Ciudadano Ziuganov

Rusia es, actualmente, una paradoja tenebrosa, una nación de contrastes podridos que, aún así, en virtud de su poder macroeconómico, mantiene un respeto internacional inquebrantable; todo ello a pesar de pucherazos permanentes en su sistema electoral ( en las presidenciales de 2008, Dimitri Medvedev se alzó con la victoria tras lograr, supuestamente, el 70% de los sufragios, algo impensable en cualquier sistema democrático honrado), de su desguace como Estado durante los últimos veinte años, entregando la riqueza pública a una terna de millonarios de nuevo pelo que derrochan con obscenidad lo logrado por la sociedad soviética durante siete décadas de esfuerzo colectivo.

Aún así, y a pesar de todo, los manuales de estilo de algunos de aquellos principales medios informativos del autodenominado mundo libre nunca se han visto en el dilema moral de calificar con despectivas terminologías el organigrama podrido del nuevo politburó ruso. Hay un elegante tratamiento hacia todo aquello que emane gas, petróleo, riquezas necesarias para sostener nuestro carnívoro tren de vida, cuando procede más allá de los Urales, no siendo así frente a sistemas democráticos ajenos a informes de pucherazo permanente y que, aún así, reciben calificativos deshonrosos con total gratuidad por varios plumillas a sueldo de cierto control del mercadeo internacional. En definitiva, la legitimidad política de determinados sistemas y líderes sobre otros depende muy mucho de la capacidad de control sobre la labor informativa, privatizada tanto en su discurso como hasta el último tornillo de la factoría de las letras.

Pero si existe un panorama que escenifica cuan de peculiar es el deambular de la Rusia postsoviética, éste se decora con la presencia poderosa del Partido Comunista en la vida política del país. Más allá de la famélica información que recibimos de todo aquello que suceda allende de Los Pirineos, menos cuanto más kilómetros nos vamos alejando del frío manto nacional, ser capaces de entender la personalidad de un pueblo que ha sido protagonista de los principales hechos relevantes del siglo pasado resulta complejo con los parámetros que venimos manejando por estos lares.

Bajo el liderazgo de Gennadi Ziuganov, miembro destacado del PCUS durante la vigencia del imperio soviético, los comunistas rusos mantienen su destacada presencia en el espectro político del país más extenso del mundo. Impensable desde la perspectiva trasladada acerca de un sistema opresor que, en lugar de liberar al proletario, lo sosyugó durante casi un siglo. No sólo eso ocurre en la segunda década del presente siglo, sino que en los años siguientes al desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas la formación de izquierda estuvo a tan sólo tres puntos electorales de recuperar la hegemonía política del país (35% de sufragios obtenidos por el ínclito Boris Yeltsin frente al 32% de Ziuganov), así como obtuvo la mayoría de escaños en la Duma. Sería prácticamente imposible entender una presencia tan destacada del partido político hegemónico en un sistema de formación única en cualquier otra experiencia histórica a lo largo y ancho del planeta, sobre todo con una maquinaria corrupta empeñada en expulsar de las herramientas de poder a todo aquello que no acepte el status quo de monopolio privado de las inmensas riquezas nacionales.

Así es la realidad del país eslavo, así nos confuden desde la lejanía del informador interesado o, sencillamente, ignorante de la realidad social del protagonista más destacado del orden mundial en el siglo anterior. Y en ésas, renace la demanda de jóvenes, desempleados, funcionarios y nostálgicos de la seguridad económica y social por un retorno de la nación que les tenía a ellos como protagonistas. Con sus errores, con su adaptación al contexto post bélico y nuclear, con sus privilegios de clase política que nos recuerda que ante cualquier buena idea siempre se encuentra la mediocridad humana, su imperfección grupal. No obstante, dos décadas después, no hay excusa mezquina que pueda obviar una evidencia así: la presencia poderosa de los comunistas rusos en la vida política demuestra que el derrumbe de la URSS tuvo mucho de influencia externa, de gran engaño colectivo, mientras millones de ciudadanos continúan demandando el orgullo de la obra que tanto costó gestar a partir de 1917.

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3 respuestas a Ciudadano Ziuganov

  1. Alfaqueque dijo:

    Los millonarios obscenos compran, dinero en mano, las mansiones de la Comunidad Valenciana y todas las marcas en ropa, ópticas, y cualquier objeto de lujo hortera, etc… que encuentran a su paso.

    Con ellos, está medio subsistiendo mi querido Calp.

    Magnífico análisis.

    Un abrazo.

    • tinejo dijo:

      A lo largo y ancho de España se pueden encontrar especímenes de mal vestir, cantidades brutales de dinero en efectivo (la frontera funciona cuando quiere) que derrochan sin valorar el esfuerzo de su procedencia.

      Abrazos muchos.

  2. Pablo dijo:

    Yo creo que el respeto que se le tiene a Rusia no viene tanto de su capacidad económica, sino de sus armas nucleares y su subsiguiente derecho de veto en el consejo de seguridad de la ONU.

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