El día de la lechuza

Si Marchica acusa a Pizzuco, y éste señala nuevamente al primero, nada de eso inquieta a Don Mariano Arena. Si sobre la sangre de un horadado ciudadano, dispuesto a creer en las estructuras democráticas del lugar en el que reside como una garantía inalterable de los caminos rectos, se amontona un viscoso serrín de ruidoso silencio, eso es la vida. Pero si un capitán norteño actúa con contundencia administrativa y judicial en busca de atar los cabos que maniaten una verdad silenciosa pero brutal, mayor sonará el silbido sin receptor en esa noche siciliana que es, por desgracia, la noche en violenta calma de estos días funestos.

En 1961, Leonardo Sciascia tuvo la osadia literaria de convertirse en el precursor de ese género que tomó relevancia universal con El Padrino y que, en prosa rasgada, Roberto Saviano ha rematado en la actualidad con pelos y señales y sangre. En su caso, no. El escritor nacido en Racalmuto confirmó que tuvo que realizar un hábil alarde de reducción narrativa para suprimir de la edición original nombres, situaciones y vías de escape que hubieran supuesto un problema grave en el mundo real a sus lícitas intenciones de seguir vivito y coleando. Algo que no existe, y si existiera nadie lo ha visto jamás, era y es capaz de agudizar el sentido de supervivencia frente a una máquina de escribir ó en una charla distendida de taberna. Es así, a pesar de todo. Si de una mayúscula a otra los carabineros enlazan el sentido de un asesinato a sangre fría, todos sus cabos se pueden ir deshilachando a la misma velocidad que el componente humano de las instituciones a las que representan (las que nos representan) tiran del otro lado, como una lucha de fortachones de derecha a derecha.

Es una ficción real, contada hace medio siglo desde las tinieblas de un sur que es compadre del norte pero del que desconfía. Norte y sur bajo una misma bandera y, sin embargo, dos axiomas sociales que no entienden que ocurre más allá del correspondiente meridiano nacional. ¿Nos suena? En cualquier caso, cómo sobrevivir con los nervios en reposo cuando despertamos ante una fachada plagada de recovecos hormigueros, de vías sin fin que recorren las instituciones germinando en ellas su polen de control, sus huevas envenenadas. Ahora y siempre, el ciudadano que se topa de bruces con la corrupción, ergo con la realidad humana, sufre y se desespera, opta por la primigénea negación para después, irremediablemente, caer en la fatiga y el abandono.

Afortunadamente para los mansos, siempre aparece un capitán Bellodi dispuesto a no refugiarse en su mesurado norte y recuperar con presurosa energía la convicción de que otro mundo es posible, de que es su, nuestra, responsabilidad luchar por ello. Aunque los ejecutores se inculpen entre ellos y rectifiquen sin consecuencias, aunque los Dones mantengan la calma incómoda desde una relativa impunidad. En estos días, cinco décadas después de esta lechuza que ve y calla, los juzgados se siguen abriendo para recibir a capos que manejan con exquisito arte el excepcional arte de la prescripción, a matones que se creen capos pero actúan como miseros chivatos, acusando a diestro y más diestro para lavar las culpas por dejar huellas. Así hagan paseíllos altivos y declaraciones ensayadas y somnolientas, así el banquillo en el que posan sus impasibles posaderas disfrute de calefacción regia. En esos instantes creemos en nosotros, en la justicia y la seguridad, en el orden de las cosas, mientras por la puerta la culpabilidad emerge sonriente, sin hacer declaraciones, y nos damos cuenta que las cosas, en estos tiempos, en estos siglos, no han cambiado tanto.

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7 respuestas a El día de la lechuza

  1. Alfaqueque dijo:

    Sólo me resta repetir “Con los ojos bien abiertos… no dejemos de mirar” e incluso de actuar.
    Un abrazo amigo.

  2. Ernesto dijo:

    hE LEIDO UN COMENTARIO QUE SE HIZO DESDE ESTE LUGAR ACERCADE YOHANIS SANCHEZ , NO SEA TONTO UTIL; YOHANIS ES UNA CUBANA QUE LUCHA VALIENTEMENTE EN CONTRA DE LA DICTADURA MAS VIEJA DEL MUNDO

    • Vaya tontería! yo diría que es más bien una doña nadie que se ha montado en el tinglado anticastrista y anticubano, desvergonzadamente lanzada, inflada y sostenida por los grandes medios de comunicación proestadounidenses. En cuanto a la revolución cubana (mal llamada por este señor “la dictadura más vieja del mundo”), con sus defectos y todo (que sí que los tiene, por supuesto) ojalá aprendieran algo de ella los países desarrollados, que con su falsa democracia no tienen ningún escrúpulo en mandar hoy a su clase trabajadora poco menos que a las condiciones en las que estaba en el siglo XIX.

      • tinejo dijo:

        Estimado amigo Perrone, gracias por contestar con tanto acierto comentarios que, en el fondo, son mejores dejar pasar.

        Gracias por visitar su Casa Querida!

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