Ser un buen español es…

… No tener pretensiones de agredir, vejar, insultar, vilipendiar y cualquier actitud en primera conjugación infinitiva que suponga salir de mala baba y, al cruzar esa frontera entre la puerta del hogar y la acera española, buscar enemigos en lugar de un rayito de sol invernal.

Ser un buen español es ir hasta la frontera del pueblo de uno, de ese uno y bueno español, del barrio de uno (otro uno, o el mismo, algunos pueblos ya tienen su enjundia y hasta su dimensión territorial tensa), de la provincia o Comunidad Autónoma de uno (mejor si esta no es uniprovincial, porque entonces vamos a lo que vamos y llegamos al mismo sitio), y darse cuenta que no está pintada, que no hay nada más maravilloso que un vacío lineal, no así natural en forma de tierra yerma, riachuelo más o menos mercurizado o, sencillamente, un arbol tras otro. Y, al llegar a ese límite entre sus valores y los de los cafres (eso piensa usted, si continuamos el rastro supositorio, o de suposiciones) que habitan al otro lado, se dará celerosa cuenta que no existe allí y aquí, que no tiene muy claro dónde y por qué han puesto, a suponer, un cartelón de “Bienvenidos a Piedra Las Cañas de la Medianía”. Y, si mira bien y da la casualidad que la trashumancia se vuelve a poner de moda rural, a lo mejor hasta se percata que la antropomorfia y algunos otros rasgos del sapiens sapiens tienen la manía de replicarse allende su urbanización.

Ser buen español es no andar todo el día torturado con ese pensamiento bellaco de que los que vienen por mar andan con el animus robandi por encima de valores clínicos (Y cívicos. Si los suyos andan por los derroteros de la línea anterior, le sobraría la “l” del primer valor o le tocaría sustituir la “V” del segundo) recomendados. Recuerde, compañero de DNI, que no en todas partes se vive tan bien y con tanto bar cerquita de casa (Y del trabajo, y del super, y del ambulatorio…), en algunos sitios hasta les da por matarte por tonterías, torturarte por echar la tarde, arruinarte la vida por un quítame allá esas tierras con coltán debajo. Y que millones de buenos españoles como usted tienen al tío de América, que no dejó herencia pero sí un montón de historias de emprendimiento, sinergias positivas, y branding laboral a punta de pala. Pues eso, que los que arriban verá que también quieren formar esos relatos a sus próximas generaciones, trabajando tanto como los demás y, a poquito que pase el tiempo, acercándose al bar ese tan majete que estaba al lado de… de todos lados.

Ser buen español es no ponerse a trastear hasta la propia bandera del español. Deje esas águilas para los estandartes de Juego de Tronos, no sea impaciente por ver la temporada definitiva. Si tanto nos gusta la Constitución, que la tenemos leída y releída, recuerde que la sacrosanta y poco manoseada Carta Magna nos cuenta como va eso de los símbolos patrios allende el año 78, con sus coronas, sus columnitas, y todo el tuneado propio de las cosas del país democrático en el que usted cohabita.

Ser buen español es serlo sin pensar que se es bueno, sí, pero también mejor que otro buen español. La mejor, única, manera de ser un ibérico o insularizado por mediterráneo o atlántico (norteafricano de ciudades autónomas aparte) de pro consiste en pagar los tributos que correspondan sin poner cara de yogurt con bifidus activado a control remoto y cumplir esas normas que sí, que son muy de esto o lo otro, pero que están aprobadas, ratificadas, sancionadas, promulgadas y publicadas y todo esto, en plural normativo, desemboca en que está requetebien hacerles caso.

Ser buen español no es incompatible con querer cambiar su bello Estado, válganos Quevedo y qué menos. Proponga pero no disponga. Colectivice sus pulsiones, pero no amedrente; vacile, pero no se mofe. Una mano de pintura siempre está a la vuelta de la brocha en el curso de la historia de naciones y comunidades de vecinos, pero recuerde que siempre necesitará de otros millones de buenos españoles y, de paso, si cuenta con debatirlo con esos otros millones que no están por la labor, miel sobre hojuelas.

Porque ser buen español tiene truco: Pruebe a ser un buen tipo/a y verá como la cosa cuaja.

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