Otra oportunidad conscientemente desperdiciada

Un nuevo capítulo sobre cómo tirar a la basura oportunidades magníficas para voltear un sistema muerto al que califican, con cobardía manifiesta, como crisis pasajera. El incontestable suspenso de la Caja de ahorros del Mediterráneo (CAM) en los últimos stress test sobrevino como una puntilla imposible de esquivar para una cúpula directiva politizada, sin experiencia en la gestión financiera, y amante de la especulación inmobiliaria a cotas indecentes. Únicamente con los millones de euros invertidos en el despropósito megalómano de Terra Mítica y las líneas de crédito en Polaris World o Seseña, cualquier Caja de Ahorros de tamaño medio se hubiera desbarrancado sin remisión. No obstante, el gobierno popular de la Comunidad Valenciana ha mantenido defensivamente a la misma ineptitud postrada en los mullidos sillones de un Consejo de Administración presuntuoso y cretino: primero con BBK y, posteriormente, con Cajastur, Caja de Extremadura y Caja Cantabria, la entidad de ahorro levantina ha dinamitado la posibilidad de estructurar SIP estables por su obsesión a la hora de negociar cotas de poder que no se correspondían con su balance, siempre bajo el argumento de su volumen de negocio total, ése que escondía bajo la alfombra miles de millones de morosidad irrecuperable, de inmuebles apalancados sin posibilidad de salida.

Tras el hundimiento de CCM y CajaSur, el Ejecutivo ha perdido conscientemente la oportunidad de establecer el germen de un sistema financiero público, de tamaño mediano y exclusivamente enfocado a facilitar microcréditos a familias en situación de riesgo y líneas de apoyo innovadoras a las pymes. Por el contrario, el sistema tributario detraerá de sus ingresos unos tres mil millones de euros a fondo perdido para sanear CAM y, posteriormente, desguazarla y venderla al mejor postor. La banca patria ya se frota las manos con este nuevo obsequio de magnífico relleno en forma de ingentes cantidades de pasivo a gestionar a coste cero, con una red de sucursales y una plantilla formidable.

Radiografía de CAM. Dragan Lukic

Las Cajas de Ahorros han mantenido un camino de negocio y gestión bien determinado hasta principios de los ochenta. Limitado su acceso a la oferta de productos financieros complejos, la separación entre entidades financieras y de ahorro mantenía igualmente el espectro diáfano cara al cliente en lo que respecta a su elección. La interesada apertura y ampliación de servicios, especialmente en lo que se refiere al negocio de préstamos hipotecarios, unida a la invasión desmedida de la clase política en los Consejos de Administración y Asambleas, trajo estos lodos.

El manifiesto apoyo de Emilio Botín al cumplimiento efectivo de la legislatura no es baladí ni gratuito. El proceso de reestructuración del sistema financiero no ha sido más que la antesala para dejar a los pies de los caballos a aquellas Cajas de Ahorros que ahora podrían estar integrando una gran banca pública con los mismos principios inspiradores que vieron nacer a estas entidades: ausencia de ánimo de lucro y reversión benéfico social en las comunidades donde se encuentran asentadas. Con la salida a bolsa de Bankia y Banca Cívica, los dos primeros grupos de Cajas que han rematado su proceso de desaparición, ya están a disposición de los grandes capitales el control de los otrora fondos de millones de ahorradores que apostaban por generar beneficios a su comunidad. Estructuras bancarias medianas, gestionadas por los mismos directivos que, presumiblemente, no supieron mantener a sus entidades de ahorro en unos niveles de solvencia adecuados para escapar de la quema, serán pasto de los carroñeros que ya sobrevuelan sus minúsculas sedes.