De la seguridad a la represión

Lejos quedan aquellos años en que la ciudadanía valoraba a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, destacando su profesionalidad y eficacia entre las primeras instituciones nacionales. A la primera que se les encarga blandir la cachiporra, lo que parecía ser un funcionario preparado se convierte en simple esbirro. La dignidad que viene emanando del Instituto valenciano Lluis Vives, con padres y estudiantes solicitando exclusivamente el cumplimiento de los servicios públicos básicos, se ha encontrado con una respuesta desmedida en lo violento, repugnante en el regreso a imágenes que creíamos en el baúl de blanco y negro. Por desgracia, nuevamente estamos presenciando a uniformados cebando una rabia incomprensible sobre ciudadanos que ejecutan pacíficamente su legítimo derecho a reclamar lo establecido en nuestros correspondientes documentos de naturaleza legal-social.

Los que son capaces de regresar al hogar tras empujar, patear, golpear y humillar a alumnos que reclaman algo tan básico como disfrutar de calefacción o luz corriente en sus públicas aulas, deberían recordar de dónde provienen sus nóminas, cobradas religiosamente a fin de mes. Efectivamente, de los tributos provenientes del esfuerzo colectivo, no de la maldad de una clase dirigente que, nuevamente, se fecunda en exclusiva de un estrato social que desprecia a los siervos de la gleva y que entiende a la Policía Nacional como su comando de infantería, sus alabarderos temporales. Roberto Villena, Secretario General del SUP en Valencia, tras reconocer que las movilizaciones de hoy han sido más numerosas y, paradójicamente, seguidas por menos efectivos policiales, afirmó que las decisiones brutales del día anterior habrían sido tomadas “por algún político”, y ahí reside lo trágico, la inexistencia de evolución en el control de los cuerpos que, teóricamente, dejan de ser del rey para nacer y proteger al pueblo. El poder político puede tardar meses en renovar un órgano judicial, la figura del defensor del pueblo o los órganos de gobierno de un medio de comunicación público, pero pone la quinta marcha para tomar posesión efectiva de las fuerzas de seguridad. Y cuando descerebrados políticos tienen en la jefatura de policía provincial a individuos irresponsables como Antonio Moreno, capaz de calificar a estudiantes, profesores y padres como el enemigo, estamos listos.

Estas declaraciones encontradas prueban que entre la plantilla uniformada existe un panorama similar al de cualquier grupo humano: el policía que detesta intervenir en acciones con maneras y estrategias que considera injustas, el que actúa con violencia injustificada incapaz de contener y controlar la ansiedad de la situación y, por supuesto, el aspirante a matón que soñó desde niño armarse hasta los dientes para repartir estopa por doquier, a diestro y siniestro, sin importarle ni entender qué ocurre a su alrededor. Pero todos ellos, y eso es lo trágico, se encuentran a una llamada irresponsable de actuar sin poder poner en duda quien toma la decisión y las actuaciones al respecto. Y aquéllos, los que ordenan desde la cobardía lejana, son los que gastan millones de euros en un fin de semana de F1, en corruptelas que han venido desmantelando nuestro esfuerzo social y que, al mínimo soplo de complicación gestora, dejan arruinar nuestra construcción colectiva o, peor aún, la siguen empantanando con premeditación y alevosía.

¿Y ahora qué? Siempre la resistencia digna. La Historia nos ofrece multitud de experiencias en las que la verdad se impone al intento de silencio armado. Si algo de fortuna trae la celeridad de esta degradación económica es la ausencia de desmemoria entre lo que somos y en lo que podemos convertirnos. Los ataques silenciosos a nuestras conquistas democráticas difícilmente podrán ser apaleadas en la calle, en ese espacio el torpe poder tiene las de perder; por ahora, venían consiguiendo nuestra incómoda confusión desde el espacio de las reformas financieras y normativas, las que vienen despellejando desde el tabique a los cimientos la casa propia, pero manteniendo el conservadurismo individual que impide una respuesta uniforme al atropello. Una imagen vale más que mil palabras, y el estudiante que reclama con un libro en la mano mientras recibe goma dura en las costillas ilustra masivamente donde se encuentra nuestra miseria. Ahora sólo queda que no nos separemos, en la solidaridad comienza la verdadera recuperación de una sociedad.

P.D.- Los trabajadores de Canal 9 piden la dimisión del Director General de la cadena pública por el tratamiento informativo en relación con lo acaecido en Valencia. Este acomodado ejecutor, de igual manera que el ínclito Moreno, recibe las órdenes de la misma mediocridad política. Primero se descuelga un teléfono para ordenar una intervención policial desproporcionada y violenta y, posteriormente, se vuelve a descolgar (tal vez el mismo aparato e idéntico brazo) para indicar el silencio y la confusión televisiva.

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6 comentarios en “De la seguridad a la represión

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    • Gracias por venir desde tan lejos y sentirte como en casa. Esta Casa Querida aspira a ser un mullido refugio para fatigados compañeros de viaje por un mundo que se está cada día encapotando con mayor virulencia.

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