Tu lado y el lado tuyo

Manoseo tus órganos como si fuera un sádico necrófilo pero no, es solamente el deseo de acercarme profundamente a esa figura que se ha estancado en el centro de mi imagen,  mostrándose desde un perfil izquierdo que está lejos pero que ya toco. También te alejas de las mamparas ahumadas que rodean todo el arco de la estancia y, aún así, tengo la sensación de haberme abalanzado sobre tus rodillas con violencia feliz pero sin inmutarte. Son las cuatro de la tarde y hace mucho que mi presencia se ha borrado sobre las baldosas ausentes de moqueta y brillo, sólo tu mitad nariz y tus pestañas fronterizas mantienen viva la lejanía de Sacristía y sus comercios a medio abrir, a medio cerrar. También se extreman tus marcas en forma de uña-eclipse, se mantiene seca tu cola morena con la ola respingona como desenlace; toda la tarde me he mantenido violando la oscuridad de cuatro centímetros que se ha agolpado por sorpresa entre esos, tus surcos livianos bajo el ojo seco, y mis manos, que siempre están demasiado alertadas por tu presencia. Reconozco que no me cohibo en este análisis sino que, por el contrario, hace semanas que me he abandonado al alivio de rascarme las costuras traseras del pantalón aún a sabiendas que me matan de risa y de lástima, que alguien que no me mira se desespera con el clic clic que busca un cinco de corazones oculto bajo la tonga del diez de picas. Desde luego que tu media boca sigue siendo suavemente pétrea, ahí me he quedado anclado las últimas cuatro tardes, pero mis manos siguen absortas en su aventura del más allá que toca sin escrúpulos; está ese labio partido ante mi mirada fija, y sin embargo no paro de palpar y trasladarme a ti, que mantienes la angustia alegre de comprender que no estoy en esa realidad inerte que te soporta solitaria y desnuda.

Desde segundos antes me he venido preguntando si es cierto que esta realidad absorta nació en semanas de paliducha gestación, o si bien parió un huevo duro de colores locos hace tanto que equilibro el deseo con un calendario interesado. Mantengo demasiados recuerdos sólidos como para haber llegado a ese dulce abandono, porque la lanza que mantiene mi estabilidad de talón a cerebelo me aporta la consciencia de la vida en los muelles, siempre trasteando con Tino y Gonzalo en los container, en la estiba frente a la fábrica de cemento que nos inundaba con colores tersos, mientras la aduana de tránsito repetía su guardia en un perímetro no más amplio de veinte metros; Ahora está esa falda a cuadros escoceses pero está claro que hace demasiado poco que no fue así, y que yo andaba impecablemente manchado de cal húmeda y algodones pegajosos. Gonzalo siempre me lo recuerda cuando coincidimos en la trastienda semioscura, “que bueno, siempre nos reímos pero aguantamos la mirada al acabar el día”; siempre, como dos gatos raros. El muelle es un buen recuerdo, es una imagen fresca, pero demasiado intermitente; me asusta porque brinca en mi memoria ahora más que nunca.

Tengo más en la recámara, puedo pasarme toda la tarde así. Mientras no te muevas mi tiempo es más placentero acompañado de la consciencia, de mi pasado, de tu blusa azucarada…es que no puedo ahora soltar ese tránsito diurno por toda la zona en obras, mientras los container parecían asaltar a los obreros como un tetris asesino, todo muy de espectáculo circense y, sobre todo, tan rítmico que necesitaba sentirlo y lo sentía desde lo alto; notaba el zigzagueo de los cables que me abrazaban a Tino y nos obligaba a separarnos antes que nos diera tiempo a sentirnos machos y empujarnos con violencia. Así tantas tardes. Y ahora añorando a Tino mientras tus uñas estrechas me despistan un poco de la soledad y me estiran a tu encuentro desde el otro lado del cristal, si el muelle desapareciera y en su lugar tú rellenaras mi memoria y mi agotamiento todo podría empezar. Pero claro, como va a suceder algo así mientras te mantienes inerte y tu figura no responde a mis llamadas secas; Tino siempre me ha advertido sobre esta posibilidad: “te quedas clavado, no hay nada que hacer, te pierdes. Intenta evitarlo, si es que se puede, mejor prueba a mirar a otro lado porque si lo enfocas la foto te estanca. Te quedas fijo”. Que suerte la amistad de Tino, seguro que el muelle vuelve a reencontrarnos, somos unos veteranos del traqueteo y de las vigas móviles. Ay, querida, si lo conocieras seguro que abandonarías tu indiferencia, Tino atrae sólo con coincidir a veinte metros, aunque entre tú y él se amontonen gentíos. Yo, en cambio, no te provoco nada, sería preferible que echaras a correr si pudieras antes que ignorarme de reojo; pero claro, pobrecita, tan vulnerable con esa falda ondulada, tan eróticamente primaria.

¿Cuánto tiempo llevo obnubilado frente a ti? Estoy seguro que el tiempo se ha estancado porque mi pensamiento va muy rápido, a pesar de la resignación estoy acelerado mientras te tengo enfrente. Malditas obsesiones de perturbado, seguro que la gente pasa y me mira más a mí que a ti, siempre ocurre. Estoy expuesto y soy vulnerable; en cambio tú pasas misteriosamente desapercibida salvo para mí. No puede dejar de recordarme cuando Tino y yo llegamos a esta ciudad; era una imagen terrible porque nos sentíamos nuevamente desamparados. No cabe duda que nos habían atribuido las mismas funciones de siempre, pero cada cambio conllevaba el mismo proceso de adaptación, conocer el entorno, lucirnos como estrellas. En cambio los diques eran todos uno, el ambiente refugia porque es como una casa única, da igual en qué parte del mundo, con qué idioma saltando entre los andenes y las vías de carga y descarga. Ahí, con todo eso y Tino, aparece el hogar aunque los horarios se alarguen y siempre nos apretuje la noche boreal entre container y camiones.

Muchas tardes oscuras he sentido la necesidad de desviarme en la autopista, no seguir la ruta programada, hacer caso a ese desvío y presentarme en la puerta de tu casa, tocar el timbre sin rubor y saludarte cordialmente, como si todo eso fuera una rutina bella; decirte “¿Cómo sigue esa media nariz?” y sentarme recto en tu sillón de una de tantas residencias que son iguales, en la que no me esperas tú. Pero sobre todo que tu media sonrisa se alegre de verme, con una felicidad cotidiana, como si esa entrada fuera sorpresa primaria y a la vez rutina agradable. Esa mezcla, no sé, se encuentra muy alejada de tu perfil ahora, igual que yo me siento alejado de mi caparazón en esta desnudez parcial entre sentimiento y obligación. Estás frente a mí, o yo regalándote mi mejor cara, según veas, o sientas, o ignores, pero no es el espacio donde sueño encontrarte. Y a la vez no me quiero engañar, desnutriéndome desde los talones hasta las pestañas, estoy ancladamente fastidiado tras este martirio. Llevas demasiado tiempo esquivándome; tras esta ventana yo asumo todo, pero tú sólo apareces cuando el vidrio es idéntico, cuando todo el recorrido es simétrico. Siempre ha sido así. Las mañanas que me he despertado y alguien se ha dedicado a revolverme las farolas y las baldosas, cuando el cielo se ha modificado de gris a brillante y los coches se guían a su antojo; son demasiadas perturbaciones gratuitas.

A fin de cuentas es fácil darse cuenta que no he reaccionado en todo este tiempo en base a actitudes ni sentimientos, sino únicamente a recuerdos. Existo y me mantengo amarrado a este horizonte sobreviviendo con imágenes que me bombardean como el presente que no es más que visiones agradables vaciándose al ritmo de drogas oculares, manteniendo un engaño placentero. Todas tus características no están tras este cristal sino permanentemente bajo otra capa más profunda; me he nublado con imágenes que son pero no están, porque ya fueron y son las que necesito para sobrevivir.

Sigues ahí, extremadamente quieta, y ya sé que te has ido. Tu imagen y, sobre todo, tu dolor, me ha preparado la película con todos los fotogramas completos. Tino ya me lo advirtió pero a un amigo sólo se le consiente el consejo cuando se ha elaborado su opinión de tal forma que va a decirte lo que tú esperas escuchar. La calle está derrumbada salvo tu melancolía inerte presente en esta memoria estancada. Menos mal que ya me retiran, no voy a forcejear; tú estás ahí para verme, yo sólo estoy para recordar.

Cuando la enfermedad se alza en virtud

La ludopatía, término compuesto desde los latinismos que lo definen como enfermedad del juego, es calificada negativamente en nuestro entorno social. Cierto es que lo bares y restaurantes se encuentran atestados de maquinas tragaperras, mientras muchas de sus mesas, al atardecer, se pueblan de inocentes partidas de cartas donde desfogar el tránsito diario y la cartera semivacia. Ni que decir tiene que es sólo la antesala de mastondósticos bingos y casinos poblados de seres de moneda fácil, de ansiosa necesidad de pulir sus ingresos y transformarlos en deudas y miseria. Los juegos de azar, que ya se han trasladado al anónimo escenario de las apuestas por internet, están regulados, consentidos y aprobados por nuestro entorno social y legal, siempre y cuando no salten la incómoda barrera del vicio y el desacato económico. En muchos casos, es síntoma de glamour y posicionamiento, de maneras refinadas. No obstante, cuando el jugador traspasa los límites subjetivamente establecidos como aceptables, ahí aparece el desterrado ludópata que, en lugar de movilizar la economía, la arruina y destruye el núcleo que genera nuevos rendimientos en su plano inmediato.

Qué decir entonces de momentos consagrados en nuestra cotidianeidad alrededor de unas cañas de cervezas o una buena botella de vino. O mala. El alcohol lidera el círculo de encuentros y desencuentros en las relaciones entre congéneres: almuerzos de amigos o laborales, salidas nocturnas, aperitivo, encuentros con el diálogo y frente a la copa; la publicidad trata a los productos destilados como impulsores de sensaciones llenas de autenticidad, capaces de transformar y versionar la personalidad del consumidor en aquel reflejo pleno de confianza y ocurrencia, de liderazgo grupal. Tras esos soportes comerciales y los indiscutibles momentos de encuentro, jolgorio y alegre esparcimiento, también se muestran, día a día, abandonados compañeros de camino que optaron por andar esta travesía en soledad, muy cerca de la barra de su bar de confianza y muy lejos de lo que pretendían alcanzar en realidad. Ese momento es el que, en el caso de la definida patología del alcoholismo, establece la línea entre la sana diversión etílica y el abandono social. Ya no tiene gracia, es molesto, y para tal fin establecemos presurosos un término inequívoco que le lance fuera de la fiesta del consumismo.

De este modo, y a grandes rasgos, podemos establecer con meridiana rotundidad que este sistema económico, que es quien marca toda la pirámide de relaciones y modos aceptados grupalmente, llama a las cosas por su nombre. Al pan, pan y al vino, vino. Todo aquello que se mueve por la corteza de nuestra realidad está atestado de acciones aceptadas que mantienen su reverso de exclusiones aceptables. Pero en el núcleo del sistema, en el epicentro del que irradia el motor que mantiene encendido y a temperatura idónea el ritmo de la economía, se encuentra la raíz no definida del mayor de sus complejos, disfrazado éste de virtud inalterable. Las imágenes cotidianas de ciudadanos plenos de felicidad y sonrisa, con bolsas de múltiples colores y marcas colgando de sus enérgicos y mercantilistas brazos, son expresión del triunfo y el cénit sistémico. A veces se les va un poco la mano, y en ese caso, en lugar de trasvasar su situación hacia el temible plano de la calificación inculpatoria, se les cataloga como compradores compulsivos. ¿Qué significa exactamente? Pues no gran cosa, ya que es confuso batir ambos términos y extraer una conclusión en sentido positivo o negativo. La compulsión es, en efecto, el impulso irresistible a la repetición de una acción determinada, pero este hecho, en sí, no delimita un error o enfermedad que deba ser sanado. Pero también, en puridad, la compulsión consiste en la obligación de hacer algo por haber sido compelido por una autoridad legal. Y que mayor, más noble y respetada, autoridad existe que el orden económico mundial, incapaz de engrasar su maquinaría sin el imprescindible lubricante que generan cajas registradoras en constante abrir y cerrar.

El comprador compulsivo es el mayor de los ejemplos, el espejo donde cualquier individuo que pretenda ser alguien en su capitalista entorno debe observarse a diario hasta que consiga mimetizarse en sus gestos y acciones. No es casual que, en tiempos de crisis y ruina como la actual, se planteen con mayor fiereza campañas municipales alentando la apertura de tiendas y centros comerciales los domingos y fiestas de guardar. Veinticuatro horas de consumo, aderezadas por campañas de saldos y ofertas que complementan la ya dilatadas temporadas de rebajas invernales y estivales. Cuando un ciudadano se acerca al mostrador para abonar sus compras, nunca verán al dependiente de turno analizar si ese individuo que le entrega una tarjeta de crédito desgastada puede o no permitirse un despilfarro textil o tecnológico de esa envergadura, mucho menos osará cuestionarle si realmente necesita ese nuevo par de zapatos de piel de oso hormiguero, o un reproductor musical de color pistacho. Ese ser que muestra como signo de posición social irrefutable su plástico dorado es un solidario consumidor, un estratega del negocio de compraventa de bienes muebles. Al pisar la acera, sus congéneres le observarán con insana envidia, deseando alcanzar su gloria adquirente a la mayor brevedad posible. No hay barranco tras el abuso de nuestros limitados recursos cuando de adquirir productos manufacturados se trata. Tal vez, al traspasar el desvencijado portal de su casa en ruinas, el optimista comprador se sirva unas tristes y solitarias copas, mientras observa el saldo de sus cuentas y maldice sus frenéticos e incomprensibiles impulsos. Pero esa es otra historia incalificable, porque ocurre frente a su soledad y, por tanto, no molesta.

Crónica de un adelanto anunciado

Qué poca emoción transmite una noticia del calibre que se supone a un adelanto electoral nacional cuando éste es un secreto a voces desde hace meses. Aunque el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha negado en redondo a confirmar siquiera el planteamiento de este extremo desde los recientes comicios locales y autonómicos, lo cierto es que el PSOE era consciente hace muchas jornadas que el Campeonato se le estaba escapando del terreno arenoso en que zigzaguea la política. El anuncio que ha trasladado el Jefe del Ejecutivo esta mañana trae perdida la principal baza que se le supone: el efecto sorpresa para desarbolar al contrario y recortar terreno en la carrera de obstáculos que le espera a un especialista en velocidad lisa como es Alfredo P. Rubalcaba. No es que el adelanto se sospechara, es que la fecha definitiva de celebración de los comicios al Congreso de Los Diputados y al Senado (20 de noviembre) se especulaba firmemente días atrás en los principales medios de comunicación. De este modo, el Partido Popular ha tenido tiempo para aprovecharse del tirón del contricante y, sin excesivo esfuerzo, mantener su todavía holgada ventaja en carrera.

Establecer la fecha definitiva de las próximas elecciones generales el  próximo 20 de noviembre, fecha de infausto tufo dictatorial aunque pueda también verse como el día 1 del cambio que nos ha traído hasta aquí, suena a riesgo calculado: Si bien la sensación espontánea que nos aparece sustenta un margen apurado para confiar en un volteo radical de lo que a día de hoy exponen las encuestas sobre intención de voto, no hay que desdeñar el escenario soportable que vive actualmente la formación de Ferraz, con un candidato disfrutando de su efecto novedad (qué mal estamos si un sujeto que ha mantenido importantes y longevas responsabilidades de gobierno se presenta como alternativa innovadora, extremo extrapolable a ambos líderes en la terna a máximo responsable político del Estado), unas previsiones de descenso del paro propias de la temporada estival y, sobre todo, un margen temporal exacto para eludir el previsible enmarañamiento de las redes de pesca de esos mercados hambrientos y crueles que tanto pavor producen a los gobiernos cobardes.

Efectivamente, sostener la legislatura hasta su efectivo cumplimiento supone arriesgar el encontronazo de bruces con una valla solitaria en medio de la carrera, una de ésas en forma de intervención especulativa, crecimiento abrupto de la tasa de desempleo tras la orgía navideña y vuelta al resacón de los días de currículums y negativas ó, aún peor, desgaste apresurado del antifaz que cubre el rostro de la vieja era. Agosto es un mes muerto en el sentido de las ideas; éstas se reblandecen y encallan al sol que, cada día más, calienta y tuesta. Por lo tanto, 30 días ya se han consumido para gestionar las energías disponibles. En unos escasos dos meses y medio, Rubalcaba debe aniquilar el descontesto global que ha generado la sobreexposición de las radiaciones capitalistas sobre nuestras indefensas pieles e irradiar aptitudes que se le suponen, se le conocen, pero también se le temen. Por su parte, Mariano Rajoy no tiene más remedio que aprender a convivir nuevamente con el patíbulo de las apariciones públicas, incapacitado como estará para escapar a la francesa de filias, fobias, corruptelas y falta de respuesta a un futuro que, aunque se le antoja suyo, es tan abstracto como la incomprensión que siempre le ha corroído desde el escalafón de eterno perdedor.

Y a todas estas, ¿cual es el plazo que manejamos todos aquellos que venimos abogando por cambios estructurales en la composición política y espiritual de nuestras instituciones? Pues más bien poco, ya que todas aquellas proposiciones que se vienen perfilando desde los pasados comicios locales y autonómicos no tendrán reflejo en novedades, por insignificantes que éstas fueran, dentro del nuevo circo electoral que se lanza sobre nuestra responsabilidad cívica. No obstante, a pesar de volver a padecer una injusta normativa de reparto electoral, el 20-N (cómo espeluzna escribir esa fecha para tratar un asunto relacionado con la dignidad democrática) no debemos olvidar que hay variadas papeletas en la mesa electoral; en ellas se encierra la diversidad de nuestras exigencias, de los heterogéneos reclamos. Ante la desidia y la resignación, nada mejor que emplear un tiempo extra de este tiempo que no nos sobra con el objeto de madurar nuestra elección en una onomástica que, en lugar de retrotraernos a la mullida desaparición de un ogro infame, puede ser recordada como el primer día de una nueva democracia.

Hundidos por la campana

En las pruebas atléticas de medio fondo, al sonido de la campana que anuncia la última vuelta, los corredores intentan sacar fuerzas de flaqueza y embestir la meta como si les fuera la vida en ellos. Finalmente, sólo uno recibe la contraprestación perseguida, en forma de título o medalla, de distinción y honores. Del mismo modo, los Sistemas Institucionales de Protección (SIP) más aventajados en el errático proceso de reforma financiera nacional, Bankia (CajaMadrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caja Rioja, Caja Segovia, Caja Ávila y Caixa Laietana) y Banca Cívica (CajaSol, Caja Navarra, CajaCanarias y Caja de Burgos), agitaron el correspondiente badajo en la sede de la Bolsa de Madrid la semana pasada, anunciando su anticipado paso por línea de meta, en busca de una cinta a cortar que, por las sonrisas, los globos y los brindis, parecía superada antes incluso de enfilar la última recta. En efecto, la exposición al parquet en momentos de tamaña agitación bursatil, con un sector mayorista reacio a aventuras accionariales en forma de incógnita, parecía aventurar un cambio de ritmo apresurado por parte de ambas entidades bancarias. Cierto es que los decretazos semanales del Consejo de Ministros en lo que respecta a las exigencias que se han venido imponiendo al sector de Cajas de Ahorros nacionales no daba mucho margen a la prudencia, empujando al abismo especulativo a entes acostumbrados a operar en otro circuito y escenario.

Sólo una semana ha tardado el insensible Mercado en exponer a Bankia y Banca Cívica a un control antidoping sorpresa. Si bien la institución presidida por Rodrigo Rato soportó honorablemente una jornada de caídas generales en el Ibex 35, hasta cerrar con un soportable descenso de 0,68% (3,67 euros por acción, habiendo sido su precio de salida 3,75), gracias al lustroso anuncio de 211 millones de beneficios en el primer semestre del ejercicio, los defensores de una banca transparente y participativa se desplomaron hasta perder, a la clausura del día de hoy, un ruinoso 8,75%. No hay que olvidar que Banca Cívica se estrenó en el mercado bursatil con un precio de salida de 2,70 euros, lo que ya suponía un ímplicito descuento del 60% de su valor con respecto al recogido en sus libros contables. Aún así, los accionistas de la entidad financiera liderada por Antonio Pulido y Enrique Goñi vieron como el valor de su papel descendía hasta un mísero 2,41.

Este abatimiento mercantilista apresurado tiene una respuesta principal, pero no única: mientras que los principales valedores internacionales de Banca Cívica (Credit Suisse y Morgan Stanley), encargados de la colocación de su papel en el mercado, no han sostenido su compraventa y han abandonado el barco presurosos, JPMorgan (adalid de Bankia en su intermediación) mantuvo un nivel de compraventa aceptable, evitando su despeñamiento. En ambos casos, el comportamiento del mercado mayorista juega un papel clave en su estabilización bursatil, ya que el grueso del papel en manos de minoristas  se encuentra, fundamentalmente, a buen recaudo de clientes de la Cajas de Ahorros de origen, que han comprometido pequeñas cantidades como inversión a largo plazo o en espera de reparto futuro de dividendos, al modo de intereses fijos de IPF, pero de corte variable y especulativo.

La forzada bicefalia al frente de Banca Cívica tampoco juega a favor de buenas expectativas en el futuro inmediato de la entidad radicada en la Avenida de Recoletos. Ni, mucho menos, los astronómicos honorarios que, se rumorea, ha pasado a convertir a ambos, de la noche a la mañana, de modestos cajeros a opulentos banqueros (se especula con cantidades totales que rondan los 7,5 millones por barba). En efecto, si las integraciones de Cajas de Ahorros no son bien entendidas por los inversores extranjeros, menos aún se explican que una entidad financiera de tamaño pequeño-mediano mantenga un gobierno dual y no bien avenido.

Si hace unos días nos fustigábamos al comprobar como se pierde una excelente oportunidad para recuperar músculo financiero público, fusionando a las entidades de ahorro intervenidas por su mala praxis (CCM, CajaSur y CAM, por ahora) y resucitando una banca pública solidaria y limitada al apoyo crediticio de familias en situación de exclusión financiera y PYMES con necesidad de recursos pecuniarios, comprobar como enfilan la recta de meta aquellos bancos que otrora fueron Cajas de Ahorros sin ánimo de lucro, sin dueño, y con un propósito de reversión benéfico social en los territorios radicados, produce impotencia ciudadana. En definitiva, el sudor y energía que están perdiendo por el camino del capitalismo salvaje es nada más y nada menos que miles de millones de euros de cuentarrentistas honorables y modestos, inversiones y activos de emprendedores locales pero, sobre todo, la dignidad de entidades de ahorro, en muchos casos centenarias, despedazadas de un plumazo por obra y gracia de un Ejecutivo cobarde que ha atendido al imperativo gruñido de los antidemocráticos Mercados por encima de la digna eficiencia futura de su sistema financiero. A falta de una vuelta que puede devenir terroríficamente eterna, el toque de campana ha hundido la moral y las últimas reservas de estos inexpertos corredores bursátiles, que más que potenciales vencedores se antojan improvisadas liebres de los medallistas de siempre.

 

Las ideas matan… pero engordan

Bajo el llamativo manto del titular ¿Pueden las ideas matar?, el investigador histórico Xavier Casals ha firmado un directo análisis en el diario Público acerca de la masacre producida estos días en la otrora pacífica nación noruega a manos y armas de Anders Behring Breivik, el aspirante a templario nórdico de opereta. Pacífica desde la atalaya de una sociedad opulenta, honrada y ordenada, no así en cuanto a su respuesta internacional como patria, siempre en primera línea en todas aquellas intervenciones que se les requiera, sobre todo por parte de sus primos norteamericanos, solícitos ellos a compartir esfuerzo, sudor, sangre… y riqueza. Así es Noruega, o así la vemos a menudo desde el otro lado del continente. Insolidarios burgueses, antieuropeistas. Y también educados, estructurados, discretos.

El impacto de una acción de tamaña crueldad, macerada entre tiros de gracia con munición prohibida y persecución a jóvenes indefensos entre las fronteras naturales de un islote sin atalaya, recovecos ni cuevas, toda ella sanguinariamente dispuesta gracias a la previa confusión de un bombazo en el centro neurálgico de Oslo, nos devuelve al terror descontrolado de asumir que vivimos empobrecidos, machacados por mercados insensibles e insaciables y, a la vez, rodeados de perturbados individuales o colectivos dispuestos a asestar mandobles a diestro y siniestro, encontrando frente a su mirilla de precisión enemigos gratuitos y desarmados.

Poco importa si el despreciable Breivik actuó sólo o en marcial conexión con sus camaradas de torpeza existencial. La mescolanza de ideas propias o confusamente arrendadas que pueblan su alopécico trono físico han sido capaces de tejer un panorama de horror difícilmente entendible en este tiempo y espacio. No obstante, de igual manera que, cinco décadas después de finalizada la II GM, han aparecido atemorizados combatientes japoneses ocultos en selvas, defensores últimos de la causa imperial, como transportados por H.G Wells hasta nuestros sorprendidos televisores, el despiadado asesino nórdico se acepta como una versión mejorada de los cruzados, impasible ante el sometimiento de las nuevas normas, convencido hasta la médula de estar protagonizando el resurgir de una Europa blanca, cristiana, dispuesta a expulsar al enemigo mahometano y procurar la paz de su dios y su civilización. Es en este punto cuando los extremismos convergen, cuando las pieles y los rostros desaparecen y se colorean con los mismos lápices. ¿Las ideas matan? desde luego está en su germen. Cualquier construcción teológica o politico-ideológica lleva insertada la necesidad de procreación, de imparable expansión y sometimiento. En algunos casos, los menos, ese anverso muestra el afable reverso de la transmisión de convencimiento; en ningún caso una idea se queda en casa, a salvo de la batalla cuerpo a cuerpo y dulcemente resignada a compartir sus años con una afable y hogareña minoría humana.

Para poder asumir, como civilización más o menos engranada, impactos dolorosos de esta naturaleza no vendría mal recordar que transitamos en un eterno retorno y éste, casi sin rastros de jet lag, debe situarnos en el inicio de nuestro alumbramiento, a la vera de Platón: nuestro paisaje, objetos y estructuras, aquel espacio donde desenvolvemos la supervivencia, es imperfecto e inacabado, deficiente y esquelético; en cambio, las ideas pululan en una atmósfera superior, concretas y rematadas. Todo aquello que hemos querido, a lo largo de nuestra reciente Historia, construir se posa sobre unos cimientos firmes pero a base de materiales porosos, blandos y humedecidos. Sin consistencia. Las ideologías pueden ser consideradas hijas ilegítimas de esas ideas primarias de las que todo surge, pero en todo caso mescolanza de la indisciplina humana, erráticas en su conducta diaria a manos de los hombres y mujeres que las defienden y postulan. Por lo tanto, incapaces como somos de rozar siquiera la deidad de las ideas, probablemente convendría tratar acerca de si pueden matar las ideologías, y éstas lo hacen, lo han hecho, y mucho. Las primeras, en cambio, ni matan ni deben matarse. Están fuera de nuestra mira telescópica, siendo ellas quienes nos apuntan con el gatillo de la advertencia.

En un planeta continuamente en conflicto, abierta o sigilósamente, donde caen fulminadas cientos de víctimas a diario en época de supuesta paz, la bala y la bomba, el afilado cuchillo en la noche, accionan su capacidad asesina movilizadas por una ideología, aunque en los últimos tiempos, de norte a sur, triunfe la capitalista a la hora de justificar el funesto acto de dar muerte al contrario. En lugar de acciones multitudinarias dispuestas a triunfar sobre dioses ajenos ó clases sociales dominantes y opresoras, las alevosas operaciones bélicas en busca de recursos naturales codiciados o las menos llamativas con ánimo de lucro individual a la vuelta de la esquina, responden al paso de la última ideología imperante, el mercantilismo 2.0. No obstante, esas construcciones filosóficas y económicas que han resultado razón de vida y muerte para la práctica totalidad de las generaciones concebidas también han supuesto el motor inevitable del desarrollo humano y el instrumento eficaz de renovación tecnológica y social. Las ideas, perdón, las ideologías matan… pero también engordan.

 

Otra oportunidad conscientemente desperdiciada

Un nuevo capítulo sobre cómo tirar a la basura oportunidades magníficas para voltear un sistema muerto al que califican, con cobardía manifiesta, como crisis pasajera. El incontestable suspenso de la Caja de ahorros del Mediterráneo (CAM) en los últimos stress test sobrevino como una puntilla imposible de esquivar para una cúpula directiva politizada, sin experiencia en la gestión financiera, y amante de la especulación inmobiliaria a cotas indecentes. Únicamente con los millones de euros invertidos en el despropósito megalómano de Terra Mítica y las líneas de crédito en Polaris World o Seseña, cualquier Caja de Ahorros de tamaño medio se hubiera desbarrancado sin remisión. No obstante, el gobierno popular de la Comunidad Valenciana ha mantenido defensivamente a la misma ineptitud postrada en los mullidos sillones de un Consejo de Administración presuntuoso y cretino: primero con BBK y, posteriormente, con Cajastur, Caja de Extremadura y Caja Cantabria, la entidad de ahorro levantina ha dinamitado la posibilidad de estructurar SIP estables por su obsesión a la hora de negociar cotas de poder que no se correspondían con su balance, siempre bajo el argumento de su volumen de negocio total, ése que escondía bajo la alfombra miles de millones de morosidad irrecuperable, de inmuebles apalancados sin posibilidad de salida.

Tras el hundimiento de CCM y CajaSur, el Ejecutivo ha perdido conscientemente la oportunidad de establecer el germen de un sistema financiero público, de tamaño mediano y exclusivamente enfocado a facilitar microcréditos a familias en situación de riesgo y líneas de apoyo innovadoras a las pymes. Por el contrario, el sistema tributario detraerá de sus ingresos unos tres mil millones de euros a fondo perdido para sanear CAM y, posteriormente, desguazarla y venderla al mejor postor. La banca patria ya se frota las manos con este nuevo obsequio de magnífico relleno en forma de ingentes cantidades de pasivo a gestionar a coste cero, con una red de sucursales y una plantilla formidable.

Radiografía de CAM. Dragan Lukic

Las Cajas de Ahorros han mantenido un camino de negocio y gestión bien determinado hasta principios de los ochenta. Limitado su acceso a la oferta de productos financieros complejos, la separación entre entidades financieras y de ahorro mantenía igualmente el espectro diáfano cara al cliente en lo que respecta a su elección. La interesada apertura y ampliación de servicios, especialmente en lo que se refiere al negocio de préstamos hipotecarios, unida a la invasión desmedida de la clase política en los Consejos de Administración y Asambleas, trajo estos lodos.

El manifiesto apoyo de Emilio Botín al cumplimiento efectivo de la legislatura no es baladí ni gratuito. El proceso de reestructuración del sistema financiero no ha sido más que la antesala para dejar a los pies de los caballos a aquellas Cajas de Ahorros que ahora podrían estar integrando una gran banca pública con los mismos principios inspiradores que vieron nacer a estas entidades: ausencia de ánimo de lucro y reversión benéfico social en las comunidades donde se encuentran asentadas. Con la salida a bolsa de Bankia y Banca Cívica, los dos primeros grupos de Cajas que han rematado su proceso de desaparición, ya están a disposición de los grandes capitales el control de los otrora fondos de millones de ahorradores que apostaban por generar beneficios a su comunidad. Estructuras bancarias medianas, gestionadas por los mismos directivos que, presumiblemente, no supieron mantener a sus entidades de ahorro en unos niveles de solvencia adecuados para escapar de la quema, serán pasto de los carroñeros que ya sobrevuelan sus minúsculas sedes.

Camps nos da la espalda

Haciendo gala de su rigurosa transparencia en el discurrir de todo aquello que suene al vanguardismo valenciano, a su gestión al frente de la Generalitat que lo había alzado a ser el Presidente más votado en las democracias occidentales, el molt honorable Camps firmó ayer el penúltimo capítulo de sus andanzas trajeadas, dimitiendo a mandíbula batiente, muy en su positiva línea de ser y actuar.

Los motivos esa desbandada abrupta y celerosa quedarán tendidos en la fina cuerda de la incertidumbre entre estrategia política y acorralamiento judicial. Por ahora. El ventrílocuo levantino, que es su propio muñeco de trapo con esa capacidad para emitir idioma castellano y valenciano a través de dos hileras de dientes selladas, confesó que es víctima inocentísima de un montaje difamatorio de órdago, y que ahora se encuentra liberado para poder defenderse como un ciudadano más. Curioso. El mismo argumento, con los mismos términos, que esgrimió el socialista Casimiro Curbelo tres días antes al renunciar a su acta de senador. Si ser aforado es un problema, ¿Por qué todos éstos invocan su blindada condición cuando son acusados de algún hecho delictivo? ¿Qué diferencia negativa supone ser juzgado por éste o aquel Tribunal? Convierten en condena lo que es garantía para justificar esas necesarias dimisiones, concretadas cuando las correspondientes estructuras de los partidos políticos a los que representan les dicen aquello de “no puedo seguir protegiéndote”.

Francisco Camps aseguró, durante su intervención, que el cese es un acto de sacrificio para alcanzar el más alto propósito de ver investido Presidente del Gobierno a su líder omnipotente Rajoy, ése que aún no ha intervenido públicamente sobre el particular, pero que durante el desarrollo de la trama Gürtel ha necesitado bandear entre la ignorancia expresa de todo lo que sonara a paella y naranjas y el ferviente apoyo, casi erótico, a su agredido compañero de filas. Los principales medios de comunicación escritos se preguntan hoy si esa reflexión beneficiará al PP o, por el contrario, será un lastre vengativo en la espalda del registrador gallego. Complicado saberlo a estas alturas, pero el propósito de la afirmación, si fue consensuado con el mensajero Trillo, parece diseñado deprisa y corriendo, más preocupados en lanzarse al cuello del enemigo exigiéndole cabezas ahora que tienen las manos libres de sangre imputada que en rentabilizar electoralmente algo que no tiene pinta de buena cotización en el mercado de las papeletas variables.

Camps se va pero quedan los mismos. Resulta dramático como tratan a la ciudadanía a modo de auténticas masas ignorantuelas si consideran que pueden seguir blandiendo el argumento falaz del único culpable en tramas tan complejas y sofisticadas. Que lo de los obsequios en forma de trajes de media gama (28 atuendos a 14.000 euros tampoco se encuentra en la cúspide de la alta costura para caballeros) es la punta del iceberg lo reafirma este terremoto a dos meses de las elecciones autonómicas. Sólo es necesario un ratito de espíritu crítico para saber, querido ciudadano, que se están dejando la piedrita entre los dedos mientras remueven los cubiletes.

El President de la Generalitat se marchó, por ahora, pero su estilo y el de su formación política con respecto al valor que le otorgan a los medios de comunicación y a la libertad de prensa continúa intacto. La comparecencia pública del líder saliente se emitió en diferido, con cuarenta minutos de retraso, dando la oportunidad de la edición adecuada para sus lacayos informadores. El periódico Las Provincias de Valencia osó intentar retransmitir en directo hecho tan luctuoso para una región que queda huérfana y hambrienta de tan brillante gestión pública pero, en un alarde metafórico propio de despedidas cinematográficas, Camps prefirió darnos la espalda live de otro, antes de abrumarnos con su sonrisa de inocente confeso.

http://www.lasprovincias.es/20110720/mas-actualidad/politica/impiden-retransmision-directo-201107201727.html