La guerra del petróleo canario (IV)

Petroleo8Los años pasan pero las desgracias permanecen. Hace más de dos cursos que, a través de una trilogía que analizaba el plan, los personajes y su fondo normativo, nos hacíamos eco de aquellos primeros pasos en los que la privatizada y multinacionalizada compañía Repsol recuperaba un interés silenciado por realizar sondeos en posiciones cercanas al archipiélago canario. Para tal fin, nada mejor que un ministro ambicioso, del terruño objeto de la discordia, y bunkerizado en un gobierno con una habilidad para potenciar su sordera ciudadana desde cualquier ángulo de altavoz social. Y es que José Manuel Soria no sólo se caracteriza por haber dado sus primeros pasos políticos en las islas (¡Y que pasos, oiga!), sino más bien por los últimos, titubeantes, que protagonizó antes de marcharse a la capital del reino para poner tierra y, sobre todo, mucha agua de por medio con su otrora socio de gobierno, el nacionalista de baja intensidad Paulino Rivero.

Como Coalición Canaria tiene a bien haber entendido su supervivencia como encaje de interesadillos a base de mantener la normativa electoral más asfixiante que pulula por el espectro jurídico nacional, a través de la cual se enraiza una perversa estructura de pactos a tres bandas donde siempre juega a caballo ganador, quien hoy es su socio en el archipiélago tiende a contradecir la conformación de mayorías a nivel estatal; así, sus amigos en las islas se convierten, legislatura tras legislatura, en inefables contendientes cuando las encuestas marcan nuevas líneas de simpatía electoral en el conjunto del Estado. Esta estructura de hechos consagrados, dispuesta exclusivamente en el sostenimiento de unas siglas mal avenidas en términos de capital humano cuando las instituciones abren sus puertas a regañadientes a los miembros coalicioneros, se expresa en toda su negrura en el hecho que nos ocupa: lo que hoy es bandera innegociable para el ejecutivo autonómico fue casi realidad con su complacencia hace prácticamente nada; debe ser que los alisios, como el siroco más tremebundo, desorienta al isleño, le arrebata en sueños su bastón de mando, le deja desasistido de memoria y de principios.

petroleo2Las puertas giratorias que empuja Repsol, presa de políticos en activo que aceptan marearse al ritmo de una ruleta rusa con pocos proyectiles listos para ser lanzados al mullido panorama de sus estructuras corporativas, son piruetas que abarcan todos los caminos de retorno, de primera vuelta, de llegada al verdadero objetivo. De este modo, el enemigo al que este fin de semana se ha crucificado en las principales localidades de las Islas Canarias, con decenas de miles de ciudadanos reclamando un modelo energético acorde a la potencialidad archipielágica (eólica, solar, etc.) y compatible con la indiscutible primera industria, el turismo, es José Manuel Soria como podía haberlo sido el ministro del ramo de diferentes siglas que hubiera estado en este instante al frente de la cartera de Industria (maletín del que cuelga, tan contradictoriamente doloroso en este caso, la hebilla del turismo, enfrentadas ambas realidades en un mismo bigote rasurado), quien sabe si con la connivencia de Coalición Canaria como en sus inicios se barruntó.

petroleo1Mañana el Tribunal Supremo resolverá las demandas planteadas por los Cabildos de Lanzarote y Fuerteventura, así como aquellas presentadas por diferentes organizaciones y plataformas medioambientalistas y de carácter político, acerca de los informes técnicos para realizar las catas prospectivas que puedan resolver el entuerto de fondo: ¿Hay o no crudo de calidad en las profundidades oceánicas cercanas a las Islas Canarias? De ser así ¿Quién y cuando se encargará de su aprovechamiento? El negocio es la clave, ya que la dependencia energética española continuará existiendo en los mismos parámetros, toda vez que Repsol no es de titularidad pública tras su descuido a manos privadas a finales del siglo anterior. Y si el Alto Tribunal no detiene mañana esta carrera sin ganadores, las calles canarias seguirán rugiendo, con la complicidad en esta ocasión, como excepción perversa, de un gobierno autonómico desacreditado por muchos bandos. Por eso el pacifismo y la concordia se adueñan del recuento de participantes, y la manga ancha se presenta en el control de los recorridos y la protesta. También por eso diferentes miembros del Partido Popular de Canarias andan más desorientados de lo habitual, sin saber como salir de ésta en la que se han convertido, cuestión de tiempos y mayorías, en los malísimos de una película que, en los intereses que pululan sobre la indignación ciudadana, carece de héroes aunque algunos se sumen, corbata al bolsillo, a una población que nos lo quiere en primera línea.

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El valor y el uso de la vida humana

IsabelCarrasco1Hace dos días ha sido asesinada, a la salida de su domicilio, la Presidenta de la Diputación Provincial de León (y varias condecoraciones más), Isabel Carrasco. Según avanzan las investigaciones policiales 48 horas después, parece asumir bastante certeza la autoria material por parte de una ciudadana con la que mantenía una relación personal y de anuencia política, y la cooperación necesaria o complicidad de la hija de ésta, con cierto recorrido en el Partido Popular, y que perdió su puesto de trabajo en la administración local hace dos años, sintiendo una animadversión que fue creciendo de manera paraonica, con la connivencia y alianza de su progenitora. Queda a estas alturas aún difuso el grado de participación de una funcionaria de la policia local leonesa que se ha encargado de entregar el arma homicida. Dicho esto, y salvo que giros más propios de la cinematografía que de la vida cotidiana dicten sentencia sorpresiva, lo que no parece que vaya a cambiar es el movil personal como nexo entre los imputados y la víctima. La cuestión política juega un papel, en tal caso, de germen a la hora de provocar la situación fatídica. Otras lecturas únicamente pueden entrar, y de hecho han entrado, desde la óptica de la oportunidad electoral, el sensacionalismo amarillista y la irracionalidad más o menos interesada.

Vayamos por partes. Núcleo principal desde el que parte la protección penal a la vida humana es, evidentemente, la salvaguarda de ésta y, en caso de que ocurra el tipo homicida regulado en el Código Penal, analizar las pruebas, el móvil, los agravantes y atenuantes que pudieran derivarse y, finalmente, imponer la pena correspondiente en busca del resarcimiento de las víctimas, la reinserción del penado y, en menor medida, el elemento punitivo del castigo como carga didáctica para evitar acciones futuras de la misma envergadura, protegiendo así al resto de la ciudadanía y aplacando la alarma social que se produce ante acciones semejantes. Las consecuencias inmediatas son el fallecimiento de un ciudadano y el dolor que provoca a su círculo cercano. En todo caso, la protección de la vida humana es un elemento evidentemente protagonista de primer nivel de cualquier Código Penal occidental, y ésta debe ser igual para todos los ciudadanos, tanto desde el lado del finado como del ejecutor de la acción punible. Pero cuando estamos ante un cargo político, aunque haya resultado víctima desde una acción de rencilla y venganza privada y personal, las alarmas son disparadas con demasiado interés, y hablar de modificaciones legales de cartón piedra, alertar de supuestos peligros apocalípticos que germinan en las sombras de la sociedad, y disparar comentarios inconexos para llegar a conclusiones perversamente disparatadas, se convierten en juez y parte fulgurante.

IsabelCarrasco2Cuando asustar al personal de norte a sur y de este a oeste con el fantasma de ETA resultaba cosa sencilla, los dos grandes partidos obtuvieron réditos valiosísimos en sostenimiento de niveles electorales a golpe de miedo y cierto victimismo que concluyó con una violación del cuerpo penalista estatal al aumentar, per se, las penas a aquellos asesinatos cometidos por miembros de bandas armadas organizadas. A partir de aquí, la protección de la vida humana toma categorías, el dolor de los seres queridos y familiares pretende apaciguarse superponiendo la venganza sobre los principios otrora principales de reintegración del procesado y, en definitiva, se le otorga valor negativo, en concepto de pena, en función de la naturaleza ideológica e inspiradora del delito. ¿De qué manera se puede instaurar en el ordenamiento jurídico de un Estado democrático, fundamentado en el principio de igualdad como uno de sus prioritarios sostenes, que merece más castigo poner fin a la vida de un ciudadano si ésta es cercenada por alguien que lo hace pensando que está eliminando a un enemigo en un conflicto, aunque éste sea ilusorio, que aquél que lo hace, tal vez, por algo tan miserable como hurtarle diez euros? En todo caso, el papel que juega la pena como elemento preventivo puede amilanar más de cometer el delito a quien se mueve por intereses vacíos que quien lo realiza premeditadamente imbuido por un factor ideológico que le hace sentirse soldado en un entorno bélico que le fabulan, que ciegan su prudencia y su raciocinio.

Desahucio1Y finalmente ha aparecido el universo paralelo que florece en los tribunales de la información. El homicidio de Isabel Carrasco ha dado para un paréntesis en la campaña electoral europea, miles de tuits y comentarios digitales de dudosísimo equilibrio en el paladar de las ideas, y varias reflexiones valientes que desde los altavoces de turno han querido, para no variar, arrastrarlas al submundo de la demagogia, precisamente el paraiso natural de los mismos que no soportan que alguna manzana vaya madurando su próximo bocado. Pablo Iglesias, de Podemos, es sólo un ejemplo, pero más que interesante para reafirmar el equilibrio torcido de manera interesada cuando un ciudadano es apartado violentamente de su destino. ¿Por qué quienes, desesperados por el acoso de las deudas, se quitan la vida, desterrados por el sistema, casi víctimas del caos colectivo, exterminados por todos con más o menos imprudencia, no tienen su minuto de silencio? Pero lleguemos al punto de inicio, lleguemos a más: Ni un homicidio político debe conllevar consecuencias de mayor rango penal ni social, ni el homicio de un político puede seguir recordando a quien, tal vez cerca de ese instante, haya sufrido violencia similar en el anonimato de la sangre sin escaño, que también en la muerte este sistema que viene expirando con él le recuerda que vale menos, que sólo merece silencio. Un Código Penal vigoroso no lo permitiría, y una sociedad madura tampoco.

Desprivatizando a Lasquetty

Lasquetty1No es periódico de ayer, sino la calma relatada tras la tormenta más que perfecta. No hizo falta más que un auto, un ejercicio de honorabilidad judicial por el poder arbitral (que no arbitrario) en el que se sustenta la supervivencia de nuestro famélico Estado Social, para que se derrumbara la montaña de prepotencia y manifiesta intencionalidad privada de Javier Fernández Lasquetty, consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid. Este rostro contenido, con bolsas de aire entre los carrillos que siempre amenazaban huracanes de rabia, había sido hasta hace poco más de una semana el germen perfecto entre la codicia desmedida de Lamela, la presencia seductora de Güemes y, en el trino equilibrio, las anchas espaldas de Ignacio González y Esperanza Aguirre. Un compendio, en definitiva, entre la continuación al descuartizamiento sin aristas junto a la necesaria convicción ideológicamente inmoral para llevarla a término. Y así, sin cita previa, resulta evidente que la labor que ha heredado con gusto y sin picor, de manera exclusiva, ha sido dar acomodo a determinadas contratas para gestionar aquellas millonarias estructuras hospitalarias puestas en marcha sin capacidad presupuestaria. Cada uno de los pipiolos venidos desde la orilla de FAES han ido cubriendo su respectivo escalón para pretender disipar el tracto sucesorio-político de una más que evidente planificación del capital, de sus señores feudales, de ellos mismos. De la puerta que no deja de girar.

Lasquetty2A Lasquetty le tocó bailar con la que parecía más guapa antes de desprenderse del vestido, y aún con las luces apagadas. Pero no. Tratar como borricos de amplia sumisión a los diferentes colectivos que hacen posible el servicio de salud a la ciudadanía es un ejemplo evidente de lo mal que hace, en lo que respecta a la táctica política de los nuevos cachorros, no pisar más suelo que el de un despacho tras otro, repeler las baldosas al no conocer más superficie que el parquet acuchillado. En realidad tenía en su mano dar un golpe definitivo a uno de los pilares fundamentales del sistema de protección social que nos habíamos dejado otorgar, con más ilusión que cabeza, como un obsequio en lugar de algo propio, no hace mucho. El negocio huele rápido la presa y frente a su huracanada voracidad pocos tienen la apetencia de resistir. Precisamente esas demandas, esas urgencias por comenzar a meter primera en los seis nuevecitos hospitales que mamá Estado les había hecho para su enriquecimiento, provocaron que la mala consejera de costumbre modificara mal y pronto el pliego de condiciones. Lo demás es historia conocida: un triunvirato de valientes en la sala 3ª del TSJM mantuvo el caso en sus manos, soportó las presiones de extraños pero, sobre todo, de muchos propios, para que el caso no pasara a un pleno presto a hacer pelillos a la mar portorriqueña, mientras los funcionarios sanitarios iban cicatrizando, mediante protestas y una poderosa estrategia jurídica, todas las heridas abiertas en esta privatización que amenazaba con extenderse por el conjunto del Estado.

Lasquetty3Lasquetty ya es historia, pero nunca fue protagonista de ella. Su nombre sonará de cuando en cuando para recordar un episodio de toda esta serie a la que le restan temporadas y capítulos por doquier. No hay peor tratamiento para una enfermedad que cuando ésta se ignora por su portador, y en muy poco tiempo la ciudadanía española ha dado por hecho derechos con la misma inocencia que deja a los zorros cuidando a las ovejas. Ningún responsable político en el sentido digno del término se toma como afrentas, de manera rabiosa, las decisiones de la mayoría sectorial y social. Es incomprensible. Salvo que tenga más hambre de la que su estómago consiga digerir. Pues ahí está el problema, en todos aquellos que están con el ánimo dispuesto para cebar al siguiente que se suba a la doble tarima, micrófono en ristre, y prometa una retahíla de principios que le saben a nada, que le provocan acidez.

Así nos cueste lo que nada le cuesta

El santuario de Virxe da Barca, en Muxía (A Coruña) ha ardido en la noche de la pascua cristiana merced a la fatalidad climatológica de uno de esos rayos que ya no son (dios nos libre del paganismo) fruto del rencor politeista que explicaba las desventuras humanas, sino que vienen en el portaequipajes de borrascas sin respeto ni honor por estas fechas. Y lo ha hecho en base a un cálculo de probabilidad plagado de ciencia, tan apartado de pararrayos, tan a merced de la electricidad caprichosa, que no entiende las cruces y las vírgenes como implacables enemigos de su capacidad de combustión, de sacrilegio magnetismo.

Feijoo1Nada ha tardado el muy católico Alberto Núñez Feijóo en visitar el templo en ruinas y, tras reivindicar el valor “religioso, cultural y turístico” de este santuario “emblemático” y “simbólico” para “todos los marineros, todos los creyentes y Galicia entera, ha asegurado que se licitará de inmediato las obras de reconstrucción “cueste lo que cueste”. Estamos en fechas donde la crisis debe ser que se toma un paréntesis beato, tanto en costes como en legislación, paréntesis demasiado amplio tanto en el tiempo como en el espacio. Cuando de sablar coberturas y derechos colectivos se trata, el sacrificio y la comprensión son las señas de comportamiento que se nos señalan desde el poder público de cara a protestar lo mínimo indispensable y no pecar de egoistas y poco comprensivos con la ardua y dolorosa, flagelante incluso, labor que la fuerza de los pactos les ha impuesto y que ellos, tan de darse por los demás sin pedir nada a cambio, llevan a término con la celeridad propia de la eficacia, traspasando la encomienda a piadosas corporaciones privadas para que se hagan cargo, no sin cierto fastidio por verse obligados a contar más billetes al cerrar el ejercicio.

En cambio, de todos es sabido que un Estado aconfesional de nuevo cuño que se precie no deja de ser, por mor de la Historia que llevamos a cuesta, un heredero leal del espíritu de nuestros cruzados ancestros, que no puede dejar enfriar los rescoldos de un hermoso inmueble a la suerte del olvido. Suena contundentemente demagógico, y con dolo del bueno, pero qué fastidio supone colocar en contradicción las explicaciones de por qué miles de gallegos se han quedado apartados de diversas e indispensables prestaciones sociales, mientras la Hacienda autonómica no pone objeción alguna en apartar urgente y extraordinariamente cuantos euros sean necesarios para volver a levantar paredes y bóvedas, con su floritura complementaria.

Feijoo2Es natural que aquél que abraza la fe católica más allá de su actividad privada vea como suya la responsabilidad de sustentar el vasto patrimonio eclesiástico con la ligereza bienaventurada de entender los recursos colectivos más cerca de dios que de los hombres. El lider del Partido Popular en Galicia, que no encontró reparos morales en apuntarse a un viaje vaticano para celebrar su primer año de mandato y apuntar como colaboradora a su pareja a fin de poder besar el anillo del pescador juntos, menos los va a hallar en hacer resurgir de sus reales cenizas a un santuario, precisamente, levantado en honor a los marineros, a los que atrapan alimentos, a los que arrebata votos. Y Feijóo, desde que comprobamos con qué soltura se mueve en lanchas y yates a la sombra de sus amistades más a la sombra, no le hace ascos nunca a pescar en la mar revuelta.

Fraude en dia festivo

Constitucion1Marcar como día no laborable el 6 de diciembre, a estas alturas de la fábula, parece que sólo debería circunscribirse a la actividad cotidiana (ya de por sí bastante laxa en cuanto a horarios y controles) de congresistas, senadores, y gente de igual vivir alrededor de ambos inmuebles, sitos en Madrid, transfronterizos de nuestra memoria mediata, de cuando nos creímos en democracia.

Vale que como somos cínicos en lo constitucional con el mismo tino que dejamos a vírgenes y cristos en sangre cuando de feriado se refiere, de tal modo que a nadie le amarga un puente si tiene todavía la osadía de hacer caso al despertador de lunes al siguiente. De todas formas, deberíamos renunciar a ese privilegio del descanso de larga distancia cuando el último mes comienza su andadura hacia la ruina navideña (otro plazo de saltimbanqueo en permisos para que el gastar no deje de engordar su fábula de trueno, su maquinaria apetente a débito, a crédito o a perpetuidad) o, al menos, reventar cualquier mecanismo de proyección para dejar la fiesta en paz, la de ellos, protectores insomnes de esa salvaguarda en pergamino que no se toca. O se toca poco, pero mucho.

Se reúnen entre sonrisas que deben ser pura letanía para las cámaras, para su historia, en un puro despendole de fragilidad ética; pasan los años, y cada día ese folio que dicen venerar aplaudiéndose como sus rígidos protectores se inflama por los cuatro bordes pero ellos y ellas, a lo suyo. Ha cogido polvo, sus bloques han perdido siquiera el prestigio aparente de los buenos propósitos a la misma velocidad que el contenido se ha conocido ineficaz en lo pragmático, pero nos dicen que está más en vigor que nunca, que su espíritu es lo único que nos mantiene con respiración no asistida. Y, mientras, nos desmayamos. Pero ellos brindan.

Constitucion2Como Constitución tramposa no hay duda que ha cumplido su trascendental labor histórica con mayor eficacia que ninguna otra antecesora en la historia del Estado español. Es más elegante que la sucesión de parientes decimonónicas mientras que cuarenta años de dictadura consiguieron erradicar cualquier brillo vanguardista al texto del 31, así que su esbeltez no ha tenido problemas en mantener la figura con la convicción de que cualquier tiempo pasado fue peor, y a otra cosa. Únicamente el capital ha descifrado su contraseña desde 1978, introduciendo en su bajo vientre la convalidación a participar sin discusión en la libre circulación de la pasta allende las fronteras a la vez que el poder público se hacía el hara kiri para autoinmolar su capacidad de inversión social prohibiendo el déficit público sobre el límite que el capital privado dispone como pecado capitalista. De esos lodos vienen estas escorrentías en forma de entrega de los sectores estratégicos a la, ejem, iniciativa privada.

Por eso sólo ellos se reúnen, cada vez en menor número, para amarla con delicadeza, susurrándole en artículos intrascendentes que tal vez le haga falta teñirse las puntas, cambiarse algún complemento, poca cosa. Pero a la ciudadanía ese día nos pesa la duda de si esquiar, acercarse a alguna costa que sostenga los últimos rayos del otoño o, más sencillamente, tirarnos a la bartola. Si encendemos el televisor con descuido tal vez nuestras miradas se crucen con el paseíllo de saludos bidireccionales y algún discurso acerca de cómo nos (les) congratula dejar de tener que fingir al menos una vez al año que se llevan fatal y que son dos cosas distintas alrededor de un folio que recoge versos pero que esparce aflicción.

La línea 1, en vía de esperanza

Como rezan camisetas y pancartas cada día 3 de mes, en la plaza de la virgen de Valencia, “43 muertos, 47 heridos, 0 responsables“. El cantautor Pau Alabajos los recordó, como aperturan musicalmente estas líneas, y nos recordó que la impunidad no puede continuar ejerciendo su metralla vertiginosa de silencio cada vez que llaman accidente lo que quiere decir negligencia. Y todo ocurrió en una vía que aquellos que fueron exculpados de manera tramposa a nivel judicial y protegidos en lo político, sustentados en su mayoría absoluta, pretendieron directamente borrar de la historia, en una chusca suerte de neolengua ferroviaria, endilgando su recorrido a la cuenta de un genio de las artes local, como si su nombre infundiera por sí mismo un respeto que evitara a los damnificados mancillar su legado pictórico. Una línea plagada de cadáveres, expulsados con veloz fiereza a través de unas ventanas de plástico sin refuerzo, tan efectivas contra el sabotaje como frágiles frente a su misión principal. Una línea, en definitiva, preparada para la desgracia con el mimo que sólo puede imprimirle la incompetencia y la sustracción del ánimo de servicio público a la hora de invertir, efectivamente, los recursos globales cuando de infraestructuras básicas, las que crean riqueza real en la construcción social, se trata; porque en la Línea 1 no sólo el plástico dejaba los laterales de los vagones como un escudo de plastilina, sino que el sistema de frenado que esperaba al desenlace era de baratillo, instalado únicamente en este trayecto y en otra línea del metro de Barcelona. El Frenado Automático Puntual, 40 veces más económico que el sistema ATP se llevó prácticamente una vida por cada unidad de ahorro sustraida a la seguridad ciudadana, cantidades ridículas frente a la opulencia de estructuras arquitectónicas con presupuestos sin límite al escándalo, agrietados como las pistas de aterrizaje que no palpan de los aviones en desbandada.

MetroValencia1Lo que está claro es que la energía popular se ha reactivado, a pesar de haber transcurrido siete años de opacidad, con una televisión pública en silencio y silenciada, una estructura alrededor de las trampas del poder que impidieron que creciera la indignación multitudinaria para que los responsables, que fueron y son, no tuvieron siquiera que retraerse institucionalmente; más aún, desde Juan Cotino hasta los responsables medios de la televisión autonómica o Metro de Valencia arrojaron toda la culpabilidad sobre un conductor fallecido, silenciado, frágil. Afortunadamente, los excelentes reportajes que Jordi Évole realizó en su programa Salvados, así como la persistencia de la asociación de víctimas presidida por Beatriz Garrote, no han permitido ni el detenimiento ni la mentira de esas plantas invasivas capaces de enredar la verdad hasta hacerla trampa o, peor aún, desaparecer. A día de hoy, la velocidad del ferrocarril arrastra tanta imprudencia como la probable epilepsia del conductor, ocultada a sabiendas y que, junto a esas medidas de seguridad más que escasas, condenan al ostracismo la protección tras el sobreseimiento por falta de pruebas que se emitió, deprisa y sin mucho ánimo investigador, a nivel judicial. Desde mediados de mayo del presente año la investigación avanza para que, ya que resulta imposible revertir las dos primeras nefastas cantidades, el 0 aumente hasta alcanzar la cifra exacta de responsables de la desgracia y el silencio.

No me fiscalices tanto, que me da la risa

NoJusticiaHay un cuerpo de juristas, abonado por todos en el saco de esa imposición directa que desangra las últimas arcas laboralmente activas, supervivientes en la entrega de los últimos restos hasta el próximo ERE raquítico, que se dedica a defender al Estado, es decir, en la maltratada teoría, a todos. No es comparable al ejército de colegiados que acuden, con menos alegría que expectativas de cobro, al reclamo solidario de la defensa de los desamparados que se imputan, que son imputados. Los fiscales son, en definición, la voz pública que reclama el amparo de la justicia cuando al otro lado de la bancada judicial se sienta aquel que nos ha golpeado a todos en un tipo delictivo que merece, en la opinión unánime desde el raciocinio de su estructura, alzar la voz para clamar resarcimiento en comandita.

Hay un pequeño detalle que puede desestabilizar la pureza de este cuerpo con los miembros, desgraciadamente, estirados: su acción y, por lo tanto, su reverso, esto es, su ignorancia de la perversidad punible, depende de las correspondientes instrucciones que emanan del poder ejecutivo al ser un cuerpo que depende, normativamente, de decisiones gubernamentales. Por lo tanto, nos encontramos en muchos casos ante la última esperanza de la justicia y toda ella se manosea entre apéndices huesudos que acarician la decisión en función de intereses obscenos, en silencio, sin independencia.

NoJusticia2Tanto es así que este colectivo nos ha abandonado de manera expresa, cuando siquiera confiábamos en su aparición milagrosa, aunque fuera con vendas sucias, con una balanza desequilibrada, desde que una infanta se aposentó en una de las vasijas, torciendo cualquier efecto de equilibrio a la hora de estar en el lugar más estable. Si Urdangarín adelgaza, La Zarzuela, de manera rítmica, ha demostrado su capacidad para sortear el desnivel de los pesos sin perder la sonrisa, con la apariencia de estar alejados de aquel Fiscal que se enfrenta a cualquier acusación para poner en valor la necesidad de pureza monárquica sobre la legislación penal. Todo esto tiene un pase de castigo frente a la candidez de una población que seguía confiando en la independencia judicial y el enfrentamiento de cualquier bípedo con DNI en caso de hacerlo a plena luz del mazo justo. Pero visitar las vallas de Soto del Real, a falta de obras taciturnas, y comprobar como Miguel Blesa echa una cabezadita en acomodada mazmorra a pesar de una traición fiscal con un plebeyo tanto o más pillo que la real infanta, es como corroborar que a ese muro con pinta de solidez le faltaba toda la cimentación que le reclamabas al jefe de obra.

Aquel que jugó a banquero en Madrid, como tantos en vías de extinción libertaria, al menos puede sentir alivio ante su segura condena: aunque las pruebas de las acusaciones particulares le envíen un buen tiempo a la sombra, el representante público de la justicia mirará para otro lado, como sus acólitos fiscalizadores en las correspondientes administraciones lo hicieron mientras se embolsaba las esperanzas ciudadanas.