Reflexión a toro desempleado

El ayuntamiento de Guijo de Galisteo (Cáceres) decidió a principios de esta semana abanderar ese concepto tan bello de la democracia participativa inmediata. Así, los dignos quince mil euros consignados presupuestariamente a principios del ejercicio para masacrar algún despistado astado de fincas colindantes, fueron puestos en juicio de escrutinio público con vistas a derivar esa partida a algún bolsillo de brava humanidad desempleada. Pues debe ser que por esas pedanías de mar lejano la cuenta ajena es tabú excluyente, que el mensaje sobre la armonía patriotera bajo la bandera cada día más de hotentote, de tonelada insoportable sobre las esperanzas colectivas, supone inexistencia vergonzosa.

Dicho esto, convengamos que no podemos criminalizar a los nobles moradores de este municipio cacereño, ya que en su localidad principal la opción destinada al fomento del empleo obtuvo una aplastante victoria (115 papeletas optaron por esta opción, frente a 40 que decidieron hacerlo por el gusto a sangre enarenada), mientras que en los pueblos de Valrío y Batán, dependientes del mismo Ayuntamiento, no dudaron en recordar que verano y olor a muerte taurina son indispensables para regocijo de sus almas pueblerinas. De este modo, Salomón se ha acercado al Salón de Plenos y ha decidido, sin sacar aún el estoque definitivo, que con el dineral con que cuentan para estos menesteres estivales (15.000 euros) se invierta en cada una de las poblaciones en función del espíritu de los correspondientes escrutinios.

Con todo, Guijo de Galisteo ha sido ubicada en un mapa por su iniciativa, aparentemente bondadosa y consecuente, pero no desde luego por ejemplificar rutas en lo político que puedan generar soluciones en poblaciones similares. ¿Qué cantidad presupuestada irá, efectivamente, destinada a crear empleo? No hay que tener un máster especializado en asuntos económicos para concluir que lo consignado supondrá, a lo sumo, el salario mínimo interprofesional para un trabajador durante un ejercicio. Claro que menos lúcido hay que ser de cara a comprender los mecanismos de la participación ciudadana: Un grupo de gobierno que desea optar por excluir las matanzas taurinas de su calendario de festejos, desterrando de su realidad esta práctica deshumanizada, no debe lanzar la pelota de su responsabilidad gubernativa a la ciudadanía, convirtiendo en apariencia participativa lo que no resulta más que cobardía en las decisiones; más aún cuando su alcalde ha asegurado que la opción de destinar esta partida presupuestaria al fomento del empleo era la que se encontraba en el espíritu del grupo de gobierno.

Instrumentalizar una agenda imperativa de aquellas materias que deben ser sometidas a referendum en municipios con escasa población resultaría un magnífico elemento de cohesión social y confianza en las instituciones. Los ciudadanos percibirían su participación regular en los asuntos ejecutivos y aumentaría el interés por la cosa pública. Utilizarlo con afán demagógico, lo que se demuestra en el caso que nos ocupa por su excepcionalidad casi folclórica, nos recuerda qué lejos estamos del Salón de Plenos y que cerca de aplaudir la mutilación de rabo, orejas y esperanza.

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