Al servicio paramilitar de la ciudadanía

Las imágenes que adjuntamos han sido visualizadas por la mayoría de ustedes. No son violentas en lo ocular, pero se muestran terriblemente brutales en lo moral. Si durante el belicoso desalojo de Plaza Catalunya hace unos días asistimos a la desproporción del salvajismo uniformado, en total contradicción con su esencia como cuerpo de seguridad y atención ciudadana, el video que compartimos con ustedes provoca lágrimas de decepción extrema ante el irrefutable encontronazo con ese mundo que gravita en todos los márgenes de nuestra incierta existencia; ése que no se reconoce en la letra de la Ley, la que ya a principios de la década de los ochenta era vilipendiada con nocturnidad y alevosia, deteniendo por diez días, en negras comisarias, donde maltrato es frecuente…., como recordaba Javier Krahe en aquel Cuervo Ingenuo, censurado por el mismo poder, que brincaba desde las fuerzas del orden en reconversión, hasta la alta dirección de RTVE, sin formación específica pero con amplias herencias tiranuelas reprimidas y liberadas, a partes iguales. Tan socialistas como ahora, tan demócratas como de costumbre. Tan lejos de nosotros como la rancia y con fecha de caducidad, podrida y mohosa derecha nacional y localista que tuerce nuestros derechos como si de una varilla hueca se trataran.

Ese grupo gorilero, deshumanizado, probablemente forma parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado; el problema es que los máximos responsables políticos de su gestión, organización y actuación no entienden el Estado como el aglutinador y reflejo de la soberanía popular, donde los servicios públicos deben tener al ciudadano en el epicentro de su labor de educación, protección y cuidado. Al contrario, la nueva clase dirigente, ésa que, independientemente de sus siglas y honores, de sus adornos y palacios, se divide, como acertadamente reflejaba George Orwell, en altos, medianos y bajos, ya ha tenido tiempo suficiente para modelar su personalidad y destino en la concepción mutualizada de cúspide de la pirámide social.

Ver ésto puede producir dos variantes cerebrales: instalarse en el desánimo y hasta el terror más fecundo, encerrándonos en nuestro hipotecado hogar y obligándonos a tapiar puertas y ventanas, ó exacerbar nuestros más dignos reproches hacia una estructura y organización de relación social que ha visto envenenar sus raíces. Confíemos en que la segunda reacción sea la que germine en nuestras conciencias, y sigamos en las calles a cara descubierta, con el discurso de la dignidad, sin pasamontañas y auriculares soterrados entre tanta contradicción de nuestros públicos protectores.

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Una respuesta a Al servicio paramilitar de la ciudadanía

  1. Alfaqueque dijo:

    La segunda opción siempre, querido amigo.
    Reproduciré el enlace al igual que hice con “Cantidades que disgustan”.
    Un abrazo solidario..

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