Una novelita lumpen

Bianca lo es todo en el sucinto recorrido de ese pasaje concreto que arde en Roma, que se aleja de los lugares comunes de Bolaño y se condensa en semanas, meses del anti heroe femenino que todo lo ha perdido, que no tiene nada que perder.

Quién es ahora la relatora, nunca lo sabremos. Alguien establecida socialmente, una roca alejada del lumpen que no reniega de la existencia de su alter ego adolescente, mas al contrario nos la presenta con todo lujos de detalles. No quiere ser puta, pero abraza la posibilidad de un camino de delincuencia de baja intensidad. Es eso y también amante múltiple pero descorazonada, cuerpo abierto al placer ajeno que le produce sueño, descanso y llanto; es ama de casa a tiempo absoluto pero descansada, cuidadora de tres varones que se muestran ordenados y serviciales, amantes cosanguíneos y carnales, súbditos de su carácter y sus fobias; es una peluquera sin recorrido, que viene y va en busca de quebrar definitivamente el único espacio ordenado de su camino; y es, de forma dolorosa y central, huérfana. Así, Bianca trastabillea en sus pasos a medida que la orfandad va haciéndose carne, que de niña pasa a ser madre y amante, adulta recia frente a la ventana nocturna plena de luz como guía de sus escasos sueños.

Siendo una, pues eso, novelita, en lo que respecta a su número de vivas páginas, el poder tenso que se recoge folio tras folio la convierte en cuento largo de alta intensidad, imposible escaparse a una lectura prácticamente del tirón para acompañar hasta la cafetería nocturna a esos hermanos en busca de esperanza. Frente a un sandwich la casa familiar queda atrás, vacía y limpia de rutinas miserables, cerrada a cal y canto contra un nuevo estancamiento existencial que amenace con atraparlos hasta el abandono siendo tan jóvenes, tan hermosos. Hubo tiempo para probar las heces del delito, del amor delictivo. Del amor compasivo y el afecto alejado, ciego. Maciste es la perla de la concha enterrada por Bolaño cuando parece que íbamos a salir a la superficie sin botin. Su oscuridad es luz para una niña con los párpados cansados; sus abrazos de pago, calor para el hielo del sexo libio y boloñés que cuelan sus necesidades a hurtadillas aceptadas, asumidas, noche tras noche. La casa en penumbra donde habita ese otrora actor de fama y campeón de culturismo, ahora invidente de músculo desparramado, armado en la desconfianza de trato árido, encierra el tesoro que Bianca sustrae como salvavidas, ahí los sentimientos toman forma y consciencia para rescatarla de un futuro corto, un futuro de bandolera guiada, de zombie en la noche lumpen. Ahí Bianca ordena sus cosas y echa a andar.

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