Un verano fatal

La canción más reconocible de aquel EP que firmaron a cuatro manos Cristina Rosenvinge y Nacho Vegas, titulado Verano fatal y del que se cumple en estos días su décimo aniversario fue, precisamente, la partitura homónima que, en su cuarta estrofa, se cuestionaba quien podría imaginar lo que nos iba a deparar un verano fatal. El cantautor asturiano parece que ha quedado atrapado líricamente por su pasado, toda vez que es la comidilla del periodismo transgénico su supuesto affaire con la vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, Andrea Levy. El IVA Cultural ha quedado exento, al parecer, a la hora de liquidar la discreción de ambos personajes públicos y lo que las trincheras ideológicas parecían distanciar, el misterio de las relaciones públicas ha estrechado, con el consiguiente punto de ebullición en redes sociales y garitos con ganas de humo.

Porque cualquiera que siga con cierto interés la trayectoria artística y pública de Vegas desde sus inicios en solitario, una vez finiquitada la experiencia con Manta Ray, conoce su huida de un hedonismo musical rayano en el placer de lo lúgubre hasta desembocar, si no encallar sin viento de cola, en mesías del compromiso político y social, dando las primeras y nítidas pistas con Cómo hacer crac (2011) y teniendo continuidad sin ambages a partir de sus Actores poco memorables (2014). Dar la cara, poner la nota, musicalizar la lucha de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ha transmutado al músico gijonés en colectivo, una suerte de Horacio que salta la rayuela para viajar hasta Oliveira.

¿Se puede alcanzar la intimidad del afecto romántico con alguien que hace de su sensibilidad ideológica profesión y way of life político desde el otro lado de una posición que, en ambos casos, tiende más barreras que lazos? Basándose en su opinión sobre qué es ser de derechas, a partir de la polémica que se levantó a raiz de unas declaraciones, en 2011, de Russian Red, no sería procedente ni mantener posición paralela en la barra de un bar. Así que, de confirmarse el idilio político-musical, Nacho se sentirá pitoniso de la rima recordando que las gaviotas chillan que ya está cerca el final de un verano fatal. El asunto será discernir si, continuando la letra de la canción, a un otoño desastroso siempre le precederá ese tortuoso tiempo del estío, dando por cierto que así se esté despidiendo septiembre para el cantautor desde que ha saltado a una multitudinaria audiencia una historia personal que ya tuvo su antesala anecdótica hace justamente un año, cuando Vegas se interpuso en una conversación tuitera a cuenta de otro rumor sentimental de Andrea Levy dentro del circuito indie nacional, en ese caso con un músico del grupo La habitación roja.

¿Qué la música una lo que la política se empeña en distanciar? La respuesta no parece que se encuentre ni para generar una reflexión breve: Andrea Levy y Nacho Vegas son adultos para gestionar sus filias como mejor convengan. ¿Exponer de manera tan nítida el blanco y negro de tus posiciones ideológicas te imposibilita para amar lo que afirmas enfrentar? Si se tiene en cuenta el tono con el que dialoga con el otro Vicesecretario junior del Partido Popular, Pablo Casado, en Twitter, hacer diálogo-ficción entre la pareja complica el asunto.

Precisamente el activismo rampante del cantautor asturiano en la red del pajarito se ha tomado un respiro desde que el papel couché de baratillo ha desahuciado su privacidad. El verano fatal, por lo tanto, parece que se despedirá con más incógnitas que certezas pero, ¿Qué más da si puede contarse con Soraya Sáenz de Santamaría para que amenice con sus mezclas esta turba de sentimientos del amor en los tiempos de crisis?

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Ciudadanos ingenuos

Tan joven y tan viejo, tan desgraciadamente cotidiano para muchos, resulta necesario rescatar este extracto televisivo de nuestra historia reciente por dos razones: Por un lado, a raíz de la imprudencia de haberlo dejado desterrado de este espacio por la ególatra consideración de que es algo ampliamente conocido, y tal vez no sea así; por el otro, y teniendo un cordón umbilical desde el primer hilillo conductor, a raíz de vernos en la responsabilidad de recordar que la censura es más una costumbre que una excepción en la Radio Televisión Pública estatal, tanto cuando ejercía una exclusividad de pantalla como desde el momento que competía con otras cadenas a través del merchandising de una supuesta honestidad de la guerra fría catódica.

Censura1Tenemos el fresco recuerdo de las últimas legislaturas conservadoras como totems de la putrefacción pixelada de aquello abonado sin pregunta por todos, sin casilla irreflexiva por medio en la renta intermedia; Urdaci fue la brillantina esporádica, con un solo arco iris de putrefacción reconocible a partir de aquellos segundos de rostro cuadriculado, gafas de pastaparte, al final de los finales en uno de tantos dispendios subjetivos, en aquella ocasión sentencia en mano, para dejar clandestina constancia de su debut como inquisidor de la información pública. A pocos años del destierro, tanto de las farsas como de la pesadez publicitaria que tanto nos libramos, tanto la abonamos, hemos sido imbuidos por un punto de cotidiano retorno, en su perversa versión mejorada: Ahora no es cuestión de un vocero con ínfulas de mastodonte del almirantazgo, sino desgraciadamente de una cuadrilla anónima pero armada hasta los dientes, de caninos a molares, que revierten a consciencia y por completo la responsabilidad de servicio público de la radio televisión estatal (engendros autonómicos nada al margen), dejando cadáveres redactores y corresponsales por el camino, a tiro de cámara, contra el paredón del directo.

Censura2Pero lo que hoy se proyecta en nuestra mediata pantalla no habla del presente, sería un error anquilosar el desprecio por los primeros canales frente al mando a partir de la irrupción conservadora de José María Aznar en el poder ejecutivo. Por ese motivo, la retahíla anterior ha puesto en solfa a toda esa clase norectiva de podrido abolengo como antesala a sus sabios antecesores, a los maestros de la censura que hicieron de TVE este pasto que nunca fue prado. En 1986, adolescentes y desaparecidos, las cámaras tan colectivamente costosas, retiraron sus puntos de mira para no disparar su bonhomía de directo con la presencia de Javier Krahe y su apache “Cuervo Ingenuo” que limaba las plumas del ínclito Felipe González y su política timorata frente al armamentismo atlántico, cuestión ésta bien pactada antes que gatillos más pudorosos, más verdeaceitunados, le recordaran qué protagonismo podría tener a poco de encontrarse frente al prime time de las urnas, un año después. Su cambio de registro resultó antológico, de las palabras a los hechos, de la pana al sedal.

Hay algunos caminos que miles de ciudadanos pretenden cortar para que varíe el rumbo sin señalización que venimos afrontando brotes tras baches. Pero no es menos cierto que la memoria juega el impagable papel de actuar como servidora del eterno retorno, siempre y cuando las generaciones de aquí y antes refresquen sus neuronas para tener mejor punto de mira que la de sus francotiradores, sin prisma. Por Manitú.

Dos lágrimas caribeñas

El jueves santo de los católicos exportó al Caribe lo grisáceo de sus fastos en recogimiento. De aquí y de allá, las dos aguas, tibias y cálidas, ardorosas en todo caso, de Barranquilla a Ponce, partieron las virtudes de dos castellanoparlantes de alta fábula. El anverso fue la previsible y mundialmente lamentada pérdida de Gabriel García Márquez, con toda sus letras ya solidificadas en la memoria del respeto, la admiración y las vías rápidas de aquellos millones de lectores por llegar. Pero también, superando el secano del DF para divisar las aguas isladas de la lengua popular, el reverso se cobraba el ritmo del sonero Cheo Feliciano, en una curva cerquita de casa, con todo el ritmo aún musculado, con unos 78 años plenos de salsa y sabor.

CheoMarquezBlanco y negro plagado de color, florido en ritmo de música y letra, de prosa y verso. Una noche y dos lamentos. Uno a la espera, el otro inesperado. El primero, con las necrológicas interesadas en imprenta y con la tinta seca hace demasiadas fechas; el segundo, irrumpiendo en las redacciones como un tono desafinado. En todo caso, los lamentos se conjugan con esta manía persecutoria de mirar atrás sin desenterrar lo ya conocido, lo ya disfrutado. Ambos nos han dejado el cénit de sus respectivas virtuosidades, y a través de sus tonadas los conocimos y admiramos, no más allá. No dentro de sus salones, ni a través del recogimiento de sus malas tardes, sus noches incompletas y, probablemente, sin pausa con exponencial manera inversa. Gabo y Cheo persiguieron el reconocimiento popular, tenían quienes escribieran y alabaran sus trayectorias artísticas, pisotearon la pobreza desde continente y la ínsular para acercarse al mar, mirar al horizonte, y saber que el mundo completo era su incompleta frontera.

CheoMarquez2Es indudable que van llegando otras voces, pero la nostalgia debe alucinar de tal modo que cada uno de estos mastodontes de la Latinoamérica más universal no puede caer sin provocar un tsunami que parece conformar olas sin fin. La lengua castellana, la voz del otro lado del océano, perdió hace más de medio siglo su monopolio, su control, con la aparición de funambulistas tan temerarios, con tanto atrevimiento para asomarse a través de los visillos en llamas.

Al ser coétaneos meridianos de los privilegiados de verlos en movimiento, instrumentos sofisticados de ahora en adelante, resulta complicado cerrar un libro, bajar el sonido, y no sentir como que nos vamos con ambos, como si estando tan lejos su arte no estuviera sentado a nuestra mesa más allá de las fechas señaladas, llegando sin avisar en tantas ceremonias improvisadas que hoy, a tantos, nos saben un tanto agrias. En cada amanecer, de solo pensarlo un poco, provocaba un mullido remanso sentir que el planeta daba vueltas con tipos tan existencialmente voluminosos también embarcados. Normal que se apeen antes, que salten por sus bordas dejándonos tantos salvavidas por si el atraque queda a desmano; de todos modos, nadie sabe en qué condiciones llegaremos a puerto, pero cuanto Caribe ha quedado con el agua helada en estos días, encallándonos, gélidos, en el trópico ahora en silencio.

 

Actores nada memorables

De poco, nada. Absolutamente nada. Rodeados como estamos, creyentes de la excepcionalidad, de tanta vulgaridad equivalente a la que emanamos, le echamos vodka al té haciendo únicamente nuestro papel, que es de permanente extra. Qué bendita suerte contar con miles de políticos, hechos casta, hechos masa, malformados, tan adorables como los futbolistas de camiseta ajena, a los que nutrir con nuestra indispensable condición de enviar balones fuera de la patria.

PocoMemorables1No hay ciudadano que no guarde un arma debajo de su metafórica ropa interior. No hay ser humano que no camine con una tormenta sobre su cocorota, todas ellas empecinadas en complicar algo tan sencillo como es el panorama que le queda, sin fecha pero sin frontera. No es siquiera una afirmación que necesita el contraste de la ciencia histórica, especulativa siempre por cuanto el bípedo es especialista en amoldar su pavor a la excusa más pintoresca de cara a presentarse noble; sólos o en tromba, ensayar lo que no somos ni mucho menos pretendemos ser es hábito que fabrica demasiados monjes a tiempo parcial.

Dicho esto, qué podemos esperar de nosotros mismos, como sociedad, cuando el uno se convierte en miles por una de esas obligaciones demasiado excusables, y el 25 de mayo nos presentará ante unas urnas despotricadas pero que se mantienen cristalinas? A saber. Suponemos un concepto vivo tan peculiar, tan contradictorio. Ya nos están hablando de derby bipolar, televisión prime time mediante, y hasta nos descuidamos comprando cerveza y ganchitos, sabiendo de antemano que del empate no va a pasar la contienda, ya con treinta y tantos años de duración. Debe estar escrito en el guión, pero nos encanta espiar por rendijas a otros que huelen mejor tras comprar su perfume con los billetes grandes de nuestra cartera.

PocoMemorables2Quién representa qué papel es lo que nos queda por dilucidar. ¿Nos hemos traicionado y somos los que estamos instalados en la trinchera equivocada, lanzándonos nuestras propias granadas? Los hechos así lo aparentan, al no dejarnos respirar tapándonos las fosas nasales con la excusa de una fetidez que no es más que oxígeno perfumado. “PSOE y PP, la misma mierda es”, retumba de lejos mientras ellos recontarán, una vez más, toneladas de papeletas, en el mismo momento que González Pons cierra su maleta de viaje, sonriendo sus miserias, y Arias Cañete y Elena Valenciano se manda whatss de mutua condolencia febril, dulces derrotados, ganadores permanentes.

Europa, España, Cataluña, Barcelona, tu barrio, la casa que has perdido, la baldosa en que decenas acaban reposando su exilio forzado; fronteras de arriba hacia abajo, de nuestra trampa hasta las mentiras que siempre quisimos creer. Mientras el maniquí de enfrente nos resulte extraño, tal vez rival, las quejas nos seguirán engordando con sumo colesterol existencial, llenaremos Estrasburgo de cientos de mentecatos con derecho a seguir sonrojándonos a seis mil euros el despropósito, involucionaremos creyéndonos vanguardia del nihilismo generacional. Seremos, pues, actores nada memorables.

¡Ay Democracia!

A mediados de 2010, en el epicentro permanente de una crisis que tenía al Gobierno de entonces contra las cuerdas, preso de unas encuestas desfavorables, pérdida de credibilidad y enfrentado al comienzo de un hundimiento financiero que se continuaba negando, el cantautor Javier Krahe decidió desempolvar su excepcional chaqué de ser político y rematar la letra de ¡Ay Democracia!. Sobre la base de un verso trastocado amablemente a la salud de Pablo Neruda (como proceso creativo está muy bien, porque los poetas fallecidos no suelen protestar, afirma con humor al dar la entradilla de esta pieza en algunos conciertos), el juglar madrileño repasa con tres años de lúcida antelación todos los motivos que han enfrascado al grueso de la ciudadanía por el porrón del desencanto, la indignación y la rabia social.

MeGustasDemocraciaNo es Javier amigo de relacionarnos sus letras con el amargo sabor del ciudadano, cada mañana en la cola que le toque padecer. Desde la polémica que le llevó al destierro de los grandes escenarios a cuenta de Cuervo ingenuo, sin obviar el esperpento de juzgados y titulares al que se ha visto arrastrado recientemente por inquisidores que no toleran el humor ni perdonan su propia y manifiesta cerrazón mental, siquiera en la cocina, Krahe ha empolvado los efluvios de sus versos con amores insatisfechos, satirismo de pareja que se ama y se deja de la misma manera que ocurre a diario en cientos de lechos, pero con la impertinencia del bufón que lee el adiós y se fuma un purito. Así es en los últimos tiempos pero cuando nos tocan la democracia, Ay de la Democracia.

Me gustas, Democracia, porque estás como ausente
con tu disfraz parlamentario,
con tus listas cerradas, tu Rey, tan prominente,
por no decir extraordinario,
tus escaños marcados a ocultas de la gente,
a la luz del lingote y del rosario.

Me gustas, ya te digo, pero a veces querría
tenerte algo más presente
y tocarte, palparte y echarte fantasía,
te toco poco últimamente.
Pero, en fin, ahí estás, mucho peor sería
que te esfumaras como antiguamente.

Los sesos rebozados de delfín
que Franco se zampaba en el Azor
nos muestran hasta qué grado era ruin
el frígido y cristiano dictador.

Fue un tiempo de pololos, tinieblas y torturas…
volvamos al aquí y ahora
donde tú, Democracia, ya sé que me procuras
alguna ley conciliadora,
pero caes a menudo en sucias imposturas,
fealdades que el buen gusto deplora.

Como el marco legal siempre le queda chico,
y a eso el rico es muy sensible,
si tirando, aflojando, empleando un tiempo y pico,
se hace un embudo más flexible,
que tú apañes la ley a medida del rico
al fin y al cabo es muy comprensible.

¿Pero qué hay del que tiene poca voz,
privado de ejercer tantos derechos,
porqué al nudista pones albornoz,
qué hay de los raros, qué hay de los maltrechos?

Y tus representantes selectos, Democracia,
tus güelfos y tus gibelinos,
cada día que pasa me hacen menos gracia,
sus chistes son para pollinos.
A enmendar tus carencias te veo muy reacia
y están mis sentimientos muy cansinos.

Y como ya me aburre decir continuamente
“eso no estaba en el programa”
no cuentes con que vaya hacia ti cuatrianualmente,
no compartamos más la cama,
vamos a separarnos civilizadamente.
Y sigue tú viviendo de tu fama.

Cuando veas mi imagen taciturna
por las cívicas sendas de la vida
verás que no me acercan a tu urna.
No alarguemos ya más la despedida.

KraheEstamos en época de debate acerca de si la corrupción que ya ha dejado de acecharnos y ha lanzado sus garras sobre nuestras confiadas sienes es hecho constitutivo de disolución y vuelta a empezar; si la porquería ha acumulado tal cantidad de toneladas que resulte más eficaz lanzar una cerilla que obstinarnos en barrer y buscarle neutro acomodo. Las conclusiones están en cada lucidez y en cada voluntad de implicación para armar lo desarmado, para construir el fuerte aunque nos falten piezas. Pero mientras lo analizamos es casi imposible no lamentarnos por la oportunidad perdida a diario y mascullar: ¡Ay Democracia!

El correteo de la Sabi(n)a que nutre

Recuperar de nuevo los nombres de las cosas, llamarle pan al pan, vino llamarle al vino. Nos lo robaron todo, la gloria de estar vivos, pero no consiguieron robarnos la memoria. Ellos tienen también cuerpo bajo la ropa, manos que no acarician, dedos que no se tocan. Nosotros que queríamos vivir sencillamente, nombrar las amapolas. Si tú quieres ola, mi lengua es una ola. Nosotros que queríamos simplemente vivir. Y saber que muy pronto va a desbordarse el trigo pero mi vecino de arriba, en la barra del bar, dice que es Superman. Es una pena que su mujer no opine igual cuando el labrador de mi pueblo, cavando de sol a sol, llena de angustias sus manos, dando vueltas a la noria. Antes todos hemos sido albañiles, con las manos frías nos quedamos sin palas. El sudor del pueblo paga el piso de los alcaldes en Madrid. ¿Qué haremos con nuestras manos y nuestros fusiles, si antes de soldados, albañiles hemos sido? Pues los pajaros anidarán en tus manos y el tiempo pasará mientras nos insultamos. Nuestra dignidad se queda tirada en cualquier parque; mi denso olor a semen se desborda por esos espacios que ocupas en la alma colectiva. La ceniza y los despojos sobre el feto que nunca hemos tenido. El pasado que aulla como un perro que no exporta su emigración inmediata. Tu modo de abrigarme el corazón; la celda que ocupaste con ese bramido de árboles huecos. Tantas cosas hermosas que se han muerto. El padre que murió antes de nacer en esta estepa lluviosa, con gusanos y arena. El derrumbe de la cama en el vacío, sin mitos aparentes, demoronándose la Casa Tomada. La madrugada que grita en torno al fuego insomne pleno de colillas sin respeto, con mierda irremediable, infecunda. Las caricias con miga en las manos, enharinadas de pasión adolescente. Enséñame a tener paciencia y vivir a plazos, con el silencio del terror nocturno; créceme a bastonazos. Mi piel se llena de preguntas y silencios, pero apareció la vida cuando me astiaba de sed, con la necesidad de beber vida, de ingerir honradez. La dulzura de la carne nos reclamó el plazo extemporáneo del plazo pecador a manos llenas, como niños traviesos. El tiempo es una aventura que han inventado los viejos, y el presente es lo único que parece nos corresponde. La muerte es una puerta cerrada mientras en el cuerpo quede una gota de deseo, de ansia, de pasión por esa vida no asumida. Perdóname por abrumarte con mis impresiones, contando falsas historias de optimismo. Te besaré cuando La Luna me sugiera que temblamos cuales pájaros pasando de las palabras a los hechos. En realidad, tú y yo acabámos de nacer, mordiendo acordeones que llegaban tarde a la insurreción política y emotiva. Reconocimos nuestros rostros en Paris, cuando la arena nos hizo temblar los párpados. Esos relojes febriles multiplicaban el amor de los políticos regios, con retos rojos de las murallas virulentas. 1968. No reinventamos en el chicle agrio que tiraba a dar, contra los dientes honestos de la Historia. El traje marrón era el del amigo que iba camino de la fábrica robótica, muerta, moribunda. Fuimos vagabundos con poder electoral, cantando tonadas sombrías, sin amigos, sin fondo en sus ojos, con las flores secas, con el alma mustia.

Sabina1No para de llover, con alcohol se hace menos malo seguir el orden y la disciplina. Contamos los días que faltan, y nos llenamos la panza de vino en el extrarradio. La ciudad, con corazones pintados en los muros, es hostil y extraña. Pagamos extractos de amor apresurado a esos miserables que hacen rebaja a los desentendidos que piropean a las farolas titubeantes. Salimos del nicho cantando, erectos, pasando de la crítica epistolar. Somos pandilleros suburbiales, hijos del dolor y sobrinos de la necesidad callejera, con las escuelas cerradas sin palo ni taco; sin bolas marfileñas que olisqueábamos para el coloque que nos incita a vivir, a no reventar la propiedad de los que no te dejan elegir. A punta de navaja reclamas que no se mueva ni el Rato. La bronca asoma con la sonrisa de las chavalas que castañetean tu paso de Robin Hood carnavalero. Pero una noche la muerte te espero con las seis balas que desangran tu valentía, no tu egolatría urbana. Tu escoba sangrienta en mi balcón dispara mi desidia, mi tristeza con redes bigotudas. Piensatelo bien antes de poner tu pie en mi balcón, porque barrerás mi soledad y los comentarios callejeros cuando te muestres sin tu apariencia, sin tu disfraz, de niña Cenicienta. Los hechiceros de la noche te convirtieron en Cospedal de mala muerte. A pesar de eso, aprendamos a mirar de reojo a las señoras con incontinencia vomitiva. Aprendamos a fruncir los labios inferiores, zancadilleando el etilismo de la macarrada con placa sospechosamente tapada. Vistamos negro luto todos los dias, en busca de los bandidos con botellas en sus maletines. Seamos fugitivos con la cremallera descuidadamente bajada, con una doble sonrisa. Viajemos a lomos de una ciudad sin empedrado, en busca de ese encuentro siempre negado, siempre contaminado. Nuestro cielo se desparrama a golpe de azucarados recuerdos que ahora son ingratos, edulcorados. Desolado paisaje de antenas y de cables, de robótica humanidad.

Sabina2La noche que yo amo es turbia como tus ojos, larga como el silencio, amarga como lo que nos quema las neuronas. Nos picotean dos mil esquinas sin pasión carnivora, con la pedofilia de los penes rugosos, sin sangre. Esperamos tanto de la desolación nocturna, sin fichas de casino, sin graduación olvidadiza. Dame fuego y control para que la seriedad sea un vaso de té moruno. La delgadez de un papel de fumar es ese acelerador que nos mete el craneo en la lavadora para pisar el embrague no cautivo. Toda una vida de oficina y disimulo, toda una vida con la gente decente gritando la fealdad hermosa de los devaneos sin farola. De pronto un día el asfalto es de los valientes, y saliste a la calle para comerte el homigón con rimel de hermosura incontestable. Al echar a andar, el teléfono ardiente dijo ring, ring, ring. Tú nunca faltabas con tus senos con glandes presurosos, ignorando al príncipe que fuma Ducados, que tiene eyaculación precoz. No imites la gomina que sabes amoldar a mano derecha, son tiempos de rebajas sin comprador.

Sabina3Adiós mundo, adiós esperanza. No doy pasos adelante cuando mi copa huele a bromuro, cuando el cartón de tabaco huele a cianuro braseado. La cirrosis y la sobredosis con mancha, la ironía que antes eran dientes juveniles, valentía. Macarra al canto. Los tobillos nos los han desgastado los perros que buscan ese olor a moneda muerta. Sin temor, nos quedamos a la espera, con la vida entera por bandera, mientras el tren del pasado suelta carbón con pinta de vapor inocuo. Las tierras entre railes se carcajean, floridas, en busca de antiestamínicos con cuatro patas. No me pidas que levante los hierros antes de que suene el tren sin estación, porque cuando era más joven viajé en sucios vagones que iban y venían, sin camarotes, sin brandy. Llegaban a las paradas con colchones mustios, boyantes de semen absorbido, como resortes pornográficos que querías resetear con la suavidad del encuentro sin pan, con carne hambrienta. Extasiados, andaban de brazos de los extraños más consolados, los más extravagantes antes de caer la Luna pocha. Aún así, sé de ese amigo sin sombra, que se esconde en las azoteas para anular la contabilidad de nuestras esperanzas. No pierdas el tiempo conmigo, señor moralista. Huyamos del frío y busquemos en las tierras sin mercantilismo, donde sólo hay labios a precio de costo, a amor por abrazo. A trueque de sudor instantáneo. Apenas llegamos nos instalamos para siempre en las medidas de nuestros pliegues sin gimnasio, con las arrugas de la sal y el descuido generoso de los líquidos que emergen a partir del vaiven de niños-adultos. Gritos, azucar, sal, sabores de las uñas hasta los pelos con ataud, el recorrido del desengaño nunca cautivo. Nunca cumplimos años porque las fechas quedaron estancadas con un sol sin rutina. No teníamos costumbre de esconder la insolencia de esa desnudez que mata a otros hasta de lejos. Que vamos a hacerle, si nos gusta la rutina violenta que a otros escandaliza a la mínima muestra de carne lechosa, de puntitos con ganas de buscar cobijo procreador. Nunca entendemos el movil del crimen, a menos que sea pasionalmente político, escapando por pies cuando nadie entiende que el puñal es colectivo, que las ideas se hunden sobre la soberbia desabrida. El amor, en cambio, es preferible sin celos, sin hembras místicas que parecen haber nacido sin ombligo ni labios, plenas de impotencia rebelde.

Sabina4No soporto el dolor y busco un lejano país, fatigado, con todas las tonalidades bigotudas que trascienden los cuerpos esbeltos que nos hacen café a la mañana, sin churros, sin retrete estancado. Los sabios miran su geografía y no entienden por el odio que sentimos al repudiar la pasión de los humanos sin anillo. Los años que nos convirtieron en seres sin algodón y poliester encumbraron las sábanas más densas. El faroleo nos lleva a la noche sin ganadores, con la victoria permanente de la banca asexual, sin discipulos quejumbrosos, arrastrándonos a los rayos que queman la valentía bigotuda de las ratas limpias de la noche. Aún asi pedimos dos camas con ventanas al mar, trasnsparentes, con llaves silenciosas, saladas nuestras bocas podridas, sin nutriente. Nuestras nucas son rocosas como los picardías de barato que imprimen tentación sin punto G. Nuestros purgatorios están desolados, quemados con las pupilas de tanta inquisición anodina, de tamaña erección en el vacio de dedos con uñas que rascan heridas sin placer.

Y hasta aquí llegó la poesía del caminante que llenó la desolación rítmica de las suelas con baldosas a pleno pisotear. Quien sabe si nos da por gastar, más adelante, la acera con farolas y papeleras y neones con advertencias. Perdón por las conexiones. Gracias por la segunda parte que está cogiendo temperatura.

No tienes que temer…

… Los lobos muestran ternura al morder y,

ahora los oigo aullar.

(Marquesita, Nacho Vegas 2011)

En la sombras alevosas de la noche, estos aullidos políticos se han escuchado tarde, cuando la bestia acecha en los matorrales cercanos. Los dejamos avanzar sin medidas de seguridad, casi atrayéndolos con miguitas de carne sanguinolenta y ahora nos rodean, a destajo y a destiempo, armados con las zarpas de la inevitabilidad como recurrente disfraz de oveja despistada. Un susurro ilocalizable nos consuela con la posible apertura de estrechos senderos de escape por el norte y por el sur pero la esperanza se muestra incapaz de euforías poderosas, tanto más cuanto la obscuridad parte en dos la inocencia, los días felices, el sol que ya no prende.

Y, así, entre las sombras móviles, recibimos la primera dentellada. Un mordisco esperado pero fatal. El 30% de nuestro torrente sanguineo comenzó a regar el suelo yermo, desnutriendo las futuras cosechas ensoñadas. Ocho mil millones de mordiscos arrebatados que despiden la solidaridad exterior, el compromiso de nuestra aún sostenida opulencia en términos de proporción universal al garete tenebroso de una madrugada aún más desorientada, toda ella desprovista de rumbo. Se estrechan las vías de escape a medida que sentimos la somnolencia del desgarro, de la muerte suave pero inevitable que nos va retrociendo al signo fetal de ese retorno a la desesperanza. Un viaje de vuelta al ritmo de un cangrejo asfixiado, rememorando lo vivido con fotogramas que se vuelven a enrollar, visionando anticipadamente la tristeza de aquello ya hecho en lugar de la enérgica sorpresa ante lo que está por venir.

Dependientes ya de nuestra sobria misericordia, sin guías ni brújulas, sin sosten frente a la insolencia del destino social, aquella estructura que nace de las entrañas ciudadanas se convierte en lupus altivo que desprecia a los débiles, a los heridos en el desigual combate de la causa existencial. Un cero rotundo desplaza el abrazo solidario de nuestra creación, conquistada ya por extraños cuadrúpedos de alta tolerancia carnívora. No hay puertas en la noche que se ofrezcan a nuestras súplicas, demasiado débiles como para ser calificadas de reclamos. En cualquier búsqueda no ya de exigencia, acaso de honrada piedad, no hallaremos abrigo ni cura. Pensiones asistenciales, fomento del empleo y prestaciones por ausencia de actividad laboral reducen ese caparazón protector de lenta tortuga con ingenio superviviente. Barreras de acero, expulsión del falso paraíso. Justicia penal de pago, madres de obligado cumplimiento, impedidos a la puerta de la iglesia, óbolos penitentes dando gracias al capital nuestro dios.

Esta falsa ternura, esos rodeos de apariencia más felina a la hora de amilanar a la presa, no dejan espacio a la indolencia social. Aquí, en este tiempo en que el paisaje se ha transmutado en invierno boreal, todo estrellas sin luna, me adelantas que no todo va a ir bien, que sí tengo que temer. Ya no queda nadie en pie en esta defensa circular a tientas, nadie erguido frente a la lluvia de colmillos tan radiantes y certeros que sustituyen el brillo sano de las luces nocturnas para convertirse en flashes fulgurantes del ocaso como esperanza colectiva. Si alguno escapa con el ánimo en conserva, que ampute sus desgarros y abandone este exilio boscoso; que retorne al asfalto para no verlo transmutar en páramo. Que vengue nuestra derrota.