Cien mil recibimientos, Cien mil afectos

La calurosa casualidad ha calculado que hoy, en la celebración del decimotercer mes de existencia de esta Casa Querida, hayamos podido disfrutar de la inesperada aparición del visitante cien mil. En este escaso año la morada común ha ido ampliando estancias, acicalando sus dependencias y mobiliario, pero sobre todo hemos disfrutado con la ausencia de silencio. El debate, la lectura, el reposo y la positiva indignación han reinado por doquier desde la entrada hasta la buhardilla, repintando las habitaciones y retirando la humedad del salón principal. Tan sólo alguna tímida algarada ha convertido, tímidamente, el ambiente moderadamente festivo en bulla incómoda, pero ha pasado como un silbido más que hueco, que viene y va como el viento jugueteando tras las ventanas abiertas.

Sin duda, la apertura de nuestras puertas ha resultado una confortable experiencia, y confíamos que lo seguirá siendo. No ha sido una etapa sencilla fuera de estas oxidadas rejas y, desgraciadamente, cuando oteamos el horizonte no encontramos motivos para esperar un cielo despejado. No obstante, estamos cobijados, nos damos abrigo y calidez dialéctica y, qué demonios, no nos ha ganado nunca la pereza para evitar que, cuando los nubarrones se despistan, tomemos la ciudad para seguir maquillándola, para que vuelva a parecer como nueva. Y nuestra.

Gracias por visitar y seguir residiendo, de forma permanente o por temporadas, en su Casa Querida!

Wikileaks y Público: Todo tiene su porqué

Hoy lunes, a partir del mediodia, el Club Frontline de Londres será el escenario elegido por Wikileaks para anunciar la difusión de una nueva entrega de información más que incómoda para Gobiernos aparentemente democráticos, corporaciones con rostro humano y, en general, líderes públicos y privados que ocultan más de lo que muestran. En este caso, serán veinte los medios de comunicación aliados con la organización sin ánimo de lucro los encargados de ir desgranando el ingente material sensible que tienen a su disposición y, por lo tanto, a la de todos los ciudadanos del mundo. La medianoche marcó el anuncio de que, en esta ocasión, El País no será el soporte informativo elegido en España para difundir el contenido de esos millones de correos electrónicos interceptados a la empresa Stratfor, denominada “CIA en la sombra” por la enorme y sensible información que maneja y genera, teniendo como principal cliente a la inteligencia norteamericana, pero estando a sueldo de la mayoría de gobiernos occidentales y corporaciones de relumbrón.

La elección de Público como socio periodístico en nuestro país desvela dos cuestiones fundamentales: la decepción registrada por la entidad que lidera Julian Assange respecto a aquellas grandes cabeceras con apariencia de progresismo redactor que, en el momento más delicado de Wikileaks (bloqueo de los cauces donativos, desprestigio de su estructura, etc.), le dieron la espalda en sus páginas a pesar de haberse surtido durante semanas con los contenidos de sus informaciones en calidad de exclusivas; y, principalmente, el sostenimiento de la edición digital del matutino progresista Público a pesar del anuncio de cierre de su versión en papel a mediados de la semana pasada, aduciendo ausencia de la financiación necesaria para cubrir las pérdidas del proyecto acumuladas.

Efectivamente, el acuerdo entre Wikileaks y Público de cara a que éste fuera el sostén relator de las exclusivas obtenidas tiene que haberse concretado con un plazo superior al anuncio de defunción del periódico fundado a finales de 2007, lo que habrá planteado a su empresa matriz, Mediapubli, un incómodo escenario de toma de decisiones. A primera vista, lo conveniente y hasta rentable hubiera supuesto mantener su tirada en papel durante la publicación de toda aquella información de interés proveniente del material entregado por Wikileaks pero, no obstante, casi de un día para otro, la entidad presidida por Jaume Roures decidió suprimir la tirada tradicional. Es cierto que, en un primer momento, la intención de la empresa trasladada a los trabajadores de Público fue sostener el periódico hasta la edición de ayer domingo, propósito que no respaldó la representación laboral del medio, que lo entendía como una falta de respeto a sus lectores. Esta propuesta podía estar sustentada en la estrategia periodística y mercantil de finiquitar la cabecera con la antesala de un anuncio de estas dimensiones. No obstante, y visto lo esperado, estaba el plan B.

No es casual que, de la veintena de profesionales que mantienen a flote la cobertura digital de la marca Público, sobrevivan determinadas plumas que hacen y harán posible el desarrollo de los principales retos periodísticos del medio plazo estratégico: Alicia Gutiérrez continúa cubriendo y desgranando el tétrico, por apasionante, desarrollo del proceso judicial contra Iñaki Urdangarín y sus compinches y, en lo que respecta al Stratforgate, se harán cargo periodistas de la reputación de Carlos Enrique Bayo (Redactor Jefe de Mundo) u Óscar Abou-Kassem (Jefe de Internacional). Manuel Rico, responsable del blog integrado en Público, Trinchera Digital, también se encuentra integrado en esta ardua labor. En definitiva, una terna de excelentes profesionales del periódico que no han mantenido sus funciones gratuitamente en la versión web, sino que están desde hace un buen tiempo coordinando esta exclusiva alianza que, confiamos, reportará suculentas informaciones para entender y sufrir, un poco mejor, la doble lectura de un mundo que, a ojos de una ciudadanía eminentemente confiada, funciona tal y como nos la cuentan. La lectura de los folletines que vienen y vendrán a buen seguro servirán de herramienta traductora de aquellos mensajes y argumentos planos que derivan en guerras, miserias y empobrecimiento. Ya estamos atentos, con los ojos bien abiertos.

P.D.- La excelente y comprometida labor de esa veintena de profesionales que mantiene muy a flote Publico.es no puede desterrar la desolación que produce ver esta instantánea que envía Miguel Ángel Marfull, redactor de la cabecera progresista en el Congreso. Quizás el término desolación se quede a muchas millas de lo que supone presenciar una redacción silenciada como ésta: