¿Qué hay de lo mío? De lo suyo hay para Rato

Rato1En su mocedad, allá por mediados de los setenta, Rodrigo el privatizador todavía no era amante pertinaz de las telenovelas y, por lo tanto, no consideraba necesario engalanar sus sosos nombre y apellido con un “de” por medio. Era, simplemente, un joven-viejo, con ese rostro tan poco ye ye, atribulado sin duda en formarse adecuadamente en el innoble arte del desfalco y tentetieso que, por esas etapas, ya tenían en Ramón Rato Rodríguez y Ramón Rato Figaredo a ilustres prohombres entre sus filas. Tanto es así que papá y el tito, aún sin dominar el superpoder de delinquir continuadamente en las cosas monetarias y eludir la celda, pasaron una temporada a la sombra carabanchelera. Pero no se engañen, que los responsables de haber hundido a conciencia tres bancos y eludir una cantidad más que suculenta (Díaz Ferrán también es pupilo de la escuela Ratiana, como se puede comprobar) entraron en democracia como elefantes delicados, con energía pero sin que sus apellidos sonaran demasiado alto en los salones transitorios.

No en vano, la democracia tuvo la capacidad memorable de teñir y colorear demasiados rostros ocres. Y en esa transformación en technicolor, Fraga y Rato senior se encontraron frente a un suculento cheque para las imberbes arcas de Alianza Popular a cambio de que el vástago Rodrigo tuviera escaño a la mayor brevedad posible. ¿A cuanto el kilo de diputado? que se podría haber dicho, y con esas telas se vistieron las primeras comodidades de lo que algunos aún se empeñan en calificar de modélica reforma del status quo político e institucional tras la muerte del dictador.

Rato2A pesar de la abrumadora victoria de los socialistas en 1982 (202 escaños), las elecciones celebradas en el año del Mundial de España también recogieron la discreta noticia de la entrada en el Congreso de un joven de 35 años, asturiano de parentesco y candidato por Cádiz, bisnieto de un alcalde de Madrid (muy caro cotizaba, y sigue cotizando, el gramo de congresista en las listas por la capital del Reino)  y, de profesión, sus apellidos. Las informaciones adquieren relevancia a medida que el músculo de sus protagonistas toma la dimensión que la proteina de la política le inyecta, y la masa más fibrosa de Rodrigo Rato se alcanzó con su ascenso a Vicepresidente y Ministro de Economía y Hacienda en los gobiernos de José María Aznar. En menos de una década, las principales empresas públicas, la mayoría con rentabilidad positiva y generadoras de plusvalías fundamentales para el sostenimiento de aquellos servicios obligatoriamente deficitarios, se pusieron de manera veloz y opaca en manos privadas, cercanas, amigas, a precio de ganga. La herencia de los favores que duraría para Rato, doblemente, eternamente.

Con la excusa de la obligatoriedad por parte de Bruselas (¿a qué nos recuerda ese desvío de responsabilidades en la toma de decisiones de la soberanía nacional?) de eliminar los monopolios empresariales, no sólo se optó por liberalizar ciertos mercados, sino que se profundizó con exquisito entusiasmo interesado en crear Villalongas y cia, Aliertas sin alertarnos, una camada, en suma, de empresarios manufacturados con el único curriculum de haber dejado los presentes adecuados a la puerta de Génova. Ejemplo del milagro económico español, así se le calificó durante otra larga década; el genio de las finanzas que permitió la mayor etapa de prosperidad que el Reino recuerda desde el imperio de Carlos I. Sí, las burbujas con cierto grosor no estallan con tan sólo aproximar una aguja. En el Fondo Monetario Internacional tardaron un tiempo nada prudencial en darse cuenta.

Rato3Hundido el barco de su honorabilidad, el Rato rata dejó de recibir y tuvo que dedicarse a pedir el reingreso en el club de los favorecidos, dentro y fuera del partido, sin necesidad de que papá regresara con el talonario del Suero. Y por ahí el destino de la existencia demuestra la hermosura del círculo, ese elemento cíclico que nos informa desde la memoria genética y que en el caso nada casual de Rodrigo le alcanzó a recordar que la banca es lo de los suyos. La transmutación de Caja Madrid en una entidad financiera con salida a bolsa, accionistas y campana en el parqué, todo eso que sus antepesados lideraron con la frescura de entenderse por encima de cualquier complicación social y penal, supuso también lanzarse sin remisión a maquillar contabilidades, estafar a sus clientes, arruinar la torre que nunca se inclina del todo.

Y así, por ahora, sigue la estela que marcan las estrellas del destino humano, esa que nos empeñamos reiteradamente recorrer siguiendo las huellas de nuestros ancestros, sin levantar la cabeza para prevenir el muro que nos aguarda. No importa, a los Rato, a los Figaredo, siempre les espera una emboscada dulce, unas trincheras desguarnecidas. Ayer puede haber entrado en calidad de imputado por la puerta de un juzgado, pero hoy ya ha salido raudo a enredarse en las suaves sábanas de las telecomunicaciones privatizadas, en ese testamento vitalicio que firmó para nuestra colectiva ruina. Pase lo que pase, de lo suyo hay para Rato.

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15 respuestas a ¿Qué hay de lo mío? De lo suyo hay para Rato

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  2. pepa dijo:

    rato ratero devuelve todo lo que has robado mafioso solo te queda telefonica por destruir si no hay juezes que acaben contigo algun dia alguien acabara y tendras que dejar aqui todo lo que nos has robado ladron eres un autentico mafioso corructo

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  4. hipos1 dijo:

    Lo más triste del quisicaso es estos desalmados, ¡anda que le Durán y compañía!, han gozado de una popularidad y crédito ciudadano tal, que es posible que ahora sufríeramos alguno de estos otros elementos en el lugar de Rajoy.
    ¿Señor, señor, llévame pronto!
    Salud.

    • Tinejo dijo:

      Sin duda, querido amigo. Pero tan culpable somos los ciudadanos, que permitimos con nuestro voto o nuestra ausencia electoral que nada cambie. Lo de Duran tiene lógica, porque es el conseguidor de una élite local que no entiende de esas corruptelas de financiación, sino de que el gestor siga trayéndole resultados. Pero la política general, en manos de quienes se detenta, malo, malo.

      Abrazos.

  5. hipos1 dijo:

    ¡Qué redacción más chunga! Te exijo que me lo corrijas. Por favor…

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  7. Futbolín dijo:

    Es su naturaleza, no lo puede evitar, es esclava la rata de sus bajas pasiones, de aquí que la única solución pasa por su eliminación, si bien paradójicamente o lógicamente los que estamos en la ratonera a punto de asfixiarnos somos nosotros, votar es un ejercicio peligroso y todavía mas si no se cumple aquello de un hombre un voto, una mujer un voto, ni siquiera un tont@ un voto, le llaman democracia y no lo es, es un cuento chino, pero al parecer bien urdido. Saludos

    • Tinejo dijo:

      Y esas bajas pasiones son las que han triunfado en un mundo que está entendiendo con demasiada lentitud que los que siempre han retenido los bienes de producción ya se han aburrido de jugar a ver a la clase media exigir más. Mientras ellos corrompen a cara descubierta nuestro futuro, nos mutilan el presente, y tal vez caminamos demasiado lentamente en la comprensión de esa realidad.

      Qué alegría verte en tu CasaQuerida!

  8. Tan sólo llevaba un año como ministro cuando, en 1997, se vio implicado en el «caso Rebecasa» (Refrescos y Bebidas de Castilla, S. A.). La empresa, propiedad de la familia Rato, debió hacer frente a una querella criminal ante el Tribunal Supremo tras una fraudulenta suspensión de pagos.

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