Impertinencia láctea 2 (y que no haya trilogía, por caridad)

Carmen Machi ha decidido seguir adelante, y de perdidos al rio bravo, en su afán por destruir la modesta carrera artística que había conseguido asentar a golpe de voz chillona, explotación falaz del tópico marujero de extrarradio y alguna incursión más que fallida en registros abrumadoramente alejados de su capacidad interpretativa. Así, el imperio de los lácteos supuso, desde su atalaya corporativa, que la actriz madrileña sería el reclamo perfecto para su nueva campaña de concienciación intestinal. Y se les fue de las manos.

En un artículo anterior realizamos una traumática excursión por los anuncios que, hasta ese momento, habían desarrollado una incomprensible estructura comercial de cara a convencer a un sector del consumidor acerca de lo imprescindible que es consumir su supuesto producto de limpieza digestiva. Cámara en mano, la Machi iba perfeccionando su acorralamiento a amigos y conocidos de pega hasta que éstos se rindieran a las bondades del pagador. Parecía que la estrategia comunicativa había clausurado el círculo de acoso y derribo, recordándonos en do menor que el consumo lácteo no es una opción, sino la única de cara a no terminar reventados por gases de mal vivir. Error.

Envuelto bajo la versión de estrategia 2.0-1000.0, Carmen Machi involuciona como un psicópata dipuesto a atiborrarnos a base de yogurt y comparaciones que avergonzarían al político más deshonesto. Ya no espera a tropezarse contigo en medio de un supermercado, o aprovechar la hora del té para sacarte el temita gastrointestinal que tanto le ocupa. Su estrategia malévola (tal vez provocada por no haber logrado los niveles de saturación activa pretendidos en la primera cruzada) se radicaliza, apareciendo en tu baño o en el portal de tu casa al volver de una sesión de footing.

La relación causa-efecto sufre un viraje de aupa y, en la realidad Machiana, la dentadura humana es siempre sana y blanquecina y su cepillado diario se realiza por puro vicio posterior, nunca como antídoto preventivo ante caries y demás problemas periodontales. Su amiga, tontaina o desconcertada (o un poco de las dos dramáticas opciones), acepta su reflexión de vendedor ambulante de crecepelos y acepta el reto, tan ancha, tan acorralada. Ojo, que es amiga de la oronda actriz, pero no toma su producto predilecto así que, o cambia de rutina en la ingesta de fermentos bacterianos, o ahí se queda. ¿Qué es la fraternidad, la sincera amistad, si no hay un yogurt milagroso que solidifique ese vínculo?

Paco suda la gota gorda a diario, pero no por eso está hecho un pimpollo cincuentón. El es de natural un elegido antropomórfico para representar la esbeltez humana, no obstante se hace una marathón a pleno sol a cuentas de su masoquismo diagnosticado, sin más pretensión que repartir envidia a los rechonchones que se cruza por la vida. Menos mal que Carmen está para recordárselo, y para instarle a seguir malgastando su condición de superhombre consumiendo algo que no necesita. Paco pica, porque sabe del peligro de su vecina, de su insistencia registrada como una denuncia pública en un universo paralelo donde los que mantienen sus neveras y refrigeradoras vírgenes de verde yogurt, están expuestos a ese escarnio documentado.

Pepa la peluquera es, por ahora, la última víctima lanzada a las fauces de una conducta gastrointestinal equivocada. Se gasta un dineral en cremas cuando su cutis mantiene una presencia tersa gracias, se supone, a alguna grasa corporal con efectos nutritivos que emana de sus poros a modo de superpoder. Carmen no puede tolerar que Josefa se deje los ahorros en algo que no le sirve de nada y no invierta ni un euro en su producto milagroso para estómagos desgaseados. No nos lo cuenta, pero seguramente la profesional estética se tiñe el pelo porque le sale gratis, o por ahorrarse un modelo probándose los tintes a sí misma, porque seguro que su especial naturaleza provoca tonos trigueros en su frondosa cabellera por generación espontánea.

Crucemos los dedos, cerremos con fuerza los párpados confiando que ésto sea una pesadilla pasajera, una indigestión que flagela nuestra gula para llevarnos al redil alimenticio. Lo que sea, pero que la moda de las trilogías no alumbre esta irracional campaña y nos azuce con nuevas estrategias de acoso y derribo, con secuelas lácteas más virulentas, más bacteriológicas.

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4 respuestas a Impertinencia láctea 2 (y que no haya trilogía, por caridad)

  1. merceditas dijo:

    Creo que me encanta tu blog, es como acariciar la esperanza.

  2. giuliano dijo:

    Totalmente de acuerdo, Merceditas, Tinejo. A costa de ser pesado dejo estas perlas, cambiamos algunas palabras por “el anuncio lácteo” y resultan más verdaderas…
    -La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural -Fellini
    -La televisión es la violación de las multitudes. -J-Francois Revel.
    -La televisión es un invento que permite que seas entretenido en tu salón por gente que nunca tendrías en casa. David Frost
    -Hay algo absolutamente tranquilizador sobre la televisión: lo peor está siempre por venir. Jack Gould
    -Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia. Umberto Eco .
    -Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo . Amélie Nothomb
    -El fenómeno de la televisión demuestra que la gente está dispuesta a ver cualquier cosa con tal de no verse a sí misma. Anónimo
    -Hay algo absolutamente tranquilizador sobre la televisión: lo peor está siempre por venir. Jack Gould

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