La Triple Alianza interna remata a Paraguay

La República del Paraguay se ha enfrentado, en los últimos días, a un celeroso Golpe de Estado institucional, sin balas pero con el armamento del afilado capital, que ha llevado al derrocamiento controlado de su primer y único Presidente democráticamente progresista en su historia como nación. El ex obispo Fernando Lugo se alzó con la jefatura del Estado merced a una voluminosa coalición de movimientos sociales y formaciones políticas que desterró el monopolio del Partido Colorado, heredero de una de las dictaduras más atroces del cono sur, la que ejerció Alfredo Stroessner de 1954 hasta 1989, y que pasó más desapercibida para la opinión pública internacional, posiblemente eclipsada por los crímenes de sus compañeros de vilezas en las vecinas Chile y Argentina.

Y es que para el lector que no mantenga un seguimiento cotidiano de la realidad socio-política paraguaya, resulta complicado asumir que las Cámaras nacionales hayan activado con tanta velocidad y energía las herramientas constitucionales que permiten apartar a un Presidente por profunda y manifiesta incapacidad para desarrollar su labor ejecutiva. No está aquí en duda la legalidad del proceso, sino su tramposa utilización por las distintas fuerzas parlamentarias reaccionarias de cara a cercenar y quebrar la voluntad democrática y recuperar el control estatal de un país que repite su desgraciada historia.

Y es que Paraguay, con una tasa de miseria y desigualdad social elevadísima, fue un ejemplo de progreso, desarrollo e independencia macroeconómica desde mediados del siglo XIX. Bajo el Gobierno de Gaspar Rodríguez de Francia se pusieron los mimbres de una estrategia de eficiente autarquía, evitando la creación de grandes riquezas privadas y manteniendo más del 95% de las tierras agrícolas en manos públicas para su explotación conjunta con la comunidad campesina. El posterior gobierno de Carlos Antonio López ahondó en la profundización de un sistema público desarrollado, una balanza exterior equilibrada y, sobre todo, la ausencia de empréstitos extranjeros que evitaron el colonialismo financiero que, por el contrario, controlaba la vida pública y privada de sus naciones vecinas.

Bajo el ejecutivo de Francisco Solano López, esa inadmisible soberanía nacional paraguaya, que cometía la poca gentileza de ahondar en un modelo productivo a salvo de la especulación financiera internacional, preferentemente británica, se convirtió, probablemente, en la primera experiencia histórica de cómo el capitalismo no paga a traidores. Con una campaña informativa tendenciosa guiada desde las grandes cabeceras londinenses, los gobiernos de Argentina y Brasil firmaron, junto al ejecutivo títere del Uruguay, la denominada Triple Alianza para eliminar el mal ejemplo de esos paraguayos que pretendían ser nación soberana. El argentino Mitre lideró la asfixia de las fronteras, así como boicotearon con impuestos aduaneros desproporcionados las importaciones guaraníes. Cuando Solano López desplegó la primera acción excusatoria prevista, la campaña mediática hizo el resto y los cañones enfilaron hacia Asunción desde las naciones vecinas.

Mitre y el brasileño Pedro II se abalanzaron en 1865 hacia una victoria que calculaban celebrar en tres meses, pero la masacre se dilató prácticamente cinco años, dejando a finales de 1870 a la República del Paraguay con tan sólo un sexto de la población con que contaba al principio del exterminio. A partir de ahí, no hace falta relatar los hechos inmediatamente posteriores que se desarrollaron: los gobiernos filiales que se impusieron en Paraguay comenzaron a solicitar los primeros empréstitos usureros a la gran banca británica para la reconstrucción, Argentina y Brasil se repartieron miles de metros cuadrados de tierra soberana paraguaya como botín de guerra y se pusieron los primeros soportes al monopolio del Partido Colorado que llevó a Paraguay, a comienzos de la década de los noventa del siglo pasado a ser el Estado más pobre de América Latina junto a Bolivia.

Fernando Lugo es la víctima de una Triple Alianza interior que dispara sus cañonazos con el sofisticado armamento financiero de un capital que no necesita Estados obedientes para derrocar gobiernos justos. Se basta y se sobra con una élite burguesa a sueldo, el control de los grandes medios de comunicación, y el ahogamiento de la independencia estatal desde la soga de los onerosos intereses especulativos. Hoy las naciones vecinas reaccionan retirando a sus embajadores y denunciando el derrocamiento de la democracia. Pero al capital es imposible apresarlo; sus escurridizas extremidades, su ausencia de rostro, le permite vencer en una batalla sin pólvora. ¿Recuerdan la reciente experiencia hondureña? ¿Al ecuatoriano Correa cercado por una emboscada interior? ¿Hugo Chávez camino de prisión mientras firmaba su dimisión? El capital siempre lo intenta, y en la castigada patria guaraní ya lo ha conseguido en dos ocasiones.

 

Si volvieran los Quijotes

Hoy se cumplen los primeros seis meses de gestación del gobierno del Partido Popular, un plazo demasiado longevo como para no haber detectado que el embrión político carece de viabilidad, que sus órganos se han desarrollado tumorosos, derretidos y sin vida. A pesar de la certeza que su alumbramiento sería desastroso, más de once millones de ciudadanos se lanzaron a un frenesí procreativo, introduciendo su esperma electoral en virginales urnas a lo largo y ancho del Estado español, violadas en su permanente inocencia. Seis meses larguísimos, rotundos en la confirmación de los peores presagios, sin necesidad de realizar ecografías en tres dimensiones para apreciar la planicie del feto siempre fallecido.

O tal vez no. Quizás la criatura, de continuar el proceso, emerja como un patoso gigante que no se conforme con asumir su derrota vital y apisone, ya sin excusas ni contradicciones evolutivas, a todos los diminutos seres que continuamos sorteando las sombras de extremidades que aplanan nuestra superficie, nuestro horizonte.

Ese pisoteo comenzó desde el mismo día 20 de noviembre en el que nos encontramos, resignados, frente a un equipo de perdedores profesionales, dispuestos a disfrutar del poder vacuo, sin resortes novedosos tras siete años para estudiar a fondo la lección. Tal ha sido el desastre en tan poco tiempo que han tenido que volver a asomar desde sus merecidos retiros algunos Quijotes con la espada largo tiempo envainada. La sociedad necesita referentes para apartar su letargo ante los latigazos que da esta rocosa clase política, y parece que Julio Anguita, tras dos infartos de miocardio producto de un entorno cargado de vicio cínico, ha asumido que su presencia y su discurso, la armadura de la honradez política y dialéctica que le caracterizaron a lo largo de su trayectoria pública, debe ser desempolvado y dar la última batalla en este campo de minas anticiudadanía.

La valentía quijotesca de Anguita no debe obviar que los gigantes patizambos a los que pretende hacer frente, mermado de fuerzas tras el largo camino, son en realidad molinos inmensos, cargados de codicia a proteger, y sus hélices no van a dar tregua utilizando dimes y diretes para espantar al enemigo. Aunque el escenario parezca una planicie que sortear con el brío de la experiencia ya recorrida, esas estructuras tienen muy claro cuales son las prioridades, entre las que nunca se encuentra enarbolar siquiera una temporal bandera blanca. Mucho les ha costado ir llenando sus alforjas como para abandonar el equipaje ante el primer caballero andante que retome el testigo de hacerles frente.

La aventura que se propone necesita algo más que una plataforma cívica indeterminada como cobertura valiente para enfrentar el holocausto que se nos viene a diario encima. En ese sentido, Julio Anguita no ha clarificado si cuenta en su planificación participar con la coalición de la que ha sido coordinador federal durante más de una década. Efectivamente, el crecimiento electoral, así como de valoración ciudadana, por parte de Izquierda Unida en los últimos comicios autonómicos y generales, pone de manifiesto que es la aeronave idónea para que el político cordobés sume desde el navío común, además de poder incorporar su discurso preclaro a aquel que se viene postulando como vanguardia de más y más ciudadanos, no sólo en convocatorias electorales, sino en el respaldo que significan sus acciones cotidianas para con la honestidad y buenos modos en la relación colectiva. Volver a la arena le dignifica, tanto más cuanto su acción siempre fue de compromiso bienintencionado, pero los pasos a andar debe darlos con la mejor horma, con el calzado que no produzca llagas.

Así están los Quijotes españoles, colocando en las estanterías el repaso de las caballerías que fueron y pueden ser, animándose a salir al asfalto para convertir en hechos las fábulas que se han convertido en utopía. La criatura que tanto pataleo ha dado en el vientre del Estado pretende continuar su agresiva existencia en cualquier momento, como un sietemesino presuroso. De dar a luz en fecha, el verano será infernal en nuestro común vientre, pero su gateo hacia el final del presente ejercicio puede dejar a su paso la llanura más árida. Por eso necesitamos a los Quijotes en guardía, con sus escuderos susurrándoles que desconfíen de las hélices que rodean a aquellos molinos, en lontananza, que no son sino gigantes con puños peligrosamente torpones.

 

Holocausto en honor al fútbol

La designación de un Estado como sede de un evento deportivo de primera magnitud ha dejado de resultar una cuestión de honor patriótico, si es que alguna vez lo fue, para resultar simplemente la puerta de entrada a celerosas inversiones y captación de capital, así como el escaparate idóneo de cara a relanzar sectores de negocio tales como el turismo y la construcción. Y, claro, ese escaparate debe permanecer radiante de principio a fin. En función de la nación que albergue la organización de una de estas competiciones que movilizan a cientos de miles de seguidores y aficionados, las técnicas y herramientas para limpiar, dar brillo y esplendor a decorados que, en algunos casos, comienzan la tarea sin saber siquiera dar lustre por responsabilidad gubernativa, provocan que el resultado final pueda estar teñido de una sociedad insoportable, que permanece con su hedor inhumano sobre los impolutos escenarios.

La UEFA y la FIFA, organismos encargados de la regulación europea y mundial, respectivamente, del negocio que subyace sobre, bajo y alrededor del balompié, han aprobado en los últimos tiempos la organización de sus competiciones más prestigiosas en países donde sólo cabía la certeza de que los plazos y las infraestructuras necesarias llegarían a tiempo para que el decorado aparentara hermosura en los cientos de pantallas de televisión que expondrían la magia del circo futbolero. Baste recordar que, tras la elección de Brasil como sede del próximo Mundial a celebrar en 2014, la organización presidida por Joseph Blatter tomó la insólita determinación de aprobar de una tacada los receptores de las dos siguientes designaciones, cerrando las sedes hasta 2022. Rusia y Quatar, dos Estados que no se caracterizan precisamente por su liderazgo en materia de derechos humanos, igualdad electoral o desarrollo de políticas sociales avanzadas, han sido premiadas por el poder del capital, con la instrucción de llegar a la cita con los estadios más vanguardistas en pie, y los hoteles y avenidas dispuestos a recibir a los visitantes de estos parques de atracciones rotatorios. Como lo hagan, es lo de menos.

La UEFA no quiso quedarse atrás en esto de mirar hacia otro lado a la hora de valorar las situaciones colaterales antes de que comience a rodar el balón y se enciendan los opacos focos del espectáculo balompédico. Una utilitarista alianza entre Polonia (miembro de la UE) y la ex república soviética Ucrania, en el ojo de mira permanente debido a sus constantes rupturas con el fomento democrático y del desarrollo ciudadano (encarcelamiento en sospechosas circunstancias de la ex Primera Ministra Yulia Timoshenko, envenamiento del candidato presidencial Viktor Yushchenko, etc.) ha supuesto la celebración de dos Eurocopas en una, provocando un tenso equilibrio dialéctico por parte de dirigentes y hasta futbolistas a la hora de participar en esta competición. Un claro ejemplo ha supuesto la declaración del capitán de la selección de Alemania, Philipp Lahm, acerca de su negativa y la del resto de compañeros del conjunto germano a estrechar la mano de cualquier dirigente del Estado ucranio por la situación en aquel país en materia de derechos humanos.

Más allá del trato que ha recibido la ciudadanía ucraniana desde la fallida Revolución Naranja, un holocausto sangriento ha venido recorriendo las ciudades que están siendo sedes de la presente Eurocopa, un holocausto denunciado con tibieza e ignorado por la mayor parte de la población local. Para asear el teatro de los sueños futbolísticos, las autoridades decidieron implantar una política de cruel exterminio sobre perros y gatos callejeros, utilizando métodos de extrema crueldad de cara a rematar con la mayor velocidad este asqueroso genocidio en nombre del negocio de los hombres. Hasta que la asociación PETA denunció internacionalmente las atrocidades que se venían cometiendo, se estima que más de 250.000 animales fueron sacrificados en el repugnante altar del Olimpo balompédico, 20.000 de ellos en la capital del país, Kiev. Hornos crematorios ambulantes supusieron los campos de exterminios de todos estos seres indefensos, atrapados y retenidos en gigantescas bolsas donde morían asfixiados o heridos. Los que lograban sobrevivir perecían al ser arrojados vivos a temperaturas superiores a 900 grados centígrados. En otras localidades que no disponían de instrumentos de eliminación tan sofisticados, se ha procedido de cualquier atroz manera a cumplir este sangriento cometido: fusilamientos, envenenamientos masivos, cualquier fórmula miserable por encima de utilizar un minúsculo porcentaje de los presupuestos asignados a la organización de la Eurocopa para implantar una política de esterilizaciones y centros de acogida, una acción que acercara a Ucrania a la intención de convertirse en una sociedad avanzada, respetuosa con todos los seres vivos que en ella participan.

A pesar de las denuncias, que obligaron al gobierno ucraniano a asegurar que se habían detenido las matanzas y los métodos despreciables utilizados para la carnicería, observadores de diferentes organizaciones en defensa de los animales aseguran que éstas prosiguieron para que el espectáculo continúe, para que el deporte rey elija a aquél que detentará el cetro europeo los próximos cuatro años, mientras nuestra capacidad de ahondar en una sociedad más justa y sensible con nuestro entorno pierde todos los partidos por goleada.

Avalistas de ida y vuelta

Ángela Merkel ha confirmado en la mañana de ayer lo que Bankia ya nos había gritado al oído unos días antes:  que la gravedad de la situación española nace y sufre metástasis por la crisis de su sistema financiero y la correspondiente burbuja inmobiliaria engordada en la última década. Por lo que parece, su marco temporal a la hora de analizar esta quiebra se queda corto; la depredadora Ley del Suelo durante el primer gobierno de José María Aznar, la desincentivación del mercado del alquiler con la supresión de medidas compensatorias en el IRPF desde el ejercicio 1996, así como la multiplicación de normativas autonómicas para regular el perfil de las Cajas de Ahorros, consentidas por el Tribunal Constitucional, y que abrió la veda a la utilización voraz de estas entidades como inyectores de fondos para faraónicos despropósitos políticos, resultaron el germen más virulento que se puede depositar en un receptor inestable como el Estado Español, de cara a comprender la desgracia que hoy padecemos.

Pero quedémonos con la sabrosa corteza del rudo filete que vamos a tener que ingerir, a marchas forzadas, en el período más inmediato. Lo que viene a reconocer el IV Reich, que ha descubierto como el capital es más eficaz que las bombas a la hora de colonizar sus alrededores, es que la depresión española se circunscribe a la mala praxis continuada de un sector específico de su modelo productivo, de tal modo que la animalada monetaria que se le pretende inyectar se hará de manera indirecta, vía FROB, para que haya un garante multitudinario frente a posibles impagos: nosotros. Reavalistas de la miseria, avalistas de ida y vuelta, como prefieran colgarse la soga al cuello antes de sentir el tirón definitivo.

Hasta hace únicamente dos años, se continuaba poniendo al sector financiero nacional como ejemplo de robustez, solvencia y credibilidad a nivel mundial, apartándolo de la ecuación crítica que venía emponzoñando nuestras perspectivas. Nadie se atrevía, como sucios cómplices de una bomba de efectos retardados, a valorar el sobreendeudamiento crediticio conscientemente alentado, así como el calculado engorde de la política de tasaciones que iban amplificando una maraña especulativa desde el promotor más bravucón al ciudadano dispuesto a participar del beneficio veloz de compraventa fugaz de pisos y locales. Toda esa burbuja, detectable por cualquier estudiante de primero de Ciencias Económicas, pasó como un silbido ventoso de sonido agorero que a nadie interesaba escuchar y, pinchado el globo, el gas liberado se coló en las fosas nasales de los últimos de la clase. Pero el hedor impregnó, como de costumbre, a los estratos obedientes por obligación y así apareció una crisis que era de todo menos del capital: recortes en el sistema de previsión social, en la política educativa pública, en los servicios esenciales, fomento y activación del empleo, etc. Avalistas, por lo tanto, de una miseria no provocada, sin firma y sin notario. Sin poder leer la letra pequeña.

Subordinados como estamos a la opacidad y la política exculpatoria de todo lo que rodee a esta gran estafa, hemos venido pagando la factura a golpe de recortes y miseria en la deconstrucción de nuestro Estado Social. A día de hoy parece que en el ligero y virtual banquillo de los acusados se sientan los verdaderos culpables de esta telenovela de pandereta, pero aún así no cesan los desajustes de nuestra contabilidad pública, señalando a los espectadores como pagadores últimos de lo que viene y vendrá. Es curioso, pero cuando acudimos a adquirir o contratar cualquier producto o servicio a un establecimiento damos por supuesto, y así debe ser, que el profesional que nos atiende al otro lado de la mesa nos planteará la solución más adecuada a nuestro perfil y necesidades. Nadie espera entrar a un concesionario de vehículos con una nómina mileurista y encontrarse con un comercial capaz de agenciarle un deportivo último modelo de alta gama, asegurándole que se lo merece y que con su salario puede permitirse éso y, de paso, una motocicleta para los días soleados. Del mismo modo, responsabilizar a los ciudadanos que han tenido la expectativa razonable de adquirir una vivienda para su uso, realizando un esfuerzo en su capacidad de ahorro para alcanzar ese propósito, no puede escudarse desde asesoramientos movidos por la codicia del capital. Una vez han llegado los desahucios y la deshumanización de las condiciones de vida, primando sobre el constitucional derecho a una vivienda digna la agresión que expulsa y destierra centenares de hogares convirtiendo el cemento hogareño en esqueleto inerte, los lanzadores piden clemencia pecuniaria para proseguir su carrera hacia la maximización del beneficio. El que sea, el que las sobras permitan.

Estos cien mil millones de línea de crédito pasarán por la caja común, si es que aún existe, y volveremos a avalarla entre todos. En caso de ampliación o impago, correrán a buscarnos para exigir el cumplimiento de un contrato sobre el que no nos han pedido ni firma ni consentimiento. Y es que si Luis de Guindos nos invita a cenar y, al pedir la cuenta, se levanta raudo para ir al baño, es preferible decir al camarero que hemos encontrado un bicho en la sopa.

Racimos de inmundicia

En estos escasos cinco meses de gobierno popular, como le gusta recalcar al Presidente Rajoy para despejar supuestas responsabilidades ejecutivas, hemos descubierto, por su mero actuar, características sonrojantes de una amplia representación de los responsables de las carteras gubernamentales. De este modo, el tertuliano Wert ya nos ha dejado más que claro que es precisamente éso, un tertuliano de los que se relamen con sus titulares de pacotilla, dispuesto a gozar con el escándalo que provocan frases que son griterío de mesa redonda, sin más conocimiento del medio que sus propios complejos como elemento del lado derecho del saloncito de debate; Fatima Báñez ha demostrado que sabe emplear su aptitudes en rogar a la virgen del Rocío que la deje como está y en perfeccionar sus habilidades en juegos para móviles. Todavía está a tiempo de tomar unas lecciones sobre legislación laboral, si tantas obligaciones no se lo impiden; Fernández-Díaz ha interiorizado la maldad que se esconde tras la ciudadanía que exige derechos y respuestas, respondiéndole con el látigo y la cachiporra de sus fuerzas represivas; y, finalmente, Luis de Guindos continúa su exitosa senda de directivo de empresas potencialmente quebradas, y quien se hunde en un Goldman Sachs, bien puede hacerlo con un Estado que sí se parece a Uganda, pero en mutilaciones varias e irreversibles.

De lo que sólo poseíamos fundados rumores, a modo de silbido bombardero, era del gusto laboral del actual titular de la cartera de Defensa, Pedro Morenés, por el negocio armamentístico. Su pasado como consejero de la empresa de fabricación militar Instalaza (véase web al respecto) suponía, desde el punto de partida, una macabra concatenación de responsabilidades, a primera vista, incompatibles. Pero el ministro ha aprovechado el maremagnum de desastres económicos y polémicas decisiones de sus correligionarios de Consejo para pasar fabulosamente desapercibido en este plazo de gobernación. Hasta ahora.

Morenés, como decíamos, representó a la citada empresa de la cosa militar desde 2005 a 2007, año en el que se aprueba la Ley 53/2007, de 28 de diciembre, sobre el control del comercio exterior de material de defensa y de doble uso. A partir de ahí ocupó el puesto de representante hasta el pasado 4 de octubre de 2011, tal y como recoge el Boletín Oficial del Registro Mercantil. Instalaza, entre su variado surtido de productos destinados a la excelsa decoración de un entrañable escenario bélico, mantenía como producto estrella en su catálogo las tristemente famosas bombas de racimo.

Pues bien, el artículo 8 de la citada ley limitaba la adquisición de determinados elementos armamentísticos, recogiendo lo dispuesto en el Tratado de Dublín. Una de esas limitaciones, en el marco del Derecho Internacional, hace mención al uso, almacenamiento y fabricación de las bombas de racimo, trampas diseñadas para causar la amputación y destrozo de máxima salvajada en los cuerpos vivos que tuvieran la desgracia de tropezarse con su mortífera presencia. No obstante, Instalanza decidió reclamar al Estado español, por supuestos incumplimientos contractuales, una indemnización de 40 millones de euros en concepto de desagravio por la prohibición aprobada, reclamación anunciada desde mayo de 2011 por lucro cesante de la corporación. Efectivamente, Pedro Morenés era su representante por aquellas fechas.

Cabría entender que desde su nueva responsabilidad de salvaguardar los intereses públicos en el área de defensa, Morenés habría optado por recusarse motu proprio del contencioso mencionado que, por supuesto, ha seguido su curso impasible. Pues los caminos excrutables del señor de la guerra parece que marchan por derroteros más silenciosos pero igualmente inmundos: supuestamente, Instalanza procederá a revender esa deuda adquirida con el Estado para que sea una tercera entidad la que se encargue de cobrar directamente de las arcas públicas, salvaguardando miserablemente la conexión del ministro en el entuerto belicista de esos podridos intereses del dinero sobre la vida, de la responsabilidad colectiva por debajo de la codicia que arrebata futuros.

En breve, cuarenta millones de nuestra saqueada tesorería, que ha visto como se ha llenado de nueva deuda para sanear un sector que decían inmaculado y ejemplo de gestión como el financiero, saldrán rumbo a indemnizar la decisión de no permitir la compra de artefactos que buscan aumentar el dolor y el martirio de víctimas siempre inocentes, más aún cuando éstas son niños que, años después de lanzadas las bombas, tropiezan con ese 30% de rango de fallo reconocido que queda enterrado en territorios devastados, confundiéndolas con una lata-juguete, una pelota-juguete, una muerte-juguete.

Dudas a raíz del No Rescate

Luis de Guindos ha sido el encargado de anunciar, a la hora prevista y en el sitio señalado, que algo no andaba bien del todo. Pero, precisamente, la evasión permanente de los términos, las trampas léxicas, así como el altavoz utilizado, constituyeron las únicas y anécdoticas diferencias con el escenario previsto.

La primera duda que ha surgido en la opinión pública ha sido ésta, precisamente. ¿Dónde se encuentra el Presidente del ejecutivo en el momento de comunicar a la sociedad algo de tamaña gravedad? Pues es sencillo: dejando hablar a su jefe. Si convenimos que España es un país técnicamente intervenido desde finales de 2010, cuando el anterior gobierno anunció el severo plan de ajustes inicial, lo propio es que sobre Rajoy mande un tecnócrata al servicio del capital, como ocurre actualmente en Italia sin tanto carnaval, y pretenden que se instale en Grecia si esos locos helenos continúan haciendo uso de la democracia y votando en conciencia. Pues bien, que es el ministro Guindos, si no? Él mismo se encargó de darnos una sonora pista hace pocos días, durante el nombramiento del nuevo gobernador del Banco de España; de Luis María Linde destacó, especialmente, su bajo perfil político, como si eso resultará ser, para un supuesto político, una virtud. De este modo, la máscara bajo la que asoma el anfibio rostro ocultado se ha desintegrado por completo durante la rueda de prensa que celebró ayer: Él manda y Rajoy cumple su sueño de ser Presidente, sea al precio que sea.

Y es que sobre su agenda y su protagonismo real en el acontecer del ejecutivo nacional, surge la segunda de las cuestiones. ¿Será verdad, tendrá tanta desfachatez el esquivo Rajoy, como para presenciar en directo el encuentro entre España e Italia esta tarde en Gandsk? Pues dependiendo quien se alce como su espontáneo portavoz, tendremos respuestas distintas. A esta hora de la mañana, la agenda de La Moncloa no dice lo contrario, así como su presencia ha sido confirmada por la práctica totalidad de medios de comunicación, entre ellos Telecinco por medio de su redactora Sara Carbonero. ¿Y qué interés especial tiene resaltar este nombre? Pues porque su actual pareja y cancerbero titular de la selección española, Iker Casillas, se encargó ayer, durante la rueda de prensa previa al encuentro, de desmentir la presencia de Rajoy en el encuentro, declaraciones recogidas por el periódico ABC, entre otros. Sólo faltaría que el líder de los populares no sólo hundiera España, sino también a la pareja más chic del panorama ibérico. ¡Por ahí no pasan sus votantes, amigo!

Tercera duda que nos corroe. ¿Si obvian el término rescate con tanta obsesión que parece que desean extirparlo del diccionario de la RAE, por qué razón debemos suponer que esta exclusiva solución dispuesta por la UE es más beneficiosa? Según las explicaciones puestas ayer sobre la mesa, parecería que nos encontramos frente a una generosísima póliza de crédito, a intereses de risa y a disposición de la empresa España para cuando tenga algún desajuste de tesorería. Qué cosas, parece tan ligero el panorama que hasta deberíamos preguntarnos porque no hemos ido antes a la sucursal de Bruselas a negociar este instrumento. Pero esta es la trampa para incómodos ratones y sólo están esperando que atrapemos el queso para que la víctima no tenga escapatoria. La letra pequeña de esta nueva fórmula del laboratorio financiero perverso no hemos tenido ocasión de leerla, a modo de analfabetos rescatables frente a preferentes soluciones. En primer lugar, porque todos sabemos qué entidades van a tener que hacer uso de la disponibilidad de esos fondos, y en todas ellas convergen desastres monetarios producidos por la especulación, la ambición, la codicia y la incapacidad de sus politizados gestores: NovaCaixaGalicia y los sueños de Feijoo de poseer una banca gallega a cualquier precio, CAM y sus despilfarros corruptos continuados ó el experimento Bankia, con siete cajas controladas por el PP y cosidas a toda pastilla para disolver las responsabilidades particulares de cada una, en una carrera de fondo hacia el estropicio financiero. ¿Qué hay o habrá otros casos en las próximas fechas? Es posible. Pero fundamentalmente estas miserias son las que nos harán acudir, raudos, a meter la mano en el cepo con olor a celulosa de algodón. Si, tal y como Luis de Guindos afirmó ayer, la situación es realmente una solución pactada gracias a la brillantez de su equipo de economistas y la clarividencia solidaria de su partenaire en el BCE, tampoco se comprende qué les ha llevado a optar por una póliza de 100.000 millones, una cantidad a primera vista muy superior a lo necesario para ir tirando hasta fin de mes. Nada bueno, sin duda, puede suponer; por Bruselas, que se sepa, manejan mejor la calculadora que en la torre inclinada de Plaza de Castilla. En cambio, todo indica que ese montante ya nos debe advertir de inmediatas y desastrozas informaciones de quiebras y fallidos bajo Los Pirineos.

Una última e inquietante duda. ¿Cuánto vamos a esperar para sentar a los malhechores ante una justicia objetiva?

Actualización vespertina: Finalmente, al resuelto Mariano Rajoy le ha dado tiempo a leer unos folios redactados por su equipo a toda pastilla, coger un avión privado con su vástago primogénito, poner cara de futbolero despistado, mantener una reunión en el descanso con el presidente polaco mientras el nene compraba las chuches, poner caritas a la pareja heredera a ver si le rescataban una sonrisa, y volver para ver mañana, en su anónimo almuerzo, el final de Roland Garros, suspendido por una lluvia que ha conseguido provocar merced a otra de sus habilidosas negociaciones europeístas. Qué desagradecidos los vasallos ibéricos, que a estas horas pueblan plazas y avenidas pidiendo que no vuelva, que se dedique a negociar su reincorporación al puesto de registrador que le tienen todavía reservado.

Reflexión a toro desempleado

El ayuntamiento de Guijo de Galisteo (Cáceres) decidió a principios de esta semana abanderar ese concepto tan bello de la democracia participativa inmediata. Así, los dignos quince mil euros consignados presupuestariamente a principios del ejercicio para masacrar algún despistado astado de fincas colindantes, fueron puestos en juicio de escrutinio público con vistas a derivar esa partida a algún bolsillo de brava humanidad desempleada. Pues debe ser que por esas pedanías de mar lejano la cuenta ajena es tabú excluyente, que el mensaje sobre la armonía patriotera bajo la bandera cada día más de hotentote, de tonelada insoportable sobre las esperanzas colectivas, supone inexistencia vergonzosa.

Dicho esto, convengamos que no podemos criminalizar a los nobles moradores de este municipio cacereño, ya que en su localidad principal la opción destinada al fomento del empleo obtuvo una aplastante victoria (115 papeletas optaron por esta opción, frente a 40 que decidieron hacerlo por el gusto a sangre enarenada), mientras que en los pueblos de Valrío y Batán, dependientes del mismo Ayuntamiento, no dudaron en recordar que verano y olor a muerte taurina son indispensables para regocijo de sus almas pueblerinas. De este modo, Salomón se ha acercado al Salón de Plenos y ha decidido, sin sacar aún el estoque definitivo, que con el dineral con que cuentan para estos menesteres estivales (15.000 euros) se invierta en cada una de las poblaciones en función del espíritu de los correspondientes escrutinios.

Con todo, Guijo de Galisteo ha sido ubicada en un mapa por su iniciativa, aparentemente bondadosa y consecuente, pero no desde luego por ejemplificar rutas en lo político que puedan generar soluciones en poblaciones similares. ¿Qué cantidad presupuestada irá, efectivamente, destinada a crear empleo? No hay que tener un máster especializado en asuntos económicos para concluir que lo consignado supondrá, a lo sumo, el salario mínimo interprofesional para un trabajador durante un ejercicio. Claro que menos lúcido hay que ser de cara a comprender los mecanismos de la participación ciudadana: Un grupo de gobierno que desea optar por excluir las matanzas taurinas de su calendario de festejos, desterrando de su realidad esta práctica deshumanizada, no debe lanzar la pelota de su responsabilidad gubernativa a la ciudadanía, convirtiendo en apariencia participativa lo que no resulta más que cobardía en las decisiones; más aún cuando su alcalde ha asegurado que la opción de destinar esta partida presupuestaria al fomento del empleo era la que se encontraba en el espíritu del grupo de gobierno.

Instrumentalizar una agenda imperativa de aquellas materias que deben ser sometidas a referendum en municipios con escasa población resultaría un magnífico elemento de cohesión social y confianza en las instituciones. Los ciudadanos percibirían su participación regular en los asuntos ejecutivos y aumentaría el interés por la cosa pública. Utilizarlo con afán demagógico, lo que se demuestra en el caso que nos ocupa por su excepcionalidad casi folclórica, nos recuerda qué lejos estamos del Salón de Plenos y que cerca de aplaudir la mutilación de rabo, orejas y esperanza.