No por obvias duelen menos

Alfredo Pérez Rubalcaba afirmaba hoy, en su línea de adulación global a todo lo que le huela a voto rescatable, que el concepto puro de endeudamiento no es consustancial a una posición política de izquierdas. A medias; la capacidad de solicitar crédito desde la Administración Pública para poder cumplir con la cobertura suficiente de los servicios esenciales se encuentra (o encontraba) a la disposición de cualquier responsable político. A partir de ahí, la experiencia ejecutiva de este instrumento nos demuestra que su uso ha derivado hacia intenciones electoralistas más que utilitaristas. Durante treinta años, muchas Comunidades Autonómas y corporaciones locales han ido esquilmando sus respectivas carteras al mismo ritmo que la oferta de servicio público ha ido deteriorándose o disminuyendo, sin respuesta clara; es cierto que las prestaciones fueron mejorando o aumentándose, pero al mismo ritmo que la capacidad recaudatoria de la Hacienda, adaptando la riqueza de nuestra calidad ciudadana con la modernización y avance del país. Difícil sería encontrar el momento exacto en que se quiebra esta obviedad necesaria. Lo que sí parece cierto es que determinados dirigentes autonómicos encuentran en la asunción de cierto nivel competencial y su absoluto control el nivel de gastroenteritis extremo como para percibir que ya pueden poner en marcha su sal de frutas particular contra el Estado Social. Mientras su avaricia mediática no ha parecido tener fin, recibiendo cuantos grandes eventos fueran necesarios, cuantas obras faraónicas con ausencia de valor les permitiera el ego propio y la adulación ajena, su nivel de endeudamiento sobrepasaba la razón propia de una gestoría razonable. ¿Soberbia estupidez u operación calculada a medio plazo? Depende de lo estúpidos que consideren a los ciudadanos.

Más de tres décadas hemos convivido en una economía de mercado pero, incomprensiblemente, políticos de orientación conservadora han poblado la estructura administrativa con sociedades anónimas de accionariado exclusivamente público, rebosantes éstas de la parentela que se ha convertido en casta, incapaz de asumir el sentido del esfuerzo laboral y creando una telaraña dispuesta a enriquecer a algunos sin competir en ese sistema que sin trampas, sin saltarse algunas reglas,no da frutos inmediatos. No era difícil asumir que, a la mínima crisis en el horizonte, la improductividad financiada iba a arrasar con el espejismo que proyectaba cifras monas. A partir de ahí, entenderíamos entonces que la irresponsabilidad disfrutaría de alguna revelación inmediata y los mismos que la habían liado volverían tras sus pasos, salvando los muebles que dan lustre a las principales estancias de este país nuestro. Nanai. Acerquense a sus instituciones públicas más cercanas y buceen en la red de empresas que no son pero están de mano de los que ustedes saben. Y, mientras, el verano va desgranando la, nos dicen, irremediable acción correctora de esta hecatombe presupuestaria consecuencia de malvados especuladores de rostro invisible. Ambulatorios cerrados, plazas de guarderías canceladas, dotaciones educativas al nivel de la limosna correctora… pero dispónganse a soportar algún que otro proyecto de megalomanía para loor del Presidente de turno en próximas fechas, esas nunca faltan: auditorios, líneas de tren calavéricas, grandes avenidas con denominaciones familiares. Para empezar, las vallas publicitarias comenzarán a poblarse de los rostros barbudos conocidos en un par de semanas, con su correspondiente coste, como si ya no tuviéramos la desgracia de conocer sus intestinos.

Es llegar la ruina absoluta que hasta nuestros vecinos nos la compran como el amiguito potentado de infancia que te surtía de golosinas, salvo que tenemos los dientes podridos de caries. Y, claro, los faraones no están muy acostumbrados a vivir en corralas, así que es pasar estrecheces y asumirlas en propuestas propias de la inutilidad saciada. Que si un repago sanitario por aquí, que si no tendremos de nada pero si unos cuantos millones para mantener la concertación educativa en lugar de una inversión en el crecimiento de la docencia pública, etc. Lo indispensable lo convierten en lujo asiático, y lo prescindible en fundamental para el sostenimiento de su ego como nueva clase social dominante y apisonante.

Cautivo y desarmado el Estado Social, no hay mejor momento para autolimitar el gasto público desde la perspectiva de los que han derrochado el pasado y la mínima esperanza futura. Esto nos conduce a más obviedades dolorosas, como presenciar la celeridad que son capaces de coordinar las dos principales formaciones nacionales para activar el mecanismo de reforma constitucional con la misma marcha que han utilizado al unísono para despreciar exigencias de modificación de la Carta Magna so pretexto de su necesidad reflexiva a medio plazo. ¿Dónde ha quedado entonces ese indispensable tiempo de meditación? No se preocupen, ya lo han sufrido otros por ellos, desde Berlín a Bruselas.

Revisar una Constitución a la que le han salido canas es una obligación que han obviado las dos principales fuerzas políticas, las únicas con capacidad bicameral para ejercer la iniciativa reformista y la honradez consensual a la hora de pactar una auténtica Transición 2.0. No sólo han vivido de espaldas a la realidad de los millones de ciudadanos que no entienden la realidad nacional con el mismo tono, sino que generan una desvergüenza entre chulesca y bobalicona al explicarnos desde su prisma la necesidad de reforma constitucional que estamos padeciendo. La representación política comprometida con la evolución, desarrollo y mejora del Estado Social no dudará un ápice en abrir líneas de financiación de cara a mantener el ritmo de crecimiento y evolución de los derechos y servicios prioritarios. En este sentido, habitualmente el endeudamiento se ha asimilado a políticas de izquierda… en nuestras coordenadas. No es extraño encontrar planteamientos así en formaciones conservadoras a lo largo y ancho del norte de Europa, donde el artículo 1 de nuestra Carta Magna es realidad incontestable, no únicamente una cabecera vistosa. En España, el endeudamiento ha sido llave maestra para la malversación social y, actualmente, alcohol y esparadrapos para sanar el acuchillamiento múltiple que ha sufrido nuestra precaria cobertura social.

Extraigamos las únicas conclusiones positivas para los intereses generales, juguemos con sus mismas cartas marcadas: si una altura de miras política puede consensuar una reforma constitucional en cuatro tardes no estaría mal que mantuvieran viva esa llama notoria de mimetismo a medio plazo e hicieran lo propio para expandir la capacidad de toma de decisiones a una amplia mayoría de la representación ciudadana; para empezar, una reforma de la legislación orgánica en materia electoral no estaría mal…