Yo no voy a la huelga porque…

… la reforma laboral, aunque parezca algo dura, es necesaria. No digo que esté de acuerdo con que se despida a la gente sin indemnizarles, pero algo hay que hacer para que la economía sea más flexible, para que las empresas puedan volver a crecer y la crisis nos vaya dejando paso. Además, ya está aprobada, con lo que no voy a cambiar nada yendo o no. Entre los estudiantes y los desempleados que hay se verá una buena movilización y eso es lo importante. Es cierto que es todo complicado, que no es fácil salir de ésta, pero es que también nos hemos dedicado a vivir a cuerpo de rey. Algo de culpa tendremos. No podemos, ahora, con el nuevo Gobierno que está buscando soluciones, ponernos a frenar el país porque sean de derechas. Ya han dicho que no se va a notar la recuperación inmediatamente, pero hay que tener paciencia. Sí, hay que esperar, y todos debemos poner de nuestra parte. Sería un contrasentido esa responsabilidad y, a su vez, paralizar la economía de un país, eso sería gravísimo. Además, el trabajo que hay que hacer es el que es y, si voy a la huelga, al día siguiente tendré que quedarme mañana y tarde para recuperar el tiempo perdido, con lo que nadie gana y, encima, me descuentan un día de salario, que con los tiempos que corren es dinero. Total, para nada, porque voy a seguir haciendo lo mismo, y en horas libres. Así son las cosas, no digo que me gusten, pero son las que son, las que tocan.

Precisamente, el jueves nos han marcado una cuantas reuniones y, claro, lo que no podemos hacer es ausentarnos de compromisos importantes. No digo que no lo hagan con cierta mala baba en la empresa, pero si me convocan es porque cuentan conmigo, y no puedo defraudarles. Al final, yo vivo de mi sueldo y, quien me lo paga, manda. Las cosas irán cambiando, mejorando, muy a peor ya no podemos ir, así que toca hacer el último gran esfuerzo y demostrar que este país es de confianza, que somos trabajadores y con ánimos para salir adelante. La huelga es un derecho pero… es que le acabamos haciendo el juego a los sindicatos, que no hacen nada por nosotros, que se encuentran atiborrados de subvenciones. Sin ir más lejos, en mi empresa los liberados sindicales están más tiempo con bolsas de las tiendas cercanas que pendientes de nuestras necesidades que, ojo, son muchas, pero que se pueden arreglar con buena voluntad, todos estamos en el mismo barco. Pero ellos hace tiempo que están acomodados; mucha pancartita, mucho piquete, pero en el día a día no se puede contar con ellos.

En fin, que eso, que sí, que a lo mejor hay cosas que pueden mejorar pero yo no veo procedente ir a la huelga. Yo…

… Voy a la Huelga. Con toda convicción, con la absoluta certeza de estar haciendo valer mi derechos constitucionales, habitualmente pisoteados y relativizados pero que deben ser enarbolados sin titubear en situaciones de gravedad como la actual. La reforma laboral aprobada no aparecía ni por asomo dentro de las líneas generales programáticas del partido gobernante durante la pasada campaña electoral, lo que supone una estafa general al conjunto de la ciudadanía; este hecho, unido a la tremenda irresponsabilidad que supone dilatar la presentación de los Presupuestos Generales del Estado al comienzo del segundo trimestre, con intenciones (truncadas) puramente electoralistas, nos demuestran que estamos ante un panorama ensombrecido, en el que los actuales gestores de la res pública pretenden disparar a dar con la mirilla conscientemente desequilibrada. Los pesos pesados del Ejecutivo provienen de la alta gestión de mastodónticas corporaciones, algunas de ellas responsables de primer orden en la actual depresión macroeconómica que sufrimos, y suelen ser viajeros de ida y vuelta, que utilizan el aparato colectivo para reorientar sus recursos al enriquecimiento de sus verdaderos amos. Asimismo, utilizan sin pudor el conjunto de empresas que se encargaron, hace aproximadamente una década, de privatizar a precio de ganga, sustrayendo de la riqueza nacional su motor principal y más valioso patrimonio, para colocar a la parentela más y menos desasistidas, a todos sus apellidos de casado y soltera. Restringen hasta el mínimo indivisible las obligatoriedades inherentes al cargo en cuanto a apariciones públicas con turno de ruegos y preguntas, ensayando su actividad ejecutiva como un telefilm de bajo presupuesto y repetitivo decorado. No tienen argumentos directos, confianza para convencer, así que delegan su consabida mentira global en el ejército de plumillas a sueldo que, debate y tertulia al hombro, se encargan de hacer llegar a la ciudadanía un espectro de planificación a medio plazo brillante del que aún no hemos podido visualizar siquiera la corteza. Paciencia, nos piden los juntaletras pedigüeños, mientras insisten, entre otras repugnancias, que la huelga no es la solución.

Miles de trabajadores se ven mañana ante la tesitura de enfrentar su expectativa de supervivencia a amenazas nada veladas y presiones empresariales directas; otros tantos llevan demasiado tiempo disfrazados de ejecutivos, con sus trajes almidonados y corbatas atrevidas, que olvidaron en algún punto del encuentro que son empleados por cuenta ajena. Y así, millones de ciudadanos están en este momento alimentando argumentos para no sentirse esquirol en la jornada de mañana en lugar de reforzar sus convicciones ideológicas para disponer de esa energía que debe barrer con todos los obstáculos que nos han ido colocando desde hace más de dos décadas. ¿Qué la Huelga General no es necesaria porque la reforma no tiene marcha atrás? menos la tendrá si la convocatoria es un fracaso participativo ¿ Qué la situación está como está y las reformas se hacen indispensables? La recesión no implica desequilibrio en el reparto de los recursos disponibles, y áquel crece más a medida que esta crisis se acrecienta. Alguien gana de la pobreza ajena, y desde luego no los trabajadores.

Por todo ésto, y por lo que todos sabemos, en conciencia, decimos en orgulloso y alto volumen: ¡Yo Sí Voy a la Huelga!

Andalucía y Asturias: Análisis post electoral

Andalucía y Asturias han bajado la verja de sus respectivas jornadas electorales. Por partes, porque ambas respuestas no tienen excesivos puntos de semejanza en sendas urnas colectivas, si bien algunos medios ya vienen haciendo una facilona lectura acerca de la supervivencia socialdemócrata como contención a las inmediatas medidas mutiladoras del Ejecutivo central. Error. Los ciudadanos, cuando afrontan su responsabilidad ante los comicios, mantienen una decisión individual dentro de una abstracción colectiva de deseo, no de objetiva decisión. De este modo, el elector introduce la papeleta apoyando tal o cual propuesta política con la confianza de ser acompañado por una mayoría atronadora, no realizando labores de analista calculando qué puede ocurrir en base a su minúscula apuesta, a su deseo no contenido. Desde esta perspectiva, los resultados que han arrojado ambos comicios autonómicos pueden recibir, y de hecho ya están recibiendo, cientos de especulaciones resumidas para dar de comer a la terna de especialistas políticos, ésos que hace menos de veinticuatro horas no supieron pronosticar, en ningún caso, los resultados al sur de España.

Andalucía: Y es que la inmensa mayoría de medios de comunicacion tradicionales sólo estaban pendientes de una supuesta mayoría absoluta conservadora que, al parecer, se estaba jugando al límite. El resto de opiniones parecían deseos más que estudios objetivos sobre el escenario electoral real. Nadie se planteó que los resultados estarían condicionados por un aumento en casi doce puntos porcentuales de ese saco egoísta denominado abstención. Que aunque el batacazo en número de papeletas del PSOE se mantuvo dentro de los límites predecibles (700.000 votos menos), el PP obtuvo un crecimiento de escaños inversamente proporcional a su generación de la más mínima ilusión programática, descendiendo con respecto a la anterior cita electoral en casi 200.000 apoyos ciudadanos. En toda esta parálisis de la fiesta democrática, IU ha sido la única formación con presencia en la Cámara capaz de movilizar nuevas afiliaciones electorales, con un aumento de 100.000 papeletas que le han permitido doblar su presencia y, a la vez, ser llave indiscutible de la gobernabilidad andaluza. Está claro que las derrotas en el ámbito electoral son tan relativas que, si bien es la primera vez en la etapa democrática que los socialdemócratas no se alzan como la fuerza más votada en Andalucía, a estas alturas el ganador de las mismas aparece como el mayor de los derrotados. Resultados como los obtenidos en la provincia de Sevilla, donde el PSOE ha obtenido una ventaja de casi nueve puntos porcentuales, han hecho imposible la remontada soñada por la formación conservadora, pero ahora se abre otro escenario de vital trascendencia; Julio Anguita, a la hora de afrontar potenciales pactos con otras fuerzas políticas, utilizaba una rotunda expresión: luz y taquígrafos. Así debe ser, como fue en Extremadura, y esa seridad en los planteamientos programáticos permitió al PP gobernar en minoría en lugar de ensuciar los principios y la dignidad de la coalición de izquierda porque sí . Los apoyos ciudadanos no deben entregarse por veleidades de corriente similar, por frenar supuestos peligros. El valor que se le supone a la democracia, al encuentro electoral como acto central del pacto social, nunca debe desterrarse mediante pactos sin contenido. En ese sentido, Cayo Lara no ha estado especialmente acertado en esta noche post electoral dando por hecho un gobierno de izquierda en la CCAA más poblada del Estado español, mucho antes de enfrentar la actitud del PSOE en esa inmediata negociación, en ese pacto donde los más de cuatrocientos mil apoyos progresistas han exigido una forma distinta de enfocarnos como sociedad, de afrontar el futuro bajo la dictadura de la soberanía popular, no de los mercados o la corrupción. Arenas, el señorito de la eterna sonrisa, tendrá con casi toda seguridad que buscar refugio en Madrid; habrá que ver como los triunfadores protegen bajo su ala al compañero derrotado, obligado a regresar a su patria para ser profeta cuando estaba en la cúspide de Génova y que retorna con los zapatos nada lustrosos.

Asturias: Y, a la misma hora, se concretó otra victoria ácida. El PSOE recuperó terreno pérdido con respecto a los anteriores comicios autonómicos y se alzó con un triunfo probablemente vacuo cara a obtener una aspiración de gobernabilidad en la Comunidad asturiana. El tramposo partido de Álvarez Cascos (Foro Asturias) planteó este adelanto electoral como un innecesario plebiscito al grito de conmigo o contra mí, entendiendo desde su pecaminosa óptica que él es Asturias y, el resto, enemigos de la patria. Pues esa especie de ególatra referendum le comunicó que unos cuantos menos creen que sea el líder amantísimo que necesita Asturias, repartiéndose éstos descreídos del ex Vicepresidente entre los brazos de PSOE, IU y UPyD. Las tres formaciones mejoraron en un escaño con respecto a la cita con las urnas celebrada hace, escasamente, cinco meses; poco tiempo para tanto cambio pero, sobre todo, para tanta abstención. Asturias también se ha quedado en casa en este dominical comicio, hastiada con los discursos de uno y otro lado, y el recuento total obliga a un entendimiento entre Álvarez Cascos y sus otrora compañeros populares, que no sólo se han estancado electoralmente sino que vieron restado su apoyo en unas miles de papeletas. Y obliga porque Foro no aparece como la fuerza más votada y, esta vez sí, necesita compañeros de camino, aquellos que le dejaron en la cuneta; los únicos que tiene, por otra parte. Y necesitará a las huestes impredecibles de Rosa Díez si el escaño que, a estas horas, sigue bailando por 150 sufragios, rueda uno de los sillones parlamentarios hacia el lado socialdemócrata, no permitiéndole cerrar un acuerdo de mayoría únicamente con las fuerzas de Mercedes Cherines Fernández. Salvo que, pese a todo, la ausencia de entendimientos permita gobernar, nuevamente, a la fuerza más votada. Entonces sí, el PSOE podrá descorchar, después de mucho tiempo, alguna botella de champán esta noche. O mejor de sidra y vino fino.

La guerra del petróleo canario (III): Análisis del RD 547/2012

En el Boletín Oficial del Estado, ayer miércoles, se publicó finalmente el Real Decreto 547/2012, de 16 de marzo, por el que se convalida el número 1462/2001 que trata acerca de los permisos de investigación de hidrocarburos en esas nueve inmensas parcelas oceánicas frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura.

El contenido en sí viene, a grandes rasgos, a convalidar la autorización otorgada hace más de una década a Repsol y sus empresas colaboradoras (Woodside Energy Iberia S.A. y RWE Dea AG) para realizar catas y extracciones en las áreas delimitadas, así como a subsanar el contenido del artículo 2. No obstante, del espíritu de la redacción emergen ciertas urgencias por cerrar vías de fuga para que el procedimiento no modifique las líneas maestras que llevarán, si la presión ciudadana e institucional de las islas afectadas no lo remedia, a entregar un inmenso botín a una corporación privada sin apenas réditos al Estado y asumiendo éste y sus habitantes todos los riesgos derivados de una operación extractiva de inmensa complejidad.

Lo más llamativo deriva de la consideración acerca de esa modificación en el articulado. Así, en la exposición inicial se afirma que se introducen determinadas modificaciones en el artículo 2 que flexibilizan en programa de trabajos pero no constituye en ningún caso una modificación relevante al mantenerse invariables tanto las obligaciones materiales como las inversiones. Veamos la redacción original de los apartados c) y d), así como su texto refundido en el nuevo RD:

c) Tercer año: Perforación de un pozo exploratorio hasta una profundidad aproximada de 3.500 m y realización de trabajos geológicos y geofísicos, siendo la inversión mínima para este tercer año de diez millones de euros.
d) Cuarto, quinto y sexto año: Perforación de un segundo pozo exploratorio hasta una profundidad aproximada de 3.500 m y realización de trabajos geológicos y geofísicos, con una inversión mínima durante estos tres años de diez millones de euros.

Como decimos, ambos apartados se concentran ahora en un único punto, que queda tal que así:

c) Tercer, cuarto, quinto y sexto año: Se perforarán al menos dos pozos exploratorios de 3.500 metros de profundidad aproximada y se realizarán estudios geológicos y geofísicos, todo ello con una inversión mínima de veinte millones de euros.

De la reflexiva lectura de ambos textos sí que se pueden extraer diferencias sustanciales. La primera, y más preocupante, es relativa al número de pozos exploratorios a perforar en las profundidades canarias. Si en la redacción original se hablaba de dos catas entre el tercer y sexto año de vigencia de las correspondientes autorizaciones, en la actualidad se recoge que, como mínimo, se realizará esa cantidad de pozos, abriendo la posibilidad a más operaciones extractivas a una profundidad de 3.500 metros, es decir, la distancia de un Teide invertido. No hace falta recordar los riesgos implícitos en una operación de esa complejidad, en un entorno oceánico a dos palmos de tierra de la costa norteafricana y de las islas orientales del archipiélago canario.

La modificación del texto legal resulta incomprensible, ya que el contenido del propio Real Decreto 547/2012 explicita que la sentencia de 24 de febrero de 2004 de la Sala Tercera del Tribunal Supremo por la que se resuelven los recursos contencioso-administrativos 39/2001 y 40/2001 contra el mencionado Real Decreto 1462/2001, de 21 de diciembre, anuló los compromisos y programas de investigación especificados en los apartados c y d del artículo 2 de dicho real decreto, correspondientes a los años tercero a sexto, por no haberse determinado expresamente las medidas de protección medioambiental a que se refiere el artículo 18.3 de la Ley 34/1998, de 7 de octubre, del Sector de Hidrocarburos. Si éste es el motivo aducido para la modificación, queda por ver la subsanación adecuada cara a asegurar el equilibrio mediambiental de la zona. Pues bien, el ministerio incluye un bis al artículo 2 que, resumiendo, viene a incluir una serie de obligaciones al concesionario en lo que respecta a planes de contingencia medioambiental. Perfecto, muy decorativo. Pero ahí no radica el quid de la cuestión, ya que el Ejecutivo lo que hace es aferrarse al artículo 67 de ley 30/1992, de Régimen jurídico, para convalidar el acto anulado y subsanar los vicios. En la jerga política, impedir que se abra un nuevo procedimiento de concesión y Repsol pueda quedarse sin el chollo apalabrado primero con Rodrigo Rato y, en la actualidad, con el canario Soria.

En definitiva, este Real Decreto aprobado a toda mecha para no perder ni un segundo petrolero no cumple otra función más que la citada y, por supuesto, heredar el contenido del reglamento 1462/2001. Entre sus asuntos más llamativos, los aficionados a la cartografía pueden entretenerse detectando en el mapa la longitud y latitud exacta de las nueve áreas de permiso, que entre todas ocupan la misma superficie que el conjunto terrestre del archipiélago. Este dato tiene suma importancia, ya que el ministro de industria aseguró a principios de semana que las plataformas petrolíferas se establecerán a una distancia mínima de 60 kilómetros de la costa canaria, mientras que el Presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, afirmó ayer, durante el debate del estado de la nacionalidad, que esa aseveración era fraudulenta por completo, pudiendo ubicar las moles extractoras a poco más de diez kilómetros de la paradisíaca arena de Fuerteventura.

Las administraciones locales se han sentido profundamente maltratadas en todo este procedimiento, sobre todo a raíz de la mofa contenida en el Real Decreto, de la forma que sigue: por último, instruido el procedimiento, se ha cumplimentado el trámite final de audiencia, cuyas alegaciones y comentarios han sido convenientemente valorados. Los correspondientes presidentes de los Cabildos afectados afirman que no han podido plantear alegación alguna, siendo emplazados el martes pasado a una reunión al día siguiente por la mañana en Madrid como única fecha posible, sin tiempo ni capacidad para organizar el expediente de argumentaciones contrarias. El sábado 24, la ciudadanía canaria saldrá a la calle a mostrar su frontal rechazo a toda esta codicia dispuesta a destruir el futuro del archipiélago. Tal vez esas alegaciones sí tengan que ser valoradas.

 

La guerra del petróleo canario (II)

Imagen de hoy, a poco de haber sido aprobado el Real Decreto por el que se autoriza a la compañía privada Repsol a comenzar las prospecciones petrolíferas necesarias para buscar y extraer el crudo que se encuentre en el subsuelo marino existente en aguas territoriales de Canarias. Como pueden comprobar, el almuerzo-conferencia (organizado por Nueva Economía Forum) que se celebra está patrocinado, casualmente, por la empresa beneficiaria de dicha concesión y a quien se agasaja, con nombre y apellidos, es al ministro canario José Manuel Soria, de quien se pensó que su nombramiento reposaba en el supuesto conocimiento del sector turístico pero de quien se va comprobando que tira más por la primera de las carteras acumuladas.

El ex vicepresidente del gobierno autonómico ha sido indiscutible protagonista de la aceleración de este proceso que parece no tener marcha atrás. Lo que ha consistido en una rumorología intermitente durante los últimos años en el archipiélago ha encajado todas sus piezas en un abrir y cerrar de ojos, y todo por el camino de la sordera social. Dicen que tras esta velocidad rotunda a la hora de abrir la veda del negro barril se aprecia un ánimo vengativo contra el ejecutivo autonómico presidido por Paulino Rivero (Coalición Canaria); Soria no disimula su rencor por la ruptura del pacto de gobernabilidad que sustentaba con los nacionalistas en la anterior legislatura para ver como las huestes del paulinato reiteraban su manida estrategia de abrazar al gobierno central, en ese momento en manos socialdemócratas, con el propósito de arañar una relación más sensible para con la Comunidad Autónoma. Esa quiebra de empatía personal y política se agudizó tras las pasadas elecciones locales y autonómicas, en las que el Partido Popular, con el ahora ministro como cabeza de lista, obtuvo la mayoría simple pero sufrió un pacto en cascada entre socialistas y regionalistas para desbancar a la formación conservadora en todas aquellas instituciones en que no gozara de representatividad absoluta.

Esta guerra abierta no para de disparar mensajes envenenados; unos, los que provienen del Ejecutivo central, justifican con argumentos de lo más variopintos la conveniencia y oportunidad del proceso extractivo inmediato, mientras que los emitidos por el entorno del Gobierno de Canarias insisten en la irremediable destrucción del entorno con esta decisión y, por tanto, el riesgo inmediato de ver deteriorada, implacablemente, la principal industria del archipiélago, el turismo. En ese sentido, algunos turoperadores poderosos, como el alemán TUI, ya han advertido su huida inmediata de Canarias en caso de que la industria petrolera pose sus plataformas extractivas a vista de las playas del noreste de Fuerteventura y Lanzarote, algunas dentro de las más valoradas a nivel europeo. Petróleo y turismo no son buenos compañeros de viaje, advierten expertos en la materia, mientras el ministro Soria utiliza argumentos ciertamente exóticos para desterrar esta afirmación, asegurando que en paraísos de sol y playa, como Brasil, ese paisaje está más que asimilado y ambas industrias no se han resentido en sus expectativas económicas. Sea como fuere, resulta incomprensible la estrategia del gobierno canario, no caracterizada precisamente por el respeto al medio ambiente (puertos de Granadilla y Arinaga, tendidos eléctricos aéreos, inexistencia de una apuesta por economías sostenibles y energías renovables, etc.), y que se viene empeñando en los últimos días en hacer las paces con aquellas entidades no gubernamentales que han sido opositores tradicionales de la política autonómica, desentendida con el entorno y víctima de masivas movilizaciones ciudadanas por algunas decisiones controvertidas, con tufillo a interés particular en las mismas. Sin ir más lejos, Paulino Rivero se ha reunido en estos días con responsables de Greenpeace para acordar estrategías comunes a la hora de paralizar el proceso petrolero que resulta inminente, y es todo tan sospechoso. En primer lugar, porque resulta difícil creer que organizaciones con un recorrido en la defensa del ecosistema tan abundante se dejen utilizar de manera notoriamente burda y, para finalizar, porque no se disimula que en la pataleta autonómica hay intereses que nada tienen que ver con el amor a la naturaleza.

Con dos mil millones de barriles por banda, cien mil millones de dólares a toda vela, el crudo depositado en las profundidades norteafricanas no van a reposar su inevitable futuro de refino por mucho tiempo. Se estima que con esa tasación mínima de reservas (que podría aumentar cuando comience la actividad de extracción y añadir bolsas de gas a la cesta de la compra), España cubriría el 10% de sus necesidades diarias de abastecimiento. Lo que queda por sufrir supone el torpedeo de cinismo, demagogia y mascarada para dilucidar quien obtiene mayor rendimiento económico de la negra tarta. El propósito real del Gobierno de Canarias es retroceder el procedimiento reglamentario de concesión para disponer del tiempo suficiente que supone montar una especie de UTE petrolera, un consorcio que asegure rendimientos participativos a la Comunidad Autónoma, negocio de refino a la empresa CEPSA (sin capacidad tecnológica para afrontar las extracciones, pero con una refinería a pleno rendimiento ubicada en Tenerife) y pastel industrial a aquella corporación que se avenga a cumplir el papel de succionador oficial de las profundidades archipielágicas. Soria dice que no hay tiempo, que estamos ante un huevo del que pretenden paladear su cruda yema dos hambrientos comensales, y uno de ellos (Marruecos) ya ha untado el mendrugo; Rivero afirma que, mientras lidere el gobierno de las Islas, no emergerá ni un barril de las profundidades canarias. La negra historia reserva nuevas entregas.

La calificación electoral AA+: de Andalucia a Asturias hasta el 29M

Las encuestas dominicales han lanzado el órdago sensato acerca de esa mayoría absoluta que Javier Arenas parece que roza y hasta de la que se embadurnaría en las elecciones autonómicas andaluzas el próximo domingo. Cuesta creer que un señorito que ha besado la arena del ruedo electoral comicio tras comicio, que es más conocido por sus fobias que por sus filias, pueda obtener un respaldo tan abrumador de una ciudadanía a la que su claqueteante sonrisa no le va a pillar desprevenida, pero es tiempo de perdedores al alza y, por lo tanto, quién sabe. Lo que se juega la realidad social española el próximo 25 de marzo en la CCAA más poblada del Estado es mucho más que ver como se completa el puzzle popular de norte a sur, de las autonomías al poder central; tras casi un trimestre de gobernanza conservadora a lo ancho y largo de este secarral sin visos de lluvia tierna, la respuesta del electorado andaluz cobra una dimensión esencial para entender si convivimos con ciudadanos orgullosos de serlo o, por el contrario, la derrota emocional como Estado nos ha llevado a retroceder sobre los pasos de tantos espejismos que nos hacían ver fértil anuencia de derechos y posibilidades. No parece necesario recordar, pero no queda otra que hacerlo, que el contubernio canovista no es una obligatoriedad a la hora de enfrentar la urna, que las papeletas que rodean el pucherazo de nuestro abandono tienen también mucho que contar y, por ahora, poca o ninguna posibilidad de demostrar su honradez de propósitos y discursos. Caer en el derrotismo frente a las encuestas es, precisamente, asumir que el sistema no es válido, que esta democracia ni nos la otorgamos ni hemos tenido intención de perfeccionar su irregular molde iniciático. Tanto por un interés como por otro, los datos de intencionalidad electoral buscan propósitos que sean traducidos a partir de la medianoche del próximo domingo, pero en ningún caso son capaces de revelar el elemento reflexivo que todos podemos exprimir antes de enfilar el correspondiente colegio electoral.

El desprecio por la soberanía popular ha condenado a la ruina colectiva nuestros potenciales propósitos de enmienda y, así, nuevamente nos veremos obligados dentro de unos escasos diez días a paralizar la actividad productiva de un Estado que cada vez lo es menos en prestador de servicios obligatorios y gestor de las acciones estratégicas nacionales y lo es más en su versión perversa de protector indisimulado de cobertura a las clases privilegiadas y sus correspondientes capitales dinámicos, poco prestos a solidarizar su causa rentista en aquel propósito nunca revelado de desarrollar una sociedad sobre unos principios y valores comunes. Privatizaciones aceleradas y una política fiscal desacompasada en cuanto a su imprescindible cumplimiento progresivo fueron la punta de lanza de este despropósito llamado España pero en el que quien no corre, vuela. Nos encontramos frente a un instante de la Historia en el que se dan la mano en la lucha, por primera vez, tres generaciones de distinto pelaje: la que regresó de las tinieblas franquistas, la que alumbró su esperanza en los primeros pasos de esta democracia coja y aquella que comienza a conocer la calle cuando debíamos haberla asfaltado para otros menesteres. En esa trilogía generacional también se halla su reverso, aquellos que a toda edad sostienen la vía muerta por donde saquear su egoismo vital, sin importarles absolutamente nada ésos a los que les une, exclusivamente, algún festín balompédico rojigualda.

Tanto Andalucía como Asturias serán los escenarios donde se reflejarán, el próximo 25 de marzo, aquello que hayamos aprendido en este inicio de año o, por el contrario, la confirmación de que hemos dejado el cráneo hueco. Que la gobernanza socialdemócrata ha producido una endogamia gestora que ha dejado el sur peninsular hecho unos zorros no es ninguna novedad, como tampoco lo resultará aupar al poder a un equipo de ilustres burgueses de romería a caballo y desprecio por los instrumentos de trabajo que han dado forma a la realidad andaluza y que, al día siguiente del discurso festivo, tendrán el despacho abierto exclusivamente a las tropas con caballo y espada propia. De igual manera, entrar al egocentrista trapo manchado de Álvarez Cascos y sus pinches, al órdago de una jugada que sólo pretende la venganza en lugar del compromiso público, sólo puede acarrear el derrotismo entre los que creen que en nuestra toma de decisiones hay todavía esperanza. Estos dos encuentros con las urnas nos disponen para recuperar una calificación de confianza AA+, un regreso a las notas que sí dan valor a un grupo humano o, por el contrario, tienen la capacidad de apartarnos definitivamente de la confianza en que los que nos encontramos a diario mantenemos la más mínima pretensión de andar algún paso en sintonía. El plazo entre ambos comicios y la convocatoria de Huelga General contendrá noticias y revelaciones que dependerán casi en exclusiva de ese doble episodio ante los correspondientes escrutinios. Y las voluntades de millones de ciudadanos también se reforzarán o, por el contrario, arrastrarán las yemas de los dedos por callejuelas sin compañía en gran medida tras esos datos asturianos y andaluces. Días intensos, sin duda, fechas de enorme responsabilidad como para que los que tienen el primer examen se planteen hacer novillos.

Ligas ricas, ciudadanos pobres

En todo este doloroso proceso de asumir la consciencia del deterioro global como sociedad, hemos ido analizando en diferentes artículos aquellos procesos, al albur de las excusas políticas para tomar las de villadigo por el sendero de villadiego, que han volteado escenarios estratégicos del devenir macroeconómico nacional. Así, no nos hemos cansado de alertar sobre el perverso desguace y bancarización de nuestro sistema de ahorro (de aquí a dos semanas veremos un baile tan desafinado como el mercado de fichajes minutos antes de la medianoche del cierre, de norte a sur, de fusión a absorción especulativa), de igual manera que continuamos el análisis de conductas, casi estados de ánimo, que hacen bambolear estructuras con poca herrumbre para adecuarlas a intereses de lo más variopintos.

Pero, de igual manera que la denuncia nos exige estrenar cotidianamente altavoces poderosos para que la injusticia amplifique su mensaje, en el caso que nos ocupa no es tanto afan de alerta como reflexión de lo que, por atractivo, nos impide ver sus arrugas.

A cuestión planteada en el día de ayer por el grupo parlamentario de Izquierda Unida, el Ejecutivo central se vio en la obligación de reconocer que la deuda acumulada por los clubes de fútbol españoles asciende a la mareante cifra de 752 millones de euros (sin contar con las cantidades adeudadas a la Seguridad Social, que son de aupa). A la velocidad de un extremo izquierdo de relumbrón, las huestes balompédicas procedieron a delimitar la cifra escandalosa, con argumentos tan pacatos como que el mayor porcentaje de ese debe en las arcas públicas (673 millones) se encuentra aplazado mediante acuerdos con los correspondientes deudores. El problema no es temporal, sino de qué manera se ha llegado al engorde insostenible de un modelo de competiciones profesionales a todas luces no sustentable al albur de un proyecto de Estado con los bolsillos agujereados; en la puerta de entrada, cualquier Sociedad Anónima radicada en territorio nacional estaría encandilada con disponer, al menos, de relaciones tan cordiales con el fisco ibérico cara a negociar sus obligaciones tributarias, en cómodos plazos y a generoso descuento y, viendo la luz de salida, todos los contribuyentes deberíamos preguntarnos si esta ruina anunciada desde tiempos de artificial bonanza compensa alegrías domingueras de balompédica sofisticación.

Y es que el asunto no dispone de solventes remiendos en ningún escenario posible. La conformación de las entidades deportivas de las principales disciplinas en cuanto a número de seguidores (fútbol y baloncesto) en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) y su asociacionismo gremial bajo el amparo de Ligas Profesionales (LFP y ACB, respectivamente) se alumbró como la perfecta estructura cara a conseguir la conformación de un escenario rentable en lo deportivo y económico. Las obligaciones derivadas de la mutación de clubes con estatutos de lo más simple, organigramas de compadreo y obligaciones contables a nivel de primero de bachiller transmutaron en la metamorfosis de la que echaron a volar soluciones empresariales con el mejor producto del mercado: piernas, manos y balones; agilidad, rapidez, espectáculo. Seguidores, compradores. Ganancias a espuertas. Las diferentes plataformas televisivas se encargaron de endulzar el falsario espejismo (tautología al canto), comprometiendo cantidades irrecuperables en términos de contraprestaciones publicitarias y permitiendo a los equipos negociar bancariamente adelantos millonarios con los correspondientes contratos a años vista. Ahora, ¿qué tenemos? Unas competiciones poderosas comandadas por clubes que son apisonadoras irreductibles, aquí y en las eliminatorias continentales, y un ramillete de equipos de segunda fila plagados de ilustres apellidos de la escena balompédica y cestista internacional, sobre una sociedad arruinada, que no puede permitirse lujos conscientemente desterrados pero que disfruta del manjar somnífero de fin de semana.

No hace tanto, el obtuso orgullo nacional que trasladaba sus ansias de grandeza a cualquier entelequia que pueda ser atrapada en forma de medalla sospechosamente lograda, se vanagloriaba por disfrutar de ligas secundarias, como la Adecco Oro (Baloncesto), considerada más competitiva que las primeras divisiones  respectivas de potencias como Inglaterra o Alemania. Y tan anchos, sin preguntarse por donde anda la trampa. La implacable realidad nos presenta una Liga Endesa (ACB), en la que, salvo discutibles excepciones, pululan cerca de dos decenas de SAD arruinadas, sin capacidad de generar de ninguna manera recursos que les encaminen al fin que corresponde a cualquier Sociedad Anónima mercantil. Y no ahora, sino desde sus correspondientes constituciones: las de mayor relumbrón (Real Madrid y Regal Barça) sustentan sus poderosas plantillas con los millones derivados de las secciones futbolísticas; los conjuntos de clase media-alta sostienen la columna vertebral de sus respectivos proyectos sobre el músculo de entidades públicas (Gran Canaria 2014) o privadas (Unicaja, Sevilla Baloncesto) que, con su mayoría accionarial, se ven obligados a cerrar el déficit contable curso tras curso; y, los supervivientes, van arrastrando su deriva deportiva con patrocinadores libres o impuestos y recursos atípicos más o menos ocurrentes. Algunos, con ruina permanente (Valladolid) y otros (los menos), con brillantez gestora (Fuenlabrada).

En el césped, tanto de lo mismo, pero sobredimensionado por cantidades que sonrojan tanto como se justifican por los mismos que reproducen su indignación a la menor brizna de despilfarro en otros ámbitos. Ingentes cantidades de tributos se destinan para poner a rodar el balón, bien con la fórmula de insensatos patrocinios o como ayuda de fomento al deporte que, en lugar de pagar las medias de un alevín, acaban en el caucho del deportivo más estrambótico de la primera plantilla. Todos en la ruina, todos con las butacas a rebosar. En definitiva, Ligas de oro para economías desérticas. Insostenible, pero con el respaldo de la dormidera de tantas miles de ruinas que refugian la desesperación en el triunfo de un color colectivo. Lo que ocurre es que ese somnífero puede ser disfrutado, con ardor y compromiso, con banderas y bufandas arraigadas al sentimiento de batalla deportiva, pero ajustado al nivel de la vigésima economía mundial. A lo sumo.

Nunca dejamos de ser rematadamente estúpidos

Este año 2012, por el lado occidental de un planeta en eterna decadencia integradora, todo lo apocalíptico se solapa con lo posmoderno, lo digital. El futuro. ¿Dónde se encuentra el porvenir entre tanta roca seca? Pues ahí donde se obstinan en mezclarse la desesperación social con la ceguera de complicaciones que convierten la realidad en una amalgama de escalas torpemente interconectadas. Expliquémonos: Los niveles de desempleo apabullantes que suman y suman crisis individuales a las estadísticas diarias caminan de la mano de millones de votos y banderitas que enaltecen y alientan a aquellos candidatos del sistema que los arruina. Sí, el centro mismo de las mentiras, revestidas de terminología anglosajona o, directamente, no aceptada por la RAE pero afianzada por los creativos de la palabra prostituída; desaceleraciones, mercados como fantasmagóricos monstruos descontrolados, crecimiento negativo, reparto del esfuerzo ante la crisis, etc. Todo eso proviene del mismo núcleo, un proyecto de sociedad que golpea a sus sustentadores para sobrevivir frente al desierto de la esperanza. Los que siguen chupando piedras como si fueran sabrosos caramelos apartan de su odisea superviviente a los que ya no son partícipes del entierro inaplazable. Pero, mientras, con la boca seca, muertos y malvivientes, ondean esas consignas descreídas, con el cerebro definitivamente convertido en recipiente sin rellenar.

Y, a pesar de todo lo no recobrable, la estupidez continúa, desarrollando nuevas dimensiones para descapitalizar la supervivencia, y ahí entran todos. Ese Matrix que planea confundir nuestro plano recto, nuestros pasos hasta el polvo, ha atrapado a ingentes bolsas ciudadanas apartándolas de la calle, del lugar de encuentro, más si cabe cuando el asfalto debe estar repleto de pisadas. Todo ahora parece que debe ser buscado y encontrado desde un bit a escenarios que falsean la sala de reunión comprometida, aquella donde se encuentran, invariablemente, los que afinan las mismas teclas. En este momento millones de consignas planean de foro en foro a saber qué rebeldía sin camaradas, mientras cuesta madrugar a la intemperie para rellenar unos segundos de informativo en televisión; debe ser que no existe confianza en la pelea sobre el polvoriento ring, debe ser que hay demasiados que ya han comprado el pack para montar su propia protesta tras unos cientos de caracteres de sofá y computadora.

No es la cuestión caer en la imprecación demagoga de echar las culpas a asuntos como lo balompédico, lo dominicalmente lúdico, pero hay tantas columnas torcidas… ¿Para qué esforzarnos en el arte del corte y confección si podemos renovar un roto con una nueva pieza a cinco euros desde el mercantilista teclado? ¿Hasta cuándo seguiremos enriqueciendo lo que nos empobrece? Nos han educado en la terminología gratuita de la globalización, la interacción, hasta el mestizaje bien hallado, pero a la vuelta de la esquina cibernética nos hemos dejado convertir en egoistas consumidores sin ser vistos, con el más alto desprecio a la aguja que se hiere con nuestra voracidad insurrecta. Y, mientras, la avenida a secas; las hostias, a pares. Se nos fue el sueño de convertirnos en algo más justo, más aceptable mientras planeamos como morir sin dolor y, en un abrir y cerrar de ojos, volvimos a sacar el machete individualista con disimulo. Mucho ruido y pocas nueces.