La Historia al caer el telón de ETA

El jueves 20 de octubre de 2011, por la tarde, tres dirigentes de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) han anunciado que la asociación armada a la que representan abandona definitivamente su acción bélica, asesina y hueca. Ese fue el pitido inicial a un proceso aperturado desde la máxima complejidad social, imposible de reflexionar desde ningún ámbito con la más mínima garantía. Pero sí nos traslada obviedades pasadas, aspiraciones futuras y, sobre todo, expectativas con respecto a la altura de los masivos interlocutores que, a estas horas, buscan micrófono y medalla para dar lustre a su recorrido.

En el día 0 de un Estado en calma macroasesina, sin la angustia de cientos de ciudadanos que se despiertan acompañados de un reconfortante extraño que cuida sus espaldas y sus cráneos, es indiscutible que esta fecha marca una tinta luminosa, eufórica, en la Historia de España, de Euskadi. Nada es casual. Tras la mesa encapuchada, negruzca, encabezada por el hacha y la serpiente que significan ausencia de ideas y futuro, se han trasladado mensajes y propuestas en las que descansa la razón de cientos de ciudadanos, de toda condición responsable, de todo ámbito esencial, hasta condensar un discurso medido y profundamente elaborado. No así consensuado, no desde todos los vértices. Baste como ejemplo la desesperación del Lehendakari, desde un aeropuerto norteamericano, intentando embarcar para no desplazarse demasiado de la histórica instantánea que ya están horneando en el cuarto de revelado.

Lokarri, es decir, lo que sirve para unir, ha escenificado de manera magistral el capítulo trascendental de este largometraje sangriento, de cientos de rombos. Por este lado del guión, evidentemente había un conseso productivo a la hora de rematar un mensaje liberador. Todos los ponentes, defensores y potenciadores de esta cumbre de luz y taquígrafos estaban al tanto de los títulos de crédito. Desgraciadamente, cuando el éxito está asegurado, el ansioso e insaciado espectador acepta que le esperan secuelas, segundas y terceras partes, que pueden empeorar el producto original; en este caso, ese desarrollo es inevitable, el nudo grueso del ovillo a deshilachar. Se podrá discutir la ausencia de generosidad redentora de los encapuchados, la necesidad de gestos inmediatos, rotundos, casi libertarios tras tanto pánico acumulado durante más de cuatro décadas, pero eso no va a ocurrir. Ni ahora ni a medio plazo. Los manuales de Historia, la literatura y el desarrollo de las respuestas ahora enterradas irán abrillantando una época timorata.

Lo que sí van quedando son cadáveres… políticos. ¿Cual será el alimento miserable de los Mayor Oreja, Rosa Díez y demás profesionales de la supervivencia pública a costa de enarbolar el terror amplificado? La de Sodupe ha llegado a montar un adorador tejemaneje electoral con el único propósito de monopolizar el micrófono de su discurso rabioso, lejos de la democracia organizativa de su antigua formación. Esta misma noche hablaba de prudencia, de incomprensión ante la supuesta euforia inmadura de la mayoría de opinión. Según la voz en el desierto fértil, en concomitancia con la portavoz de la AVT, su única aceptación comprenderá la rendición, la entrega de armas y la petición incondicional de perdón sincero. La trinidad de la arrogancia cobarde, el terror a perder el espectro alimenticio.

Sigamos con las preguntas, auténticas protagonistas de esta impactante velada. ¿Beneficia políticamente a alguien este anuncio, a día de hoy? A corto plazo, no parece. La gravísima contracción financiera que padecemos, unida a la desaparición, de facto, de la actividad terrorista hace más de dos años, ha despeñado su importancia ciudadana a niveles ínfimos en los últimos barómetros del CIS. A un mes vista de las elecciones generales, pocos votantes modificarán su decisión frente a las urnas en función de lo acaecido hoy, más aún con esa sensación de que tras el anuncio no hay negociación por parte estatal ni triunfo con rostro y apellidos por parte de nadie, aunque pueda aplaudirse a algunos más que a otros. Pero, sobre todo, porque lo que ahora se abre es el liderazgo en la forma de enfocar el cierre definitivo de la tragedia, y en ese devenir los electores tienen claro, en su esencia, cual es el perfil que prefieren en la punta de lanza del Estado de Derecho. Eso no resta que desde el entorno abertzale el espectáculo esté bien medido. Tal vez, sólo tal vez, necesitan despojarse del armamento antes de la presencia del Partido Popular en La Moncloa, a sabiendas que Rajoy tiene imposible justificar concesiones inevitables para que el futuro sea limpio. Porque ahí sí, a medio plazo, nos encontraremos con consecuencias políticas, siempre desde el lado de la realidad vasca. A diferencia de movimientos terroristas patrios del corte Grapo, Terra i Lliure o MPAIAC, borrados con relativa sencillez al no disponer de una cobertura ideológica asentada notablemente en su entorno social, ETA ha sobrevivido gracias al arraigo manifiesto de una orientación en la sensibilidad ciudadana de cierta relevancia en el territorio que, demagógicamente, pretendía liberar. Si alguien tenía dudas al respecto, la torpeza inconstitucional asumida por la mayoría política nacional que significó la Ley de Partidos Políticos dejó plena constancia. Mártires y más mártires sobrevivieron al éxodo institucional hasta que, en los pasados comicios locales, las siglas de turno de marca abertzale de izquierda sobrepasaron expectativas halagüeñas en el marco representativo. Ese destierro dio perspectiva a la organizada convicción ciudadana que en Euskadi cree, firme y pacíficamente, en un Estado soberano, e inundó de maná jugoso una consciencia latente en una sociedad madura.

¿Hay espacio para la amnistía presidiaria? En ningún caso. La paz no implica la desaparición de consecuencias penales equivalentes a cualquier delincuente que incumpla el pacto social. Aquí nos enfrentamos a cientos de reos que han balaceado fríamente a funcionarios públicos, responsables políticos, catedráticos ilustres… ciudadanos inocentes, muchos anónimos para el resto de sus compatriotas, en definitiva. Todo muy lejos del presidio de conciencia, del encarcelamiento por divergencia ideológica. El arrepentimiento es valorable desde su prisma redentor y mantiene unas consecuencias establecidas en la legislación de enjuiciamiento criminal, pero la reinserción y rehabilitación que inspira nuestro Código Penal no puede saltarse plazos a una quinta marcha que provoque derrapes innecesarios en la vía que debemos ir asfaltando. No obstante, queda por ver el fundamento jurídico de ciertas condenas, algunas muy cercanas en el tiempo, que mantienen a líderes políticos encarcelados bajo discutibles sentencias que pretenden mezclar palabra con pistola, que arremolinan discurso con dinamita. Quien sabe, tal vez sí alguno de esos reclusos sea mañana aplaudido a las puertas de un centro penitenciario y alzado como pacificador visionario. La Historia también se va escribiendo con algún borrón.

Los mezquinos deben quedar fuera cuanto antes, apagarles definitivamente el micrófono indecente que amplifican para masticar su miseria política, sus sobras con apariencia golosa. Por el lado contrario, determinados líderes de opinión, habituales de los atriles y escaños elegibles, tienen la oportunidad de demostrar altura política el día después del discurso aprehendido como dogma de campaña. Aquí hace falta extrema de perspectiva histórica, nadie puede apoderarse del futuro que entierra décadas de miseria. No se puede exigir cuando se es parte relativa de las huellas por formar, el vivo no puede reclamar perdón para los que no están, los que tal vez abrazaran la butaca y el café sin la nuca alerta. Porque, seamos dolorosamente honestos, las más de ochocientas víctimas masacradas por ignorantes pistoleros, por incapaces de romper el sonido del viento con la palabra y no con el acero atragantado de pólvora, tienen la única exigencia hereditaria de proteger la dignidad histórica de sus familiares, no el derecho a reclamar la imposición de su visión en el proceso. El dolor ante el fallecimiento abrupto, ante el asesinato, siempre expande ondas de dolor en un círculo humano, sea éste más o menos amplio. La sangre que se derrama por una cartera con pocas monedas a intercambiar por heroina, la sangre mancillada por la torpeza inhumana que pisotea ideas y propuestas; no obstante, a nadie se le ocurriría entregar el futuro penalista de millones de esperanzados ciudadanos a la revancha, a la necesidad de victoria caducada. Y la dignidad no puede borrar la memoria, abrazar la inmediatez con réditos palpables. En definitiva, José Luis Rodríguez Zapatero no puede afirmar, como hoy lo ha hecho, el compromiso con la dignidad de las víctimas etarras cuando ha abandonado la de cientos de miles de torturados, fusilados y expoliados demócrastas, de igual valor humano nacional, con una normativa sin sustento presupuestario, comprometido ni valeroso. Todos a una, todos frente a nuestro destino como sociedad.

Es seguro y comprensible que a muchos les irrita asumir en el centro del fotograma a esos responsables públicos elegidos bajo siglas detestadas, ver un final sin goleada, tan siquiera sin victoria por la mínima en el último minuto. Queda un mes para moldear un esqueleto descalcificado, una parte de nuestro recorrido social que hoy ha llegado a su inapelable fin. Es cierto que, tras el anuncio del cese definitivo de la violencia, no nos hemos detenido en la instancia inmediata a la afirmación largamente esperada; el trío encapuchado reclama la apertura de diálogo con el Estado español y francés para buscar las vías que rematen el guión. ¿Sabremos asumir que el fin de una metástasis en feliz regresión no tiene vencedores ni vencidos, no debe tenerlos nunca? Todos juntos lo diremos. Mascullen lo que mascullen algunos pigmeos políticos, esta noche hay muchos acertantes de primera categoría sin necesidad de apuesta azarosa: miles de ellos disfrutarán mañana de su primer café en décadas con una espalda únicamente tapada por sus respectivas chaquetas.

Negociemos bajo luminosos plafones

Desde demasiadas esquinas asoman brazos con linternas oscuras. Irradian trayecto perpendicular que es negrura sintomática, que significa desamparo armado con calibre mediocre, con gatillo desengrasado. Está de vomitiva moda discurrir televisivamente acerca del segundo exacto en el que el terrorismo patrio entregará las armas, rendirá sus huestes inofensivas para loor de las estructuras acumulativas de votos que sólo buscan acaparar el redito electoral del triunfo o del fracaso inmediato hacia la urna virginal.

La lucha armada revolucionaria bajo los Pirineos renqueó desde el postfranquismo hasta aquel día, dolorosamente cercano, que el último soldado democrático fue abatido por una bala trasera cobarde en busca del orificio reivindicativo que alejó su discurso, de la tribuna honrada, hasta las profundidades del bosque acorralado. Hoy, tan cerca del derrumbamiento alimenticio, pasa de largo ante nosotros el as de picas de los políticos descolocados: Su repoker de triunfos humedece la textura de los símbolos ganadores ante la necesidad inmediata de discursos potencialmente elegibles, no hay tiempo para inversiones honrosas. Lamentablemente, en todo eso, las armas impuras se pudren frente a su inmediatez desenfadada. Nunca, ahora lo sabemos con meridiana claridad, tuvieron acopio de importancia acerca de esos cientos de ciudadanos uniformados o incompredidos que cayeron sobre el golpe hueco del asfalto receloso. Amor que abraza el milenario cadaver abandonado, pisoteado sobre números macroeconómicos que hacen patria inerte, primos lejanos de los representados en cunetas ignorantes, de ésos que hablan como estorbos del futuro cuando los casquillos son de cobre pero valen su alma en oro al ser atravesados por Parabellum trasera.

Nos acercamos al fin del último asesinato bárbaro que las provincias hispanas han padecido sin causa y con maldad. Los herederos políticos de nuestra esencia democrática claman, intolerablemente, frente al encuentro, ojalá definitivo, de las fuerzas humanamente vivas que exigen el arrinconamiento del gatillo maligno, de la muerte reivindicativa. La desaparición física de un difuso cotrincante es una oscura cueva en la que integrar a un antílope de raciocinio con protuberancias cancerígenas: ahora están al borde de formar necesario crudo refinado, pero algunos, demasiados, enarbolan la camiseta algodonada de la imparable mezquindad, necesitan la muerte para estar vivos y reniegan de las estancias amplias, de los actos con una única mesa.

Estamos, todos, muy juntitos, frente al fin del último callo violento y sangrante de nuestra fallida transición. La pobreza de desgobierno, de la ausencia de autenticidad gestora en la representatividad pública, pisotea con efervescencia inoperante todos aquellos pasos andados que se embarraron sobre arenas movedizas; el desarrollo de las cosas comunes dejaron de ser un apéndice ciudadano para formar un órgano social considerado nueva clase, especulativa, variopinta, podrida, que es capaz de tropezar ante la instantaneidad de un fotograma sin armamentos, con una escena ciudadana pacifica en la mesa vanguardista del Estado español. No olvidemos que aquello que han usado como arrojo electoral las corporaciones electoralistas rojizas y azuladas se desdibuja en tiempos de desgaste monetario y el territorio que venden como solar belicoso les viene respondiendo con estadísticas impolutas ante el desempleo, asentando estructuras de entidades de ahorro bancarizadas con arenosos cimientos. Es, por tanto, la hora de honrar a los injustos muertos en democracia, no de volver a enterrarlos bajo el pisoteo de la mezquindad política mediata.

Una novelita lumpen

Bianca lo es todo en el sucinto recorrido de ese pasaje concreto que arde en Roma, que se aleja de los lugares comunes de Bolaño y se condensa en semanas, meses del anti heroe femenino que todo lo ha perdido, que no tiene nada que perder.

Quién es ahora la relatora, nunca lo sabremos. Alguien establecida socialmente, una roca alejada del lumpen que no reniega de la existencia de su alter ego adolescente, mas al contrario nos la presenta con todo lujos de detalles. No quiere ser puta, pero abraza la posibilidad de un camino de delincuencia de baja intensidad. Es eso y también amante múltiple pero descorazonada, cuerpo abierto al placer ajeno que le produce sueño, descanso y llanto; es ama de casa a tiempo absoluto pero descansada, cuidadora de tres varones que se muestran ordenados y serviciales, amantes cosanguíneos y carnales, súbditos de su carácter y sus fobias; es una peluquera sin recorrido, que viene y va en busca de quebrar definitivamente el único espacio ordenado de su camino; y es, de forma dolorosa y central, huérfana. Así, Bianca trastabillea en sus pasos a medida que la orfandad va haciéndose carne, que de niña pasa a ser madre y amante, adulta recia frente a la ventana nocturna plena de luz como guía de sus escasos sueños.

Siendo una, pues eso, novelita, en lo que respecta a su número de vivas páginas, el poder tenso que se recoge folio tras folio la convierte en cuento largo de alta intensidad, imposible escaparse a una lectura prácticamente del tirón para acompañar hasta la cafetería nocturna a esos hermanos en busca de esperanza. Frente a un sandwich la casa familiar queda atrás, vacía y limpia de rutinas miserables, cerrada a cal y canto contra un nuevo estancamiento existencial que amenace con atraparlos hasta el abandono siendo tan jóvenes, tan hermosos. Hubo tiempo para probar las heces del delito, del amor delictivo. Del amor compasivo y el afecto alejado, ciego. Maciste es la perla de la concha enterrada por Bolaño cuando parece que íbamos a salir a la superficie sin botin. Su oscuridad es luz para una niña con los párpados cansados; sus abrazos de pago, calor para el hielo del sexo libio y boloñés que cuelan sus necesidades a hurtadillas aceptadas, asumidas, noche tras noche. La casa en penumbra donde habita ese otrora actor de fama y campeón de culturismo, ahora invidente de músculo desparramado, armado en la desconfianza de trato árido, encierra el tesoro que Bianca sustrae como salvavidas, ahí los sentimientos toman forma y consciencia para rescatarla de un futuro corto, un futuro de bandolera guiada, de zombie en la noche lumpen. Ahí Bianca ordena sus cosas y echa a andar.

Una centenaria cursilería

Ocho meses escasos después de haber inaugurado esta residencia de puertas y ventanas abiertas que pretendía ser ave de paso, parada y fonda de honrada servidumbre, las ampliaciones han sido inevitables. En estos días de comienzo otoñal hemos dispuesto la entrada que marca el centenario de nuestra fundación, y de ella y sus noventa y nueve compañeras han bebido y se han alimentado cerca de sesenta mil visitantes. Algunas dependencias han visto como sus tabiques han sido derruidos para hacer sitio a nuevas e imprescindibles estancias, mientras cinco decenas de amados visitantes han tenido a bien compartir el día y la noche viendo pasar la realidad brillante y gris que nutre y, a su vez, vacía los recodos del inmueble.

Es una cursilería impropia y, a su vez, un agradecimiento emocionado transmitirles el abrazo anonadado por amar esta Casa Querida con una aceptación masiva desde su inauguración. Seguiremos abiertos, prestando nuestro servicio honrado. Cuando algo se construye y gestiona con el mismo cariño que es devuelto visitante tras visitante, texto tras texto, las fuerzas no flaquean ni en los días de tormenta. En esta casa nuestra, para todos, la luz es siempre rayo de primavera.

Tengo un problema de sueño…

…que sueño contigo.

Tú eres la calle, desasfaltada y aprisionada en silencio y oscuridad. Las farolas se niegan a ser elegidas en el equipo de esta avenida de naves industriales acartonadas, humedecidas de moho social. Los adoquines despegados están deseosos de ser pisoteados por marabuntas de discapacitados mercantilistas, sus kilómetros silenciosos se disponen a recibirnos a golpe de gritos sinceros y llamaradas de soflamas honradas, ardientes.

Nubes diseñadas bajo el tambor de nuestras quejumbrosas honestidades se encuentran prestas para mutar en paraguas cálidos que alienten nuestra marcha. Sería una temeridad esperar que el núcleo reactivo tome conciencia de su poderío destructor, que los plazos se conviertan en meta blindada; aquí y ahora la calle es muy nuestra y, o atrapamos el cemento hasta moldearlo como plastilina agradable, o nos encontramos condenados a caminar sobre él al estilo de arenas movedizas adictas a torcer nuestros descalcificados tobillos proletarios. Es urgente sentir la indignación previa a la masacre laboral, al despido latente, a la exclusión aristocrática que nos muestra la salida con mayordomo y alfombra oriental.

Es cuestión de centésimas universales que volvamos a sentir el corrimiento de tierras ciudadanas, que nos maree el cambio de expectativas vitales de sol a la luna; mientras confiamos, resguardados frente al televisor, que el chaparrón escampará a toque de voto incierto, la grieta se agolpa sobre el escalón quejumbroso de nuestro portal corrupto. ¿Esperar? ¿Qué? la muerte de nuestra tribu no necesita pólvora seca, tecnología animal disuasoria; el exterminio se va produciendo a cada canallada de una clase social, los especuladores super sapiens, que actualizan sus datos enriquecedores desde la sonrisa que provoca nuestro cobijo.

La gran avenida de los hombres y mujeres valientes prende bombillas radiantes, cegadoras, con cada línea de combate que alza consignas ciertas y banderas justas. Si en estos días el refino amasado que puebla nuestros atajos vitales no es ocupado por una muchedumbre de resistentes, el futuro está entregado. Tenemos demasiadas pesquisas que realizar para entregar a los culpables ante la justicia global, comenzando por destapar nuestra propia trampa electoral; las trampillas no funcionan si saltamos antes de que se destape el truco maligno y, así, saturando las urnas de honradez electoral, comenzamos a andar. Sin sudar la gota gorda, yendo de la mano para alcanzar sonrientes el fin de la vía, la meta no nos puede ser arrebatada.

Los chorizos aprenden a amasar pan

Afirma una de las consignas más impactantes del movimiento 15M que, en esta realidad económica y social estrangulada, no hay pan para tanto chorizo. Impactante, cierto, pero erróneo. Las últimas informaciones públicas en este intolerable proceso de bancarización de nuestro sector de ahorro está dejando al descubierto embutidos desconocidos para el gran público que, ídem en sus trajes de sastre morcillero, han realizado cursos acelerados de iniciación al arte de panadero, al horneado de jugosos hojaldres y barras rellenas con nuestros euros expoliados.

Los medios de comunicación gallegos se sorprendieron al conocer la salida, con indemnización millonaria de por medio, de Javier García de Paredes (derecha), director general adjunto ejecutivo de NovaCaixaGalicia. Con 51 años escasos, dicen que al resquicio de moral que le queda le pareció escandalosa la cantidad pactada como retribución recogida para su cargo (al que llegó sin mucha ilusión, hombre poco dado a la exposición pública), habiendo renunciado al 50%, aproximadamente, de la misma. Lo que su virtud no rechaza es el otro tanto por ciento de mordida recibida por su eficiente labor a la hora de dejar la fusión gallega hecha unos zorros. En estos tiempos podridos que corren, da gusto ver cómo aún hay buenos patronos que, si decides abandonar tu empresa, no sólo te liquidan sino que te premian con una contundente indemnización, debe ser para aplacar la tristeza y la desolación por abandonar tu cargo.

No puede decirse lo mismo del risueño que acompaña al orondo Paredes en la instantánea superior, José Luis Pego. Cerca de ocho millones de euros se estima que se ha embolsado entre indemnización y plan de pensiones acumulado. Todo esto como botín de guerra tras llevar a embravecido puerto la nave cajera, hecha añicos, con las velas rasgadas. Cumpliendo los designios napoleónicos del Presidente de la Xunta, Núñez Feijó, y con los reparos iniciales tanto del Banco de España como del Presidente de Caixa Nova, Julio Fernández Gayoso, individuos como éstos actuaron de fieles escuderos, a conciencia de estar construyendo un edificio con aluminosis. Una vez concretada la obra, se han limitado a recoger los pagos por certificaciones y echar a correr. Con nuestro dinero.

El FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) ha entrado a saco en ésta y otras entidades, tal como advirtió en el caso de aquellas que no alcanzaran los ratios de solvencia y liquidez establecidos, así como su salida a bolsa. Toda esta trampa de la bancarización como medida de eficiencia institucional, ha dejado al descubierto el especial problema de fondo que ha precipitado el hundimiento de varias entidades de ahorro, algunas de relevante dimensión como CCM, CajaSur o, más recientemente, Caja de Ahorros del Mediterráneo, la reina de los agujeros sin fondo: la limitada capacidad de gestión y la excesiva politización de las cúpulas directivas en la mayoría de Cajas de Ahorros nacionales. Durante el ciclo económico expansivo en base al proceso de especulación inmobiliaria, la guerra abierta para la concesión de préstamos hipotecarios, así como el consustancial apoyo crediticio a promociones y proyectos de carácter inmobiliario, engordó unas cifras macroeconómicas que fueron resueltas por directivos ávidos de medallas ante sus adalides públicos, deseosos de contar a su vera con entidades que dieran rienda suelta a sus proyectos faraónicos y aventuras urbanísticas desmadradas. Tanto monta, monta tanto, y difícil era encontrar una región en la que el mandamás de turno no tuviera relación más o menos estrecha con el Consejo de Administración cajero de turno. En lugar de diversificar eficazmente los recursos obtenidos, la mayor parte de Cajas de Ahorros se lanzó a un crecimiento desastroso en cuanto a la dimensión de su red comercial, así como al sostenimiento, en multitud de ocasiones mediante créditos blandos, de las veleidades de sus padrinos políticos. Desembarcada la crisis provocada por su monstruo glotón pero cebado, las miserias gestoras de todos esos directivos mediocres quedaron expuestas.

Casos como el de María Dolores Amorós son especialmente sangrante. La ex Directora General de CAM, despachada de su cargo por los interventores del FROB sin miramientos y sin indemnización, se obstina en reclamar una pensión vitalicia superior a los trescientos mil euros anuales, amen de la indemnización autoconvenida, a pesar de haber pintarrajeado las cuentas de los dos primeros trimestres (calificarlo de maquillaje sería un adjetivo caritativo, amen de haber anunciado beneficios por cuarenta millones de euros bajo un traje real de más de mil millones de pérdidas) y haber resguardado dichas prebendas en la puerta de salida antes siquiera de su aprobación por el Consejo de la entidad alicantina. Todas estas indecencias sólo pueden surgir de la época del pelotazo y el choriceo en el que se han educado profesionales del descrédito y el pillaje, personajes sin escrúpulos.

En cierto modo, debe ser comprensible lo obtuso del comportamiento de la ínclita Amorós comprobando quien fue su mentor, el ex Presidente de CAM Modesto Crespo, un antiguo vendedor de coches amiguísimo del alma de Franciso Camps y principal cobertura de sus desmadres urbanísticos, tales como la Ciudad de las Artes y las Ciencias o Terra Mítica. Por lo que se ve, la pareja no perdió el tiempo y se dio una vueltita por otra Caja desfalcada para coger recortes. En serio, poner las cuentas y proyectos de la cuarta entidad de ahorros española en volumen de negocio en manos de un individuo que, contablemente, está capacitado, a lo sumo, para controlar la venta de un puñado de utilitarios al día no entra en la lógica profesional de ningún perfil gestor razonable.

Josep María Loza es uno de esos protagonistas cinematográficos que aparecen en multitud de metrajes conocidos pero del que nunca recordamos el nombre. Hijo de un conserje de Caixa Catalunya, nació en la propia sede central de la entidad catalana, sita en Vía Laietana, ya que su padre disfrutaba de una humilde dependencia en el inmueble. Conocedor, por tanto y nunca mejor dicho, de la casa desde la cuna, comenzó siguiendo los pasos del progenitor hasta alcanzar la dirección general. Sus defensores siempre han resaltado su sobriedad aparente, su lejanía del boato y el lujo, pero la realidad contable indica que, tras su salida en el año 2008, a la edad de 58 años, arrastró con un botín equivalente a sus potenciales percepciones hasta la edad de jubilación, así como con un 5% de revalorización de dicha cantidad (sin contar con el plan de pensiones cotizado por la Caja). Claro, cuando hasta el humilde rebasa la frontera de la codicia y se convierte en malandrín, pocas esperanzas quedan a la condición humana. Decía George Orwell, en la dolorosa novela 1984, que las clases sociales, independientemente de la época histórica analizada, se dividen en tres: altos, medianos y bajos. Los medianos batallan permanentemente por desbancar a los altos, y convertirse en ellos. De este modo, ese conflicto mueve los rodillos de la Historia en trinchera permanente, mientras los bajos, irremediablemente, mantienen su condición inferior centuria tras centuria. No obstante, el escritor británico remataba la reflexión afirmando que en una ocasión los bajos se alzaron con el poder… pero terminaron convirtiéndose en altos. El compañero Loza puede dar fe de ello.

El proceso de bancarización ha desembocado, por lo tanto, en la conclusión ruinosa inevitable que preveían desde el ejecutivo nacional y su brazo ejecutor, el Banco de España. En lugar de apartar ferozmente a esa terna mediocre de gestores que han sobredimensionado el sector de Cajas de Ahorros, prefieren empujarlos a un procedimiento complejo que, por un lado, ha llevado varias de ellas a fusionarse y reconvertirse en bancos, con su correspondiente salida a Bolsa y, por tanto, su exposición inmediata al control, vía OPA o cualquier otro modo de entrada en su accionariado, de entes nacionales o extranjeros de mayor tamaño, sustrayendo el grueso del capital patrio a sus legítimos tenedores. Esto sólo ha producido que cajeros incompetentes se hayan reconvertido en banqueros opulentos (no hay más que comprobar, por ejemplo, los emolumentos que se han otorgado los copresidentes del grupo Banca Cívica, Enrique Goñi y Antonio Pulido, antiguos mandamases de Caja Navarra y CajaSol, ésta última con un nivel de morosidad alarmante, amen de impulsor irracional de la construcción de Torre Pelli, lo que puede acarrear la retirada por parte de la Unesco de la calificación de Patrimonio de la Humanidad a Sevilla). Por otro lado, el sistema de reestructuración financiera español ha sido la cobarde astucia planeada por MAFO y sus siniestros acólitos para exponer a escarnio público a la otra masa de dirigentes que han llevado directamente a la ruina a sus entidades, estableciendo unos níveles de solvencia y eficiencia considerables a sabiendas de su incapacidad para alcanzarlos. ¿Era necesario llegar hasta ese extremo? Evidentemente, no. Por el camino se han quedado miles de millones malgastados en operaciones de fusión de dudosas intenciones, y ahora nos encontramos en el penúltimo escalafón del proceso: siguiendo las instrucciones del juego, el FROB ha tomado el control de CatalunyaCaixa, CAM, NovaCaixaGalicia o Unimm. ¿Con qué objeto? olvídense de planes solidarios y eficaces, despejen de su mente el deseo de una macrofusión de entidades en pos de la creación de una entidad de crédito público que haga frente a las necesidades de los millones de trabajadores y pymes necesitadas de solvencia para afrontar sus problemas de liquidez. El objetivo es el desguace y la venta a cachitos, el objetivo nunca fue estabilizar y mejorar el sector de Cajas. El plan último fue su entrega a la gran banca, ésa que ya se plantea afilar sus sedientos colmillos y atrapar el grueso del ahorro particular, gracias a la limpieza relumbrante que, a costa de nuestros tributos, le ha sacado el Banco de España.

 

Impertinencia láctea 2 (y que no haya trilogía, por caridad)

Carmen Machi ha decidido seguir adelante, y de perdidos al rio bravo, en su afán por destruir la modesta carrera artística que había conseguido asentar a golpe de voz chillona, explotación falaz del tópico marujero de extrarradio y alguna incursión más que fallida en registros abrumadoramente alejados de su capacidad interpretativa. Así, el imperio de los lácteos supuso, desde su atalaya corporativa, que la actriz madrileña sería el reclamo perfecto para su nueva campaña de concienciación intestinal. Y se les fue de las manos.

En un artículo anterior realizamos una traumática excursión por los anuncios que, hasta ese momento, habían desarrollado una incomprensible estructura comercial de cara a convencer a un sector del consumidor acerca de lo imprescindible que es consumir su supuesto producto de limpieza digestiva. Cámara en mano, la Machi iba perfeccionando su acorralamiento a amigos y conocidos de pega hasta que éstos se rindieran a las bondades del pagador. Parecía que la estrategia comunicativa había clausurado el círculo de acoso y derribo, recordándonos en do menor que el consumo lácteo no es una opción, sino la única de cara a no terminar reventados por gases de mal vivir. Error.

Envuelto bajo la versión de estrategia 2.0-1000.0, Carmen Machi involuciona como un psicópata dipuesto a atiborrarnos a base de yogurt y comparaciones que avergonzarían al político más deshonesto. Ya no espera a tropezarse contigo en medio de un supermercado, o aprovechar la hora del té para sacarte el temita gastrointestinal que tanto le ocupa. Su estrategia malévola (tal vez provocada por no haber logrado los niveles de saturación activa pretendidos en la primera cruzada) se radicaliza, apareciendo en tu baño o en el portal de tu casa al volver de una sesión de footing.

La relación causa-efecto sufre un viraje de aupa y, en la realidad Machiana, la dentadura humana es siempre sana y blanquecina y su cepillado diario se realiza por puro vicio posterior, nunca como antídoto preventivo ante caries y demás problemas periodontales. Su amiga, tontaina o desconcertada (o un poco de las dos dramáticas opciones), acepta su reflexión de vendedor ambulante de crecepelos y acepta el reto, tan ancha, tan acorralada. Ojo, que es amiga de la oronda actriz, pero no toma su producto predilecto así que, o cambia de rutina en la ingesta de fermentos bacterianos, o ahí se queda. ¿Qué es la fraternidad, la sincera amistad, si no hay un yogurt milagroso que solidifique ese vínculo?

Paco suda la gota gorda a diario, pero no por eso está hecho un pimpollo cincuentón. El es de natural un elegido antropomórfico para representar la esbeltez humana, no obstante se hace una marathón a pleno sol a cuentas de su masoquismo diagnosticado, sin más pretensión que repartir envidia a los rechonchones que se cruza por la vida. Menos mal que Carmen está para recordárselo, y para instarle a seguir malgastando su condición de superhombre consumiendo algo que no necesita. Paco pica, porque sabe del peligro de su vecina, de su insistencia registrada como una denuncia pública en un universo paralelo donde los que mantienen sus neveras y refrigeradoras vírgenes de verde yogurt, están expuestos a ese escarnio documentado.

Pepa la peluquera es, por ahora, la última víctima lanzada a las fauces de una conducta gastrointestinal equivocada. Se gasta un dineral en cremas cuando su cutis mantiene una presencia tersa gracias, se supone, a alguna grasa corporal con efectos nutritivos que emana de sus poros a modo de superpoder. Carmen no puede tolerar que Josefa se deje los ahorros en algo que no le sirve de nada y no invierta ni un euro en su producto milagroso para estómagos desgaseados. No nos lo cuenta, pero seguramente la profesional estética se tiñe el pelo porque le sale gratis, o por ahorrarse un modelo probándose los tintes a sí misma, porque seguro que su especial naturaleza provoca tonos trigueros en su frondosa cabellera por generación espontánea.

Crucemos los dedos, cerremos con fuerza los párpados confiando que ésto sea una pesadilla pasajera, una indigestión que flagela nuestra gula para llevarnos al redil alimenticio. Lo que sea, pero que la moda de las trilogías no alumbre esta irracional campaña y nos azuce con nuevas estrategias de acoso y derribo, con secuelas lácteas más virulentas, más bacteriológicas.