Si yo fuera periodista

¡Extra, extra! Ya está en la calle el diario con las noticias más trágicas de ayer, de antes de ayer, las que son antesala de los infiernos de hoy y mañana. Redactadas como usted prefiere, repletas de dedos acusatorios, culpables que están tomando el sol, y todo ello bajo el prisma de un infante que no entiende de diplomacia analítica. Cómprelo ahora, antes de que se enfrie y las letras se endurezcan. Su digestión se lo agradecerá.

– Con esta garra que todo lo abarca, el nuevo Consejo de Administración de Bankia ha succionado, en cuestión de 48 horas, más de 23.000 millones a la Hacienda Pública. No es un empréstito, dicen, sino cesión de nueva deuda pública emitida que se entrega a una entidad de crédito nacionalizada para su venta y saneamiento. El BCE parece que no opina lo mismo, que ya se ha cansado de terminologías adulteradas para que el cerramiento del fraude continúe sellando sus rendijas de trampa miserable. Toda la clase política tradicional, cobarde y entregada al capital, calla o miente, dulcifica las grietas kilométricas de la estafa por si tropieza, resbala, y acaba perdiéndose dentro de alguna por el fin de los tiempos. Joan Tardà, de ERC, advierte que los ex directivos del conglomerado de Cajas de ahorros liderado por CajaMadrid no deberían estar tranquilos. Los que desde luego se encuentran aterrorizados son los más de 17 millones de clientes que ya no se fían ni del Fondo de Garantía de Depósitos, ni de las soluciones nada preferentes de los nuevos directivos, mucho menos del panorama en el que sus escasos ahorros parecen más rentables entre las plumas de un colchón que al cobijo de una cueva de ladrones con la calculadora atascada.

Cuando el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, correteaba torpemente por aldeas compostelanas, tal vez nunca imaginó que la ambición hueca sería parte de su paisaje en la madurez. Por fin, esta semana ha decidido, tal y como ha afirmado, coger el toro por los cuernos, pero no con el ánimo de arrastrar a su particular fiera hacia el corral, sino más bien parecía que hacía referencia al atrevimiento de mostrarse solo y en público, expuesto a los medios de comunicación y sus cuestiones como una excepción de su rajoynado. El presidente del Ejecutivo contestó a todo con un léxico catatónico, herido de muerte por todos los flancos, sin contenido. Papeles va, documentos viene, mucho leer y mucha muletilla reafirmante, pero imposible sacar nada en claro de aquel al que su obsesión por alcanzar el poder le ha llevado a asegurar soluciones donde sólo se vislumbran nuevos enredos. Aturdido por una experiencia tan insólita como responder preguntas y tener que dar respuestas, sólo dijo que el banco de sus amores (y cada día el de más populares) no iba a caer porque él y su gente son tipos responsables. Añadamos: y si no lo son y sigo despistado, ya me escribirán otro tomo de respuestas tipo, que este test lo supero, mire usted, como dios manda.

A todas éstas, el Gobernador del Banco de España, tras obsesionarse con hacer paquetes de Cajas cual especulador, poniéndole lazos a activos tóxicos para su venta en el mercado de los embusteros, y destruir a las entidades de ahorro que hacían sus deberes y su responsable reinversión social, ahora tiene su corazoncito dañado y ha solicitado explicar su labor frente a los representantes de la soberanía popular. Pero, pobre diablo, a estas alturas del cuento, tras hacer la cobertura y romper el fuera de juego a propios y extraños, parece que no se ha dado cuenta que tras el latrocinio los rateros toman vías de huida divergentes, y uno no puede quedarse a las puertas del establecimiento saqueado para contar que pasaba por allí. El ministro de la cosa económica, Luis de Guindos, y se supone que sus adláteres de ábaco estropeado, le han dicho que no hay tiempo para protagonismos sin fundamento, que lo hecho, hecho está, y que calladito más bonito. Como Fernández Ordóñez, fundador de la España bancarizada, debe creer que posee algo llamado principios, ha tomado las de VillaRato. Sólo queda por cuantificar a cuanto se paga el kilo de desguace cajero en el mercado de las indemnizaciones.

Y aprovechando que el jefe ha salido a comprar tabaco, el gremio de inspectores y analistas varios del Banco de España se ha atrevido a levantar la voz de la dignidad corporativa, asegurando que ya están hasta el gorro de la duda que les han colocado sobre sus intachables informes y gestiones. Básicamente, lo que vienen a afirmar los cualificados trabajadores del organismo es que se ha jugado con su credibilidad como baza para tener un enemigo al que fustigar cuando los naipes vienen mal dados. Y, a lo peor, puede ser hasta cierto que sus diligencias y auditorias en los procesos de, ejem, reforma financiera, hayan resultado impecables, pero entonces tendrán que continuar esta protesta por el sendero de Yo acuso, y explicar a la opinión pública como la perfección contable puede derivar en la salida a bolsa de dos quesos de gruyere, uno intervenido (Bankia), el otro corriendo a los brazos del redentor (Banca Cívica), o en la inviabilidad de prácticamente todos los collages de Cajas reunidas como entidades solventes y competitivas a medio plazo.

Pero dejemos de lado a tanta gente honorable y pasemos a hablar de los verdaderos criminales. El cantautor Javier Krahe ha tenido el honor de estrenar el artículo 525 del Código Penal y rendir cuentas de su ingrata blasfemia contra el sensible sentir de la comunidad católica, a cuenta de un documental casero que explica como cocinar, en sencillos pasos, un indigesto cristo crucificado. Algo tan deliciosamente cutre debe haber conseguido, gracias a la excelsa publicidad obtenida por este disparate procesal, un número de visionados impensable, que hará las delicias culinarias en el arte de hornear para todos aquellos que posean un estómago a prueba de clavos y un sentido del humor que no es de este mundo reaccionario. Total, que con la Fiscalía dando un kilométrico paso al costado y la defensa aguantando el papelón de esta farsa inquisitorial al reo equivocado, todos los ciudadanos vemos perder el tiempo y el dinero de un juzgado que debería estar en aquello de recibir y entregar justicia. Brassens ya se lo advertía a su alumno aventajado, de los jueces no hay que fiarse.

Jueces que, cuando llegan a la cúspide del estamento togado, extenuados frente a tanto impartir justicia aquí y allá, necesitan vías de escape. Sabiamente, el presidente de la judicatura patria, ha sabido equilibrar su estresante responsabilidad decisoria y, aunque los recursos se amontonen durante décadas en los pasillos de los tribunales, ha optado por establecer regulares reuniones de alto nivel en hotelitos de un puñado de estrellas por la costa marbellí. Que Carlos Dívar no considere a bien explicar quien era su partenaire a la luz de los candelabros en la Costa del Sol ó qué opina del gasto que supone al contribuyente sus desplazamientos con escoltas, chófer, suites y demás zarandajas debemos entenderlo como un culto a la sana ignorancia. Ellos saben lo que se hacen. Tan unidos están que siete de los doce miembros del CGPJ están junto a su viajero Presidente, mientras que cinco exigen su dimisión. Un didáctico ejercicio de cómo hemos dejado deconstruir nuestros poderes públicos.

Y es que perdemos el tiempo con tantas dudas sobre nuestro sistema de justicia. Con lo que podríamos aprender de las prácticas y metodología del gobierno colombiano durante los mandatos del íntimo amigo de José María Aznar, Álvaro Uribe. Usted le promete a cualquier campesino, desempleado ó elemento despistado que no le parezca necesario para el glorioso futuro de la patria, un trabajo estable. Eso sí, a unos cuantos kilómetros de su empobrecido hogar pero que no se preocupe, que su generosidad es tal que se encarga de trasladarlo y ponerlo a la puerta del oficio. Ya por el camino, cuando los matorrales y la vegetación den sensación de territorio guerrillero, le ejecuta a sangre fría, lo disfraza de maligno revolucionario, le coloca el arma del delito entre las manos y lo retrata junto a unos cuantos más incautos desangrados. Desde la Presidencia uribista, pasando por los más altos mandos militares, le plagarán el uniforme de condecoraciones por su aportación al fin del terrorismo. A su vez, la cuna de la democracia que se encuentra un poco al norte, encantada ante su implacable defensa de la justicia y la verdad, le surtirá de los dólares suficientes para mantener la maquinaría. ¿Qué ahora la sociedad reclama banquillo para los que planearon el exterminio de miles de ciudadanos? Qué falta de pragmatismo.

¡Compren, compren! Este diario nunca se agota.

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Hay tantos bancos donde sentarnos por primera vez…

…, tantas farolas que aceptar como prenden cuando, sorprendidos por el paisaje a baja altura, toman esa primera calidez anarajanda que nos apertura la tonalidad de detalles desapercibidos cuando el sol lo toma todo y nos disgrega. El planeta se encuentra plagado de espacios que podrían resultar exactos para cobijar nuestra particular melancolía, pero se encuentran a largas manos de un inaccesible billete de avión y, doble barrera, ocultos de la inmensa mayoría de instantáneas y fotogramas que pasan a lo largo de esta vida por nuestra captación visual.

Sin embargo, desde cualquier ventana, con silencio y paciencia, tenemos a pocos pasos ese espacio que ahora nos pertenecería si, al tomarlo en pacífica conquista, alejáramos inmediatamente las toneladas de pavor que nos fueron colgando a cada recuerdo imperativo de los días anteriores, desde esta tarde necesitada hasta, marcha atrás sin retrovisor, los ojos viscoseados de asombro cegador y matriz nostálgica, el primigéneo ejemplo de la supresión memorística; la lección sobre cómo el recorrido está traspuesto de sombras que necesitaríamos como vital avituallamiento.

Hagamos la meláncolica prueba: Cuanto más emerge el balcón, el prisma de los refugios urbanitas se percibe diáfano, tras la vida apresurada. Si obtenemos la paciencia necesaria para disfrutar la presencia de un gato no tardaremos apenas en aprender que su curiosidad es nuestra carencia. La luz artificial se pronuncia, imperceptiblemente, eliminando el círculo de refugio que nos servía de balsa de arena; se expande y, aunque nos resta, nos lleva aún más lejos, ampliamos los dominios del escondrijo y, al ritmo de las sombras que huyen despavoridas, sonreímos tímidamente con el balance de las nuevas tierras y sus correspondientes arrugas, lodos, nidos, habitantes sin ciudadanía.

Desde esa luminosidad en altura no se estila echar la vista abajo, buscar los recovecos en sombra que pueden suponer verdadero hogar, muralla china a poca altura como sumidero de la angustia y, a la vez, manta caliente, almohada en llamas, donde sólo parece existir lo destartalado sin alma hogareña. Es tan particular cuando el ladrillo y el cemento tapian la entrada y la salida de la luz, como una decisión irracional, intolerantemente humana, imponiendo el fin de habitabilidad para aquello que rezume aún el colmo de aliento receptor, una puerta en bienvenida sin timbre ni recibidor, puerta solidificada, puerta que dice adiós a su ánimo de ser puerta, que nos deja fuera y nos prohibe cerrar los ojos y los oídos en su interior, hasta que el rectángulo vivifica en vivienda nuestro descubrimiento.

En cualquiera de esas perfecciones abandonadas por la acelerada mano del progreso que hacina y mancha, que ya no huele a tierra mojada, está a la espera un refugio sin olores, plagado de recuerdos que hicieron las maletas y tomaron el rumbo de sus antiguos habitantes, sean éstos carne y hueso de nostalgía, de huida con dolor de escapista, o bien artesanos de la transformación, lo que quiera que eso signifique. De este modo resulta sencillo echar una cuenta de baratillo y asumir que alrededor del planeta nunca habrá espacio en blanco permanente, imposibilidad de hallar patria en soledad. Según se camine, así la valentía o la desesperación lo permita, habrá un farol que, a estas alturas de la tarde, arrancará su oficio de iluminador del nuevo reino. Y, nosotros, mientras los voltios se expanden, hacemos cuentas, con una sonrisa de total melancolía, del valor que ese banco cálido nos entrega como inicio de una vida renovada.

Al capital se le enreda la lengua

Puede sonarles extraños viniendo de un liberal como yo pero… (y aquí entra el resumen de su contradictoria reflexión) parece conveniente, según De Guindos, que en esta época donde su adorada ley de la oferta y la demanda se encuentra tan repleta de cláusulas interpretativas y trampas varias, las entidades financieras intervenidas por el Estado pasen a hacer causa común (con nuestros tributos, of course) y se nacionalicen en solidaria comandita. Efectivamente, el liberal con bipolaridad marxista puntual ha entendido que Bankia y otras estructuras bancarias que tienen control estatal para buscar su reflote y posterior venta a precio de saldo, no van a obtener en eso que llaman mercado pero quiere decir prostíbulo, la más mínima rentabilidad (así sea negativa, en su particular léxico tramposo). Por lo tanto, y siempre remarcando que el futuro (lo que quiera que ese vocablo signifique a estas alturas) de esa hipotética banca pública (prometemos que de sus capitalistas cuerdas vocales emergió esa denominación en su comparecencia de hoy) sólo supone, en su ortodoxia de libremercadista, una engorrosa aceptación transitoria de que la afirmación iniciática tiene trampa, como toda invención humana dispuesta a ser impuesta a golpe de insensibilidad, y que la privatización es cuestión de tiempo, ha procedido a alabar virtudes de lo odiado. Así, se ha dedicado a enumerar todas las posibilidades de que dispone la fusión de las fusiones fracasadas, con el banco de su indemnizado amigo Rato a la cabeza, bajo el mando de su ministerio, otorgando servicios a más de 17 millones de clientes y asegurando su solvencia presente y próxima. Es decir, aquel que protege y confía en la regulación inteligente del mercado asume que tiene mastondósticos productos en oferta sin adquirente a la vista, que aquéllos están siendo abrillantados con nuestra colectiva pasta y que, mientras su adorada divinidad del capital reune calderilla para hacerle la cobertura, va a tener que desempolvar sus apuntes sobre alternativas macroeconómicas para construir un artilugio que no le gusta pero del que destaca valiosas posibilidades en términos de solidez, crecimiento y solidaridad financiera.

Pero De Guindos no ha transmutado su burguesita inconsciencia tras quedar atrapado por consignas colectivas que alimenten sus recovecos cerebrales, sino que continúa por la senda de abrazar aquel negocio que queda en casa. De otra forma no se entendería como se puede continuar hablando de seguridad y robustez del fraude Bankia mientras se aumenta por miles de millones sus necesidades de inyección monetaria a diario. De este modo, con la conciencia anticipada de la debacle que iba a suponer el temblequeo de este hotentote de pega, Rajoy y sus escuderos de la dilapidación de tributos públicos llevan unas programadas jornadas afirmando que iban a inyectar sin rubor todo aquel parné que hiciera falta para que el fraude fuera completo, para que los que se han quedado al frente de la nave hueca fueran estimando al alza la masilla verdosa adecuada a sus planes de impunidad. Banca pública a tiempo parcial, fortaleza de algo que no se vende por imposible. Desde luego, con estratagemas tan miserables usando la estructura pública para validar su sistema de enriquecimiento, el capitalismo se retrata… pero se insufla oxígeno monetario desde aquello que adelgaza y reclama ligero y flexible.

Porque, y de eso no hay duda, el capitalismo saca pecho a medida que llena sus alveolos financieros arriesgando la expectativa ajena. Sirva como ejemplo el significativo caso de César Alierta, presidente de la muy privatizada Telefónica, que en un plazo inferior a doce horas ha resultado ejemplo perfecto de cómo se puede hacer loas a la mano invisible de sus muy visibles negocios. La cabeza marmórea de esa corporación que ha desarrollado mareados tentáculos por mercados tramposos, que tuvo el honor de trasladar al ex Presidente José Luis Rodríguez Zapatero a la sede de Ferraz durante una jornada electoral, facilitándole, que se sepa, los escrutinios y, que no se sepa, tal vez su camaradería tan de pupitre como la que servía Juan Villalonga a José María Aznar, ha afirmado esta mañana que, informe financiado por la empresa que preside y otras tantas de similar tamaño y calaña, la nueva reforma laboral es el instrumento idóneo para reactivar la economía nacional. Tanto es así que se atreve a asegurar como veremos síntomas de sólida recuperación en menos que canta un móvil, dando datos tan precisos como que en poco menos de un año estaremos sobre el 0,5% de crecimiento del PIB y comprobando la creación de un millón y medio de puestos de esclav…trabajo. Y así, amigos, se escribe la historia del fraude mercantilista, denominando “creación de puestos laborales” al centrifugado que han realizado con la destrucción medida de gran parte de la clase media. Tras alcanzar más de cinco millones de desempleados estables, sacan ahora de la lavadora empobrecida empleos en los que no se percibe mota de derechos laborales ni mancha alguna de estabilidad trabajadora o contraprestación salarial digna.

Ya entrada la tarde, el amigo de amargarnos horas muertas con llamadas comerciales al comienzo de la siesta u obsequiarnos con el servicio de atención al cliente más desquiciante que la mano del empresariado haya podido crear, ha visitado, junto a un ramillete de recaudadores del capital elegidos con mercantilista exquisitez, las dependencias oficiales del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para utilizar el despacho de la gestión pública ejecutiva como cueva de negocietes ajenos, cerrando con dirigentes de la República Popular de China acuerdos comerciales de lucro privado por valor de 500 millones de euros.

Ahhh, la lejana China, motivo de escarnio, desconfianza y profunda crítica por el autodenominado mundo libre, libre de principios y equidad. El capital, burlón y promiscuo, ignora a propósito la simbología roja a sabiendas que tras sus puños y sus estrellas se encuentra el paraíso de miles de millones de manos esclavas que surten a ridículo coste sus estanterías, las mismas que empobrecen la balanza de costes de sus compatriotas de naves industriales clausuradas, imposibles de competir ante ese discurso en el que se enreda la lengua de la oferta y la demanda; que balbucea, ebrio de monedas mediatas, el principio del fin de su mundo intervenido.

Los colonos del caudillo

LOS COLONOS DEL CAUDILLO

2012 | 110 min | Alemania, España | HD
Dirección y producción: Lucía Palacios & Dietmar Post
Narración: Juan Diego Botto
Protagonizada por el ex-ministro franquista José Utrera Molina, el ex-presidente del gobierno Felipe González, los habitantes de Llanos del Caudillo Santiago Sánchez, Juan Aranda, Eugenio Bascuñana, Wenceslao Chamero, Ana Romano, Antonio Rubio y Joaquín Romano, y los expertos Cristóbal Gómez, Isidro Sánchez y Esther Almarcha, entre otros.
Con la colaboración especial del pintor alemán Daniel Ritchter
En un lugar de La Mancha existe un pueblo cuyo nombre rinde homenaje a su creador. Llanos del Caudillo es uno de los 300 asentamientos construidos por Franco en los que el nuevo hombre fascista habría de nacer: “el hombre antiurbano y antiobrero, apegado a la tierra, temeroso de Dios y devoto al régimen, del cual es deudor de todo: casa, tierra y trabajo, bajo el control del partido.”
En el año 2008 los autores de esta película son testigos de un fabuloso descubrimiento: decenas de cajas con documentos de valor incalculable sobre la creación y administración de Llanos del Caudillo son salvados literalmente de la quema en el último minuto. En esos documentos está, tal y como el alcalde del pueblo y protagonista afirma, “la historia de un pueblo sin historia”. 
Y lo que comienza como la revelación de un capítulo desconocido de la historia de España acaba convirtiéndose en un espejo de la sociedad española en el presente. Un presente en el que un juez es sentado en el banquillo por intentar investigar los crímenes del franquismo.
La película hace un retrato de esta pequeña población como si de una lente de aumento se tratara y va diseccionando los hechos históricos desde que Franco usurpó el poder hasta la actualidad.
“Los Colonos del Caudillo” es una revisión del legado de la figura de Francisco Franco, una mirada hacia el pasado que nos ayuda a encontrar las claves del presente y entender un país en el que la figura del dictador aún persiste.
Esta campaña es un esfuerzo conjunto entre playloud! y la plataforma de crowd-funding LÁNZANOS: www.lanzanos.com/proyectos/loscolonosdelcaudillo. Más información sobre la película en http://www.playloud.org.
Trailer oficial del documental aquí
En “Los Colonos del Caudillo” existen dos niveles narrativos. De la parte se pasa al todo, de lo local a lo nacional, y viceversa. Por un lado acompañamos a tres generaciones de colonos de Llanos del Caudillo, quienes cuentan sus historias y experiencias a partir de 1955, año en el que se crea el pueblo. Por otro, se hace un repaso de la situación sociopolítica en el resto de España, un país en el que tras 35 años de democracia todavía es posible rendir homenaje al dictador impunemente. Uno de los protagonistas de la película, José Utrera Molina, ex-ministro de Franco y falangista convencido, ha sido condecorado recientemente por la Fundación Francisco Franco (hay que intentar imaginarse una Fundación Adolf Hitler) por defender los ideales del “Movimiento”.Al mismo tiempo, el juez Baltasar Garzón es sentado en el banquillo por intentar investigar los crímenes del franquismo (España es el segundo país del mundo en cifra de desaparecidos, tras la Cambodia de Pol Pot) y es suspendido de sus funciones. La prensa internacional habla de caza de brujas y de daño a la imagen de la justicia española.

¿Cómo es esto posible? En España nunca hubo una ruptura con el antiguo régimen. Son todavía muchos lo defensores de Franco que ocupan puestos de importancia en las instituciones estatales, e incluso en el gobierno. No sorprende demasiado que el actual presidente Mariano Rajoy haya afirmado: “La Ley de Memoria Histórica no sirve absolutamente para nada. No tengo ningún interés en que esté en vigor”.

Con esta película podemos colaborar a profundizar en un debate sobre la historia reciente de nuestro país para poder entender mejor la situación actual. Nuestra meta es organizar mesas redondas allá donde se proyecte la película, en las que participen historiadores y políticos, periodistas y ciudadanos “de a pie”.

Después de tres años de organizar, visionar y editar el ingente material filmado (sin apenas apoyo institucional o de otra índole), el pasado mes de Julio del 2011 mostramos una versión inacabada de 110 minutos en el Instituto Goethe de Madrid. La reacción del público fue muy positiva y nos confirmó lo que ya intuíamos: ésta es una película importante que ha de llegar al gran público a toda costa.
Para el estreno en Alemania, que tendrá lugar en otoño, planeamos tener como invitados al ex presidente del gobierno Felipe González (uno de los protagonistas), Emilio Silva (presidente de la ARMH), Walter Haubrich (corresponsal en España del periódico alemán Frankfurter Allgemeine desde 1968), Paul Preston (autor de “El Gran Manipulador” y “El Holocausto Español”) y el alcalde de Llanos del Caudillo Santiago Sánchez.

El estreno en España nos gustaría celebrarlo en Llanos del Caudillo con los protagonistas de la película y periodistas invitados. Será el pistoletazo de salida de una gira por todo el país en la que mostraremos la película en cines, centros culturales, asociaciones de vecinos, escuelas y universidades, seguida siempre de su correspondiente discusión. Se trata por tanto de salirse de las vías convencionales de distribución y crear una especie de “cine ambulante”, en el estilo de las Misiones Pedagógicas de la Segunda República en los años 30.

Información facilitada por el director del documental, Dietmar Post, y difundida por CasaQuerida.com de cara a conseguir la financiación necesaria para su eficaz lanzamiento.

El juego de las reglas tapadas

Desde que las sábanas comienzan su tarea de protección inicio la lucha por un sueño que me descanse, imaginando fantasías de héroe universal como alternativa seria a los borregos saltando mecánicamente la valla de sus desconsuelos. Pero nada más entrar en esa situación de dominio ficticio, la irrealidad me vence con su presencia completa en situaciones soñadas, echándome de menos, rogándome que intentemos querernos como se quieren los ancianitos más lúcidos de este planeta.

Transcurren dos horas y mis hazañas no consiguen un espacio completo para desplegarse, dejando paso a amoríos de sirvienta de media tarde con manzanilla; me dejo vencer y olvido lo irreal para rememorar lo único cierto, que es triste y es mío. Casi siempre un tímido beso que ni consigo saborear pero que me reconforta de entrada, al menos al reconocer su rostro, con sus rasgos aniñados mientras me obsequia con ese andar horizontal que siempre me turbó; repesco nuestros pocos diálogos (casi siempre telefónicos) y nuestros encontronazos furtivos. Son las cuatro y es cuando me asaltan las primeras lágrimas incontenibles, al recordar con inquietud de sonámbulo consciente que fui yo el que desmembró el rito. Es en ese instante cuando alcanzo a comprender que todo consistía en algo tan tormentoso pero a la vez dulce cuando se consumaba como un juego sin reglas fijas pero entabladas a medida que se desarrollaba la partida. Había que resignarse y aguardar el siguiente encuentro sin planteárselo; ni mucho menos se podía acosar al contrincante. Creo que es el único juego del mundo en el que en lugar de querer aplastar a tu rival lo que deseas es abrazarlo, amarlo con una ternura meridiana, pero ahí entra una prohibición absoluta. Nada de cuestiones definitivas, todo ha de estar marcado por una absoluta transitoriedad.

La recuerdo demasiado a menudo y quizás por eso la partida ha quedado prácticamente anulada. Es una magnitud impredecible pero parece cerrada de par en par; todo se me desliza en esta suerte de aventura incontrolable a la espera de un último movimiento, la culminación de una serie interminable de reencuentros con la salvedad ineludible de no añorarnos. Yo lo intento pero cada día me cuesta más cumplir con todo, a veces deseo que se convirtiera en la unión aburrida y costumbrista de todos los humanos, llegar a odiarnos, pero en ese mismo instante me resigno, después de tanto tiempo, a un último momento, mínimamente más intenso que los anteriores, en el que relucieran las autenticidades de esta situación que en realidad sólo adivino de soslayo. Ah! Pero si consiguiera una victoria o una derrota definitiva. Me conformo con unas diplomáticas tablas…

Cuando Bankia se hunde, Rato es el primero en abandonarlo

Hace menos de un año, analizábamos la salida a bolsa de los dos SIP más aventajados del panorama desguazador en el mercado financiero español, Bankia y Banca Cívica. La obsesión del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, por culpabilizar al conjunto del sector de ahorro de los males que venían aquejando al horizonte del crédito nacional, obligó mediante sucesivos decretos a acorralar el destino de las Cajas de Ahorros, independientemente de su tamaño, balance y nivel de riesgo en los activos. De manera libre y estratégica en unas ocasiones (las menos), y de forma orientada por planteamientos más políticos que económicos (los más), estas entidades sin ánimo de lucro fueron suscribiendo celerosas alianzas supra autonómicas para cumplir con los requisitos impuestos y buscar la salvaguarda de su destino empresarial. Tras stress test de dudosísima fiabilidad, formación de los SIP y, finalmente, segregaciones completas de activos, plantillas y actividad financiera al banco matriz, el ritmo de integración y toma de decisiones comunes fue variando según la casa y el número de tumores instalados en sus respectivos cuerpos empresariales.

Al frente de esa prueba de velocidad forzada se encontró Bankia, liderada por CajaMadrid y su flamante y reciente Presidente, Rodrigo Rato. El antiguo ministro de economía en la era Aznar y máximo responsable del FMI (de donde salió con preocupantes críticas acerca de su aptitud) se posicionó nada casualmente en el liderazgo de un rascacielos bancario compuesto por siete Cajas de Ahorros de distinto tamaño y origen geográfico pero con el denominador común de encontrarse controladas por dirigentes del PP. A partir de ahí, echó a andar un imperio financiero considerado el cuarto de mayor envergadura del sistema nacional al mismo ritmo que se comenzaba a dudar de la fiabilidad de sus macrocuentas y de la estabilidad a medio plazo de un posible gigante con pies de barro.

Esto no impidió que el ente con sede en Plaza de Castilla consiguiera superar los plazos para estrenar su presencia en el mercado secundario en primera posición, junto a Banca Cívica, insertando su poderío en el índice IBEX 35 a los pocos meses de estrenar su cotización. Esa salida estuvo reforzada por el anuncio de unos beneficios superiores a los 200 millones de euros en el primer semestre del año anterior, lo que se tradujo en una falsaria sensación de fortaleza y solidez inicial que no consiguió ocultar realidades inmediatamente posteriores conducentes a servir de detector del fango que corría por los pisos bajos del banco de Rato: acudir al FROB para obtener más de cuatro mil millones de liquidez adicional, la creación del BFA como banco paralelo para separar contablemente su inmensa cartera de créditos dudosos e intoxicación inmobiliaria, el astronómico sueldo de su cúpula directiva (Rodrigo Rato declaraba unos ingresos superiores a los 2,4 millones de euros anuales), la segregación de Banco de Valencia al detectarse una contabilidad falseada que demostraba su inviabilidad corporativa hasta ser intervenida por el Banco de España y, finalmente, la constatación de que lo declarado por algunas entidades fundadoras (Bancaja, fundamentalmente, debido a su tamaño) no concordaba con las ligeras auditorías externas y del regulador nacional realizadas antes de salir al parquet bursátil, dieron muestras de notable certeza acerca del incierto futuro de Bankia.

Pero, de igual manera que ha venido ocurriendo a la totalidad de experimentos multicajeros en esta ola de incomprensible tabula rasa de las entidades de ahorro, la entrada en el presente ejercicio, con la profundización de la crisis sistémica de España, ha hecho tambalear los mix que menos empeño han puesto en profundizar en la integración real de sus estructuras formadoras y que han pretendido ser uno ocultando la metástasis de sus órganos. Si algo tuvo que hacer sonar la campana, esta vez de alarma, en lo referente al entorno de Bankia, fue la fundada rumorología de una posible fusión con CaixaBank a finales de enero. Hoy se puede afirmar que esa posibilidad era algo más que una tentativa difusa de cara a prevenir el efectivo desplome que rondaba su plan contable, pero el bloqueo rotundo por parte del poder político valenciano y, fundamentalmente, madrileño, incapaces de aceptar bajo ningún concepto que el banco producto de sus antiguas Cajas, entendidas como herramientas de financiación de sus respectivas políticas megalómanas y faraónicas, descontroladas en el gasto y en la responsabilidad pública, fuera engullido por el poder financiero y empresarial catalán. Esa cortedad de miras, nada sorprendente hablando de quien hablamos, dejó en el inicio del camino la última posibilidad real de conseguir viabilidad a la plantilla y futuro de negocio de Bankia, algo que fue aprovechado raudo y velozmente por el otro SIP que veía como su conversión en entidad cotizada gozaba de unos pronósticos de supervivencia funestos. Banca Cívica se lanzó a los brazos de La Caixa a precio de saldo, pagando muy caro los miles de millones deudores que escondía CajaSol bajo las alfombras de la Plaza de San Francisco, agujero que detectó en menos de dos semanas una auditoría rigurosa de la entidad catalana y que había sido pasado por alto para toda la maraña de controles y seguimientos de Banca Cívica desde su fundación. Esta oportunidad desaprovechada hizo saltar la ruleta: Bancaja también demostró ser menos de lo que se suponía y otras de menor tamaño, como La Caja de Canarias, observa como planea sobre su pasado el fantasma del reiterado falseamiento y maquillaje de sus datos contables.

Nuevamente, tras las lecciones no aprendidas de CCM, CajaSur,CAM o Banco de Valencia, el Estado central se enfrenta a una falsa nacionalización que no busca la recuperación de un sector estratégico para ponerlo a disposición del crecimiento nacional, sino que supone el pago de una gestión repugnante en lo económico realizada por Miguel Blesa, Carlos Vela y, finalmente, el monarca Rato y sus virreyes del resto de Cajas congregadas bajo una marca que nunca llegó a liderar un proyecto único, más allá que no fuera para malgastar millones de sus clientes en patrocinios como la selección española de baloncesto, escuderías motociclistas y, por supuesto, dispendios con la connivencia del especto político para alegría común y desgracia colectiva; un pago que abonará nuevamente la ciudadanía, viendo como los 4500 millones provenientes del FROB se convierten en falsas acciones que pasan a titularidad estatal para controlar públicamente el proceso de limpieza del trasatlántico con aluminosis, operación que no será recordada por la inmensa mayoría de la población cuando acabe en un futuro nada cercano. El trasatlántico que nunca comprobó las soldaduras de su armazón y fue desintegrándose a medida que avanzaba en una travesía sin rumbo, liderada por un capitán que ha decidido saltar el primero al chocar con los diques de la realidad financiera. De la embarcación en ruinas ya sólo asoma la popa y no se vislumbra al capitán Rato, con dignidad de almirantazgo, hundiéndose con su navío, sino en una balsa de emergencia forrada por 1,2 millones de euros, alcanzando la costa con el uniforme impecable.

Publicistas que no tienen amigos ni salen de casa

La publicidad televisiva siempre ha sentido un cierto placer suicida por insertar, de cuando en cuando, ambiciosas campañas que suponen un batacazo de diseño y mensaje antes siquiera de aparecer en pantalla. Cabe preguntarse si los profesionales de la comunicación audiovisual que invierten tanta energía en convencer a las compañías contratantes y a sus superiores tienen algún tipo de relación con otro tipo de seres humanos con capacidad básica de interacción. De no ser así, sería hasta disculpable que lanzaran los mensajes que lanzan, que tropezaran tantísimo dinero ajeno en espacios comerciales que, a lo sumo, provocan risa, tristeza o hasta indignación.

Primer caso reciente. Una compañía de productos de limpieza textil, experta donde las haya en lanzar campañas y campañas con el machismo por bandera, ha dado un paso más aprovechando la onomástica maternal de este 6 de mayo, haciendo un guiño a tanta matriarca de pierna quebrada desde su fundación corporativa. Veamos el homenaje:

Efectivamente. Pasados unos veinte segundos, hay algo en esa dulzura melódica que nos transporta a un plano que no casa muy bien con hijos amantísimos, limpieza de lavadora y barro a eliminar.  Y es que a alguien le debe haber parecido apropiado aderezar el pasteleo materno-filial con una incomprensible versión del muy marchoso “You’re The One That I Want“, la composición que interpretan John Travolta y Olivia Newton-John en la clausura de Grease (1978). Los creativos que, encerrados por los siglos de los siglos en sus jaulas de diseño, orquestaron esta corrosión entre imagen y sonido, musicalizan esas inocentes relaciones de amor puro con una letra que reza lo siguiente:

Tengo escalofríos, se están multiplicando
Y estoy perdiendo el control
Porque la potencia que proporcionas
Está electrizando
Mejor prepárate porque necesito un hombre
Y mi corazón está puesto en ti
Mejor prepárate
Mejor entiende
Con mi corazón debo ser auténtico
Nada queda, nada queda hacer para mi

Y hasta ahí podemos leer porque al menos su humor despistado tiene la decencia creativa de cortar antes del estribillo, cuando la cosa se pone más hot. Qué este no es país donde fluya lo anglo y lo sajón no es ninguna exclusiva, pero tampoco es cuestión de insertar cualquier melodía extranjera en la convicción de que el oído es sordo. Además, ¿Qué tendrá que ver esto…

… con la incitación a la venta masiva de detergentes? Como no sea por que en el subconsciente colectivo queda penilla de la rebeca blanca de Travolta, que a saber en qué barrizal acaba, difícil conexión.

Pero, en ocasiones, ese afán artístico torna en nauseabunda adicción al reality publicitario. Como los publicistas, ya hemos dicho, salen poco y se relacionan menos, tienen un miedo atroz a todo aquello que rezume vida más allá de sus imprescindibles interconexiones con el mundo real. Del miedo a lo desconocido se paren productos como el que sigue:

¿Qué? Dilo, Mario Picazo. ¿Qué horripilante suceso les ocurre a los García por estar en su hogar? ¡Pero si tienen el salón como los chorros del oro! Nos anuncian que tengamos un montón de miedo para, inmediatamente, asegurar que todo el horror desaparece al instante conectando una alarma contra el pavor subjetivo. El mismo que sentimos contra el colesterol, porque mientras este trailer terrorífico se ha venido emitiendo, el meteorólogo con ínfulas de TV Star lo ha compatibilizado con una oda contra ese enemigo silencioso que recorre nuestro torrente sanguineo dispuesto a bloquearnos cuanta arteria se encuentre en su camino. Sí, lo han adivinado, los García tampoco tuvieron tanta suerte con su dieta.

Y, finalmente, como una consecuencia inevitable de sus encierros voluntarios, de sus respectivas existencias como tecnológicos ermitaños, se da la paradoja que los creativos de publicidad televisiva… ¡No ven la televisión! De lo contrario, no se entiende que intenten aportar realismo a la venta del producto y se obstinen en utilizar el mismo rostro para asuntos tan divergentes:

Sin contar el que pueden disfrutar en la actualidad acerca de la supervelocidad de conexión a internet por parte de una compañía de telecomunicaciones. Todos seguiditos para darle la mayor credibilidad al protagonista. Pues eso, pongan un publicista en su vida. Así, con suerte, puede que se consiga empapar mínimamente de lo que ocurre más allá de su puerta. Y de la de los desgraciados García.