La semana grande del SAT

De este modo comenzó ayer una edición del denostable late night, de seria apariencia pero con todos los ingredientes para profundizar en un programa de destentada carcajada, El gran debate. Su excepcional particularidad es que funcionó como culminación de alta trascendencia mediática para con las acciones que ha desarrollado el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) a lo largo de la presente semana, con dos estrategias de concienciación pública en sendos supermercados de Écija (Sevilla) y Arcos de La Frontera (Cádiz), así como ocupando la finca militar Las Turquillas, reclamando su cesión a braseros y jornaleros para su explotación agraria colectiva. Juan Manuel Sánchez Gordillo, afiliado al referido sindicato, así como alcalde de la localidad sevillana de Marinaleda y diputado autonómico por IU, no ha desechado ninguna posibilidad de participar en debates, entrevistas y reportajes a lo largo de los últimos días, con la convicción de que el discurso y los valores a transmitir son capaces de sortear cualquier barrera de reaccionaria manipulación o, peor aún, de encierro banderillero a pleno sol de agosto en crisis.

Y, así, tras sufrir días de descrédito, de demagogia nerviosa por parte de las principales cabeceras, prácticamente de su totalidad al carecer de oasis progresistas en los luminosos de las letras y las imágenes, así como de una actividad policial y judicial de una desproporción a estudiar en el procesalismo penal universitario, la estrategia de guerra de guerrillas desde las selvas sin capitalizar ha dado muchos más frutos que los escasos y primarios carros de alimentos que aprehendieron para alimentar, precisamente, un debate social de imprescindible digestión.

La hipocresía del capital ha anudado el discutible poder editorialista, así como la siempre eficaz inmediatez informativa catódica, para pulverizar el mensaje y simplificarlo todo hacia el machacón dogma liberal de estar ante un robo (encuentran violencia e intimidación en cualquier reducto que no se haga por favor o, tal y como dominan los ladrones de verdad, los de millones y para uso y disfrute propio y codicioso, sin cámaras por medio, con elegante discreción) intolerable, un ejemplo canallesco con el objeto de incitar a la revuelta social, a la destrucción del status quo, del orden capitalista de las cosas. Y, vaya, desde luego que un botín de tamaña humildad nos hace convenir que no tiene capacidad para alimentar la miseria que se expande con fulminante rapidez por toda la geografía española, con dos millones de infantes bajo el umbral de la pobreza y un 25% de la población acariciando la áspera realidad de la desnutrición, pero sus consecuencias hacen albergar amenazas subjetivas que ponen en pie de guardia al negocio, al maldito negocio.

La principal obligación de un gobierno en un Estado que se autodenomina social y democrático de Derecho es proveer de sustento a la totalidad de la población que representa, así como articular todas las medidas a su alcance para habilitar de posibilidades formativas y de bienestar que aseguren la frontera más nítida hacia el empleo y las adecuadas coberturas de protección humana y social. En el caso que nos ocupa, todos los Ejecutivos de nuestra mal parida democracia se han dedicado a alimentar el mostruo especulativo de una economía basada en el sector servicios, de bajísima cualificación y amenazada permanentemente por la feroz competencia de otras latitudes con precios y garantías laborales de macabra risa, salpimentada por picante ladrillo en cantidades deshidrantantes y un mostruo de empréstitos a propios y extraños que, pasado el espejismo de que democracia y prosperidad suponían sinónimos coexistentes, ha dejado al descubierto que nuestros gobernantes han venido impulsando lo impropio, esto es, la gobernanza para unas minorías y, por ende, la precariedad mayoritaria frente al paisaje real, con el oasis artifical reseco.

El nerviosismo sensacionalista de Sandra Barneda y el triunvirato de los extremistas colaboradores que le acompañan a su siniestra, no hicieron mella en el culmen mediático de Sánchez Gordillo y Diego Cañamero, secretario general de SAT, conscientes de la estrategia de defensa adecuada cuando la selva se espesa, cuando las balas contienen pólvora previsible. Resulta aconsejable, aunque pueda necesitarse cierta sedación, ver el programa completo, como didáctica apabullante de lo que no es periodismo, siquiera investigación. Gaspar Llamazares puede dar fe de ello, tras unos días de descrédito desde la cabecera derechista por antonomasia, haciendo gala del uso de la demagogia mayúscula. Como bien aseveró el diputado asturiano de IU, parece que en este país los rojos tienen prohibido poseer bienes materiales.

La confrontación necesaria que han provocado las acciones del SAT estos últimos días corrobora que una imagen vale más que mil palabras, porque éstas ya están dicha aunque su recorrido suela ser interceptado por las restrictivas rotativas de máxima tirada. En cambio, la calculada estrategia arranca con acciones cámara en ristre, dejando el surco de un debate necesario. Fue sólo un inicio, no un fin que justifique medios y modos, armado de pocos kilos de alimentos que supone un minúsculo porcentaje de las toneladas que las grandes superficies vierten a diario en lugar de reconducirlas a la necesidad colectiva. De igual manera, la ocupación de una finca no cultivada nos alerta de las miles de héctareas en tan pocas manos, casi las mismas que fueron protegidas a golpe de levantamiento militar hace menos de un siglo. Lo dicho, una puesta en escena para desarrollar debate, despertar consciencias con dulce inmediatez, y profundizar en la exigencia de fundar una sociedad que dé contenido a sus yermos principios jurídicos. Para el poder, ése que protege a los de su clase con la connivencia de diez millones de incautos e intelectualmente desabastecidos votantes, ésto es el ejemplo del pillaje y el descontrol. La ramplante corrupción de sus correligionarios, desafortunados incidentes.

 

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