Descongestión violenta

No es cosa de risa las funestas consecuencias maritales y sociales que puede provocar la adicción impostergable de esnifar a diario el spray nasal protagonista de este anuncio de 2011 que su fabricante, Grupo Uriach, ha considerado atemporal y, por lo tanto, nos obsequia con su visionado a todas horas, en cualquier cadena.

Es verlo y verlo y seguir sin comprender qué podredumbre sentimental habita en la pareja protagonista para que ella, en el momento de mayor éxtasis tras la dosis ingerida, decida emprenderla violentamente contra su compañero de cama a modo de abrupto almohadonazo, irritada por verlo disfrutar de su temporal descongestión. Al agredido parece ya darle todo igual, porque automáticamente se sumergue en un placentero sueño con las vías desatascadas, respirando a diestro y siniestro como alma que lleva al regazo del químico Morfeo. ¿Cual es el leit motiv de esta vanguardista puesta en escena para intentar vender el mayor número de sprays descongestionantes? Pues que todo en la vida consiste en tener los orificios nasales bien acicalados, que la felicidad somnífera consiste en esos segundos de esnifar líquido desengrasante y aspirar e inspirar con el sabor de los globos, el confetti y los bellos paisajes.

Pero, en serio, no es cosa de risa; probablemente por eso la damisela, hastiada de convivir con un yonqui de la oximetazolina, encuentra en la violencia el conducto para aliviar su desesperación. La adicción a fármacos legales, que se pueden adquirir a toneladas sin receta, marca la vida de muchas personas que cambian de establecimiento cada cierto tiempo para no sentirse marcados por esos boticarios que despachan con miradas acusadoras. Buceando por la red se encuentran cientos de casos de adictos desesperados por poder combatir con mayor sencillez su dependencia a la nicotina que al frasquito naranja de la felicidad. En efecto, el uso cotidiano de este principio activo posee un efecto boomerang de irreversibles consecuencias, afectando principalmente a la mucosa nasal, que queda más devastadas que los fondos marinos del Golfo de México, una congestión permanente que, a modo del mono de cualquier sustancia adictiva, recrea una excusa permanente para continuar consumiendo el producto y, finalmente, la pérdida irreversible del sentido del olfato. Visto así, la desagradable violencia del spot publicitario se relativiza: imagínense a su partenaire preparándose unos tiros de cocaína en la mesilla de noche, o quemando heroína en una cucharilla para entrar en trance, en plena alcoba, con vistas a provocar el sueño más placentero. Una ruina. Pues la oximetazolina, disfrazada de inofensivo bote naranja con supuestas propiedades de milagrosa descongestión, no se queda corta. Ahí es nada.

No obstante, y como estamos convencidos que el Grupo Uriach no pretende convencernos de que ser yonqui mola, tendremos que rendirnos a la desagradable evidencia de que volvemos a toparnos con un anuncio que hace uso de la violencia supuestamente inofensiva, almohada de por medio, para buscar un presunto tono cómico al desarrollo del guión. Si la agredida fuera la hembra, ¿cuanto tiempo habría aguantado el spot en emisión? Pues eso, que seguimos contemplando el fenómeno de la violencia desde dos prismas, tanto como para que, dos años después, se redifusione la algarada de alcoba y los responsables de la empresa comercializadora continúen considerando que es de lo más adecuado para que corramos ipso facto en busca de nuestra dosis.