A la rica previsión

Acérquese, oiga, que tengo dispendios de viva voz para todos los gustos. Desde hace un lustro me dedico a levantar la voz de cuando en cuando, como un sigiloso ratoncito enteradillo, y alargo los presagios sin enseñar las extremidades. Diríase que especular es buen antídoto para el vaivén colectivo; reparte esperanzas, que buenos somníferos sociológicos quedan. Si, total, quien se acuerda de las buenaventuras pasadas unas cuantas bofetadas de realidad aturdidoras. Cada día tienen más dedos, más rigidas, más ferruginosas. Más hirientes. Pero, que más da, se nos cae la piel facial a tiras y seguimos, con la otra mejilla, la que siempre queda como rostro de arlequín, vociferando que ni una más, que hasta aquí hemos llegado.

Previsiones1Esto de los pábulos macroeconómicos, con pinta de envite sin rival, se cotiza la mar de bien cuando las pagas vienen mal dadas, peor encaminadas, demasiado torcidas. Cualquier análisis que tenga como objetivo de titular clásico necesita adquirir en su relleno dos aspectos indispensables: esperanza y relatividad. Sin el primero asuma que será relegado al ostracismo periodístico o, peor aún, será despedazado por antipatriota que no tiene ni jota ni cualquier consonante con valor en la báscula de la inmediatez. El segundo, por el contrario, supone la parte artística una vez superado el primer escollo a la hora de ganarse la vida con la derrota más que segura; da igual que la pendiente no vislumbre ni un pedrolo como saliente con pinta de áspera área de descanso, es fundamental caer con un cojin mullido que evite fisuras traseras, que exporte esperanzas en el precipicio. Cierto es que cuando la pendiente llega a tal grado de desnivel que una prótesis es retirada por falta de fondos en el espacio sanitario colectivo, por ejemplo, y somos casi incapaces de vislumbrar agua al final del barranco (siquiera eso), la labor del prestidigitador social supone un Tourmalet sin pedales que, a primera vista, vaticina un costalazo entre árboles picudos. Nada más lejos de la realidad; el exégeta con tres vasitos rumia una bola, un dado sin números, un cromo que saltimbanquea, lo que sea con tal de mantener el circo ambulante de las falsas promesas. Y rueda, y rueda.

Previsiones2Si desempolvamos las mentiras de todos los que continúan levantándose con corbata de rayas, como si el tiempo no pasara por ellos, y se saltan los galgos de la realidad a base de elucubraciones que a saber de donde salen, podemos remontar con cierta desesperanza nuestras primeras pacificaciones al verano de 2008, cuando el FMI aseguraba que España sería el primer Estado de la zona euro que escaparía de algo que ni siquiera era crisis, sino una leve recesión casi como antídoto puntual para coger impulso. Pues como no fue pero nada pasó, las mismas previsiones tomaron gusto por alocarse a la hora no sólo de inmunizar la tragedia, sino que se prestaron a aventurar escenarios a corto plazo con salsa para tomar pan, mojar, y chuparse los veinte dedos. A mediados de 2013 efectivamente paladeamos las huellas dactilares a diestra y siniestra, pero en busca de los restos del último alimento, sobreviviendo a la espera de la siguiente mentira que sacie nuestra derrota. Esa es la realidad de la mayoría silenciosa, la que a Mariano Rajoy le encanta no ver siquiera en las urnas, mucho menos en las aceras. Y se quedan, calladitos, esperando que el debate del sábado noche grite por ellos el hartazgo por no escuchar una nueva previsión somnífera.

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