Monedero a tus monedas

Monedero1Para enfrentarse a la casta hay que abandonar la trinchera, paradójicamente, con las armas descargadas y las palmas de las manos sin mota de polvo. De lo contrario, todo lo demás es humo de palabras dentro del tornado del conflicto político habitual. La estructura de Podemos ha germinado e intentado desarrollar sus tentáculos desde un escenario caracterizado por lo impoluto, desde la tarima hasta la iluminación que pretende proyectar una nueva luz al panorama electoral español. Esto, por un lado, situaba al grupo de politólogos fundadores del movimiento ante la previsión más que plausible de ser recibidos, una vez su irrupción en el panorama de representación política, con un infortunio de letanías morales acerca de su credibilidad y honestidad. Por otro, y precisamente por lo anterior, estos lideres reconocibles de la creciente formación nacional debían analizar todo aquello que podía ser utilizado, con malas artes, por el poder inalterable del bipartidismo que se creía blindado, de cara a evaluar si se encontraban prestos para saltar al terreno de juego o si, por el contrario, sufrían de alguna lesión, por pequeña que fuera, que recomendara un tiempo de descanso a la sombra de los banquillos.

Monedero2Viajar en clase bussiness ejerciendo labores de eurodiputado no es ilegal, ni siquiera inmoral per se si aquellos votantes del representante que hace uso de esa clase privilegiada le parece correcto. Criticarlo y rechazarlo es igualmente válido así como, del mismo modo, esa actuación puede suponer un plus de simpatía para un segmento del electorado en tanto en cuanto considera situaciones de ese estilo como relevantes para su toma de decisiones. De la misma manera, facturar a través de una sociedad unipersonal labores de asesoría política como las contratadas a Juan Carlos Monedero por diversos Estados e instituciones entra absolutamente en el terreno de lo válido en nuestro ordenamiento jurídico mercantil y tributario. Ahora bien, habiendo generado el derecho a los ingresos correspondientes antes de la constitución de Caja de Resistencia y siendo requerido como persona física, no es complicado aventurar el interés por aprovechar el marco fiscal más beneficioso para contribuir de la menor manera posible al erario público. Tal y como hacen a diario miles de entidades en España, tal y como permite el cuerpo jurídico nacional. Tal como el Ministerio de Economía y Hacienda sabe, consiente y hasta impulsa.

Monedero3El asunto no tiene más recorrido que el puramente político, y sirva como ejemplo de portadas reales para evaluar que aquél que se presenta como adalid de la pureza ideológica y moral, a diferencia de las infantas desmemoriadas, no sólo debe parecerlo, sino también serlo, y mucho. Habrá que ver hasta que punto un caso de contradicción personal, que es lo único que se está dirimiendo si pretendemos dejar el amarillismo a buen recaudo, puede afectar a las previsiones de crecimiento electoral de Podemos. De las decisiones que tomen en los próximos días dependerá y mucho sus aspiraciones para alcanzar el primer puesto en la línea de salida de la formación de gobierno a finales de año.

Lo que si viene dejando un reguero repugnante de parcialidad, malas prácticas y auténtica prevaricación de corte político es la deriva del Ministerio de Hacienda en manos de Cristóbal Montoro. Como no pudieron derribar la honorabilidad de Íñigo Errejón esparciendo sospechas alrededor de su actividad académica, las herramientas del Estado al servicio de un partido han detectado una diana en Monedero a distancia adecuada como para tener probabilidades de acertar. En este país se ha presentado un escenario político más al estilo Stars Wars que otra cosa, en el que en lugar de confrontarse ideas y programas parece enarbolarse las banderas absolutas del bien y el mal. El mesianismo de Iglesias frente a la oscuridad de Rajoy y sus secuaces. La guerra no ha hecho más que empezar.

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Cruce de regalos sin envolver

CruceRegalos1La navidad se adelantó unos días en la relación, hasta el popular saber, invernal entre el ejecutivo popular y las grandes plataformas postsindicales, vease UGT y CCOO. Ese día, Mariano Rajoy y Fátima Báñez entregaron, sin papel de regalo, un obsequio al millonario atasco laboral en forma de ciudadanos sin ningún tipo de expectativa laboral ni prestación que se deprecie a larguísimo plazo. ¿A qué se debía esa generosidad, jau jau, del gobierno nacional más insensible con la penuria del populacho, tras tres años de sordera a cualquier inversión socioeconómica que pudiera arrastrar su dogmatismo austero? ¿Por qué razón Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo resultaron tan desagradecidos con el presente gubernamental, sin una sonrisita inocente que consolara tamaño acto de bonhomía? Curioso, curioso. En palabras de la ministra del Rocío, perdón, del ramo, 400.000 parados verían, a comienzos de 2015, reestructurados sus respectivos dramas cortoplacistas con una dádiva de 426 eurazos mensuales que deja el populismo del bolivarianismo acechante a la altura de un prestidigitador de hotel levantino. Ahora ya vamos conociendo la letra pequeña, la cláusula cielo donde estallará el artificio tamborilero del gobierno patrio, además de resultar sorprendente que el mismo partido que anuncia la consolidación de la recuperación y el despegue definitivo de la economía se preste, precisamente en ese anhelado instante de algarabía macroeconómica, a potenciar la vía del subsidio. Y Méndez y Toxo, mientras continuamos estas líneas, se empeñan en mantener prietos los dientes, oculta la alegría.

CruceRegalos2Parece que esa prudencia sindical no guarda relación con esperar a la festividad de Reyes (los tres del lejano Oriente, no los dos de la cercana Zarzuela) para devolver la sorpresa como se merece. Mas al contrario, antes de finiquitar el año de los nerviosismos postelectorales, hemos podido conocer que el obsequiante era, realmente, el obsequiador. Y no, Méndez y Toxo no permanecían con el frente labial incólume porque les supiera a carbón el kilo de limosna subsidiada, sino precisamente por parecer beneficiarios de aquello que, en realidad, les había dejado la cartera con más telarañas que sus estadísticas de nuevas afiliaciones. Hoy han recibido, a vuelta de Código Penal, la ofrenda recíproca a esas enhiestas presencias, responsables como gusta definir estos artificios en diferido, para loa de una gobernanza con poco margen de que la alquimia política derive encuestas decadentes en más balcón genovés, más plasma para todos y más sucursal germana transpirenáica. Hoy, navideños lectores, el rodillo absoluto del Partido Popular se disfraza de sensibilidad obrera, y ha anunciado la reducción de penas en la legislación penalista nacional para aquellos delitos relacionados con actividades ilegales en jornadas de huelga y acciones sindicales de similar naturaleza. Estamos de acuerdo en la desproporción de unas condenas que han servido, en los últimos tiempos, para atemorizar al movimiento obrero, metiendo entre rejas a decenas de trabajadores (otros tantos están a la espera de condena o de resolución de sus respectivas peticiones de indulto) por, en muchas ocasiones, dudosas acciones violentas en piquetes informativos o manifestaciones de carácter laboral. Pero que, de manera unilateral, la misma panda neoconservadora que ha dejado la normativa laboral sazonada para disfrute del capital más voraz deje correr una lágrima por el sindicalista que gusta gritar, manifa arriba, manifa abajo, “Esto nos pasa, por un gobierno facha”, mientras amedrenta (según cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con ratificación judicial de por medio) a oprobiosos esquiroles de toda estirpe, cuela poco y, sobre todo, rasga vestiduras. Un cruce de regalos sin envolver que ahora, ambas partes, muestran en todo su encaje, como dos legos de ida y vuelta.

CruceRegalos3Extrañarnos de esta recíproca generosidad entre los representantes del capital y la supuesta vanguardia de la clase trabajadora resulta más inocente que las bromas de las que ayer haya sido objeto. Nicolás Redondo dejó de ver fútbol continental hasta sus últimos días por si el bombo cruzaba a algun equipo ibérico con el PSV Eindhoven; Antonio Gutiérrez vio muy poco chic eso de volver a labores de proletario electricista cuando se abandona la corona sindical y, de ahí, a diputado socialdemócrata no se tarda ni un día de asuntos propios; José María Fidalgo, tan alto, tan erguido, que desde la torre de Comisiones Obreras pudo admirar, antes que ningún proletario malencarado, la luminosidad del Cid Aznar, hasta acabar rendido a su babieca presencia. Cándido Méndez ya ha anunciado su renuncia a renovar los votos de la alta magistratura de UGT. Quien sabe, a lo mejor ya ha hecho su lista a la sombra del árbol de esta navidad con tantos presentes de ida y vuelta; ahora queda acostarse temprano, dejar alguna leche con galletas para apuntalar las bondades de su causa y esperar que se cumplan sus sueños, esta vez un lazo de postín.

A la rica previsión

Acérquese, oiga, que tengo dispendios de viva voz para todos los gustos. Desde hace un lustro me dedico a levantar la voz de cuando en cuando, como un sigiloso ratoncito enteradillo, y alargo los presagios sin enseñar las extremidades. Diríase que especular es buen antídoto para el vaivén colectivo; reparte esperanzas, que buenos somníferos sociológicos quedan. Si, total, quien se acuerda de las buenaventuras pasadas unas cuantas bofetadas de realidad aturdidoras. Cada día tienen más dedos, más rigidas, más ferruginosas. Más hirientes. Pero, que más da, se nos cae la piel facial a tiras y seguimos, con la otra mejilla, la que siempre queda como rostro de arlequín, vociferando que ni una más, que hasta aquí hemos llegado.

Previsiones1Esto de los pábulos macroeconómicos, con pinta de envite sin rival, se cotiza la mar de bien cuando las pagas vienen mal dadas, peor encaminadas, demasiado torcidas. Cualquier análisis que tenga como objetivo de titular clásico necesita adquirir en su relleno dos aspectos indispensables: esperanza y relatividad. Sin el primero asuma que será relegado al ostracismo periodístico o, peor aún, será despedazado por antipatriota que no tiene ni jota ni cualquier consonante con valor en la báscula de la inmediatez. El segundo, por el contrario, supone la parte artística una vez superado el primer escollo a la hora de ganarse la vida con la derrota más que segura; da igual que la pendiente no vislumbre ni un pedrolo como saliente con pinta de áspera área de descanso, es fundamental caer con un cojin mullido que evite fisuras traseras, que exporte esperanzas en el precipicio. Cierto es que cuando la pendiente llega a tal grado de desnivel que una prótesis es retirada por falta de fondos en el espacio sanitario colectivo, por ejemplo, y somos casi incapaces de vislumbrar agua al final del barranco (siquiera eso), la labor del prestidigitador social supone un Tourmalet sin pedales que, a primera vista, vaticina un costalazo entre árboles picudos. Nada más lejos de la realidad; el exégeta con tres vasitos rumia una bola, un dado sin números, un cromo que saltimbanquea, lo que sea con tal de mantener el circo ambulante de las falsas promesas. Y rueda, y rueda.

Previsiones2Si desempolvamos las mentiras de todos los que continúan levantándose con corbata de rayas, como si el tiempo no pasara por ellos, y se saltan los galgos de la realidad a base de elucubraciones que a saber de donde salen, podemos remontar con cierta desesperanza nuestras primeras pacificaciones al verano de 2008, cuando el FMI aseguraba que España sería el primer Estado de la zona euro que escaparía de algo que ni siquiera era crisis, sino una leve recesión casi como antídoto puntual para coger impulso. Pues como no fue pero nada pasó, las mismas previsiones tomaron gusto por alocarse a la hora no sólo de inmunizar la tragedia, sino que se prestaron a aventurar escenarios a corto plazo con salsa para tomar pan, mojar, y chuparse los veinte dedos. A mediados de 2013 efectivamente paladeamos las huellas dactilares a diestra y siniestra, pero en busca de los restos del último alimento, sobreviviendo a la espera de la siguiente mentira que sacie nuestra derrota. Esa es la realidad de la mayoría silenciosa, la que a Mariano Rajoy le encanta no ver siquiera en las urnas, mucho menos en las aceras. Y se quedan, calladitos, esperando que el debate del sábado noche grite por ellos el hartazgo por no escuchar una nueva previsión somnífera.

Acorraladitos

Corralito2Y en éstas llegó Chipre y mandó temblar. Los millones de pequeños ahorradores europeos, que coinciden con aquellos estratos sociales que llevan un lustro soportando intervenciones enmascaradas, aumentos desproporcionados de la imposición indirecta y un desempleo galopante que amenaza cada mañana a todos y cada uno de los asalariados que tienen aún la fortuna de serlo, observan con pavor desde el pasado viernes como el fantasma último de la gran estafa planea sobre sus miseras cuentas corrientes: una funesta suerte de corralito financiero que lanza su candado sobre la falsa placidez de los depósitos bancarios para retener, primero, su reintegro y proceder al adelgazamiento unilateral, después, sin juego de sartenes por medio, con vistas a seguir pagando cuentas ajenas.

A lo largo de los próximos días el Parlamento chipriota debatirá (?) una batería de medidas orientadas a utilizar de mascota ejemplarizante al minúsculo Estado insular con vistas a continuar la senda del recobro de una deuda que escala y escala sin permitirnos conocer el grosor de su titularidad expansiva. Una vez más nos encontramos ante la consecuencia de trayectorias similares, difícilmente casuales por cuanto responden a un recorrido extrapolable a todos aquellos países de la zona euro que se ven acorralados por la Troika y su voracidad incontrolada: La aparición de una burbuja financiera e inmobiliaria que, aprovechando el espejismo de falsa prosperidad que presentaba la primera, desencadenó un aumento del crédito descontrolado en relación al PIB real, con la connivencia de un descontrol de precios sobre los bienes inmobiliarios. El fácil acceso a los empréstitos hipotecarios genera una economía virtual que pone en el mercado ingentes cantidades de euros respaldados por ladrillo de plastilina, que se van derritiendo a medida que el colapso en los precios y el cierre del grifo crediticio comienza a provocar fugas de desempleo, impagos y estancamiento macroeconómico. El desenlace ya lo venimos conociendo, si bien los últimos vagones aún no han pasado por el andén.

Corralito1Si algo se ha mantenido como principio sacrosanto de la economía capitalista, asentada en la intermediación financiera y su política de depósitos como refugio inalterable de las alcancías ciudadanas, es el aseguramiento de las cantidades acumuladas moneda a moneda, honradamente, con un máximo de 100.000 euros a razón de cada cliente en virtud de la propia normativa comunitaria y nacional, a través de los respectivos fondos de garantías. Con la línea que se pretende cruzar en el epicentro mediterráneo se derrumba por completo, si es que todavía mantenía respiración no asistida, la mermada confianza ciudadana en el entorno, por muy duro y tormentoso que se ha venido presentando desde finales del año 2008. La mayor parte de la gente puede ir desarrollando parciales caparazones para protegerse del desmantelamiento parcial del Estado Social, el aumento de tasas, impuestos y contribuciones, el encarecimiento de los bienes indispensables de consumo, pero necesita irse a la cama con la mínima placidez de ese colchón más o menos recio de su capacidad hormiguera para fabricar un inmediato porvenir algo mullido; si se le azuza con la vara recaudadora en su bolsa de viaje, el pánico ante la injusticia puede perder los estribos.

Corralito3Establecer una imposición sobre los fondos propios de la economía doméstica no sólo resulta gravemente injusto por lo anteriormente expuesto, sino que viola y transgrede cualquier mínima confianza que aún pueda depositar la ciudadanía en los planes de sus gobernantes para salir de ésta porque se estaría frente a un atraco sin pasamontañas, a plena luz del día, y con el agravante de secuestro: el modus operandi que los dueños de Europa planean pasa por el cierre temporal de las sucursales bancarias para arrinconar el dinero lejos de sus legítimos propietarios, hacerse con una parte sustancial del botín, y salir a cara descubierta diciéndole a los agraviados que lo hacen por su bien y que no se alteren que la cosa podría ser peor.

Imagínese el presente panorama sobrevolando democracias sospechosas desde la óptica deformada de Bruselas, a las que se pone en la picota cada vez que optan por recuperar para la riqueza y gestión nacional aquellas concesiones en manos de multinacionales europeas que no cumplen los requisitos y acuerdos establecidos. Si en Venezuela o Ecuador se optara por una intervención directa en los fondos ciudadanos ya estaríamos desayunándonos con titulares que alertarían de expropiaciones, nacionalizaciones y atentados contra la economía de mercado. Por estas tierras, en cambio, no se escucha ni una brizna de escándalo frente a algo que es mucho más que todo eso: estamos ante un auténtico recobro, después de haber soportado como viene fluyendo el crédito desde el BCE a los bancos privados a un 1% con fondos provenientes de nuestros tributos comunitarios, mientras los Estados miembros los reciben a un interés cinco o seis veces superior.

Estamos acorraladitos. Vivimos la crisis argentina a finales del siglo pasado con indiferencia de confianzudos conquistadores de segunda generación, seguros de que esas aberraciones económicas eran producto y consecuencia de los desmanes latinos del mal vivir y peor gestionar. Pues ya están aquí, por mucho que Merkel, Oli Rehn o De Guindos por estas tierras siempre salgan prestos a poner el nunca antes que el pero. El viernes cayó el último fortín del descanso ahorrador; ahora sólo cabe preguntarse: ¿Estarán mis ahorros igual de esbeltos que cuando los vi la última vez?

La herencia recibida… a beneficio de inventario

Cuando se sucede un cambio de Gobierno, una traslación de fuerzas políticas en las intenciones colectivas de cualquier ámbito, habitualmente es consecuencia de unos resultados de toma de decisiones no satisfactorios para ese porcentaje de la ciudadanía que hace virar la brújula de los despachos presidenciales. Como los milagros no se suelen vislumbrar con políticas marcadas por el continuismo pero nos emperramos en una confianza ciega por las apariciones marianas, pues bien que Mariano ha llegado, se ha sentado frente al notario popular y, como sus antecesores fracasados, ha aceptado la herencia recibida, pero a beneficio de inventario.

Herencia1Ocurre aquí una múltiple transmisión inter vivos permanente en favor de una casta que se presentan como albaceas pero se posicionan como egoistas herederos de lo que dicen muerto hasta que tocan poder. Porque a diferencia de los que se sientan alrededor del reparto de la miseria infartada, Mariano y compañía (así como el resto de beneficiarios en comicios anteriores) tienen la posibilidad de conocer de primera mano las deudas antes de aceptar lo legado; en realidad, dominan el grueso de sus antecesores casi como si lo hubieran gestionado, porque lo han venido haciendo, efectivamente, de un modo o de otro, desde cotas de responsabilidad que, cuando las elecciones autonómicas inmediatamente anteriores ya han ido trasladando la brújula y los tonos, suponen una suerte de triunfo anticipado.

En este caso los interesados herederos no rechazan las deudas contraídas por los generosos antecesores, todo lo contrario. La mayor prebenda es, precisamente, gestionar esa suculenta deuda a modo de excusa permanente para no reconocer que las barrabasadas canovistas no permiten innovación gestora pero, sobre todo, ha sido el mejor testamento de cara a transmutar esa miseria heredada en riqueza de la buena para sus compañeros de viaje, aquellos que no se dejan ver en las listas electorales y que multiplican sus futuros legados en forma de concesiones sanitarias o educativas, o tal vez con asesorías inconsistentes en Consejos de Administración previamente privatizados.

Herencia2Qué cosas estas de poder repartir culpas y no asumir responsabilidades. Así da gusto representar esta obra de permanente contradicción humana consistente en afirmar ser la salvación a los males que nos aquejan y, una vez otorgada la confianza, mirar hacia atrás y quedarse rígido, como con una atrofia cervical irreversible. La política trae eso, retroceso permanenente, cualquier tiempo pasado fue igualmente funesto, y aún así nos seguirán convenciendo que hay que abrir la sucesión testamentaria cada cuatro años, ver que tal huele el contenido y aceptarlo completito como si resultara un desagradable sacrificio del que se responsabilizan como casta piadosa, llamada a redimir nuestro empeño en vivir por encima de todas las posibilidades imaginables. Herencia a beneficio de inventario que no deja el pasivo fuera del pastel, sino que lo cultiva como principal baluarte de… de sus cosas de gobernar.

Aquí los que especulan con el hambre, aquí los hambrientos

Mientras preparamos casi a diario nuevas pancartas que señalen a los responsables con rostro de nuestra magna depresión, no estamos exentos la gran mayoría de preguntarnos qué madeja completa nos ha llevado a este camino sin aparente salida. Sabemos de la corrupción institucionalizada, de sus conexiones con la maquinaria financiera para no entrometerse en las grandes estafas que han arruinado a prestatarios de hipotecas varias, consumidores de productos complejos firmados, en muchas ocasiones, con dolo, asesoramiento alevoso y hasta nocturnidad en las condiciones generales; nos hacemos, cada día con menos legañas, un paisaje de todo lo que conscientemente se estaba montando ante nosotros para crear una apariencia de inacabable prosperidad a las clases trabajadoras mientras que, en realidad, se tejía esa madeja que antes nombrábamos, y en la que sólo enraizan los tradicionales intereses de las castas privilegiadas, en esta ocasión las familias del capital que no se obsesionan con el lustre de apellidos y castillos, sino con el control codicioso de los recursos y su manufactura, todo ello al menor coste posible y con la máxima multiplicación del beneficio posible.

Pero volvamos a nuestra habitación, con el eslogan más apropiado ya pintado y repintado en la pancarta que mañana nos pondremos por solidaria montera, en busca de recuperar el control en el futuro. Buscamos la recuperación de un escenario auténticamente democrático, si es que alguna vez existió ese plató con todos los focos dispuestos; también detener la destrucción de nuestros derechos, así como la amputación del sistema de derechos y garantías sociales. Hemos despertado y no sólo aspiramos a retornar a ese cierto control de nuestra realidad socio-económica, sino que muchos han aprendido la lección y perjuran no volver a abandonar su responsabilidad ciudadana; otros tantos no se quedan tan cortos y reclaman la superación de lo arruinado, poner cuanto antes los pilares de un proyecto nuevo, una confianza en que estamos a tiempo de ser honestos con nosotros mismos.

Y todo eso ocurre por aquí. Ya estamos dando doble vuelta a la cerradura y nos disponemos a encontrarnos con nuestros congéneres para reclamar lo hurtado pero, ¿Quiénes son esos compañeros de viaje? ¿Están segmentados por fronteras, nivel de pobreza, lenguas de raíz común? Porque si la solidaridad y el compromiso con la rudeza de esta hecatombe provocada es completo, se hace inevitable de manera inmediata alzar la comprensión al tallo arrancado de las manos hambrientas y convertido en el elemento especulativo más perverso: el de la rentabilidad por la hambruna. Hablamos del Mercado de Futuros de Chicago.

El CME Group de Chicago nació la década pasada de la fusión de los dos mayores mercados de futuros de Estados Unidos: el Chicago Mercantile Exchange (CME) y el Chicago Board of Trade (CBOT) Holding. En este macromercado podrido se juega a la bolsa de los productos de primera necesidad, con una evidente ausencia de control en cuanto al equilibrio de su naturaleza. Todo aquello que millones de brazos agotados cultivan en países con necesidades evidentes de alimentación y lucha contra la hambruna es valorado de manera especulativa en este descontrolado recinto, con el podrido interés de encontrar nuevas vías de enriquecimiento rápido tras el pinchazo de las burbujas puntocom, primero, y del mercado inmobiliario después. Éstas dos dejaron en el camino ruinas directas (accionistas) e indirectas (trabajadores, hipotecados, etc.), que fueron arrastradas por una cierta codicia cándida y por la quiebra general de mercados complementarios a los derruidos, pero también grandes fortunas previstas desde la información privilegiada y la ruleta rusa sin balas de los que nunca pierden. Lo que ocurre a diario en el Mercado de Futuros es, en cambio, la crónica de una pobreza mortal con garantía previa. La seguridad alimentaria, más allá de las hambrunas producidas por las inevitables sequías e inundaciones, no puede estar en manos de compro y vendo. La liberalización de este mercado por parte de la Organización Mundial del Comercio deja el elemento productivo indispensable para evitar la inanición diaria de miles de hombres, mujeres y niños en manos que no tienen nada de hambre, que compran para sus consorcios y hacen acopio, como si de un gigantesco granero blindado se tratara, a la espera de ver cotizadas sus expectativas de precio antes de liberar esa mercancia para que la ganancia sea superlativa.

Esta última perversión que deja cualquier honesta demanda a este lado del ecuador en lamentaciones de despintado salón fue ideada, como no, por la putrefacta estrategia de Goldman Sachs, que a principios de los noventa plantó el germen de productos complejos basados en alimentos básicos como el arroz, el café o el trigo. Los brokers entraron, de este modo, en lo que era un mercado especializado y desarrollaron sus habituales estrategias sin importarles hacer saltar la banca. De este modo, los precios a pagar a los agricultores (prefijados) y lo cobrado a los consumidores se alteran merced a los intereses que se vayan movilizando en función de previsión de mayores ganancias, jugando con trampas. Como recordamos, porque los valores ya no suben y bajan cuando el trueno suena, sino cuando las grandes corporaciones y sus socios de Chicago crean la estrategia para dejar el mercado más o menos surtido. Con precios que han aumentado en los últimos diez años hasta un 70%, en el Tercer Mundo no están para pancartas. Ni fuerza les queda para sostenerlas.

Rocosa definición de sacrificio

Si los dados divinos (a los que, nos tememos, nadie juega y nadie apuesta) no lo remedian, el próximo viernes nos encontraremos ante un nuevo panorama de esos que gustan calificar a los economistas del capital como de sacrificios ineludibles. Lo único seguro que ocurrirá tras la celebración del correspondiente Consejo de Ministros es que no aparecerá Mariano Rajoy a explicar la hoja de ruta, extenuado por cargar durante la jornada de hoy un Códice de incalculable valor para entregar, a lo Indiana Jones, la reliquia por segunda vez a la Catedral de Santiago de Compostela.

Dichos sacrificios recorrerán los senderos acostumbrados, esto es, recortar partidas presupuestarias esenciales para el sostenimiento del Estado Social con el objeto de derivarlas a recapitalizar sectores en decadencia, no forzosamente públicos. No caigamos en la trampa nuevamente. El concepto mismo de sacrificio expresa la asunción de determinadas estrecheces temporales con el objeto de recuperar el panorama anterior a la situación que desencadena la excepcionalidad negativa de la circunstancia o, al menos, a buscar fehacientemente esa aspiración. En el caso que nos ocupa sólo estamos destruyendo para pacificar páramos ajenos, territorios selváticos donde la luz que ha entrado se ha venido evaporando bajo una corteza que parece ocultar una especie de agujero negro pecuniario. Ni lo uno ni lo otro. Lo que este gobierno de bellacos viene pretendiendo es movilizar de manera perversamente malabar los fondos públicos derivados del esfuerzo recaudatorio colectivo para proteger sus intereses de clase, a la vez que no se abochorna al afirmar que resulta necesario un nuevo sacrificio tributario para acometer la proyección gestora del Estado. Es decir, que en la misma estrategia trilera pretenden mover los vasitos de nuestra paciencia haciéndonos creer que, bajo ellos, danzan no una sino dos bolas, cuando en realidad ambas se han marchado a bolsillos ajenos.

La clase media lo aguanta todo, parecen creer. Y así lo venimos demostrando, al soportar nuestro empobrecimiento ante el temor de que el futuro próximo sea desolador. No nos percatamos como colectivo que, cada día, decenas de familias cruzan ese pesado umbral que separa la subsistencia de la desesperación, mientras la aún mayoría prefiere mirar hacia otro lado, confiando que todo se solucione por arte de biribirloque antes de que les toque traspasar ese Hades económico que les obligue a transitar por los ríos del inframundo social.

Restar poder adquisitivo por un lado, y defender acciones que reactiven el consumo por otro, resulta de una estupidez dolorosa, en tanto en cuanto el Ejecutivo se dedica a bailar macrocifras que no rozan ni de lejos aquello que significa economía productiva. Cuanto mayor sea el peso de la Hacienda Pública, sobre todo la indirecta (vía IVA, fundamentalmente), menor será la capacidad ciudadana para adquirir bienes y servicios, lo que enreda la madeja de la principal industria nacional y ahonda en su previsión de ver desinflar los únicos sectores que, hasta ahora, podían sostener mínimamente la creación de empleo. En definitiva, si a lo que aspira el Gobierno central es a intentar quedarse con los restos de nuestro naufragio porque considera que somos incorrectos gestores del salario que nuestra labor nos reporta, que luego no nos pida salir a las rebajas y pasar dos semanas de asueto en las costas patrias.

Pero hay un segundo elemento que, principalmente, golpea nuestra línea de flotación como sociedad que merezca soportar el peso de himnos, banderas y teórica anuencia a las docrinas del sacrificio. Visto lo visto, el futuro rescate de la banca privada que tiene su sede social en España (que no entidades españolas, en tanto cotizadas en mercados secundarios) no va a ser a la voz de ya del ínclito Rajoy (y miren que presionó a la UE, afirma el aventurero irredento con cara de registrador), y cuando pase por aquí irá directamente a las cuentas y balances de las entidades receptoras, entidades que, en base a sus previsiones de negocio inmediatas y las cantidades solicitadas, muy difícilmente podrán hacer frente a las correspondientes devoluciones de los millonarios recibos. ¿Y quien pagará en segunda instancia, sin posibilidad de recurso de casación económica, esa factura con intereses de demora? La multitud encerrada en un párrafo de un futuro decreto, que se aprobará un viernes de otoño en un Consejo de desministros. Justo en ese momento tendremos dos opciones alrededor de los temores que nos han lanzado para realizar el tejemaneje de las nacionalizaciones financieras falsas: o se derrumbará desde mayor altura lo que afirmaban debía ser rescatado por nuestro material bien, o se procederá a la venta por parcelas de ladrillos con deuda, de participaciones sin valor, al capital riesgo que adora afilar sus cubiertos para aprisionar a los que, en ese instante, comenzarán a desfilar por la frontera del desamparo social.

Y, en todo esto, ¿Cómo se comporta el denominado empresariado nacional, ése que nos solicita, uniformemente con sus voceros de escaños y tribunas políticas, que saquemos las moneditas agazapadas bajo el colchón e invirtamos en la supuesta reactivación de la patria? Desde luego no con esa solidaridad que exigen. Cada día sufrimos una nueva deslocalización industrial que no sólo expulsa abruptamente a miles de trabajadores del limbo sobreviviente, sino que comienza la manufactura de sus productos de consumo allende las fronteras, en muchos casos retornando esos elementos con apariencia de fabricación cercana, instándonos a adquirir y adquirir para que la rueda gire con mayor rapidez y vuelva a alcanzar velocidad de crucero. De este modo, las cuentas no nos salen. El escaparate en el que manejamos nuestra circunstancia vital a diario parece no haberse despintado del todo, pero nos cuesta percatarnos de la imposibilidad que resulta que no se descascare el armazón mientras demandamos aquello que ya no creamos. La balanza de pagos, de este modo, tiene incrustada una piedra de insoportable tonelaje en uno de sus lados, y desde luego no en el de nuestra supervivencia. El capital, desde luego, ni es solidario, ni sacrifica un ápice su rueda productiva para apostar por el sostenimiento de la construcción del Estado Contemporáneo.

El Códice Calixtino es un manuscrito fechado a mediados del siglo XII que se considera una de las primera colecciones de viaje de la que se tiene constancia. No en vano, su contenido recoge una especie de guía para los peregrinos que seguían el camino de Santiago. Probablemente Mariano Rajoy se empeñó en su formal entrega en esta jornada dominical para poder echarle un vistazo previo y aprender el origen de los viajes. Lo que no le explicaron al aventurero gallego es que los tránsitos del capital manejan senderos subterráneos, trayectos que no dejan huella salvo en nuestras marcas de sacrificio.