La explosión que no consta

BA4yqbcCAAEde6Y.jpg largeHasta cuando emergen a la luz pública hechos de una corrupción incontestable, tanto por su volumen pecuaniario como por su diametro incubrible de podredumbre ética, ha de transcurrir el reposo de los titulares y los análisis para cerciorarnos de que ni lo más negro deja de desteñir, de perder la obscuridad que parece indeleble para dejar pasar falsos tonos con brillo excusatorio, de colorada y fingida ignorancia o, a lo sumo, de la más diversa paleta de colores de camuflaje.

Para empezar, esa certidumbre con que todos obsequian al diario El Mundo al haber supuestamente destapado la exclusiva debe colocarse, cuanto eanos, entre mullidos almohadones. La cabecera que dirige Pedro J. Ramírez ha canalizado en el pasado importantes filtraciones con el objeto de revelar una apariencia de imparcialidad excesivamente teñida de intereses a un mismo lado de la balanza. Al dañar inicialmente a la formación política con la que se le presume mayor sensibilidad desde su consejo editorial podemos resbalarnos de manera descuidada en ese encerado periodístico que parece haberse realizado concienzudamente, con doble capa: Luis Bárcenas e ilustres nombres propios de la historiografía popular quedan seriamente dañados, pero únicamente en esa amnesia inmediata que inyecta el escándalo público; la probable prescripción penal de los delitos que se relatan transmite una sensación de que El Mundo ha marcado un imponente gol, pero fuera del tiempo reglamentario y, por lo tanto, estéticamente incuestionable pero sin mayor validez para el resultado final de este sacrificado match contra la corrupción. A su vez, su exclusiva se empeña ardorosamente en relatar, con más enfasis, el descarte de ciertas responsabilidades que en atribuir otras, pretendiendo deslizar la bonhomía de los actuales dirigentes del Partido Popular, en particular privilegiando un despiste intolerable de Mariano Rajoy en las mordidas de ida y vuelta, así como alzando a los cielos de la justicia interna suprema a Dolores de Cospedal, adalid desde un inicio de la presunta gran cruzada contra una podredumbre que, ahora, se destapa en toda su dimensión.

000000000 2010-04-06La financiación de los partidos políticos y las herramientas de control que se han autoimpuesto las principales formaciones, frágiles y disuasorias, han reflejado la escasa asunción de efectivos comportamiento de cristalino respeto democrático en sus estructuras: la creación de fundaciones propias y la aprobación de notables partidas de subvenciones públicas, los emolumentos internos por representación de cargos orgánicos y, sobre todo, la especialización en engrasar esas famosas puertas giratorias para que la supervivencia de los padres fundadores, dentro y fuera de las listas, se encuentre asegurada, ha escalado en estos días un paso más al constatarse los sueldos no contabilizados metidos en un sobre; los sobresueldos, vaya. La repugnancia es doble, porque el dinero provenía o bien de sus ingresos legales, que se nutren fundamentalmente de cantidades públicas, o de comisiones y mordidas ilegales a empresarios y favorecidos, dando una segunda vuelta de tuerca a ese tufo mafioso que ya se vislumbraba desde la Gürtel, pero que pretendía quedar como desafección de particulares honorabilidades. Ahora no. Ahora estamos frente a dos décadas de reparto de apestosos dividendos, gestionados desde el nucleo de la tesorería del partido hacia todas las direcciones y para todos los dirigentes. Que cualquier cargo de responsabilidad de los populares pretenda desmarcarse de su conocimiento supone una patada en el sentido común y la inteligencia colectiva. Que precisamente la actual Presidenta haya planteado una ignorancia absoluta sobre el particular sólo demuestra su anticipación al relato público de los hechos y provoca, por lo tanto, la sospecha de que pasado el período de posible ejecución penal y procesal de esta gigantesca trama se ha abierto la guerra civil para hacer desaparecer a cierta vieja guardia. La tierra yerma electoral que se presenta en el horizonte a medio plazo les permite acribillarse con holgado margen de amnesia ciudadana, o eso habrán valorado las gargantas profundas de esta algarada con aderezo a comisión.

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4 respuestas a La explosión que no consta

  1. Buen artículo, lo del despacho en génova es la puntilla de gracia. un saludo!

    • Tinejo dijo:

      Gracias, queridos amigos. La puntilla está por llegar, ahora habrá que comprobar si tras las filtraciones interesadas de unos para destruir a otros son capaces de controlar los siguientes acontecimientos y si los medios de comunicación son capaces de continuar desentreñando esta podredumbre tan arraigada en la política sin clase, la que hemos permitido que se forme y enquiste sobre la sociedad, raptando la soberanía nacional y despreciándola por completo.

      Aquí está tu CasaQuerida!

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