Lo que hay que Wert

A partir del minuto cuatro del video anterior pueden disfrutar de las reaccionarias opiniones de la catedrática de ciencias políticas en una institución que se cataloga como universitaria, la Rey Juan Carlos, así como columnista habitual del diario ABC, Edurne Uriarte. Más allá de que su visión de las cosas puede casar y hasta tener descendencia con la línea desinformativa que ya está poniendo, a toda máquina, el títere Somoano en TVE, la conservadora Uriarte, mujer de un sólo hombre, se encuentra entregada en católicos votos a José Ignacio Wert, casualmente Ministro de Educación y otras cosas del destruir.

A ver como podemos analizar esta situación sin que nos reviente una lágrima. La respetable imparcialidad de los servicios informativos de RTVE se ha ido desmoronando de manera manifiesta desde el cambio de gobierno a finales del pasado año, a cuentagotas, sin resultar apabullante de manera automática. Gradualmente, con la destitución de Fran Llorente y el resto de profesionales del ente público, se ha nombrado a una caterva de controladores a sueldo del mensaje que emerge de las ondas y las imágenes de Torrespaña que, en estos últimos días, han recibido la consigna de intentar una escapada de alta montaña que dejara en el camino todo lo que sonara a lugares de encuentro propios de aquello en lo que debe consistir la responsabilidad de la comunicación en un medio que sustentamos todos los ciudadanos con nuestros tributos. El necesario blindaje del ente público, a salvo de las veleidades planificadoras del poder político de turno, siguiendo el patrón de la británica BBC, se ha ido posponiendo por falta de entendimiento entre las dos principales fuerzas políticas nacionales y, de este modo, volvemos a encontrarnos con un intervencionismo manifiesto, acción propia de la actividad reaccionaria del Partido Popular, que aboga por una liberalización en lo económico, que critica con ferocidad cualquier expresión de supuesta censura en tierras lejanas pero que no soporta la pluralidad cuando asoma el hocico por La Moncloa.

La hoja de ruta de comienzo escolar ha sido diseñada de manera tan raudamente burda que, en sólo tres días, ha dejado al descubierto que los tiempos de Urdaci vuelven para quedarse. Su disimulo sólo ha alcanzado a disponer que pongan la cara principal ante el ajusticiamiento de profesionales de indiscutible imparcialidad algunos compañeros de la casa que puedan dar sensación de no ir con ellos la manipulación. En RNE  han ocupado las franjas horarias huérfanas de Juan Ramón Lucas o Toni Garrido voces reconocibles pero sin chicha, con olor a responso melódico. TVE ha esperado al mes de septiembre para hacer lo propio; con Ana Pastor entrando hoy en CNN por la puerta grande, ha sido María Casado la elegida para disimular con su rostro las garras de la sala de mandos. Su primer papelón consistió en moderar el aséptico encuentro del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con un ramillete de periodistas sin ánimo de tirar a dar y desde ya ha tomado el mando de Los desayunos…

Como indigesto acompañamiento al té con pastas hoy se ha rodeado de un nuevo equipo de colaboradores entre los que destaca, de manera repugnante, la presencia de Edurne Uriarte. Y esto es así más allá de que para muchos ciudadanos les resulte demencial comprobar la salida de tertulianos como Jesús Marañas o Fernando Berlín, expulsiones sólo entendibles desde una óptica ideológicamente pacata, que detesta la diversidad y pretende convertir estos espacios televisivos en entidades proteccionistas de la hoja de ruta sin brújula del ejecutivo, para sufrir la presencia regular de opinadores como Uriarte, sino que el asunto entra de lleno en la gravedad de la prevaricación manifiesta. La imprescindible higiene política no puede permitir que el cónyuge de un alto miembro del Gobierno sea contratado en la cadena de todos; resulta intolerable tanto desde la óptica de esa sospecha penal que nunca puede revolotear sobre la cabeza, en este caso muy hueca, de un cargo público, cuanto más desde la previsibilidad de unas intervenciones absolutamente condicionadas por la relación afectiva que, de manera indisimulada (como ya hemos tenido ocasión de comprobar a cuenta del análisis altamente positivo que hace Uriarte de la mencionada entrevista al jefe de su marido), impedirá el más mínimo atisbo de crítica al partido de sus sueños, a la fábrica de la mitad de los garbanzos que se consumen en el domicilio Uriarte-Wert.

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