Nunca dejamos de ser rematadamente estúpidos

Este año 2012, por el lado occidental de un planeta en eterna decadencia integradora, todo lo apocalíptico se solapa con lo posmoderno, lo digital. El futuro. ¿Dónde se encuentra el porvenir entre tanta roca seca? Pues ahí donde se obstinan en mezclarse la desesperación social con la ceguera de complicaciones que convierten la realidad en una amalgama de escalas torpemente interconectadas. Expliquémonos: Los niveles de desempleo apabullantes que suman y suman crisis individuales a las estadísticas diarias caminan de la mano de millones de votos y banderitas que enaltecen y alientan a aquellos candidatos del sistema que los arruina. Sí, el centro mismo de las mentiras, revestidas de terminología anglosajona o, directamente, no aceptada por la RAE pero afianzada por los creativos de la palabra prostituída; desaceleraciones, mercados como fantasmagóricos monstruos descontrolados, crecimiento negativo, reparto del esfuerzo ante la crisis, etc. Todo eso proviene del mismo núcleo, un proyecto de sociedad que golpea a sus sustentadores para sobrevivir frente al desierto de la esperanza. Los que siguen chupando piedras como si fueran sabrosos caramelos apartan de su odisea superviviente a los que ya no son partícipes del entierro inaplazable. Pero, mientras, con la boca seca, muertos y malvivientes, ondean esas consignas descreídas, con el cerebro definitivamente convertido en recipiente sin rellenar.

Y, a pesar de todo lo no recobrable, la estupidez continúa, desarrollando nuevas dimensiones para descapitalizar la supervivencia, y ahí entran todos. Ese Matrix que planea confundir nuestro plano recto, nuestros pasos hasta el polvo, ha atrapado a ingentes bolsas ciudadanas apartándolas de la calle, del lugar de encuentro, más si cabe cuando el asfalto debe estar repleto de pisadas. Todo ahora parece que debe ser buscado y encontrado desde un bit a escenarios que falsean la sala de reunión comprometida, aquella donde se encuentran, invariablemente, los que afinan las mismas teclas. En este momento millones de consignas planean de foro en foro a saber qué rebeldía sin camaradas, mientras cuesta madrugar a la intemperie para rellenar unos segundos de informativo en televisión; debe ser que no existe confianza en la pelea sobre el polvoriento ring, debe ser que hay demasiados que ya han comprado el pack para montar su propia protesta tras unos cientos de caracteres de sofá y computadora.

No es la cuestión caer en la imprecación demagoga de echar las culpas a asuntos como lo balompédico, lo dominicalmente lúdico, pero hay tantas columnas torcidas… ¿Para qué esforzarnos en el arte del corte y confección si podemos renovar un roto con una nueva pieza a cinco euros desde el mercantilista teclado? ¿Hasta cuándo seguiremos enriqueciendo lo que nos empobrece? Nos han educado en la terminología gratuita de la globalización, la interacción, hasta el mestizaje bien hallado, pero a la vuelta de la esquina cibernética nos hemos dejado convertir en egoistas consumidores sin ser vistos, con el más alto desprecio a la aguja que se hiere con nuestra voracidad insurrecta. Y, mientras, la avenida a secas; las hostias, a pares. Se nos fue el sueño de convertirnos en algo más justo, más aceptable mientras planeamos como morir sin dolor y, en un abrir y cerrar de ojos, volvimos a sacar el machete individualista con disimulo. Mucho ruido y pocas nueces.

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5 respuestas a Nunca dejamos de ser rematadamente estúpidos

  1. Chuchi dijo:

    Totalmente de acuerdo. Al final dejaremos hasta que las máquinas piensen por nosotros. Y ésto a los poderosos seguro les va a encantar. Desde mi punto de vista, les diría a la gente, que menos usar el Iphone y más usar el cerebro.

    Un saludo.

    http://lasombradeeratosthenes.blogspot.com/2012/02/la-psicolinguistica-surgio-en-los.html

  2. pacholeto dijo:

    Gracias por recordarlo

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  4. Pingback: Nunca dejamos de ser rematadamente estúpidos | ¿Hasta cuando en crisis?

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