Una gélida e inacabable primavera

El inevitable poder de la semántica ha venido contrayendo las esperanzas propias (que no ajenas, occidentales) de cambios positivos para el discurrir de la sociedad norteafricana y de Oriente Medio. La luminosidad de una primavera con plazas atestadas de valientes, sin temor frente a presuntas maquinarias inhumanas, se ha ido marchitando pero sin recibir apenas rayos de cálido efecto ultravioleta y, un año después, el escenario en el que permanece la esperanza continúa sin barrer, con olor a putrefacción política.

Desde nuestra analítica sociedad, presta a emitir juicios de valor acerca de realidades y territorios que se califican de ejemplares y peligrosos casi en el mismo párrafo, qué sencillo resultó asistir a un conglomerado de sesudas reflexiones acerca de elementos de leyenda que magnificaban la condición humana en cuanto valor de progreso colectivo. Capaz una sociedad semianalfabeta y dividida, acostumbrada a la supervivencia individual, en convertirse de la noche de los tiempos a la mañana del futuro en hormiguero ordenado frente a la Reina voraz. Aplausos, aplausos, de nuestras democracias, que no tardaron en ponerse públicamente del lado de aquellos sumisos habitantes de territorios-dique que, precisamente, optaban a derrocar a dirigentes amigables, bastiones de control ante el abstracto fenómeno del islamismo radical (como si Islam pudiera ser, en su esencia, poesía para despiadados), generalatos que obviaban la permanente agresión sionista a sus congéneres. Hoy Túnez y Egipto han perdido el rostro incómodo que consumía miles de estatuas y cartelones publicitarios de oda al dictador en el que centrar la causa-efecto-solución de las rebeliones, mas continúan comprobando como el poder sin rostro eterniza los mismos baches, idénticas desigualdades e injusticias. No importa, el analista allende los mares continuará acostándose con la satisfacción literaria de hacer creer, y hasta convencerse dogmáticamente, que todo está resuelto porque las santificadas redes sociales demostraron su eficacia una vez y volverán a hacerlo cuando se estime oportuno. Las redes sociales, el fenómeno de la interconexión tecnológica en poblaciones sin apenas acceso a estaciones de comunicación y con, precisamente, angustiosas realidades económicas como para estar provistos de smartphones, ipad y demás zarandajas de insensata digestión. Que cosas tan cinematográficas.

¿Qué fue mientras del día en que florecieron las rosas del desierto? En esa eclosión colorida de cambios esperanzadores, las fuerzas vivas de este lado del globo no quisieron ser pacientes para con las decisiones populares y arrancaron por soleares en Libia. Primero, una exclusión aérea y, para cuando quisimos darnos cuenta, teníamos a la representación del mal encarnado en rostro informe, empalado, golpeado y, finalmente, asesinado en plena calle como argumento de un futuro esperanzador en esto de la exportación democrática. Un año después, Amnistía Internacional viene denunciando la sistemática violación de los derechos humanos en la práctica totalidad de centros de internamiento visitados en el país beduino; las milicias continúan actuando con bélica impunidad, la inseguridad y falta de servicios es insoportable, regresando a tiempos de permanente conflicto tribal en un terreno arenoso que nunca aspiró a ser Estado.

Hoy toca Siria, y destruir así cualquier cordón umbilical con el escudo iraní, dejando al descubierto su viabilidad como Estado soberano. Nuestros medios de comunicación ya están ejerciendo su obligatoria avanzadilla de concienciación ciudadana en cuanto a lo que ocurre minuto a minuto de Damasco a Homs. No hay institución supranacional que valga ni convenio de cooperación que se precie que evite ser superado por la indiscutible verdad de nuestros gobiernos, que pierden el sueño de repente ante su destino universal en la protección humana allí donde se cometa una injusticia; ellos la detectan con eficacia meridiana, sobre todo cuanto más cerca ocurra del imperio israelí y más negro sea el suelo por donde se pisa. Eso es democracia, eso es primavera. Aprovechen que, como unas soñadas rebajas, ésta nunca acaba. Usted, que se informa escrupulosamente en prensa, radio y televisión, ya lo tiene claro.

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3 comentarios en “Una gélida e inacabable primavera

  1. No por casualidad las redes sociales se denominan así, “redes”, atrapamentes, difundementiras,creadoras de incubamientos sutiles que van preparando, como sucede en el caso de Siria e Irán, el terreno “mental”, la “des-opinión pública” para que el intervencionismo de quien se cree dios-en-el-aquí-y-ahora se dé sin mucha dificultad. Las cruzadas y la Inquisición Española, si hubieran tenido facebook o tweeter o falsimediáticas palomas mensajeras, no habrían necesitado tanto esfuerzo!
    Un abrazo

  2. Dos grupos de jóvenes en un parque. No hablan entre ellos, cada individuo anda ensimismado (nunca mejor empleada la palabra) con su artilugio hipermegacomunicador.
    En el metro, una generación hablaba y escuchaba, la siguiente leía libros, la posterior los periódicos gratuitos, la de ahora o escribe mensajes o escucha músicas.
    Lo han hecho perfecto. En la era de la comunicación, nos mantenemos incomunicados voluntariamente. Y encima pagamos por ello cuotas demenciales.
    Hay lo que hay.

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