Sin ganas de Realidad

En un domingo cualquiera, ahogados en el ecuador de la primavera, se suelen presentar los instantes semanales que presentan mayor cercanía a eso llamado tranquilidad. Son las horas en pijama, con desayuno temporalmente anárquico pero copioso, el ritmo vital a 0 en la escala ritcher de las tensiones o los periódicos de cabo a rabo. No obstante, disfrutar en estos momentos del asueto cerca de cualquier canal informativo, es comparable a una jornada laboral de doce horas, descalzo y en el epicentro de unos altos hornos. El silencio de la vecindad y la ausencia de citas y compromisos forman un mullido cojín sobre el que reposa nuestro golpeado cerebro, pero así no puede ser siempre; la realidad no es confortable, por eso los ratitos en calma consiguen reportarnos ese placentero proceso químico que calificábamos como tranquilidad, pero que cada uno de nosotros sabemos darle el apodo adecuado.

En la jornada dominical, sin ningún trasfondo religioso de por medio, el descanso ejemplifica el necesario y medido contrapeso de las obligaciones, si bien esas horas alejadas del ritmo de las responsabilidades son invertidas en una forma de ocio llamada compromiso, información. Estar al día, vaya. Y en este mes de mayo de un año acelerado, informarse significa estrés, alta dósis de rabia, desánimo. El asueto se transforma, por tanto, en unos niveles de adrenalina de la consciencia que resultan necesarios y dañinos en similares dosis, mezclándose noticias desalentadoras con informaciones incomprensibles. Toda la realidad fuera del hogar dominguero es una mezcolanza de incomprensión, dolor, muerte y mentira.

Una semana después del asesinato de Estado más relevante de la historia universal, en lo que respecta a su campaña de divulgación propagandística, reacciones populares y actos paralelos de ensalzamiento y condena, seguimos recibiendo cables informativos muy cercanos a un folclórico culebrón, donde los actores principales mueren o se ocultan tras la cámara, mientras que los secundarios asumen un protagonismo excesivo y malévolo, apropiándose del set de grabación y de los exteriores. Como suele ocurrir cuando nuestra sociedad pierde el norte, el sur en el que habita mientras tanto se puebla de neblinas y opacidad. Crímenes extrajudiciales como el del terrorista yemení Bin Laden siempre nos arrojan de manera perenne al territorio de la oscuridad, en el que nunca vemos qué aconteció mientras, por varias generaciones, nadaremos en la rumorología y el lado borroso y turbio de nuestra forma de hacer las cosas como civilización.

Restan dos semanas hasta enfrentarnos con un nuevo capítulo renovador de nuestra joven y ya impaciente democracia nacional. Las páginas y minutos masivos destinados a cubrir tal acontecimiento concentran dos mensajes que bien podían ser uno. En realidad, no podemos hablar de mensajes cuando lo que nos trasladan son, sencillamente, eslóganes publicitarios para comprar un producto, un recipiente, sin contenido. Un envase vacío. Mientras, siglas y colectivos se hacen hueco en minutos de veinte segundos para sintetizar todo lo que nos tienen que contar. Es la Ley Electoral, nos dicen, quien marca los plazos del espacio informativo electoral obligatorio. Pero, a lo largo del cuatrienio de gobernabilidad, normativa alguna fija la relevancia de la información que se incluye en las páginas y los tiempos y, aún así, los mismos rostros e idéntico mitinerismo ramplón, insustancial, protagoniza nuestros desayunos, almuerzos y cenas. Hasta el domingo, donde el ritmo intelectual de nuestras constantes menos vitales cree que es dueño de su reducido destino. Sólo es necesario volver a desplegar la hoja tintada entre el café y el bocadillo, a esa hora donde nuestro mundo es un placer de improductividad en las cuatro direcciones, para darnos cuenta que, si no nos queremos atragantar, es mejor estar con ganas de descansar y sin ganas de realidad.

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7 respuestas a Sin ganas de Realidad

  1. Alfaqueque dijo:

    Muchas gracias… Como siempre, interesantísimo… Se lo he agradecido en mi web. Un abrazo.

  2. JP Knopfler dijo:

    Debemos recobrar la fe en lo posible y en lo imposible. Es un camino de los muchos con los que el hombre puede asumirse en la perfección.
    Saludos.

    • Tinejo dijo:

      Debemos y podemos hacerlo. Está en nuestra mano, pero necesitamos más que nos aprieten con energía y fortaleza, con determinación, para no andar solos. Abrazos.

  3. franciscobe dijo:

    No hay salida ni freno en esta pendiente de 89º.

    Desde el día en que la gente sale a la calle a celebrar un asesinato ordenado por un Presidente “democrático” y Premio Nobel de la Paz, violando no sólo las leyes propias y del derecho internacional (que nunca ha servido de nada), sino la DUDH en sus artículos 5, 7, 9 y 10, es que está todo perdido, a un ritmo inversamente proporcional al que se venden las camisetas con el rostro del ejecutado. No entro ni salgo en si era él o ya estaba muerto hacía años; lo importante es que la administración sea la que reconoce y presume de unos hechos vergonzantes.

    Por lo demás, habría que preguntar uno por uno a nuestros conciudadanos que nos dijeran a quién van a votar, y sobre su respuesta, qué puntos fundamentales del programa de esa formación son los que les han llevado a hacerlo. Y con esto está todo dicho.

    Escribe Ud. muy “bonito”. Un saludo.

    • Tinejo dijo:

      Efectivamente, pero el mercado electoral ha reducido su oferta a titiriteros que repiten eslóganes y a peleas de forzudos que derrochan cinismo y carecen de ideología y proyecto. La ciudadanía, fiel reflejo de su clase política porque ésta emana de aquella, no exige programa, ideas, resultados, compromiso y honradez, sino diversión y espectáculo. Desgraciadamente.

      Gracias por el cumplido, y por la visita a su Casa Querida.

      • franciscobe dijo:

        Desde luego, los ciudadanos ya no son siquiera votantes sino hooligans, es cierto. Pero no podemos cargarles con toda la responsabilidad (parte tienen, sí) si se utiliza la ciencia para manipular conciencias desde enquistadas posiciones de privilegio.

        Está claro también que no habría nada más gracioso (y deprimente) que preguntar en un colegio electoral tras el voto, qué puntos del programa les han movido a elegir esa opción. Imagine la respuesta (o la cara de circunstancias).

        En fin, ya se verá qué nos trae el viento, que espero sea plácida brisa en la Casa Querida.

        Un saludo.

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