Los discursos rabiosos

El manejo de la realidad futbolística, de lo que acontece antes, durante y después de un encuentro balompédico de trascendencia, debería carecer de importancia real, de impacto en las vidas y pasos de los seres humanos. O debería centrar sus alegrías y preocupaciones de manera primordial, según se mire. En todo caso, como el resto de circunstancias que manejan nuestras colectivas existencias, el aspecto lúdico debe regir el ánimo de los sentimientos provocados por dichos impactos. Ante el juego, diversión; ante la derrota, caballerosidad. El síndrome del mal perdedor reviste una gravedad limitadísima cuando se gesta en terrenos despoblados, en tribunas donde rebota el eco rabioso. No obstante, cuando esa impotencia desarbolada se desparrama en prime time y, frente a la humanidad bipolarizada en colores irracionales, ondula un mensaje y un tono capaz de enaltecer los valores ajenos al espíritu de la realidad que representa, nos enfrentamos a la agravación de una herida cicatrizada, de una enfermedad en recaída.

El mal perder, esa angustia visceral ante la superación de los objetivos previstos, lanzada con fiereza a nivel público y en directo, supone la traslación de los más rencorosos instintos subyacentes bajo la corteza de falsa diplomacia y aceptación que proponemos en este sistema de relación social. Cuando alguien como Mourinho y su correspondiente posición en el organigrama humano se salta con tanta ligereza las reglas de la diplomacia, la reacción en cadena de la barbarie y las subterraneas pasiones explota en racimo, dañando toda una estructura instaurada por generaciones de sensatos voceros de las reglas de juego. El profesional consolidado revirtiendo su tono hacia las ancestrales pataletas del chiquillo al que le han robado el globo, inmune al cumplimiento de normas y estilos y brutalmente irrespetuoso con las virtudes del contrincante y sus acólitos, crea un resquemor que derrama en cascada su mensaje destructor a los protagonistas del lance, primero, y velozmente se instala en la pasión incontrolada de la hinchada justificadora, a continuación e inmediatamente.

La otra columna de atención prioritaria en nuestro país también cuenta con lamentables elementos enrabietados tras la derrota de sus postulados y principios. La delicadeza que emana de asuntos de tamaña trascendencia radica en el fundamental ejemplo que debe transmitir la cabeza o cabezas visibles del colectivo que no ha conquistado la victoria pretendida. Participar en primera línea de alguna de las dos expresiones con mayor seguimiento apasionado en España conlleva, necesaria e imprescindiblemente, hábiles dosis de mesura, altura de miras y capacidad de analizar pros y contras de lo conseguido y extraviado a lo largo del recorrido emprendido. Aznar, primero, y el grupo dirigente actual, después, reúnen los perversos requisitos que debe descartar una democracia sana, del mismo modo que el técnico portugués del Real Madrid imprime en su resentimiento dialéctico incompatibles cualidades con la grandeza del club que representa y del inmenso colectivo al que se dirige.

Política y fútbol son cruz y cara, repartiéndose cotidianamente ambas parcelas, de la máxima atención ciudadana. El bipartidismo político y balompédico, inevitablemente instalado en el peso de la mayoría acomodada, necesita presentar una altísima dosis de responsabilidad en la oratoria y la dialéctica; evitar las entradas a destiempo, las artimañas a espaldas del árbitro y la culpabilización de elementos ajenos a la propia labor resulta esencial para que los bares y tertulias, las reuniones familiares y los foros cotidianos no centren su rutina en odio vacuo e impertinente.

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3 respuestas a Los discursos rabiosos

  1. alfonso dijo:

    genial la comparación, no ha sido roja, ha sido eta, me encanta vuestro lenguaje, os he pedido ya las llaves de la casa, enhorabuena…

    • Tinejo dijo:

      Gracias por visitarnos y quedarte a pasar una larga temporada con nosotros. Efectivamente, no podemos permitir ciertos tonos que, como único propósito, buscan ocultar el error propio en la generación de rabia colectiva. Eso nos aleja de nuestra condición humana y ciudadana, y sus consecuencias siempre son nefastas.

  2. borja dijo:

    NI PSOE NI PP POR ESTO,corruptos 730 y los librados,29 años de gobierno mitad salario de Francia,Alemania,Italia,Inglaterra etc,se regalan coches,trajes,VPOS,viajes y joyas,se perdonan sus deudas,colocan a hijos,primos,amigos,control medios y analistas de TODAS las tertulias debates,se niegan saldar piso por hipoteca, incumplen programa electoral,(manipulan ceoe,ccoo,ugt,iglesia,tv,periodicos,todos a sueldo)¿JUSTICIA?¿existe una justicia justa?NO..NI PSOE NI PP,PERO VOTA.GRACIAS.PASALO PORFAVOR.

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