Estando tan cerca

Si todas las noches se nos ofertara un eclipse rotundo, con su éxtasis de brillantez podrida, tal vez las penas del mundo serían menos. Se paralizarían durante el ocaso universal, haciendo ridícula nuestra pelea a machete, posicionándonos en el mercado de los destinos. Si al caer el Sol éste comenzara su trastada cotidiana de cruzarse involuntariamente con algún satelite remolón, los seres medio vivos que estamos aterrados, tras la esquina en penumbra, ocultos ante el paso de los carromatos armados, dormiríamos tranquilos un ratito, aunque fuera apoyados contra el contenedor oloroso que nos sirve, hace más de un año, de vivienda de renta nula.

El tintineo manifestante de los casquillos se arremolinan en una turba ruidosa, usando nuestros castigados tímpanos como resorte y espejo, a modo de boomerang estruendoso, yendo y viniendo a cada esquina en su mezcla insensata de ruido entre metálico y gutural. Ahhh, si ese eclipse apareciera hoy por primera vez, aunque fuera como una premonición demoniaca de la excepción necesaria, de ese paréntesis de congelación absoluta en un remanso dionisíaco en el que las penas y las tragedias desaparecieran por excepcionalidad del ciclo espacio-tiempo. Dejarse recorrer las venas por litros de una ensoñación tan viva sería aniquililador. Lástima que, al asomar el hocico húmedo, sólo nos llegue un vaho podrido, restos de la ceniza en lontananza, que nos alerta frente a la natural valentía sobreviviente dispuesta para no cumplir órdenes y poner pies en polvorosa, a toda pastilla y hacia ninguna parte. En ese momento, con el carbón poroso chorreando a modo de aguacero podrido, nos observamos en blanco y negro y no podemos evitar romper en lágrimas, lágrimas muy oscuras que se mezclan con el hollín en suspensión marcando nuestro cachetes y disfrazándonos de guerreros camuflados, de francotiradores temblorosos. De lo que somos.

Estrella aprovechó la negritud instalada en derredor y, con una incómoda presión de sus dedos en mi vientre mientras su mano libre torcía violentamente mi enfoque turbio, consiguió señalarme fronteras más amplías desde nuestro escondrijo; no hacía falta echar mano de los sentidos clásicos, el tiempo que nos había retenido en el golpeante anonimato de este refugio, acongojados, también nos entregaba la indispensable habilidad de percibir cercanía, camaradería potencial. Sin ver, los iris pétreos rodeados de vacío se iban clavando, solidarios en su individualidad asustadiza, por todo el mapa emocional de nuestra trinchera humana. No estábamos tan solos siendo, y éso no teníamos que recordárnoslo, tablas náufragas sin expulsados a quien rescatar en nuestro inmediato horizonte.

La noche perpetua venía quebrando nuestros ritmos de vigilia rutinarios, a pesar de esa tensión fría que, con un simple silbido de brisa braseada, removía nuestro sistema nervioso con un ritmo de parkinson incontrolado. Estrella hacía turnos más largos, desconfiada ante mi apocalíptico abatimiento moral; ¿de qué servía alimentar el espíritu de conservación, la supervivencia de nuestra dual especie, si más allá del refugio indefenso que habíamos venido cohabitando no se encontraba ni una mariposa con la que colorear nuestra esperanza en reserva? La opacidad que cubría lo interno y lo externo, que se había apoderado de cualquier tonalidad por sombría que ésta fuera, consumía el básico hálito que había venido desterrando nuestras mortajas de telas manchadas y roídas, dispuestas tras de nosotros en forma de adoquinada cama matrimonial. Tal vez aquella hubiera sido la última tempestad de vida agotada que hubiéramos podido resistir, quizás nuestra esperanza desequilibrada se hubiera despedido de no ser por la fortaleza de los movimientos que han consolidado el devenir de todos. Nosotros, nuestros convecinos de guarida invisible, eramos la última resistencia de generaciones que habían entregado un legado fallecido prematuramente, justo desde su concepción. Desde nuestro nacimiento ya estábamos pisoteadamente muertos. Todo esto me rondó al apretar los párpados para buscar una oscuridad nueva con la que sortear la desconfianza de mi cerebro, harto ante la ausencia de luz. Me dañaba los músculos faciales buscando ese color, o esa ausencia de todos los colores juntos, cuando un silencioso golpe en el costado desparramó esa esperanza consciente frente a mis ojos intensos en su apertura veloz. Miré a Estrella y la contemplé entera, hermosa en su harapiento éxtasis, con el puño cerrado aún apoyado contra mis costillas. Y entonces había ocurrido.

Las golosas redondeces estaban chocando y esparciendo una paleta de colores de extraordinaria novedad, o tal vez fuera por paladear con las córneas el recuerdo de lo grato que la sensación cautivaba como las primeras experiencias vitales. El universo, en movimiento improvisado, salpicaba con su brillantez, apartando el susto, vistiéndolo de etiqueta. Nos cogimos de la mano y rotamos nuestro campo de visión con la coordinación de unos prismáticos de cuatro anteojos. El cielo seguía estallando en una fiesta impagable de artificios renovadores, pero el eclipse total se fundía desde nuestra presencia hasta los horizontes del resto de esquinas y callejones: los ojos desperezados se iban abrazando, las sonrisas abriendo con gozosa timidez. Estrella cruzó sus dedos con los míos y presionó las falanges hasta chasquear, apasionadamente, nuestra existencia agarrotada. Fue ahí cuando el paisaje renovó su limpieza, cuando todos volvimos a encontrarnos.

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3 comentarios en “Estando tan cerca

  1. Si cada noche se vertiese sobre el cielo un eclipse…
    Ojalá todos los ojos pudiesen contemplarlo, pero creo que únicamente las miradas que conservan cierta luz, cierta transparencia, son las que pueden contemplar lo bello. Hemos perdido la capacidad de sentir la intensidad de muchas cosas, fundamentalmente porque algo social, invisible pero poderoso, nos empuja a desear el placer momentáneo, el logro inmediato. Esa ansiedad efímera, esa eufória intermitente y evanescente, es la que provoca que la construcción del mundo en la que estamos colaborando, siendo coresponsables, sea un ALGO donde hay más corrupción que intensidad, más hambre de poder que de lanzar los brazos al otro para “estar”.
    Crucemos los dedos para que sí, para que la noche vierta sobre nuestros ojos un eclipse y con él aprendamos a detenernos en la belleza.
    Un saludo
    http://lamoscaroja.wordpress.com/

  2. Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

  3. NI PSOE NI PP POR ESTO,corruptos 730 y los librados,29 años de gobierno mitad salario de Francia,Alemania,Italia,Inglaterra etc,se regalan coches,trajes,VPOS,viajes y joyas,se perdonan sus deudas,colocan a hijos,primos,amigos,control medios y analistas de TODAS las tertulias debates,se niegan saldar piso por hipoteca, incumplen programa electoral,(manipulan ceoe,ccoo,ugt,iglesia,tv,periodicos,todos a sueldo)¿JUSTICIA?¿existe una justicia justa?NO..NI PSOE NI PP,PERO VOTA.GRACIAS.PASALO PORFAVOR.

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