Cambio de marcha

Tras exitosos mítines por las principales ciudades del Estado, la maquinaria ciudadana de Podemos ha alcanzado el epicentro de la capital a toda velocidad, imprimiendo una marcha más en su estrategia política social con el objetivo de alcanzar la última meta: el palacio de la Moncloa. Sin embargo, esta multitudinaria “Marcha por el cambio” tal vez no haya avanzado hasta extraer el total de prestaciones que le permite su carrocería; resulta indudable que el encuentro ha sido un éxito, más allá del juego a doble altura de recontar asistentes para impulsar o frenar, según intereses, el número que importa, esto es, el que acabará dentro de las urnas. Aumentan las revoluciones, hay un cambio de marcha, el circuito parece moderadamente despejado pero, ¿se avanza por el sendero y con el vehículo inicial?

CambioMarcha1Para ser más hay que concretar menos, esa parece una odiosa clave política que se viene cumpliendo en cualquier escenario con derivación en lo electoral. Desde la irrupción de Podemos, como un torbellino, en los pasados comicios al Parlamento europeo, la exponencialidad de su crecimiento en intención de voto y sintonía social ha sido la nota dominante, tal vez a la misma velocidad en que la moderación en el gasto de la espontaneidad ha comenzado a hacerse eco en el silencio de lo concreto. Aunque no se puede discutir sobre el nivel de ataque desleal en lo democrático que ya están padeciendo de manera hemorrágica los principales dirigentes de la formación magenta, lo cierto es que ante un escenario como éste, más que previsible para politólogos y analistas sociológicos de la experiencia de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa o Iñigo Errejon, esquivar los golpes fuera del ring permite cambiar las reglas, pero no eludir cualquier arbitraje. El tiempo del reposo ha dado paso a la época de los eslóganes, por cada punto porcentual en aumento de los diferentes sondeos parece estancarse el ilusionismo político. Son los mismos acompañados de muchos más, parece que continúan idénticos postulados, hasta de cuando en cuando regresan para sintonizar sus “greatest hits”, pero de casta le viene al galgo desde que la criatura sociológica adquirió estructura de partido político al uso.

CambioMarcha2La cuestión es si esta populosa demostración de fuerza supone la cima sobre la que Podemos comienza a vislumbrar las atalayas institucionales a conquistar y, para descender a la conquista, necesita soltar lastre. Los mítines recientes de la pujante formación política ya se leen, con repicar de aplausos, al ritmo del eslogan: declaraciones estudiadas, mensajes publicitarios disfrazados de contenido político y algún que otro chascarrillo en prime time forman el verso de lo que en un principio fue ágil prosa. No es cuestión de entrar a valorar si tras la ilusión hay solución, sino si la vieja política no se estará instalando en la estrategia de aquello que aspira a remodelar los cimientos carcomidos un cierto conservadurismo estratégico, una sinergia involuntaria con todo aquello conocido para, precisamente, aspirar a sustituirlo. El pavor de PP y PSOE a estas mediciones sociológicas a ras de calle se encuentran acompasadas a la falta de capacidad para soportar reducciones notables en su acomodada colocación de cargos y colaboradores con sueldo público, pero en cuanto a formas de sustituir el liderazgo macropolítico, los partidos habitualmente gobernantes han seguido en diferentes momentos de la historia reciente discursos y tácticas similares. Critican lo que conocen, porque saben que funciona, si bien Podemos llegaba para ser y actuar de manera diferente. De otro modo, estar sin ser supone no una marcha por el cambio, sino un cambio de marcha, haciendo uso del freno-mano que no elimina el movimiento pero limita la velocidad. Habrá que ver si, de todos modos, el combustible alcanza para llegar al destino.

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Política de rápido consumo

FastFoodQue el invierno comienza a finales de diciembre, o termina en la esperanza de un año que comienza con promesas de cambio, es un ritmo que no puede más que enfriar el escaso ánimo, desandar cualquier atisbo de recuperación emocional en casa propia. Con algunos imputados calentando cerca del banquillo pero tan lejos del terreno de juego carcelario y millones de prudentes ciudadanos dispuestos a rasgarse las vestiduras al ver sus respectivos votos convertidos en carne de gran coalición, las perspectivas de cambio para el año 2015 son inversamente proporcionales al show de fast food político que se ha instalado en el prime time catódico, nueva forma de entretenimiento de saturday night live a golpe de contertulios ligeros de andamiaje intelectual.

De PagaInfantas a convidados de piedra, no hay peor ilusión que la que se tiene desde el desánimo, la que se sabe incumplida antes siquiera de proponerse. Los espacios temporales no dejan de ser etapas ficticias que vamos encajonando en la bitácora del trayecto socio-colectivo para que las estadísticas nos queden más ordenadas, con arrugas bajo el pantalón. Mayo y noviembre son dos estaciones de servicio en ese cubículo anual que tanto se ansía dejar montado antes siquiera de pasar por la planta de compostaje; la primera promete una suerte de 14 de abril del municipalismo, y los optimistas no dejan de soñar con un cierre de ejercicio que vire, hasta colocar el mastil en la dirección de los buenos vientos, vislumbrando en lontananza la prosperidad de esa misma sociedad que lleva más de tres décadas asolándose conscientemente a base de pompas de jabón macroeconómico que siempre estallan, que antes o después tocan la baldosa fría del fraude y estallan.

FastFood2Nada de eso importa, porque ahora, efectivamente, todos tenemos al alcance de un par de botones del mando a distancia el santo grial de lo que viene a denominarse debate político pero no deja de ser amarillismo gritón con rostros que parecían rigurosos. Periodistas, candidatos y toda suerte de mester de juglaría política dejan sonar sus flautines gritones hasta altas horas de la madrugada a ritmo de centella, todo en dolby stereo de rápido consumo. Así tampoco se analiza, se piensa, se encuentran esos nuevos tiempos, ese destierro de lo viejo, que tanto gusta enarbolar con los mismo condimentos de lo caduco, esto es, a golpe de eslogan, con prisas y engordando mórbidamente la sensación de que la política no es más que chillido en celo, histrionismo que vapulea la paciencia ajena, hasta dejar exhausto al paciente frente a la vehemencia que establece hilo directo con el oido hambriento.

Siglas nuevas, espacios que ocupan otros rostros, muy probablemente con sanísimas intenciones, comprende ese escenario tan prometedor para unos, desasogante para otros. ¿Cambios? Resultamos púberes para hacer realidad la modificación sustancial del daguerrotipo social. Es indudable que una amplia mayoría ciudadana lo desea, pero desde lejos, repochada frente al televisor con la actitud del espectador ante un clásico balompédico. Finalmente, si gana tu favorito tendrás una horas, unos días, de venganza victoriosa, pero que no te quiten lo bailado, aunque siempre salgas a la pista con el paso cambiado.

El rejuvenecimiento rugoso

PedroSanchez1Una renovación a las puertas de un museo, el surrealismo de las prisas sin equipaje a la vista; en definitiva, el rejuvenecimiento áspero en su superficie y al tacto político con el ph menos neutro posible. Desde ahí emerge la figura baloncestística de Pedro Sánchez, diminuta hace menos de cuatro meses y que, desde, por o para el aparato, ha aumentado internamente a una velocidad que riase usted de la exponencialidad electoral de Podemos. Pero ahí se queda, en lo interno, en lo doméstico y domesticado, tanto así que de los diecisiete puntos a los que se comprometió el político madrileño en su presentación como candidato nada ha tardado en conculcar el primero de aquéllos a los que ha tenido acceso, esto es, retrasar las primarias en su formación para elegir el candidato, el cabeza de cartel, el rostro que intentará mantener la pelea vacua en una política sin contenido.

Lo que es indudable es que con Pedro Sánchez ha desembarcado de manera definitiva y refinada el modo norteamericano de hacer política por estos parajes en desertización democrática. No hay más que ver el video propagandístico para animar su campaña interna en el PSOE, recorriendo aspectos de su intimidad más prescindible en el debate de las ideas, el que en cualquier escenario político se necesita: amigos de infancia relatando sus virtudes y esas pequeñas debilidades, tan tiernas en la construcción del liderazgo; una novia que recibió el flechazo instantáneo, irresistible, ante la presencia del nuevo Secretario General socialista, recordándote que si ella no pudo resistirse antes incluso de hablar con él, ¿Cómo vas a hacerlo tú, desorientado votante, que tanto anhelas abrazar nuevamente la rosa aunque tenga espinas?

PedroSanchez2Volvamos a los famosos diecisiete compromisos de Pedro Sánchez, la tenue sombra a la que todos los dirigentes socialdemócratas ahora se arriman en busca de tímido cobijo para que su arboleda electoral no se despoble, obligándoles a huir al mundo real, con el cambio policlimatológico que se avecina. Luchar contra la corrupción, primarias para todos, puertas giratorias atrabancadas, fin de indulto y aforamientos múltiples, reformas legales genéricas, etc. ¿Y dónde podemos encontrar el socialismo que reclama la ciudadanía, la búsqueda de condiciones laborales y de ejecución real de derechos y perspectivas sociales? No en su sonrisa, desde luego, porque el PSOE se encuentra sujeto a una mastodóntica maquinaria de supervivencia enterrada entre su poder ser y su ser real. Resulta evidente que una participación del 65% en sus bases de afiliados en un éxito de movilización, pero habrá que ver si estos lo han hecho también en la convicción que el cambio de cromos volverá a resultar higiénico para que su hogar político no se derrumbe y, más aún, resurja de sus múltiples cenizas ideológicas.

Desde IU y Podemos resulta bastante evidente su común regocijo por esta orientación en el aparato socialista, que parece preocupar en mayor medida al PP que a todo aquello que se viene gestando a su izquierda, cada día a mayor distancia de lo que sus siglas aparentan ocupar. No obstante, resulta paradójico que quien más le alabe también le tema, bien porque por un lado garantiza el equilibrio del bipartidismo por más que la primera decisión, nada meditada y muy en la línea efectista de la vacuidad programática, sea romper el pacto pro Junker, aunque también su aparente moderación salvaguarde el negocio pero pueda, desde la parafernalia del marketing político, pescar con cierta opulencia, por primera vez, en el caladero popular, siempre a salvo del pirateo electoral por más que Vox y otras cañas desorientadas hayan intentado asomar en río revuelto.

¿Quién ha sido quién en estas urgencias? Negar que el cataclismo de los pasados comicios europeos no ha removido, dentro de sus escasas capacidades, briznas de apariencia cambiaria en los mastodontes políticos es de un cinismo espantoso. Pero está claro que el Partido Popular postergará cualquier estrategia a la extenuación de su mayoría absoluta, mientras que tanto Eduardo Madina como Pérez Tapias ya venían siendo rostro de líneas que rumiaban otro panorama antes incluso que se certificara la defunción de la calma bipartidista. En cambio, será Pedro Sánchez, un obediente miembro del aparato tanto desde su responsabilidad en la Asamblea General de CajaMadrid como en la reforma express del artículo 135 de la Constitución, quien decore el futuro próximo de la socialdemocracia española. Su sonrisa ya ha llegado. Sus ideas, si las tiene, se harán de rogar.

Diaz abrumadorez

Tras varios diaz deshojando las margaritaz, Susana se ha dado cuenta que no tiene un ratón chiquitín, sino un roedor con los caninos afiladísimos que le espera con el lomo erizado justo al cruzar la frontera de Despeñaperros. Claro, con esas amenazas en lontananza, las hojas no tardarían en arrugarse al sol que ya comienza a desplegar sus rayos por la tierra andaluza, y Susana Diaz, tras ídem abrumadorez, con la presión de un partido desquiciado que sabe que quien controla la delegación sureña domina la elección a Secretario General vista la desbandada en la federación catalana, parece haber sido consciente de sus limitaciones a corto plazo. Por mucho Griñán, mucho Guerra, mucho Chavez y, sobre todo, demasiadas sugerencias González por radio, mar y televisión, ha recogido velas y, de Palos a Sevilla, ha puesto rumbo a custodiar sus riquezas, presupuestadas en diez puntos de rentabilidad obtenidas de manera indirecta, sin sangre, en las pasadas elecciones europeas a nivel interfronterizo.

SusanaDiaz1Es lo normal. Resultaría extraordinario, de una imprudencia propia de equilibrista, poco fértil en en las franjas de los grandes partidos, que un líder de volumen moderado, incipiente en su presencia pero con los hechos encapotados bajo los interrogantes, se aventure a saltar sin red antes de haberse amoldado a la flexibilidad del suelo elástico sobre el que suelen avanzar, habitualmente con ánimo vertical, a diferencia de la horizontalidad del resto de mortales. Aquí no hay triunfos, ya que ni siquiera el PSOE permite, con toda su mercadotecnia de primarias potenciales, del éxito antes de la apuesta, irrumpir al foro sin haber maniatado, paradójicamente, el aplauso colectivo con el volumen que se exige a sí mismo. Ante este panorama, Susana Díaz es rosa sin petalos maduros aún, y parece mantener a su albur los confidentes necesarios para no dejarse seducir por un liderazgo rodeado por cadáveres a todos lados del campo de batalla.

SusanaDiaz2Con la retirada del epicentro electoral por parte de quien parece construir su casa por el tejado más robusto de esa edificación socialdemócrata plagada de aluminosis democrática, se abre de par en par el panorama de la discordia controlada entre la ambición y la codicia; es hora de repartirse la fama de los restos, las sobras templadas, antes de que se convierta en putrefacción gélida, sin capacidad para nutrir aunque sepa y huela como sangre seca, dentro de un puño plagado de espinas impedido, rígido. Eduardo Madina, Pedro Sánchez y la candidatura folclórica de turno (Pérez Tapias y la Izquierda Socialista, tan llamativos en el anonimato, como si la izquierda dentro del centro se multiplicara al bramar, silenciándose al cohabitar en un rincón sin luz), se pliegan a sí mismos, se retroalimentan en la soledad de las alturas, ajenos a la exigencia de la militancia en desbandada que, casi despidiéndose, reclama para quedarse al postre que se pague a escote. Pero ni por esas, ellos se lo guisan y el plato, mohoso, tiene destino a la basura a la izquierda de las urnas; el delfín de Rubalcaba parece entender que diferenciarse, que la fórmula para hacer notorio su actual anonimato, supone una rebelión contenida pidiendo libertad de voto (el suyo, a lo sumo) para evitar abdicar al Borbón que ya se ha ido. Madina, por su parte, quiere el camino despejado del Congreso hasta el infinito, y poco más allá. Ser líderes es lo suyo, que de criticar la democracia de otras formaciones ya se encarga el departamento de comunicación y marketing correspondiente. Menos mal que para sus globales intereses, esas margaritas deshojadas no pueden ser podadas, o no hasta la raíz ya que la savia socialdemócrata parecer poseer los nutrientes indispensables para evitar a corto plazo el secano absoluto, y con eso ya se abonan de contentos.

La Corona sale al rescate del bipartidismo

AbdicacionRey1El Jefe del Estado se ha apuntado a la renovación, con sorpresa mayúscula para el conjunto de la ciudadanía pero a través de un pacto alineado con el Partido Popular y el Partido Socialista, protagonistas centrales del teatrillo que hoy estamos presenciando y que vienen dirimiendo desde principios de años para, juntos y revueltos, apuntalar sus comunes intereses en busca de la supervivencia en esta transición que desde las diez y media de la mañana ha comenzado. Y hablamos de renovación con la impostura que no tiene siquiera que presuponerse frente a situaciones del calado histórico que hoy se enraiza con el pulso de la ciudadanía, un latido efectivamente renovador, sin trampa ni Borbón, que viene exigiendo en mayor número, con un estimulante alarido exponencial, reclamar su liderato para aprovisionar el invierno socioeconómico que tanto escalofrío le viene provocando.

Mucho se ha comentado en los últimos años, fundamentalmente a raiz de la pérdida de respaldo ciudadano de la monarquía y sus elementos humanos, nada vigorosos en su intento biológico de aproximarse a la infalibilidad de postín, rodeada en su protección de trampas constitucionales bien puntiagudas, acerca del contenido normativo del Título II de la Constitución, su escaso desarrollo desde el vientre de la Carta Magna hacia el resto del ordenamiento jurídico, huérfano de una Ley Orgánica que hubiera dado contenido detallado a una Jefatura del Estado ya lesionada por su lejanía electiva, por su ausencia de respaldo certificado en tanto en cuanto levanta sus murallas desde un referendum global para aprobar un texto constitucional que a ver quien era el guapo que le hacía pestes con la polvora todavía humeante, presta a recargar tambores y apuntar a dar. Precisamente, una Ley Orgánica que ahora parece hacer acto de presencia como un fantasma corpóreo, que ha tejido sus sábanas desde el silencio de palacio con la misma celeridad que el bipartidismo imprimió a la reforma del artículo 135 del texto constitucional, y que mañana hará acto de presencia con el beneplácito de dos formaciones políticas, otrora mayoritarias, hoy con padecimiento de mengua representativa.

AbdicacionRey2La defensa a ultranza del equilibrio regio que aparecen en estas primeras horas de despedida juancarlista resuena a inmovilismo de segunda generación, atando y bien atando entre el poder que se siente desorientado tras su golpetazo del pasado domingo y el guia en decadencia un futuro que no les interesa si es el más propicio a medio plazo para el conjunto de la sociedad española, sino el de armazón con mayor refuerzo para sus respectivas supervivencias. De entre el articulado del mencionado Título II (antesala de los padrastros constitucionales en un curso avanzado de cómo autogestionar el poder eterno, recubriéndolo del espeso barniz que otorga el artículo 168 y su reforma agravada) sí hay un apartado que permite de manera automática demostrar a Felipe de Borbón definirse como el demócrata que su barrera de contención afirma que es: A través del artículo 62 c), nada más colgarse el cetro si los acontecimientos no le superan antes, puede convocar a referéndum en los casos previstos en la Carta Magna. Evidentemente, la decisión no resulta automática, ya que todos los actos que ejecuta la jefatura del Estado son actos debidos salvo un par de lindezas autopresupuestarias, pero sí le imbuye de legitimidad para, nuevamente, sostenerse en sus bastones partidistas, a derecha y izquierda, e impulsar el interrogante hacia la acera. Claro está que por vía del artículo 57.5 (Las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica) le queda más a mano, pero algo nos dice que esa norma que mañana va a desempolvar el bipartidismo, cocinada desde el primer trimestre, no va a ser muy preguntona.

AbdicacionRey3No obstante todo esto, no nos llevemos a engaño. La virtud prestidigitadora de la política que se derrite, la que sale tan poco a la calle que no resfría su capacidad manipulativa desde las alturas, habrá calibrado el ruido y entenderá que el fuego controlado será disparado con un debate monarquía-república inerte en el contenido, efectista como estrategia de despiste. Y, además, no se puede excluir en el análisis del interrogante de los plazos que Alfredo Pérez Rubalcaba está pero se viene yendo, y es la tercera piedra de estos Pactos de la Zarzuela necesarios (salvo que la fecha fuera aplazada hasta que Juan Carlos viera como monarca alzar al Real Madrid la décima, que cuestiones mas disparatadas emergen en el anecdotario historiográfico) para ese segundo encuentro normativo veloz y con el refuerzo cuantitativo imprescindible en las Cortes Generales que permitirán nuevamente imponer en silencio sus cábalas. Un alto porcentaje de la afiliación socialdemócrata no aplaude con tanta vehemencia estos chanchullos contrarios a uno de los espíritus básicos en la estructura sociopolítica que plantea su razón de ser, así que este triunvirato se las componía hoy o nunca. Y a Craso ya no le daban más cuartelillo.

Resultaría, por tanto, estremecedor que este artificio nuble la marejada que necesita entrar a puerto. La sociedad española viene reclamando ser cuestionada pero no como delegada, sino como protagonista del curso de su historia, siendo ésta la que lideran sus grupos ciudadanos con las renovaciones que la finitud vital impone a la raza humana. Hoy toca aprovechar este apaño fáctico para convertirlo en la legítima reclamación de como dar el giro que en mayoría nos propongamos. Mañana mismo tiene que ser la transición que le corresponde a nuestra generación.

 

Chalecos salvapatrias bajo el escaño

ValencianoCañete1A lo largo de las próximas dos semanas, todos aquellos que aún no hemos conseguido ser hastiados por la política-show que campa de cabo a rabo a lomos bipartidistas, teles arriba, periódicos abajo, tendremos que ser sometidos bajo palio a las estocadas sin punta, al machete de hoja acolchada. Elena Valenciano y Miguel Arias Cañete son muy suyos, lo que viene a ser muy de sus partidos, del establishment, y ambos, puestos en solfa, nos arengan con eslóganes demasiado acordes, tal vez hasta acordados. Nos despistan de manera despiadada tratando sobre asuntos que están en la pista de aterrizaje y sin combustible, tan lejos de Bruselas como de las entendederas que todavía nos quedan con algo de riego: que si viajar en business o en turista, si pagar dietas de taxi o tomar el tren-lanzadera… Las dos grandes estructuras empresariales que dedican su negocio a esto de la política parece que, bajo sus asientos, siempre acomodados en primera fila, no esperan encontrar más que un confortable chaleco salvapatrias que les aleje del riesgo del voto masivo y, de este modo, insonorice sus terrores con el mullido confort de la abstención.

Partido Popular y Partido Socialista observan el horizonte con ganas de abrazarse y dejarse de vainas. Todo ha sido tan dualmente traicionado por aseveraciones que van y vienen y nunca se cumplen pero se recriminan que el lobo hace demasiado que les ha mostrado las orejas, el rabo y la lengua. Se pueden seguir pagando encuentas con preguntas significadas, ocultar en porcentajes de gatillo fácil que el producto que vienes vendiendo huele rancio, salpimentarlo recuperando ingredientes que en estas citas incluyes para la receta si bien, una vez superada la velada electoral, olvidas su aprovisionamiento. Todo eso se puede usar en perversa lid y, de hecho, es más rutina que excepción. Pero lo que anima todo ello es, precisamente, a que acudamos cada vez menos al establecimiento, que ese porcentaje ya de por sí manoseado se achate y se triture para que los más de los menos mantengan el equilibrio en las cantidades; fuera de la cabina parlamentaria el frio no decae.

Y mientras unos piden con el tono bajito que les votemos bajo el argumento de que, ahora sí, ahora más que antes, ahora más que nunca, el futuro se decide con ellos como estandartes, el presente nos dilapida con muestras repetidas de discursos, revanchas y censuras que hostigan lo inmediato para que el poder, el objetivo último y único, nos despiste, precisamente, de aquello que debe ser reclamado a corto plazo. Monago y Fernández Vara, tan cerca y tan más cerca, tiran de amnesia embotellada para reactivar esas mismas batallas con pistolas de agua, y ese cruce de disparos despolvoreados difícilmente supone para la ciudadanía entender qué va a cambiar o qué se está protegiendo cuando el ruido se escucha más por palmadas propias que por bofetadas en pragmatismo ajeno.

Las democracias nacen, se hacen, se recuperan y se defienden hasta la derrota, pero también, y es el panorama más tremebundo cuando el amanecer se despierta con estas tonalidades, se amnesian desde la trinchera interior. Desde luego, desde estos dos reactores (PSOE y PP) que no se ruborizan por despegar en aeropuertos sin tráfico, que prefieren no repasar los niveles de combustible antes de ascender en descenso, mirar por el retrovisor significa coordinar sus respectivas rutas y confiar que no falle ningún motor más y la improvisación se reduzca a repetir las normas de seguridad para que no se nos olvide que el sistema pasa por ellos, que el chaleco no es un paracaidas, que en la diversidad llegan sus retrasos.

El jurisionista

Dadme una ley y removeré el sistema. Eso, mucho antes de afrontar una sala decorada de antemano para acoger una nueva sesión de prevaricación acelerada, debió programar el desterrado juez Elpidio Silva. Glosado y hecho. Hay que resultar un hábil prestidigitador del contorno procedimental más sugerente, haber recorrido todas sus eróticas curvas normativas, para presentarse como ese Merlín legislativo frente al desprecio de un juez que ni el mismo Brassens hubiera sido capaz de parodiar angustiosamente, con sus mandobles despreciativos a todo aquello lejos de su áltiva concupiscencia magistrada, y salir desde la primera sesión investido de una vitola dominadora, un ave no fénix jurisionista.

Elpidio1Es de una evidencia primaria que un juez que tiene sobre su estima y su esfuerzo haber obtenido plaza en primera posición de entrada maneja con versatilidad de brújula hasta la más recóndita servidumbre de paso  en los estrechos pasajes del derecho procesal. No obstante, el binomio Elpidio Silva-Conde Pumpido, supera cualquier mina antipersona que el sistema, encarnado en esta fase represiva en parcialidad togada, pudiera prever. La renuncia a su defensa, el ruego por parte de ésta de ser liberada de una carga inasumible por diferencias irreconciliables en la estrategia judicial, y la pronosticada suspensión, destartalada la calvicie desmelenada de Arturo Beltrán, ha situado el futuro inmediato de esta renovada farsa de dependencia de poderes en algo que sólo puede desembocar en granuloso espasmo social e institucional. Que a la vera, a la verita suya, María Tardón, ex consejera de Caja Madrid, se haya sentado sin propósito de recusar su mullido asiento ha aumentado los grados de la estufa que calienta un desenlace que, a buen seguro, va a marcar un hito jurisprudencial digno de ser recordado en las futuras facultades de Derecho, en aquéllos tiempos aún por llegar en los que uno, dos y tres no sean seis sino la suma sin resta.

Elpidio2Con el doble estigma que fue posado sobre los hombros de Baltazar Garzón debiéramos haber aprendido que de nada vale enaltecer los principios básicos de un supuesto Estado de Derecho cuando éstos, caso de la separación infranqueable de los poderes que lo conforman, se quedan en dogmas sin fe, sin ley y sin justicia. Segundo juez que le pone el cascabel al felino, segundo que sale de su selva para ser arrastrado tras los barrotes del zoológico de la democracia con adiós. En el primero de los casos, los medios de comunicación de amplio espectro, paradigmas de aspiración a convertirse en ese cuarto poder que no marca distancias sino que las estrecha, insistieron en que rompiéramos la yema sin probar la clara: rumorología de deficiencias en su labor instructora en casos de especial relevancia, con el resultado de impedir el enjuiciamiento de criminales peligrosísimos; ínfulas de star system agobiado por las estrecheces de su sala; sueños de grandeza política desde que se dejó abrazar por el electoralista oso socialdemócrata…. pero, ¿Quién puede recordar cuales fueron las consideraciones jurídicas que justificaron su punto y apartado de la carrera con rugoso ídem? Pues ahora estamos en las mismas, en la versión 2.0, mejorada por ambas partes en su refinamiento antes de descender la ladera del campo de batalla. El juez Silva, con 30 cañones de condena por banda, micro en pompa y a toda mecha, viene desplegando la máxima de que en el amor y en la guerra vale todo. Y más. Sus habilidades dilatorias trascienden el legítimo interés de coronarse eurodiputado en los comicios más previsiblemente fragmentados del largometraje, toda vez que resultan un hito argumental más para alcanzar su salvación y la de la justicia. Acercarse a la lejanía de sus inquisidores también aleja la guillotina de nuestros gaznates. Quedan unas cuantas palomas, a buen seguro, por salir de su chistera.