Los chorizos aprenden a amasar pan

Afirma una de las consignas más impactantes del movimiento 15M que, en esta realidad económica y social estrangulada, no hay pan para tanto chorizo. Impactante, cierto, pero erróneo. Las últimas informaciones públicas en este intolerable proceso de bancarización de nuestro sector de ahorro está dejando al descubierto embutidos desconocidos para el gran público que, ídem en sus trajes de sastre morcillero, han realizado cursos acelerados de iniciación al arte de panadero, al horneado de jugosos hojaldres y barras rellenas con nuestros euros expoliados.

Los medios de comunicación gallegos se sorprendieron al conocer la salida, con indemnización millonaria de por medio, de Javier García de Paredes (derecha), director general adjunto ejecutivo de NovaCaixaGalicia. Con 51 años escasos, dicen que al resquicio de moral que le queda le pareció escandalosa la cantidad pactada como retribución recogida para su cargo (al que llegó sin mucha ilusión, hombre poco dado a la exposición pública), habiendo renunciado al 50%, aproximadamente, de la misma. Lo que su virtud no rechaza es el otro tanto por ciento de mordida recibida por su eficiente labor a la hora de dejar la fusión gallega hecha unos zorros. En estos tiempos podridos que corren, da gusto ver cómo aún hay buenos patronos que, si decides abandonar tu empresa, no sólo te liquidan sino que te premian con una contundente indemnización, debe ser para aplacar la tristeza y la desolación por abandonar tu cargo.

No puede decirse lo mismo del risueño que acompaña al orondo Paredes en la instantánea superior, José Luis Pego. Cerca de ocho millones de euros se estima que se ha embolsado entre indemnización y plan de pensiones acumulado. Todo esto como botín de guerra tras llevar a embravecido puerto la nave cajera, hecha añicos, con las velas rasgadas. Cumpliendo los designios napoleónicos del Presidente de la Xunta, Núñez Feijó, y con los reparos iniciales tanto del Banco de España como del Presidente de Caixa Nova, Julio Fernández Gayoso, individuos como éstos actuaron de fieles escuderos, a conciencia de estar construyendo un edificio con aluminosis. Una vez concretada la obra, se han limitado a recoger los pagos por certificaciones y echar a correr. Con nuestro dinero.

El FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) ha entrado a saco en ésta y otras entidades, tal como advirtió en el caso de aquellas que no alcanzaran los ratios de solvencia y liquidez establecidos, así como su salida a bolsa. Toda esta trampa de la bancarización como medida de eficiencia institucional, ha dejado al descubierto el especial problema de fondo que ha precipitado el hundimiento de varias entidades de ahorro, algunas de relevante dimensión como CCM, CajaSur o, más recientemente, Caja de Ahorros del Mediterráneo, la reina de los agujeros sin fondo: la limitada capacidad de gestión y la excesiva politización de las cúpulas directivas en la mayoría de Cajas de Ahorros nacionales. Durante el ciclo económico expansivo en base al proceso de especulación inmobiliaria, la guerra abierta para la concesión de préstamos hipotecarios, así como el consustancial apoyo crediticio a promociones y proyectos de carácter inmobiliario, engordó unas cifras macroeconómicas que fueron resueltas por directivos ávidos de medallas ante sus adalides públicos, deseosos de contar a su vera con entidades que dieran rienda suelta a sus proyectos faraónicos y aventuras urbanísticas desmadradas. Tanto monta, monta tanto, y difícil era encontrar una región en la que el mandamás de turno no tuviera relación más o menos estrecha con el Consejo de Administración cajero de turno. En lugar de diversificar eficazmente los recursos obtenidos, la mayor parte de Cajas de Ahorros se lanzó a un crecimiento desastroso en cuanto a la dimensión de su red comercial, así como al sostenimiento, en multitud de ocasiones mediante créditos blandos, de las veleidades de sus padrinos políticos. Desembarcada la crisis provocada por su monstruo glotón pero cebado, las miserias gestoras de todos esos directivos mediocres quedaron expuestas.

Casos como el de María Dolores Amorós son especialmente sangrante. La ex Directora General de CAM, despachada de su cargo por los interventores del FROB sin miramientos y sin indemnización, se obstina en reclamar una pensión vitalicia superior a los trescientos mil euros anuales, amen de la indemnización autoconvenida, a pesar de haber pintarrajeado las cuentas de los dos primeros trimestres (calificarlo de maquillaje sería un adjetivo caritativo, amen de haber anunciado beneficios por cuarenta millones de euros bajo un traje real de más de mil millones de pérdidas) y haber resguardado dichas prebendas en la puerta de salida antes siquiera de su aprobación por el Consejo de la entidad alicantina. Todas estas indecencias sólo pueden surgir de la época del pelotazo y el choriceo en el que se han educado profesionales del descrédito y el pillaje, personajes sin escrúpulos.

En cierto modo, debe ser comprensible lo obtuso del comportamiento de la ínclita Amorós comprobando quien fue su mentor, el ex Presidente de CAM Modesto Crespo, un antiguo vendedor de coches amiguísimo del alma de Franciso Camps y principal cobertura de sus desmadres urbanísticos, tales como la Ciudad de las Artes y las Ciencias o Terra Mítica. Por lo que se ve, la pareja no perdió el tiempo y se dio una vueltita por otra Caja desfalcada para coger recortes. En serio, poner las cuentas y proyectos de la cuarta entidad de ahorros española en volumen de negocio en manos de un individuo que, contablemente, está capacitado, a lo sumo, para controlar la venta de un puñado de utilitarios al día no entra en la lógica profesional de ningún perfil gestor razonable.

Josep María Loza es uno de esos protagonistas cinematográficos que aparecen en multitud de metrajes conocidos pero del que nunca recordamos el nombre. Hijo de un conserje de Caixa Catalunya, nació en la propia sede central de la entidad catalana, sita en Vía Laietana, ya que su padre disfrutaba de una humilde dependencia en el inmueble. Conocedor, por tanto y nunca mejor dicho, de la casa desde la cuna, comenzó siguiendo los pasos del progenitor hasta alcanzar la dirección general. Sus defensores siempre han resaltado su sobriedad aparente, su lejanía del boato y el lujo, pero la realidad contable indica que, tras su salida en el año 2008, a la edad de 58 años, arrastró con un botín equivalente a sus potenciales percepciones hasta la edad de jubilación, así como con un 5% de revalorización de dicha cantidad (sin contar con el plan de pensiones cotizado por la Caja). Claro, cuando hasta el humilde rebasa la frontera de la codicia y se convierte en malandrín, pocas esperanzas quedan a la condición humana. Decía George Orwell, en la dolorosa novela 1984, que las clases sociales, independientemente de la época histórica analizada, se dividen en tres: altos, medianos y bajos. Los medianos batallan permanentemente por desbancar a los altos, y convertirse en ellos. De este modo, ese conflicto mueve los rodillos de la Historia en trinchera permanente, mientras los bajos, irremediablemente, mantienen su condición inferior centuria tras centuria. No obstante, el escritor británico remataba la reflexión afirmando que en una ocasión los bajos se alzaron con el poder… pero terminaron convirtiéndose en altos. El compañero Loza puede dar fe de ello.

El proceso de bancarización ha desembocado, por lo tanto, en la conclusión ruinosa inevitable que preveían desde el ejecutivo nacional y su brazo ejecutor, el Banco de España. En lugar de apartar ferozmente a esa terna mediocre de gestores que han sobredimensionado el sector de Cajas de Ahorros, prefieren empujarlos a un procedimiento complejo que, por un lado, ha llevado varias de ellas a fusionarse y reconvertirse en bancos, con su correspondiente salida a Bolsa y, por tanto, su exposición inmediata al control, vía OPA o cualquier otro modo de entrada en su accionariado, de entes nacionales o extranjeros de mayor tamaño, sustrayendo el grueso del capital patrio a sus legítimos tenedores. Esto sólo ha producido que cajeros incompetentes se hayan reconvertido en banqueros opulentos (no hay más que comprobar, por ejemplo, los emolumentos que se han otorgado los copresidentes del grupo Banca Cívica, Enrique Goñi y Antonio Pulido, antiguos mandamases de Caja Navarra y CajaSol, ésta última con un nivel de morosidad alarmante, amen de impulsor irracional de la construcción de Torre Pelli, lo que puede acarrear la retirada por parte de la Unesco de la calificación de Patrimonio de la Humanidad a Sevilla). Por otro lado, el sistema de reestructuración financiera español ha sido la cobarde astucia planeada por MAFO y sus siniestros acólitos para exponer a escarnio público a la otra masa de dirigentes que han llevado directamente a la ruina a sus entidades, estableciendo unos níveles de solvencia y eficiencia considerables a sabiendas de su incapacidad para alcanzarlos. ¿Era necesario llegar hasta ese extremo? Evidentemente, no. Por el camino se han quedado miles de millones malgastados en operaciones de fusión de dudosas intenciones, y ahora nos encontramos en el penúltimo escalafón del proceso: siguiendo las instrucciones del juego, el FROB ha tomado el control de CatalunyaCaixa, CAM, NovaCaixaGalicia o Unimm. ¿Con qué objeto? olvídense de planes solidarios y eficaces, despejen de su mente el deseo de una macrofusión de entidades en pos de la creación de una entidad de crédito público que haga frente a las necesidades de los millones de trabajadores y pymes necesitadas de solvencia para afrontar sus problemas de liquidez. El objetivo es el desguace y la venta a cachitos, el objetivo nunca fue estabilizar y mejorar el sector de Cajas. El plan último fue su entrega a la gran banca, ésa que ya se plantea afilar sus sedientos colmillos y atrapar el grueso del ahorro particular, gracias a la limpieza relumbrante que, a costa de nuestros tributos, le ha sacado el Banco de España.