La res (no es televisión) pública

El actual gobierno estatal, entre sus moderados aciertos y sus notables desaciertos, enfocó desde el inicio de su primer mandato, allá por el año 2004, el honrado aunque complejo reto de reestructurar el organigrama, enfoque y parrilla de contenidos de RTVE. Así, el espíritu neutral que debe presidir el mensaje a transmitir por el grupo radiofónico y televisivo público fue consolidando estrategias arriesgadas pero imprescindibles para diferenciar la plataforma de todos de aquellas cadenas que manejan sus decisiones en función del rating y las fusiones empresariales.

Siete años después, nos encontramos como espectadores ante un formato audiovisual que ha eliminado la publicidad de su parrilla (con el subsiguiente deterioro en su capacidad presupuestaria), muy de agradecer en términos generales de cara al espectador, si bien podemos echar en falta (para quejarnos siempre hay tiempo) algún que otro descanso en retransmisiones de cierta duración: tantos y tantos años aprovechando ese momento para preparar una cena rápida (hasta que las cadenas privadas establecieron unas pausas comerciales que permiten asar un pavo) o pasar por el baño para aliviar tanta bebida gaseosa provocan que, en ocasiones, no valoremos con tanta estima lo que sonaba a canto celestial, a un no parar de pura televisión. En líneas generales, una decisión de agradecer por el consumidor-contribuyente.

Asimismo, resulta innegable apreciar un cualitativo aumento en los servicios informativos del ente público (a pesar de que, tras el paso de Urdaci, muy difícil no parecía alcanzar este logro), con un nivel de imparcialidad aceptable. Ofertando, además, un canal de noticias 24 horas, y tras el mercantilista cierre de CNN+, resulta imprescindible aire puro, agua que has de beber y no dejarla correr.

Por su parte, La 2 ha revolucionado su popurrí de contenidos como de baratillo, a modo de una frecuencia que recoge los desechos de su hermana mayor y, asumiendo sin complejos el destierro de su tesoro en forma de audiencia, el deporte, a un canal específico para estos menesteres, actualmente transmite auténtica personalidad madura, ajena a las impertinencias de las encuestas anónimas que, permanentemente, le otorgaban a sus documentales naturalistas más seguimiento que a Los Verdes en las propias de época preelectoral. Un único pero, imperdonable la cancelación del concurso vespertino Gafapastas, a modo de Vasile implacable, por elevados costes en relación a número de espectadores: si El Terrat cobra caro sus formatos, más costoso resulta evaporar el ingenio que condensaba esta media hora de humor e ingenioso carrusell de preguntas y respuestas, aderezada por los pertinentes y muy impertinentes monólogos de Juanra Bonet.

En definitiva, aprobado alto o notable bajo para el trayecto que emprendió el ejecutivo del PSOE desde su llegada al poder en relación a establecer a RTVE como una plataforma de comunicación, información y entretenimiento ajena a la beligerancia de las cadenas privadas, honesta en sus contenidos y con el espíritu de aglutinar las sensibilidades colectivas.

Por todo esto, resulta incomprensible la retransmisión en directo de los pasados sanfermines, anunciado a bombo y platillo cual largometraje de estreno o Final de un Campeonato del Mundo. Los encierros pamplonicas son festejos declarados de Interés Turístico Internacional, es cierto. Tan incontestable como que, igual que el agua dulce que fluye por los ríos desemboca, inexorablemente, en el mar, que es el morir, los aterrorizados astados que recorren veloces las estrechas vías de la capital navarra rodeados de risueños corredores, confluyen en la salada plaza, antesala de su sangriento y bestial fin, allí donde se confunde fiesta con tortura.

Los toros, bravos o mansos, de ésta o áquella centenaria ganadería, no deben soportar permanentes stress test para nuestro discutido divertimento. El ser humano no es quien para decidir qué espectáculo en el que el protagonista no sea consciente de los riesgos que implica su exposición al mismo se ajusta o no a ciertos parámetros de legalidad o sensibilidad. Ni tan siquiera esa, en apariencia, inofensiva mini marathon previa a la masacre de banderillas, picas y espada, puede ser excusada, desde el momento en que comprobamos como las reses, en desbandada, buscan despavoridas una vía de escape entre tanto intruso de su cotidiana paz vital. Estamos ante el último vestigio de la dicotomía sangrienta entre tradición y barbarie, pero mientras convenimos como especie consciente el momento final del abuso sobre nuestros congéneres, resulta inaceptable el aplomo con que nuestra televisión pública alienta y promociona nuevas y sanguinolentas adhesiones.

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2 comentarios en “La res (no es televisión) pública

  1. Da vergüenza que con tanta basura en sus filas el P.P. se cree y tiene la mente en cambiar las leyes a su medida para sacar de la corrupción a tanta gente, razón tenia la diputada de Valencia con la camiseta que dice lo siguiente (FALTA DINERO Y NOS SOBRAN CHORIZOS) Sr. Cotino menos crucifijos para engañar a todos los españoles esto ofenden a todos los creyentes los que de verdad tengan fe.(YO DIGO QUE TODOS LOS CHORIZOS ENTREGUEN EL DINERO PUBLICO QUE SE HAN LLEVADO LO ENTREGUEN Y LUEGO QUE CUMPLAN SU CONDENA EN LA CÁRCEL.

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