para que esto se sustente habrá que jugar con equilibrio entre la línea roja con forma de comba con la que harán saltar inicialmente a las mareas, desde sus dos bordes, tanto el PSOE como Ciudadanos. Así, de pronto, parece sencillo comprar el argumento codicioso de que esta pretensión no esconde más que el interés por multiplicar las asignaciones que el Congreso establece para cada grupo parlamentario, amen de esa supuesta intencionalidad por expandir un pavor consistente en que la formación podemita es, en realidad, un neutrón con demasiados neutrinos orbitando sin prestar atención a la física gravitatoria más elemental.

Pero como de formar Ejecutivo va el juego cuando se lanzan los primeros dados y comenzamos a avanzar casillas, seguramente la desmemoria de algunos volverá a reblandecer eso tan flexible cuando de pactar se trata, llamado “Reglamento del Congreso”. Porque echarse las manos a la cabeza por aquéllo que fue rutina a comienzos de la etapa constitucional para determinados grupos parlamentarios, u olvidar que en la legislatura 79-82, por poner un ejemplo, el PSOE consiguió eclosionar en tres herramientas de hostigamiento al gobierno de Adolfo Suárez, a través de sus diputados catalanes y vascos en libre formacion grupal, no es buen comienzo para berrear a sabiendas que estas cuestiones, futiles y menores, son pasto agrio como primer plato en el menú de entendimiento pactista.

UnoCuatrino2¿Y esos potenciales pactos, cómo se presentan? Con galantería, claro. Ahora todos, a la ribera del PP, desean entenderse con el resto, en gran medida desde un renovado convencimiento de que existen más cuestiones que les unen de las que los separan. Renovadores y en alerta frente a la corrupción parecen ser los tótem sobre los que se asientan estas supuestas convergencias, pero tanto Podemos como Ciudadanos no se ven en necesidad de dar su brazo conciliador a torcer con tanta premura. El PSOE, por el contrario, renace desde su fantasmagórica posición de segundo en la cola de investidura sin vestimenta, amando a todos sus oponentes como sólo la codicia del poder podría soñar. ¿Qué ocurrira de aquí a unas semanas? Una pista o, tal vez, una recomendación estratégico-numérica: PSOE (Contando ese diputado de Nueva Canarias que todo el mundo olvida, y que irá al grupo mixto si bien afirma apoyará un gobierno progresista), más Podemos (unos y cuatrinos), más Junts Pel Sí en su formato de embajada catalana en las cortes del Reino, es igual a 176 diputados. Unos hablan de reforma constitucional para encajar la situación catalana; otros, de referendum para que la ciudadanía dé su parecer; y los últimos, de “hoja de ruta para la desconexión con el Estado central”. Aunque resulte paradójico, también aquí uno puede ser trino. Es lo que vulgarmente se denominaba “negociacion política”, y auguramos que va a volver a ser tendencia en esta temporada invernal.

El disputado voto de un señor CUP

CUP2Como las causalidades que surgen de la ficción realista hacia el escenario del realismo sociológico, resulta difícil imaginar que el terrenal Delibes imaginara, mientras remataba El disputado voto del señor Cayo, que su prosa tomara forma en la Catalunya de 2015. Tras las asambleas de la pasada semana, y más allá del caso particular que se aireó desde twitter hacia algunas cabeceras, deben existir cientos de sensibilidades ausentes que se estarán preguntando porque la imposibilidad o la desidia les impidió convertirse, tal vez por única vez durante su divagante existencia, en cuestión determinante para algo; más aún cuando del inmediato futuro del proceso soberanista se trata. Empate a 1515 es idéntico a arruga espacio-temporal en un universo que ve como se expande, al estilo de una supernova caprichosa, su trascendencia con visos de explosión magnética, un infarto masivo de intereses que, gracias al compromiso asambleario, produce estos escenarios tan cinematográficamente rocambolescos.

Cientos de miles de votantes de CDC y ERC no pueden conciliar el sueño cada vez que escuchan el soniquete democrático de las reuniones de la CUP. En el fondo, rabian contra la democracia: El artilugio parlamentario tiene un pase para justificar con unos puñados de votos la decisión de unos pocos, algunos que ni siquiera han rendido cuentas electorales en su maldita y corporativa existencia; pero topar el destino frente a diez diputados que, en realidad, son tantos y tantos ojos vigilantes desde las respectivas organizaciones territoriales, resulta inconcebible a aquéllos que, no obstante, se empecinan en timarnos con su inquieta paciencia, cada vez más irritada. ¿Qué ocurrirá mañana, en ese tie break que amenaza con finiquitar un apasionante duelo de voluntades? Pase lo que pase, la división que el resultado producirá entre el público no se presenta, a priori, pacífica. Es lo segundo más relevante que deriva de la democracia real: saber que se tiene poder efectivo de opinión refuerza la propia en detrimento de la ajena, más aún si una supera a la otra por margen tan famélico.

CUP1Mañana, no obstante, se clausura este proces dentro del proces de la manera más deslucida. A golpe de tablas en ese múltiple tablero directo en el que se han batallado las cuatro opciones que la CUP puso sobre la mesa, será el Consejo Político el que tome la determinación, con unas pocas decenas de representantes que trasladarán la voz de sus respectivos órganos territoriales. Un refrendo en diferido, vaya. Y sea cual sea la decisión, el pragmatismo habrá empapado las voluntades que han definido el camino hasta llegar al culmen de una toma de voluntad que, aunque parezca poderoso, ha desgastado sobremanera a las sensibilidades de esta formación política; exigencia injusta y exagerada sobre los hombros, a imagen y semejanza del labriego Cayo, de un porcentaje moderado de apoyos ciudadanos que dirán cual es la senda que tomará Catalunya de aquí en adelante, a la espera de otras potenciales disfunciones en las negociaciones que no han empezado sino comenzar en la Corte. Que la honradez los acompañe.

Perdemos

Perdemos1La potencial ilusión que pueda generarse ante el partido electoral de vuelta y vuelta que se avecina en los próximos meses, desde la aparición de Podemos, Ganemos y cuantas propuestas políticas de denominación positiva se formen, se trastabillea ante la realidad de que el panorama-país que continuamos amasando únicamente parece conducirnos, a partir de la imagen en 360 grados que nos empeñamos en tomar, a la conclusión de que la sociedad española se empeña en evacuar una suerte de Perdemos más allá del resultado de los comicios. Elementos más que aparentes nos invitan a carecer de la confianza tuerta de los esperanzados perennes, toda vez que de derecha a izquierda, si alguien se atreve a definirse sin pudor en algún punto iluminado de este mapa político tenue, continúan asomando desde la impúdica reiteración de los malabares electoralistas de turno hasta el deja vu de estrategias ochenteras, en versión beta, para que la batalla siga igual. Con más siglas, pero sobre cemento fresco.

Perdemos2Este Estado castellano-parlante a la orilla derecha del Atlántico no puede tomarse en serio con actuaciones neocolonialistas de corte burricalvo. Si el asomo del ridículo se advertía en el comienzo de la pasada Cumbre de las Américas, con dos de sus ex presidentes firmando un manifiesto favorable a intereses privados para con la República de Venezuela, la votación en similares términos realizado en la Cámara Alta nacional reclamando la liberación de presos en ese país resulta el colmo del descrédito. ¿Se imaginan sufrir similar aberración desde Congresos extranjeros? La soberanía nacional mancillada, poniendo en cuestión la legitimidad de la democracia local, resulta intolerable para cualquier nación digna. Y Venezuela, salvo que las reglas del juego hayan sido modificadas en medio del partido, es un sistema democrático representativo, así validado por todo tipo de organismos internacionales rigurosos. ¿Detención de delincuentes o de opositores? La justicia es quien lo dilucida, en virtud de la separación de poderes. ¿régimen o dictadura? Repetir calificaciones que no se ajustan a la verdad no modifican la misma, pero la distorsionan en el entendimiento común de miles de ciudadanos. ¿Aversión a un país democrático mientras se modifica la normativa penal para evitar la justicia universal a delincuentes extranjeros de potencias a respetar? Mascarada de país de tercera. ¿Negocios y abrazos con sátrapas y sus naciones, líderes en opacidad jurídica, pena de muerte, torturas y tiranía? Reglas del juego a la inversa.

Perdemos3La esperanza por obtener el brote democrático a este juego encasillado que resulta la política-comercial de bajo standing pareció asomar a través de la formación liderada por Pablo Iglesias y su eclosión en los pasados comicios europeos. Pero, de la misma manera que su ideología o principios se han ido ensombreciendo al ritmo que aumentaba la expectativa electoral vía encuestas, el rigor ha dejado paso a esa manera tradicional de hacer política a ritmo de hitos con flash a la vista. Ayer tocó regalar un pack de Juego de Tronos al monarca de turno, como una graceja que viste al líder pero no aporta ni una clave de gobernabilidad. Ah, y de concreción en materias ejecutivas, desde la políticas más generales hasta aquellas cuestiones tan peregrinas como si por monarquía o república debemos comenzar a poner las tejas, no esperen novedades hasta que las butacas se ocupen y la iluminación baje unos grados.

Perdemos4Y es que en España no queremos saber la verdad porque no estamos preparados para conocerla. Cristóbal Montoro bien lo detecta, ya que cuando se es capaz de empujar por el acantilado de la inseguridad jurídica y tributaria a un país que se dice serio aprobando amnistías fiscales opacas, lo de proteger a amigos y dejar al descubierto a oponentes supone un mínimo regate a tres cuartos de campo de la portería. El gobierno del PP se permite hechuras de juez trasatlántico cuando de poner en barbecho las garantías procesales extranejeras se trata, mientras su ministerio de la verdad se apresta a eliminar todo rastro del hijo pródigo, milagro y resurrección de aquello que califica al propio partido como un circo de ratones. Con las paletas en solfa. Con la naricilla olisqueando la próxima trampa sin queso.

Perdemos5Pero no se preocupen, eviten venirse abajo. Recuerden que la hermosura se viste de candidato todavía tanto a derecha como a izquierda, aunque aún no se entiende demasiado bien por qué lo llaman así cuando quieren decir centro. Si todo falla, si la ciudadanía se aburre de promesas o, sencillamente, no tiene a mano algo de agua para tragárselas, ponga usted un líder joven y de buen ver que no diga nada y le preparen todo. Es de una exportación que abruma, el último grito made in usa en mercadotecnia política. Para economía y esas zarandajas, ya contratan a lubricados despachos de asesoramiento transversal (ese hito en léxico electoral de nuevo cuño), que igual les preparan la declaración de la renta que les formulan un programa y sus fechas de anunciación. Ya sabe, si no vota es porque no quiere, bolivariano desalmado.

 

Qué no votar cuando vas a estar votando

Votar1No hay cerebro más avinagrado que el de un ciudadano español con derecho a voto en el presente año. Si, además, dicho individuo se encuentra empadronado en Andalucía o Cataluña, las posibilidades de diálisis macroencefálica aumentan exponencialmente en cuanto las campañas electorales pretenden sumergirse en sus respectivos lóbulos parietales, hasta alcanzar la inmersión sin escapatoria en dimes y diretes de lo viejo y lo nuevo, el eslogan y el mensaje. En definitiva, 2015 supone, irremediablemente, la anualidad decisoria, un impulso al que están llamados casi 30 millones de electores con la diferencia sustancial, respecto a las anteriores citas frente a las urnas, de esa intención decisoria de la que puede dimanar un escenario divergente en la controversia, unívoco ante la construcción de la primera democracia.

Votar2Las ilusiones van y vienen, y cuando de entregar una decisión compleja en forma de simple papeleta se trata, los ensueños suelen arrinconarse al pie del colegio electoral de turno. No obstante, para los próximos meses se avecina una novedad, encarnada en forma de pluralidad, por mucho que ésta pueda deberse a corderos disgregados empeñados en tostar su piel para que el lobo al que entierran bajo sus tiernas fauces no concrete el colmillo avecinado. En efecto, de 1982, aún con menos oferta en el carrito electoral, podemos aprender como la carnaza puede resultar de apetecible a podrida en menos que se anula una promesa programática. Hoy contamos con cinco artistas en ciernes, algunos ajados de tanto salir al escenario a golpearse con el aplauso pactado, otros necesitados de cabecear en las encuestas con más ritmo que el perrito piloto del asiento trasero, así lo nieguen, así consumen su apuesta por lo nuevo recurriendo a diario a las estructuras canosas.

Votar3Estamos perdidos, eso es patente de corso ciudadano. Y el que no lo quiera ver, que se ajuste el iris y la cornea antes que su ideológico espejo retrovisor le abandone ante el choque lateral de turno. Se ha hablado en los últimos dos años tanto de castas, viejo y nuevo, superación del bipartidismo y otros menestorosos tratamientos publicitarios de esta pausa en el partido amañado de nuestra rutina política, que algunos llegarán exhaustos en lo anímico a los últimos compases del presente ejercicio. Eso que se denomina caduco no desaparecerá en tanto en cuanto el nivel formativo del elector común con derecho a serlo y votarlo encuentre su rebeldía crítica circunscrita a un jadeo puntual, inentendible, al hacer zapping y deslizarse unos gramos-minutos en aquel debate político que hoy es tedio. De resto, su afecto para con la papeleta se encuentra entre el desapego y la fidelidad… a la pareja de turno. Mientras, aquellas almas rebeldes dispuestas a encontrar nueva parentela para abrazar esas veladas sociales por explorar continuarán siendo casquivanas errantes en el sendero del acuerdo sin consenso, la crisis estabilizada, el grito del sordomudo. No se apenen, que a lo mejor le quedan tres oportunidades: tiren a dar, que el perrito piloto no siempre toca, pero tiene ganas de irse en sus brazos.

Desbandada etimológica

Populismo1Llevamos demasiados días, meses, y los años que nos pueden quedar, recibiendo puñaladas léxicas desde todos los rincones, pero particularmente desde una suerte de extracto humano que parece gustar de disfrazarse con ropajes propios de antílopes sociopolíticos, al efecto de abandonar por completo cualquier atisbo de credibilidad en su oficio (hace demasiado tiempo que resulta difícil encontrar a representantes públicos que se tomen esa consideración con el ánimo temporal que tal designación merece) y entregarse, sin pudor ni miramientos de ninguna índole, a esa máxima electoralista de “repite una mentira, que en el ambiente puede quedarse revoloteando con apariencia de media verdad”. Sin ir más lejos, hemos vivido las recientes elecciones en Grecia como si supusieran una extensión de nuestro acopio plebiscitario, y en estos días hemos recibido desde la práctica totalidad de los medios de comunicación mass media y no tan media el incostatable calificativo de “izquierda radical”, para referirse al sedimento ideológico de la formación política ganadora en los comicios celebrados en el país heleno, Syriza. Y tan panchos.

El radicalismo como posición colectiva puede sonar, de primeras, a acciones poco dadas a la mesura. Por tanto, traslada una sensación de inestabilidad, aderezada con riesgo y hasta violencia. No resulta baladí el uso de una terminología así en los tiempos que vienen frenando, toda vez que las grandes fuerzas conservadoras y socialdemócratas del continente europeo han plantado sus respectivas tiendas de campaña en similares praderas: equilibrio, moderación, reformismo controlado. De este modo, se pulveriza el régimen definitorio de los términos en tanto en cuanto se pretende contraponer manera de construir sociedad a partir de dualismos básicos. Radical era la formación liderada por Lerroux, y nadie en su sano juicio puede imaginarse a una horda de rojos feroces capaces de suspender la autonomía de la Generalitar, o enviando los tanques a aplastar las insurrecciones proletarias en Asturias. Pero hoy, como el tiempo pasa sin dejar poso en la memoria intergeneracional, calificar a la formación de Alexis Tsipras como de extremismo marxistoide o radicalidad cavernaria supera el filtro y se enquista en el vocabulario cotidiano. Recuerden pues que lo que ayer era socialdemocracia hoy puede representar el bolcheviquismo de más rancio abolengo.

Populismo2Pero de todas las majaderías a propósito del lenguaje que se vierte sobre la corteza política, el término “populismo” es el que parece ha conseguido germinar con mayor abundancia de flora colorida, capaz de distraer a la muchachada con derecho al sufragio activo. A partir de la irrupción del fenómeno “Podemos” en el concurso electoral, cualquier propuesta que pretanda abandonar la resignación en el plano de la fragilidad socioeconómica y la vulneración de derechos, libertades y garantías ciudadanas arroja el resultado instantáneo de calificación populista. Y a otra cosa. El calificativo en cuestión no contiene, en puridad, más sustancia que aquella que hace referencia a cualquier situación relativa al pueblo, entendido éste como cada uno quiera verlo o pretenderlo. Probablemente, la silenciosa alianza del Partido Popular y el PSOE en las alturas de la representación política haya contribuido a repetir como un mantra el término, pero da la sensación que estamos ante un “donde ví popular digo populismo”.

Populismo3El sufragio universal impide que los partidos políticos en liza restringan sus mensajes a un determinado estrato ciudadano, entendido éstos como capas separadas por la capacidad de acumular bienes y expectativas de riqueza. De este modo, el que esté libre de una vocación populista, esto es, de afirmar que se vive por y para la defensa de los intereses y aspiraciones del pueblo, en abstracto, que abandone el primer escaño. Todos los son, y cabe afirmar que las escuadras que hasta ahora han gozado de mayor representación en las diferentes instituciones, practican el innoble arte de prometer sin concretar a través de un mayor currículum demagógico, ora sea por las habilidades perfeccionadas a lo largo de las legislaturas, ora por la comprobación de que las consecuencias de la mentira no producen más que un más que soportable turnismo canovista. Lo incontestable es que mientras se reproduce a conciencia esta suerte de analfabetismo político calculado, la lengua patria arde en llamas frente a lo flamígero de las respuestas en desbandada.