La invasión desordenada

Peregrinos italianos "consagran" el momento a ritmo de sangría en una barra madrileña

Madrid es colapso, hormiguero sin arena pero con sus fértiles cadenas vivas, capitaneadas por curas, monjas o monjes Reina a golpe de banderita patriota. Exponerse al apabullante sol de mediodía, sin brisa significativa, constriñe el ánimo casi tanto como enfrentar unos ociosos pasos entre tantas camisetas coloreadas, todas muy católicamente solidarias pero patrocinadas por unos opusdeistas grandes almacenes. En definitiva, utilizar la vía pública del centro madrileño se traduce en angustia al comprobar que el espacio de todos se ha arrendado, subrepticiamente, a una multinacional especializada en la gestión del temor al destino.

Hace escasos minutos, la Policía Nacional ha confirmado la detención de un hombre de 24 años de edad (el informativo de TVE, tras entregar quince minutos de su programación a la simpatía y buenrollismo de los visitantes apostólicos, ha liquidado esta información en una seca frase, sin imágenes, sin interés), estudiante del Centro Superior de Investigaciones Científicas, que planeaba atentar durante la marcha laica de mañana miércoles mediante la utilización de gases asfixiantes. Un beato piadoso. Un prohombre de la causa cruzada. Un tolerante. El modus operandi enlaza con el gusto genocida de los compañeros de uniforme del rockstar de blanco en sus años mozos, cuando aún no había descubierto su destino en lo universal, cuando su bondad estaba confundida en el relativismo racial. Ya lo sentenció horas antes otra adalid del cristianismo de base, Ana Botella, afirmando que dicha manifestación no tiene otro argumento que el pecaminoso deseo de provocar. Pues dicho y hecho, los templarios de la moral vaticana se pusieron manos a la obra para diseñar mandobles justicieros en forma de química avanzada. La intolerancia es atrevida, y cuando el poder político les acompaña revierte en algo, sencillamente, temible.

Las cuentas no están claras, pero la invasión es espesa. Y no toman dos tazas; a lo sumo comparten, como buenos discípulos masivos del altísimo, unas cucharadas que les permitan mantener las constantes vitales alerta hasta el día del clímax papal, ese jueves estival que centrará el éxtasis de tanto groupie vaticano. En efecto, mientras Izquierda Unida ha vuelto a solicitar el detalle exacto de la factura que repercutirá en el erario público, recibiendo el silencio o el desprecio por respuesta, la realidad incontestable en términos de economía doméstica se mide en los comedores y barras de la capital, donde los peregrinos hacen acto de presencia en función de que acepten o no los vales de descuento graciosamente repartidos a su llegada (¿y financiados por…?). El Paseo del Prado, arteria vital para el tráfico rodado en una jornada laboral como la de hoy, se mantenía cortado desde primeras horas de la mañana, para asegurar el plácido discurrir de peregrinos despistados, poco interesados en aprovechar su visita a Madrid para cultivar también su ser cultural y darse un garbeo por la magnífica exposición temporal del pintor y escultor Antonio López en el Museo Thyssen ó hacer acto de presencia en dos de las pinacotecas punteras a nivel mundial, como son El Prado o el Reina Sofía. Colas inexistentes en los centros pictóricos más allá de las habituales, maraña humana a la espera de un zumo natural, ticket en mano, aplastados por cuarenta grados centígrados que poco daño pueden hacer en cráneos huecos, vacíos de respeto por su propia condición humana.

Madrid es, a lo largo de esta semana, una ciudad que no gusta. Nos retrasa y entristece. Nos devuelve un ratito a las cavernas. En las líneas de metro las camisas de colorines atronan, billete de precio reducido como privilegio frente al ciudadano tributario, con sus cánticos hooligan, calentando la llegada de un dios ardiente, humanamente ardiente. Nadie se acuerda de quienes eran, de donde vienen. Esto es un festival más de verano, pero el vino no está fresquito y el pan ácimo se atraganta en este verano implacable. Aquí no está dios ni la razón. Únicamente el vacío de la mercadotecnia para imbéciles, del crucifijo a un euro.

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8 comentarios en “La invasión desordenada

  1. Pingback: Setenta y cinco años « CambiaCalp

  2. Pero no nos damos cuenta que esta Iglesia es una Iglesia de ricos.
    ¿Cuanto les ha costado el viaje desde Argentina,Chile,Mexico, Alemania, etc.?
    ¿A cuantos niños de Somalia por poner un ejemplo les podrian Ayudar?
    ¿Cuantos Somalis,Haitianos,Zaireños(que no hay ricos),hay en esta concentración tomando cervezas?

    • Sí, justamente eso pensé… ¿Por qué este gente, desde las altas esferas hasta los de “la base” prefirieron venir a este evento de una semana antes que organizarse de la misma manera para ayudar a los más necesitados? Es vergonzoso pensar que hay seres humanos muriendo por inanición en el Cuerno de África, mientras esa gente predica “el amor a Dios”…

      • Los representantes de esas facciones organizadas que han liderado el fatuo madrileño ni se arrimarían a la pobreza, la desprecian y abominan de su presencia. Es sólo la pantalla contra la que ocultar su puro interés mercantilista, su alquiler de sentimientos religiosos a golpe de talonario. El amor a dios del que hablas tiene múltiples representaciones, y el concepto cristiano primigenio de divinidad no está ni por asomo cerca de estos empresarios del ritual.

  3. Me da pena, dolor (muxo dolor) y cagalera joder !!! cuantas victimas van a presenciar esa mierda !! el pueblo tiene que despertar y acabar con todo eso !!

    paz y union !

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