Hundidos por la campana

En las pruebas atléticas de medio fondo, al sonido de la campana que anuncia la última vuelta, los corredores intentan sacar fuerzas de flaqueza y embestir la meta como si les fuera la vida en ellos. Finalmente, sólo uno recibe la contraprestación perseguida, en forma de título o medalla, de distinción y honores. Del mismo modo, los Sistemas Institucionales de Protección (SIP) más aventajados en el errático proceso de reforma financiera nacional, Bankia (CajaMadrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caja Rioja, Caja Segovia, Caja Ávila y Caixa Laietana) y Banca Cívica (CajaSol, Caja Navarra, CajaCanarias y Caja de Burgos), agitaron el correspondiente badajo en la sede de la Bolsa de Madrid la semana pasada, anunciando su anticipado paso por línea de meta, en busca de una cinta a cortar que, por las sonrisas, los globos y los brindis, parecía superada antes incluso de enfilar la última recta. En efecto, la exposición al parquet en momentos de tamaña agitación bursatil, con un sector mayorista reacio a aventuras accionariales en forma de incógnita, parecía aventurar un cambio de ritmo apresurado por parte de ambas entidades bancarias. Cierto es que los decretazos semanales del Consejo de Ministros en lo que respecta a las exigencias que se han venido imponiendo al sector de Cajas de Ahorros nacionales no daba mucho margen a la prudencia, empujando al abismo especulativo a entes acostumbrados a operar en otro circuito y escenario.

Sólo una semana ha tardado el insensible Mercado en exponer a Bankia y Banca Cívica a un control antidoping sorpresa. Si bien la institución presidida por Rodrigo Rato soportó honorablemente una jornada de caídas generales en el Ibex 35, hasta cerrar con un soportable descenso de 0,68% (3,67 euros por acción, habiendo sido su precio de salida 3,75), gracias al lustroso anuncio de 211 millones de beneficios en el primer semestre del ejercicio, los defensores de una banca transparente y participativa se desplomaron hasta perder, a la clausura del día de hoy, un ruinoso 8,75%. No hay que olvidar que Banca Cívica se estrenó en el mercado bursatil con un precio de salida de 2,70 euros, lo que ya suponía un ímplicito descuento del 60% de su valor con respecto al recogido en sus libros contables. Aún así, los accionistas de la entidad financiera liderada por Antonio Pulido y Enrique Goñi vieron como el valor de su papel descendía hasta un mísero 2,41.

Este abatimiento mercantilista apresurado tiene una respuesta principal, pero no única: mientras que los principales valedores internacionales de Banca Cívica (Credit Suisse y Morgan Stanley), encargados de la colocación de su papel en el mercado, no han sostenido su compraventa y han abandonado el barco presurosos, JPMorgan (adalid de Bankia en su intermediación) mantuvo un nivel de compraventa aceptable, evitando su despeñamiento. En ambos casos, el comportamiento del mercado mayorista juega un papel clave en su estabilización bursatil, ya que el grueso del papel en manos de minoristas  se encuentra, fundamentalmente, a buen recaudo de clientes de la Cajas de Ahorros de origen, que han comprometido pequeñas cantidades como inversión a largo plazo o en espera de reparto futuro de dividendos, al modo de intereses fijos de IPF, pero de corte variable y especulativo.

La forzada bicefalia al frente de Banca Cívica tampoco juega a favor de buenas expectativas en el futuro inmediato de la entidad radicada en la Avenida de Recoletos. Ni, mucho menos, los astronómicos honorarios que, se rumorea, ha pasado a convertir a ambos, de la noche a la mañana, de modestos cajeros a opulentos banqueros (se especula con cantidades totales que rondan los 7,5 millones por barba). En efecto, si las integraciones de Cajas de Ahorros no son bien entendidas por los inversores extranjeros, menos aún se explican que una entidad financiera de tamaño pequeño-mediano mantenga un gobierno dual y no bien avenido.

Si hace unos días nos fustigábamos al comprobar como se pierde una excelente oportunidad para recuperar músculo financiero público, fusionando a las entidades de ahorro intervenidas por su mala praxis (CCM, CajaSur y CAM, por ahora) y resucitando una banca pública solidaria y limitada al apoyo crediticio de familias en situación de exclusión financiera y PYMES con necesidad de recursos pecuniarios, comprobar como enfilan la recta de meta aquellos bancos que otrora fueron Cajas de Ahorros sin ánimo de lucro, sin dueño, y con un propósito de reversión benéfico social en los territorios radicados, produce impotencia ciudadana. En definitiva, el sudor y energía que están perdiendo por el camino del capitalismo salvaje es nada más y nada menos que miles de millones de euros de cuentarrentistas honorables y modestos, inversiones y activos de emprendedores locales pero, sobre todo, la dignidad de entidades de ahorro, en muchos casos centenarias, despedazadas de un plumazo por obra y gracia de un Ejecutivo cobarde que ha atendido al imperativo gruñido de los antidemocráticos Mercados por encima de la digna eficiencia futura de su sistema financiero. A falta de una vuelta que puede devenir terroríficamente eterna, el toque de campana ha hundido la moral y las últimas reservas de estos inexpertos corredores bursátiles, que más que potenciales vencedores se antojan improvisadas liebres de los medallistas de siempre.

 

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