La luz oscura de Libia

Nuestros imparciales medios de comunicación han despachado la semana de éxtasis papal con un aliviador rescate para sus editoriales secos de agosto. La entrada de las tropas sublevadas libias en Trípoli les han ahorrado la incómoda resaca de tener que enfrentar la realidad que nuestro país ha mostrado en los últimos días: cuerpos y fuerzas de seguridad guíadas y gestadas con una profunda actitud antidemocrática y anticiudadana, entrega del poder público y sus (nuestros) recursos a los festejos y vaivenes expresivos de una estructura medieval en su concepto, medieval en sus pretensiones para con nosotros. Benedicto XVI ha recibido ovaciones cerradas por los cuatro vientos de la inmisericordia vital, por ese millón de almas sin cerebro que abrazan discursos hirientes a la propia condición humana, palabras que estructuran un mensaje tan lascivo en lo racional que sólo puede ser pasto del esclavo y tesoro del totalitario. Nos invita a abrazar el manto de su iglesia como cuerpo presente de la única luz posible para un mundo que convirtió, por centurias, en tinieblas, del que repugnan en lo científico y tecnológico mientras disponen de sus avances, del que dicen adolece de altura universal mientras se sientan a la mesa de sus dirigentes, ora supuestamente protectores del pacto social, ora aduladores del representante inverso a su responsabilidad pública. El pescador de cándidos utiliza para su faena redes prohibidas de arrastre, se rodea de infantes sin capacidad de obrar para formar estructuras fanáticas que abracen su dictadura en estos tiempos de pobreza, en estos tiempos óptimos para su causa.

Decíamos que este lunes ha amanecido con un capítulo en la realidad mundial que ha clausurado la portadas de los diarios de ayer, los informativos de madrugada, sin tiempo para anuncios comerciales. El país de los beduinos, la reserva norteafricana de las más óptimas reservas de petroleo, gas o agua potable, ya tiene su conclusión libertaria, sus idílicas imágenes de masas atiborradas de dedos en alza con el signo de la victoria. En esta ocasión, han tenido que ser las fuerzas de la Alianza Atlántica (y mediterránea, se deberia añadir) las que dieran el empujoncito final para que sus filiales corporativas sintieran el placer de una estocada de primer nivel, un mandoble económico de aupa. La OTAN, conglomerado de naciones unidas bajo un contrato solidario de autodefensa, se ha convertido en la herramienta militar idónea para concluir aquellas operaciones soterradas de descontrol controlado en territorios fundamentales para la supervivencia del sistema. La clase política, además de abrazar cardenales, bendice descaradamente estas nuevas cruzadas, estos procesados exterminios de lejanos emperadores que se empeñan en gestionar el Santo Grial de reservas energéticas indecentes y mal ubicadas en el globo terráqueo a su antojo, cobrando el dynar como si de democrático dólar se tratara.

No es crudo todo lo que chorrea hacia el cielo de las petroleras, no todas las sonrisas comprenden su propio futuro. Que el centro de la actividad humana debe ser, en redundancia inevitable, la protección de sus congéneres, de sí mismo como colectivo, no admite demasiadas dudas. Que la máxima latina homo homini lupus alcanza en la megalomanía cruenta de Muamar El Gadafi su ilustración más detallada, tampoco. Y que nuestra moral de sofá se enternece velozmente con la euforia colectiva de tierras lejanas, con esas V carnales que alzan su depauperada sonrisa al viento de las cámaras estratégicas, no es secreto que merezca intentar ocultarse.

En la guerra siempre hay bandos. Dar la vida por una opción supone un sacrificio complejo de asimilar desde la placidez de esta existencia que no debe aceptar ni un mamporro furtivo de aquel que oculta su identificación y su profesionalidad. En Libia, el tablero de esa guerra coordinada desde las supersónicas alturas ha mantenido las piezas revueltas antes del primer movimiento; millones de individuos han alzado su estrategia vital bajo palio de digna supervivencia, ajenos al fatal contubernio de dimes y diretes especulativos, de aquel brazo ejecutor que fue a proteger la segmentación harta y acabó desprotegiendo la segmentación conforme. En definitiva, con más jugadas de las previstas, el jaque mate anunciado se ha llevado por delante al rey y a los peones.

Esos editoriales asustadizos hoy dan albricias con el rescate moral de su esencia. No será, por tanto, necesario, analizar lo ocurrido en casa sino que podrán huir a especular en tierra extraña. Y hablarán de libertad, de cómo el fin justifica (dirán a veces, pero creen que siempre) los medios, del triunfo de la luz sobre las tinieblas dictatoriales. Escribirán largo y erguido sobre tribunales internacionales, sobre justicia universal, de pasada tratarán eso que denominan transición, como si no estuviera demasiado manchado ya el término con nuestro andar reciente, y rematarán en plazo dominical con la necesidad de nuestro respeto y admiración por nuevos ejemplos de revolucionarios de incógnita relevancia. Menos Ché y más anonimato en las odiseas libertarias, desearán; más opacidad y menos ejemplos incómodos para nuestra respondona juventud, suspirarán.

Libia hoy restalla en la imagen viva de los aliviados, de los rescatados en un paréntesis confuso; no obstante, el sol de la particular liberación norteafricana brilla más en múltiples despachos de otras tantas cities planetarias. Las promesas que hacen sonreir a los primeros son las mismas que los voceros de los segundos exclamaron a los despistados oriundos iraquies, afganos… y las que, con los mismos argumentos falaces en las manos, se obstinan en hurtar a sudaneses, somalíes, guineanos, saudies, yemeníes y tantos y tantos aspirantes a la sonrisa alimenticia, a la sonrisa libertaria, que no han visto en su subsuelo más que tibias y peronés, antropología reciente que no escurre crudo, que no oscurece aún su luminoso territorio.

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5 comentarios en “La luz oscura de Libia

    • Gracias por la advertencia, ya hemos procedido a su sustitución.

      Lo mismo por las solidarias felicitaciones, pero también son tuyas al formar parte de nuestra Casa Querida. Juntos para seguir recordando que otro mundo es posible.

  1. Me angustia este mundo absurdo. Absurdo en todo su contenido etimológico de “para sorderas”.
    Nos guían con la desinformación y aceptamos que los USA provoquen guerras civiles en Salvador, Nicaragua, Irak, Irán, Afganistán, Libia…. y “las prensas oficiales” venga a mostrarnos masacres y crímenes como si fueran actos humanitarios. Y qué pocos y qué difícil de encontrar críticas inteligentes tipo Chávez.
    En este vídeo del 2004, un ex-comandante de la OTAN, confirma como ya había un plan para invadir Libia desde el 2001 http://www.youtube.com/watch?v=aqIBkIS2jLQ&feature=feedf

    Gracias por tu artículo

    • Gracias a tí, apreciado José, por visitar tu Casa Querida, por tu obsequio en forma de video reafirmante de nuestra común convicción de que este mundo no lo merece la honestidad y, sobre todo, mil gracias por permitirnos descubrir tu arte pictórico y escultórico, sencillamente impactante.

      Abrazos.

  2. Me ha gustado tu enfoque a la hora de abordar el tema. Justo tengo pendiente para mi blog ahondar en la invasión a Libia, porque a veces siento que vivo en una sociedad orwelliana con sus minutos de odio, escupiendo improperios contra el “enemigo exterior”.

    Un saludo y continua escribiendo, que me pasaré por aqui de vez en cuando.

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