Aún creo en la utopía…

… y no soy el mejor hombre.

No somos más que lo que vemos. Y eso que se nos aparece frente a nuestras pupilas intensas y musculadas luces y más luces, fosforescencia de tonalidades asquerosas, sin color conocido porque la línea de tonalidades posee sus particulares bondades, como un atadillo débil de mensajes, opiniones, axiomas y dogmas que nos enfrentan en las terturlias laborales, cafeteras, alcohólicas, nocturnas, portuarias…

¿Cómo saber si la honestidad agresiva está encapotada de mezquidad irreconocible? No podemos dar caracter sabatino a los plazos permisivos de las castigadas estabilidades humanas, jóvenes pero con arrugas neuronales, y de todos modos esas prorrogas se han convertido en el acontecer del espectáculo que significa estar vivo. ¿Qué significa estarlo en este lado, donde las páginas cefalópadas nos enganchan por nuestras limitadas extremidades neuronales, gracias a su tinta chorreosa matinal, que impregna la huella dactilar de las conversaciones? Una confusión acuchillante, una violación por todos nuestros petreos orificios intelectuales, una muerte segura rodeado de células oxigenadas.

Debe resultar tan puntiaguda, tan brillante la navaja que cercena el equilibrio visceral del intelecto previamente fallecido, esa viscosidad derrotada desde el Génesis de su impacto vaginal, disfrutar con el teorema de una trilogía que esta cultura nuestra, la que nos viene derrumbando sigilosamente por un acantilado sin más puertos de montaña exigentes, con una pendiente definitiva, que comparar a tres hombres solitarios en sus respectivas selvas honradas entre la maraña de desconfianza y cobardía multitudinaria parece un pecado terrenal. No hace falta nombrarlos, pero es imprescindible recordarlos. La trilogía desvinculada nació en el confort de sus amorosas familias, de su estructura social equilibrada, razonó a un ritmo de contracorriente huracanado, fue ajusticiada desde el púlpito del temblor establecido (de ese que parlotea con sextercios, ducados, reales, dólares, metalitos que extorsionan el óxido como la verdad sucumbe al destino biológico) a sabiendas de una inocencia insoportable, de una aceptación irrelevante más allá de la victoria en penaltys sin público…. el veneno de sus tornillos ametrallados despedazaron incomodidad y crearon esperanza disgregada; nos colaron un manifiesto perfumado bajo el felpudo pero el portero adelantó su ortodoxia vigilante a nuestra curiosidad felina, neolíticamente humana. No obstante, fotocopiamos a base de retina obstinada páginas y páginas, convicciones y actitudes, con la implacable abstinencia de expulsar a diestro y siniestro el mensaje repetido al ritmo de salvadora amenaza: Una, dos y… nos continúan otorgando una prórroga inmerecida, barbuda y humilde, armada con selvática argumentación dialéctica, con valentía intemporánea.

Cianuros crucificados aparte, fusilamiento colectivo que ayer procreó una higuera que hoy soterra podridos frutos a modo de agrios masticables, el encuentro en la honestidad colectiva se turbia con avenidas repletas de bromuro viscoso, bajo una niebla rocosa. Esa invisibilidad de camarada inexistente no evita, odiseas instantáneas después, alcantarillear sin sumisión, bípedos henchidos en busca de los congéneres aturdidos pero con los pulmones igualmente saciados, con las mentes pobladas de mensajes honestos. Las migas de pan se escurren por nuestras fronteras de rayuela tramposa, las monedas brillan con el dorado común que aceptan todos los titiriteros de los kioskos centelleantes, más caros, más opulentos en sus dianas torcidas. En el fondo, sin luz, insisten, aventurados, algunos comerciantes de chochona asequible, chochona para todos, pero las farolas ladeadas nos impiden ver, o vemos un colmillo oblongo, una risotada negruzca de encías editorialistas adornadas por cataratas corporativistas; son roulet con neumáticos bolañianos, vigilantes en su refugio arbolado a la espera del seguro genocida intelectual.

Es seguro que el espejo con el que nos obsequiaron al partir los labios viscosos, los que nos expulsaron al desatino vital del que cuelgan nuestras visceras neuronales, no nos alertó de la tormenta de dientes lácteos que agoniza a la primera erección, al primer rugido cristalino. Nos tropezamos con concordia lisa, frenados ante el sortilegio de la cebra plana y mutilada, enfrentándonos a los congéneres agresivos de pedal y velocidad, de ciudad a barranco empujado. Hurtados el rifle boliviano, la cicuta transparente en el meridiano del ágora cobarde, los palos ensangrentados bajo el sol palestino, abrazamos ese valor de ley especulativo que hoy nos ha arrojado al petróleo sólido, pintarrajeado de blanquecina dirección policiaca, ante el hermano gladiador, el pariente ennegrecido con vara impune. De esas plazas con reflejos de odisea universal arrancan un pulgar altivo hembras rizadas con mochilas bolivianas orgullosas, anonimatos púdicos de Sol a solsticio de epopeya contemporánea. A todos ellos les cambiaron las señales y todos nosotros, a su vera, quebrantamos el ferruginoso índice para moldearlo a modo de dedo corazón esperanzador.

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4 respuestas a Aún creo en la utopía…

  1. gabriel dijo:

    No es que un mundo mejor sea posible. Es al revés. Un mundo posible es mejor.

  2. pura maria garcia dijo:

    No solo continúo creyendo en la utopía sino que, a veces, imagino que nosotros, nuestro mundo, somos una especie de utopía para el Universo caótico.
    Somos lo que sentimos, pensamos y hacemos. Cierto que la realidad, como el tiempo, no existe, pero ¿por qué no jugar a creer que sí y construirla para que se aproxime a una utopía alcanzable por TODOS y TODAS?

    • tinejo dijo:

      Querida habitante de esta Casa Querida tuya, la utopía es la realidad ciertísima de los lúcidos pisoteados. Pero las herraduras ferruginosas son un tatuaje colorido para los que residimos en ese país que el futuro de una habitualidad mediata. Nuestro germen estará en un presente que abominará del feudalismo democrático que combatimos, héroes como somos desde la trinchera valiente.

  3. borja dijo:

    Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

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