Desigualdad custodiada

La crónica periodística nacional ha tenido más titulares de los esperados en época estival, toda vez que lo afectivo transmutó un día, tras sin duda una sucesión de rabiosos desencuentros, en enfrentamiento familiar y, sin remedio, acción judicial. Así, agosto ha sido, con doloroso permiso del atentado acaecido en Barcelona, Rivas y Arcuri a modo de apellidos que se han convertido en posicionamiento social frente al tema, delicadísimo, de las separaciones con hijos y denuncias por violencia de género de por medio. Y es que los tribunales se han quedado en medio de un paso de peatones borroso, sus líneas mancilladas bajo el trasiego de cámaras de televisión, crónicas, artículos de opinión y, lleno de aristas, un juicio atestado de dudas razonables y pasión sobre legislación.

A día de hoy, los dos hijos menores de la pareja se encuentran en suelo transalpino, bajo la custodia del padre, mientras el sistema jurídico italiano tiene varias palabras que decir y su homónima ibérica se enfrenta a moldear penalmente lo acaecido a lo largo de las últimas semanas con sustracción de menores y tantísima retahíla, tan lejos de sala y a un palmo de los objetivos de los medios de comunicación que la crónica social ya se encuentra viajando de Maracena a Archidona, transitando Andalucía a través de historias paralelas, de esto no va conmigo.

Es muy del gusto masivo crear inocentes y culpables sin pasar por las facultades de Derecho, menos aún tomándose en serio el sustento psicológico que necesita abordarse ante hechos que no polinizan sin tragedia vital de por medio. Los platós han dictado en estos días que quién no llora, no padece, de la misma manera que la verdad no puede arruinarse con una butaca desocupada por familiar de tercer grado o vecino que pasaba por allí y que, sin lugar a duda televisiva, maneja todas las claves de una intimidad familiar que quebró, de un día a años en adelante, y lamentablemente ha volcado su sordomudez al gélido abrigo del prime time. ¿Inocentes, culpables? No hay largometraje de mediodía más sórdido que un serial con seres humanos que se saben frágiles, accediendo a un micrófono que no cuenta con botón de off.

Juana, hoy, está en su casa. Los hijos de la pareja, bajo supervisión de los servicios sociales de Italia, en la de su progenitor. El futuro de ambos debe establecerse desde los más rigurosos parámetros que las normativas nacionales y comunitarias fijan para estos asuntos, como el de miles de menores que se encuentran en la misma vulnerable situación. El ejemplo que se ha consolidado a lo largo del folletín del estío ha ampliado capítulos con Archidona como nuevo decorado. Sería buen momento para cerrar el guion y tomar las de Villadiego hasta llegar a la frontera del ordenamiento jurídico, poco propenso a rodearse de tertulianos y asesores que decoran el futuro que no es suyo a golpe de alambrada.

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Censura Po(r)etica

Cinco extremidades definitorias se extraen, a buen entendedor con sillón en la Real Academia Española de la Lengua, del término censurar. A la política, que es como la vida pero de puertas para muy adentro, le interesa su versión índice, desplegada en formato acusador, sin confitura ni salsas caramelizadas. La censura bloquea el tránsito de lo que está ocurriendo, sea esto aceptable o absolutamente incómodo para las mayorías que se posan bajo su manto; desaprobar no conlleva aportar alternativas, pero eso ya se sabe en una nación como la que cohabitamos, sino que llega desde y hasta nosotros en el formato más liviano: j´accuse.

Podemos, la formación política liderada por Pablo Iglesias, ha decidido presentar una moción de censura al actual ejecutivo nacional, es decir, advertir con carácter previo, que así de educado se estructura el mecanismo en sede parlamentaria, que va a transmitirle lo que hace de manera continuada en ese y otros tantos foros. Para tal fin, ha tomado por multiplicar el término hasta casi hacer pleno de acepciones en su conducta, ya que con esta estrategia política la formación morada ha ratificado que se ha formado una opinión sobre su adversario electoral, como considera que, con los nuevos casos de corrupción que han asomado a la opinión pública y judicial no lo considera legitimado para continuar ejerciendo como elemento garante del ordenamiento jurídico vigente; ha tomado, por lo tanto y evidentemente, la determinación de reprobarlo, tras presentar la correspondiente moción, vituperando formalmente la posición gubernamental y, como remate a la escuadra; ha hecho registro de su acción censora.

¿Por qué ni el gobierno de Mariano Rajoy ni el resto de grupos parlamentarios se toma en serio esta acción constitucional, que ya ha tenido dos réplicas precedentes, con idéntico fin al que sufrirá la presentada por Podemos? Fundamentalmente, porque censar algo o a alguien en el trazo ibérico es consustancial con la idiosincracia del común de los aún mortales a orillas patrias. Hordas de individuos, en cualquier aspecto de interés colectivo, se sitúan rígidamente en sus posiciones, como si aposentaran sus principios sobre puas y descargas eléctricas, para levantarse en armas contra todo aquello que provenga de la ribera contraria: Si aplaudimos un escudo balompédico, imposible criticar lo propio o ensalzar lo ajeno; tanto igual ocurre en cuestiones político-electorales, donde en lugar de ejercer esa censura previa que no ha de pasar, obligatoriamente, por cambiar de bando, se mantiene el fanatismo a las siglas, huela como huela la papeleta de turno.

La moción de censura que se debatirá, próximamente, en la Cámara Alta tiene mucho de poética, si bien se argumenta su presentación en cuestiones puramente éticas. Todo es un teatrillo sin andamiajes, sin cobertura. La acción no prosperará, pero ya ha hecho que las tramoyas se pongan a pleno rendimiento para ir descolgando los escenarios actualizados con motivo de este cambio de guion. Sin apuntador a la vista, y con demasiado verso donde la prosa estancó hace mucho sus puntos y comas, aquello que se recite en el hemiciclo a lo largo de la sesión censora tendrá menos consistencia que los titulares, replícas y contrarreplícas que, desde ayer, entretienen al respetable como de costumbre: contando lo que ya sabemos, haciendo para no hacer nada.

Carolina, descansa

CarolinaBescansa1…. Por mucho que se empeñen en ubicarte en el centro de una hipotética polémica planificada con diurnidad y alevosía, que permite proyectar en claroscuro esas sombras que quedan poblando la Cámara, aunque sea con traje corbata, pajarita o broche al dorso. No eres tú, ni tu retoño, quienes provocan jaqueca en la bancada grisácea, ésa alrededor del arco iris que significó, reluciente, nuevos mensajes, formas frescas que humedecieron la emoción de millones de ciudadanos al rodear emocionalmente el Congreso sintiéndolo parte del paisaje propio. No, Carolina, tu presencia maternal en el hemiciclo en realidad significó alegría de la buena para la demagogia oficial, encantada de tener un elemento de distracción con tan buena resolución de pantalla. Eso, unos cuantos peinados de nuevo cuño, y ropajes coloridos aquí y allá, el séptimo arte del populismo patrio ancestral, diseñado al detalle para situar en primera línea todo aquello que se encuentre en las antípodas de la actividad real del poder legislativo.

Dicen que tienes guardería a mano, como si la posibilidad de delegar el cuidado de los bebés, desde el momento que existe la oferta instrumental, se convirtiera en obligación. No aceptan el colecho, o la lactancia materna a demanda, porque las moderneces ya las enterraron las muy progres diputadas socialdemócratas a mediados de los ochenta, y de ahí su indignación más acusada, si es posible, que la de las muy nobles señoras de la bancada popular. Y, para rematar, pero esto tú ya lo tendrías más que asumido antes de aparecer carrito en ristre al salón plenario, que eres una privilegiada por poder hacer lo que millones de madres trabajadoras lo tienen impedido en sus respectivas responsabilidades profesionales. Como hubiera dicho el ínclito Carlos Fabra, pero en esta ocasión con auténtico tino, “No han entendido nada”.

CarolinaBescansa2Las acciones extraordinarias tienen particular sentido cuando se realizan en aquellos escenarios con mayor público alrededor. Más allá de que, siguiendo tu trayectoria profesional sin tener que bajar siquiera de la corteza, sea público y notorio tu forma de entender el cuidado y crianza de tus hijos, lo que aleja la excepcionalidad teatrera que quieren colgarte los juzgadores profesionales de viga ocular acusada; mantener esa hermosa rutina de autonomía decisoria en una fecha de simbolismo trascendental sí genera un debate desde la imagen hasta la palabra. No sólo de proposiciones de ley vive el congresista. Millones de hombres y mujeres en este país se están planteando por qué su manera de organizar el equilibrio, casi siempre decidido por otros, entre familia y trabajo, ha de ser un trauma, una manera de desarrollar esa etapa esencial de la existencia que les mantiene ansiosos y con el sentido de culpabilidad permanentemente latente. Es notorio que resulta minoritario la posibilidad de disponer de un centro de cuidado de los hijos de carácter público cerca del hogar o el centro de trabajo, no hablemos ya en la propia empresa; o que la conciliación a través de las nuevas herramientas tecnológicas permiten, con la voluntad necesaria por ambas partes, rediseñar horarios y rutinas conciliando ambas realidades. Y para todos aquellos que, por la propia naturaleza de su acción laboral, esto resulte imposible, nada impide volver a pactar el mapa de derechos y obligaciones, de tal manera que esta cuestión se resuelva, de la misma manera que en fechas pretéritas se superaron conflictos que hoy pueden resultar sorprendentes, como el tiempo descanso, los permisos vacacionales, la protección in itinere o las jornadas laborales.

Podemos tendrá que presentar propuestas para pasar de los hechos a las palabras, es evidente, pero a su vez la discusión ya está en la calle, y si con gestos se abre un nuevo escenario en el que la política sea titular permanente en las conversaciones ciudadanas, de abajo hacia arriba, bienvenidas la nuevas formas. Mientras tanto Carolina, descansa, que la furia de los contrincantes no ha hecho más que empezar.

Tensión política no resuelta

TensionPoliticaNoResuelta1Si algo nos ha dejado el paso de la última ventisca electoral es, salvando la sonrisa nueva y excesiva de Pablo Iglesias a lo largo de sus medidos silencios, un paisaje tirando a mustio en el resto de las principales comisuras políticas. ¿Es para tanto? Pues probablemente, no. Ahora bien, para los que ya llevan unos lustros cotizando a golpe de escaño les resulta más complejo modular sus apariencias frente a lo incómodo, que no es más que hacer de su capa un sayo, y de su responsabilidad, virtud negociadora.

Hay varias cuestiones que, por las premuras reales que marca esta etapa hasta la conformación de las Cortes Generales y, por ende, la rampa de salida para intentar alcanzar un acuerdo que permita desde el poder legislativo embrionar y dar a luz a un ejecutivo semi estable, dan respuesta a esos labios poco dados a airear sus quijadas gozosas. No obstante, como todo huele a navideña novedad, en cualquier minuto pueden variar los rostros, tornar la melancolía en alivio; la angustia, en desahogo. De lo que no hay duda es del triunfo sin paliativos del tercer clasificado en esta embestida de lo nuevo frente a lo viejo, signifique lo que signifique tal alquimia parlamentaria como han parido los recientes comicios: Podemos ha encajado sus 69 avanzadillas entre dos frentes tormentosos, aquél que pretendía irrumpir con viento de cola pero se quedó encallado bajo los acantilados de la realidad sufragista, y la gran borrasca que no se sabe si se mantiene con dos núcleos convectivos o, por el contrario, se anima definitivamente a transmutarse en huracán. Para la formación morada esta inestabilidad alimenta sus planes a medio plazo, que no se satisfacen con esa actual presencia institucional, ni mucho menos. A su lado, el PSOE sobrevive tan huesudo que hasta prefiere remojar sus resultados en una suerte de divertimento interno, consistente en una ruleta rusa a puerta cerrada cargada de discusiones: candidatos, pactos, congresos, fechas…. rostros.

TensionPoliticaNoResuelta2Nadie enseña del todo sus cartas, todos lanzan sus órdagos, porque son conscientes que la cuadratura del círculo es el más sencillo de sus respectivos galimatías. Menos el juez, ese árbitro que nunca se ha visto teniendo que utilizar el silbato ni para anunciar el arranque. Para todos aquellos que se encargan de restar responsabilidad efectiva a lo que su predecesor hacía casi sin levantarse del camastro, Felipe VI ya ha dejado claro que por sus actos lo conoceréis. Las huestes podemitas pueden haber superado la muralla, pero no va a esperar quieto a que alcancen el torreón y, así, para todos los que continúan en el desconcierto por un supuesto error estratégico a la hora de seleccionar el decorado de su tradicional discurso de natividad, es más que probable que sea todo lo contrario. Atrincherado desde el Palacio Real, sus palabras dijeron que ese boato es de disfrute colectivo, pero los tiros de cámara afirmaban que se mira, pero no se toca. Desde las alturas, que el resto no deje el subsuelo a medio limpiar, a medio deshacer.

Lo que resulta harto evidente, desemboquemos en estrámboticos laissez faire, laissez passer políticos o en elecciones anticipadas, es que tanta rigidez facial destila tensión política no resuelta a espuertas y, más pronto que tarde, tendrán que deshacer las sábanas y descorrer los visillos. Ya se verá si desde la suite presidencial o desde un motel de carretera.

Si lo sé, no pienso

Silosenopienso1No levantar la mirada del desánimo, tan en todas las letras e imágenes que vienen y retornan, trae estas desazonadas cuestiones. Por ejemplo, si un Estado cuenta con la propiedad plena de una compañía de telecomunicaciones, rudimentaria pero monopolística, lo que asegura pingües beneficios casi sin necesidad de innovar y ser innovado, ¿Qué le lleva a deshacerse, precio de mercadillo aparte, de su prístina oportunidad para abastecer presupuestariamente a otros sectores, deficitarios en su esencia y sin remisión? Libre competencia, dicen que alguien comentó que así se llamaba en tiempos del Fausto de Adam Smith. Pero aunque la flor se mantenga lozana en su primer vuelo, el adiós al fértil tallo no hará sino asegurar que le ronda lo mustio, el fin del color. La vuelta al negro y negro.

De una compañía de telefonía con esguince leve de eficiencia (mercado que fue mutando hasta contar con nuevas extremidades en forma de dispositivos móviles, conexión a internet, televisión a la carta, etc) pasamos a cuatro con diferentes niveles de rotura de ligamentos, cruzando entre ellas sus respectivas lesiones, enredando entre cobre, fibra y demás tiranteces el oligopolio del absurdo. Y poco a poco, fusión a absorción, las quejas pasaron de las cuentas de resultados corporativas a las facturas de millones de usuarios. La farsa de la competencia permanece, pero el control real de este mercado en una sola insignia, casualmente la misma que vino del fondo común a la mansalva privada, es moneda corriente. La diferencia, que esos multimillonarios ingresos ahora se reparten de acción en acción, de aquí para allá, mientras el Estado cuadra cuentas a costa de fondos de calcetín roido. Y no levante mucho la voz, que a lo mejor el santo grial de este juego de pocos para uno se percata de su pujante pobreza y le obliga a seguir siendo competitivo vendiendo algún aeropuerto. Mientras sea el de Castellón….

Silosenopienso2Tanto dar vueltas al innoble arte de reflexionar en voz ronca agota que es un primor, así que nada mejor que airearse con las ventanas del coche bien abiertas y ¿Qué demonios? con el cinturón bien recogido, lejos de la incomodidad de torso a ingle. A fin de cuentas, ¿Con qué derecho viene el Estado que todo lo vende a querer regular mi potencial muerte, elegida desde la inconsciencia más privada? Si me dedico al deporte de rotura de lunas estilo ariete clásico, problema mío y nada más que mío. “Ojo, egoista conductor”, me inquirirá la DGT, “que sus mutilaciones, secuelas, fenecimiento en última instancia, es abonada por todos en solidaria comandita, vía Seguridad Social. Aténgase a las normas para no empobrecer más las arcas públicas ni colapsar la sanidad de su Comunidad, seguramente deficitaria”. Que gran verdad. ¡Gracias, Estado hermano, sanador prematuro de mis humanas imprudencias! ¡Odas a ti, Protector anticipado de las turbulencias de tus ciudadanos atolondrados! Ahora, aplícate el cuento y prohibe de una humanitaria vez tantas y tantas barbaries que se suceden durante la canícula cerebralmente tenebrosa, a lo largo y estrecho de tus pueblos y villas. No permitas que miles de mamíferos superiores, pacíficos y sin capacidad de decidir su participación en ningún tipo de afrenta carnicera a su vida e integridad, sean utilizados como juguetes de muerte, víctimas abrasadas por la obcecación colectiva de reafirmar su ancestralidad sanguinaria. Y, mientras humanizas tu carcaza para abandonar tantas excusas de tradición sobre civilización, no me vuelvas a hablar de responsabilidad en ningún aspecto de mi libre albedrío al mismo momento que facilitas decenas de muertes y lesiones humanas previa al irreversible sacrificio del único que entra sin pedirlo, que se defiende sin ser reconocido por ello. La crueldad aderezada por esa concatenación de irresponsabilidades, desde el poder público que financia generosamente estas atrocidades, hasta los miles de “gallardos” novicios que se lanzan a multiplicar el terror del astado. Y cuando unos pocos, estadística inevitable, fenecen o quedan malheridos de gravedad, se convierte en noticia como si el toro apareciera de la misma manera que ese pinchazo a noventa kilómetros por hora. ¿Y ese doble coste, el de nuestra barbarie social y el de la víctima voluntaria en el fervor de la sangre, quién lo paga?

Silosenopienso3Basta de dar vueltas, de seguir dudando alrededor de la propia duda, que podemos dar un volantazo de esos que hieren con sólo sentir el derrape bajo las neuronas. Mejor continuar acechando este mes de agosto lejos de los arrumacos de la contradicción que supone perseguir lo equilibrado. A la playa, pues, a escote, con amigos, tirando del poco dinero que el menudeo de este capitalismo nuestro nos permuta en algún rincón de las comisionadas cuentas bancarias. Claro que, pensando sin querer hacerlo pero nuevamente un poco, a ver de qué manera uno se tumba en la hamaca sin ser visto por los prismáticos del periodismo riguroso. Mal está gastar lo que uno bien se gana, y peor aún si lo hace tras cometer la osadía de ser político de paso con la pensión a la vista de todos. Faltaría que los que van de Luxury Resort imPúnicamente vayan a permitir que se extienda la costumbre de proveerse de asueto contra el pecunio propio. Desde luego, está visto, mejor no salir de casa. Mejor aún no salir del sueño. Si lo sé, no pienso.

Apego a lo viejo

ApegoViejo1Las huestes de Podemos han anclado su rumbo político y electoral a base de dos ideas-fuerzas que, como buenos eslóganes, se van quedando en el regusto del elector, con más o menos dulzor en función del respectivo paladar. La primera clama por devolver el poder a la “gente”, como si en alguna ocasión de nuestra ominosa historia como Estado-Nación tal cosa hubiera sucedido. Ahora bien, háblese de retornar o de entregar por primera vez dicho don a la plebe, lo realmente sustantivo del mensaje es apelar al colectivo a través del término “gente”, si bien pudiera parecer a primera vista desdeñoso en comparación con el más elegante, y de mejor tallaje, término “ciudadano”. Hace bien la formación liderada por Pablo Iglesias en la elección, toda vez que en terreno ibérico hay poco hombre y poca mujer que se sienta tal cosa, como si eso fuera socialmente tan sofisticado como ir de compras a Nueva York por navidad.

El segundo mantra de la corriente violacea ha sido, sin duda, el que ha encontrado más titulares durante la campaña electoral recién clausurada en Andalucía: la diferencia entre lo nuevo y lo viejo. Y ahí es donde Podemos se dispara algunos cartuchos de perdigones de tobillo electoral para abajo. Cierto es que Susana Díaz o Juanma Moreno Bonilla (sí, al menos el popular ya ha conseguido que algunos nos hayamos aprendido sus dos apellidos de carrerilla, algo es algo) poseen más arrugas institucionales de las que sus supuestas mocedades aparentan, sumando respectivamente casi veinte años de recorrido en cargos públicos de Madrid a Sevilla, pasando incluso el segundo, como su ex compañero Bárcenas, ruta por Cantabria. De este modo, cuando los andaluces despierten mañana, ambos todavía estarán allí, al pie de las urnas, sesteando plácidamente.

ApegoViejo2No obstante, ¿Quién le ha dicho a Teresa Rodríguez y al círculo de acción ideológica podemita que el español es tendente a desembarazarse de lo viejo? En un país donde a los infantes se les pretende, década tras década, animar a la lectura a golpe de El sí de la niñas o La Regenta, de prosa ininteligible para el impúber digital, en lugar de introducirles la letra sin sangre, en su lenguaje; o donde aquél que realiza sus tramites con la administración pública haciendo uso de las citas previas on line parece poco más que un robot venido del futuro, no parece que se pueda hacer acopio de novedades, todas juntas, como si lo rancio fuera de cotidiana transacción social por ausencia hasta ahora de vanguardias prestas a liberarnos del acopio de moho vital.

ApegoViejo3En realidad, el cerebro vivaracho de Íñigo Errejón y cia. tiene presente esta realidad, más allá de las manifestaciones públicas que se realicen. Y eso es así porque Podemos es más que consciente que con el perfil de votantes hasta treinta años, urbanitas, y usuarios ardorosos de su transparencia digital y su comunicación social media no llega ni para una treintena de escaños en las generales, qué decir por tanto en unos comicios, los andaluces, con tal cantidad de voto pensionista y rural. De ahí que lo viejo esté tan presente en el hacer electoral de Podemos durante esta pasada campaña, tomando la representación más elevada en su permanente llamamiento a los “abuelos y abuelas” que, supuestamente, tanto han dado y tanto esperan recibir en fardos de libertad, derechos y expectativas; y clausurando esa dicotomia entre el verbo y la carne con el multitudinario mitin en el muy viejuno velódromo de Dos Hermanas, escenario predilecto del PSOE de la rosa marchita, con una puesta en escena que bien podría asimilarse a cualquiera de sus precedentes en la post transición nacional, repleto de frases cortas, espera de aplauso facilón y autobombo inmisericorde. En España, duele temerlo, no ha habido generaciones caracterizadas por echar al cubo de la basura el osito de peluche de la mocedad sin lágrima; las casas se encuentran repletas de cajas de zapatos apiladas con sus interiores llenos de cachivaches “por si alguna vez hace falta”. En esta España, tan joven y tan vieja, Felipe González pareció en 1982 una nueva perla de la cantera cuando llevaba veinte años corriendo la banda política. En el país que dijo modernizarse por hacer cuatro autopistas, unos pocos puentes y vías ferreas a golpe de comisión y ayudas estructurales comunitarias, las papeletas de mañana tendrán el mismo diseño que las primeras que empuñamos tras la muerte de la bestia dictatorial. Por algo será.

P.D.- Buen viaje, admirado Moncho.

Atajo a mano derecha

Ciudadanos1La resaca acuosa del efecto Podemos parece que comienza a replegar olas, a paso lento e inseguro, si bien resultará imposible secar la humedad de su inserción hasta el centro del panorama político aunque su oleaje no sea finalmente tan hidrogenada como podía preverse. No obstante, de la misma manera que un terremoto, las réplicas vienen para intentar quedarse, y ahora le toca el turno a aquella que pretende atajar en línea recta pero con el intermitente derecho avisando de su maniobra más inmediata. Desde la Catalunya más divergente, den la bienvenida a aquellos que han tomado la nacional sin peajes hasta el ecuador geográfico y político del Estado español: ellos son los Ciudadanos tan del futuro que no llega como una azafata de Neutrex, sin bandera, sin ideología, sin complicaciones. Listos para consumir, éxito de ventas.

De cabo de Gata a rabo de Finisterre, parece que las huestes de Albert (¿O ya se habrá transmutado en castellano Alberto?) Rivera han esperando la resaca de las ventiscas populares para hacer suyo el paisaje decolorado de una política marchita. Podemos ya se ha encargado de recolectar todos aquellos frutos electorales ansiosos de ser engullidos al albur de la primavera política, pero parece que la analítica sociológica, desorientada del edén parlamentario, obviaba a aquellos cientos de miles votantes conservadores y liberales tan alejados de rejos, monedas y coletas que también se encontraban marcando el número de emergencia electoral.

Ciudadanos2Rajoy y los suyos parece ser que han perdido un tiempo exquisito en recolectar pruebas irrefutables acerca de lo lejos que pone Íñigo Errejón a redactar sus trabajos académicos o la indigestión que le provocan a Pablo Iglesias las ostras con perlas mientras Rivera enviaba a Garicano y Conthe por el flanco derecho, desguarnecido en la confianza de mantener firmes unas garitas realmente agrietadas, cuando la cauterización electoral se encuentra acorralada por una especie de hemofilia de confianza. El Partido Popular se ha equivocado de enemigo, y hasta tal vez ha llegado el momento de arrepentirse en su estrategia de ignorar la necesidad de hacer bueno el desvalor de tu antiguo enemigo si no quiere que la supuesta gran coalición pueda quedarse en coqueto pacto de esquina. El naranja ha venido para quedarse, y sabe en qué herida debe escarbar si precisa alimento. De este modo, pocas tonalidades van quedando en un arco iris que ha dejado, definitivamente, de resultar bicolor para ese estrabismo político que la ciudadanía hispana ha tenido a mal soportar. Si los semáforos del sentido común hablaran…

Ciudadanos3Parece evidente que la geopolítica nacional no va a dirimir sus múltiples controversias electorales en cuestión de debate, sino de plazos. Abierta la veda por las legiones violetas, da la sensación que la corriente magenta se pasó de frenada, llegando tarde a su quinta marcha, mientras el múltiple trazo verdoso se ha ido dejando potencia colorida por la obsesión de ser cola de microbio casi desde que la democracia sufría su primer acné en forma de comicios. Azul y rojo, tanto monta y monta ahora tanto menos, resultan incapaces de entender sus respectivas pinceladas en la mezcla de la paleta representativa y, finalmente, ese cocktail que va desmenbrándose de las apariencias primarias ha tomado forma naranja: Los últimos tal vez sean los primeros o, al menos, los más veloces en la curva definitiva de este futuro político incierto.