Nuestra particular aportación a El Día del Libro

Con un día de reflexión y meditado retraso, queremos compartir nuestra biblioteca recomendada, más allá de Los más vendidos del momento; una selección de aquellos ejemplares que resisten el tiempo con armazón, escudo y espada, una pequeña biblioteca de libros que mantienen la vista al techo varios minutos tras apoyar la contraportada sobre el pecho. Más allá de las estanterías plagadas de tomos repetidos, de merchandising cartelero y de tácticas de promoción cinematográfica, se encierran ejemplares intemporales que aseguran horas de reflexión y divertimento, que nos reconcilian con la realidad castigadora:

1. Rayuela (Julio Cortázar).- Los saltos y el vuelo de Horacio Oliveira, de las esquinas llenas de Maga, los paseos de París y Buenos Aires, el jazz y el humo, marcan la frontera del hombre apolítico que comienza a entender que no puede vivir ajeno al colectivo que le roza y sortea mientras vive en el juego, en el rito propio del ecuador cortazariano. Seguir la línea que forma una grieta en la pared de la estancia, buscando el rostro que el azar moldea ó convertirse en fugaz equilibrista para recibir el atado de cigarrillos y la sonrisa de Talita nos trasladan al sueño de libertad, al hombre-niño que no ha envilecido su forma de mirar, que se niega a ver el mundo con retinas secas. Hay que leer a Cortázar.

2. Sobre héroes y tumbas (Ernesto Sábato).- Mención especial también merece la segunda parte de esta fantástica novela, Abaddón el exterminador, donde la crudeza de la dictadura militar argentina te da décenas de páginas en forma de bofetadas repulsivas y establece una férrea dignidad contra cualquier forma de totalitarismo como excusa de pacificación interna. Sábato, que cumple este año un centenario de dignísima existencia, presidió la Comisión contra los asesinos uniformados, lo que le ha consignado una desesperanza y pesimismo vital imposible de abandonar en cualquier armario de doble contrachapado. Esta novela nos sobrecoge, especialmente, en su tercera parte, Informe sobre ciegos, adentrándonos en las alcantarillas de los que no quieren mirar los sentimientos y gobiernan con puño de acero reforzado las existencias de los que desprecian.

3. El Señor Presidente (Miguel Ángel Asturias).- Si crees que estás rodeado de corrupción, toma dos tazas. El más certero reflejo novelado de lo impúdico y absurdo que resulta mirar para otro lado y colaborar con el poder podrido a poco que los remordimientos y los principios revoloteen por nuestra sensibilidad humana. De pisoteador a víctima no existe frontera, los servicios prestados se convierten en cuotas hipotecarias sin plazo de liquidación, las alcantarillas emiten hedor que se convierte en olor cotidiano y todos reciben su efluvio inevitable con silencio y complicidad.

4. Ficciones (Jorge Luis Borges).- El cénit de su videncia literaria se aglutina en esta colección de cuentos, liderada por la Biblioteca de Babel, donde se recoge todo lo escrito y escribible por la inteligencia humana, en sus expresiones idiomáticas aparecidas y por aparecer. Todo, resguardado y, a su vez, desperdigado en la imposibilidad de su aprehensión por la finitud de sus custodios. Esta obra se encontraría plenamente cubierta con la inclusión de El Aleph, el punto donde se encierra el universo, la esquina total, para disfrutar del Borges relatista, si no se cuenta con su pasión por el género policiaco y su fructifera alianza recopiladora de la mano de Adolfo Bioy Casares.

5. Los detectives salvajes (Roberto Bolaño).- Seguir los pasos de Arturo Belano y Ulises Lima, los detectives salvajes fundadores de la sutil corriente del realismo visceral, coincide con el abandono de cualquier intención de existencia conservadora. De esta novela irradian personajes e historias que protagonizan otras obras de Bolaño, siempre tan cerca del Belano que se gana temporalmente la vida cuidando un camping catalán, que regresa a Chile con sigilo y dolor, pero que emprende una odisea tan rocambolesca como para dar con sus pasos en una Liberia que le azota con la violencia más despiadada que podía imaginar, todo ello desde la óptica de su intermitente amigo y discipulo García Madero, que nos lo presenta con lágrima y contenida lejanía.

6. La invención de Morel (Adolfo Bioy Casares).- El mito de la isla desierta, del Robinson Crusoe que, tras vencer el terror del individualismo impuesto, descubre que no está solo y se adentra en una aventura homérica de exploración, se presenta en esta novela como un relato de intriga frente a una perspectiva inversa al relato tradicional. El grupo que regenta la insula obvia la presencia cada vez más explícita del intruso, mientras éste, confiado, va modelando su universo superviviente al ritmo de los seres que le rodean sin tocarlo. Más allá de esta sinopsis no debe haber síntesis, ya que el retorno a la soledad es la agonía que culmina esta fantasía memorable.

7. El hombre que amaba a los perros (Leonardo Padura).- Ya hemos comentado en una entrada anterior esta clarividente novela sobre el exilio de Liev Davidovich, Trotsky, lider de la Revolución de Octubre y máximo responsable del Ejercito Rojo, y su antítesis en el andar de Ramón Mercader, el verdugo que asestó el infame golpe de piolet al cráneo del dirigente bolchevique una tarde de 1940, en México. Vías paralelas que convergen en un instante crucial para la historia del comunismo universal, para la culminación de la infamia estalinista, documentadas con excelencia por el novelista cubano en una novela apasionante por su mescolanza de géneros y rítmos literarios.

8. El Barón rampante (Italo Calvino).- Cosimo, primogénito del Barón Arminio Piovasco, decide con 12 años que va a vivir, a partir de ese momento, subido a la rama de los árboles y no volverá a pisar tierra firme. Su hermano Biagio nos relata la existencia del Barón rampante, desencantado inmediatamente con un mundo que sólo le propone envidia, intereses y mentiras. Calvino, militante del Partido Comunista italiano, fabuló, en esta aventura plagada de ternura y guiño a los clásicos infantiles, acerca del desengaño frente a la utopía, que en su caso se presentó abruptamente con la intervención soviética en Hungría, en 1956.

9. Historias de Cronopios y de Famas (Julio Cortázar).- Contaba el autor, en una entrevista para TVE en 1977, que los cronopios se le habían presentado una mañana, que los había visto y disfrutado de su alegría. El trasfondo de esta división social emotiva y, no por sencilla menos exacta, reservará su fundación en la abrumadora mente del genio argentino, en su universo fabuloso. Esta colección de cuentos e historias, rematada por la aparición de esos seres que derrochan pasta dentífrica y adoran los sandwich de queso, no debe ser explicada. Saltimbanquear las páginas cronopiales da tanto regocijo como el placer sublime de la maledicencia inversa de aquella familia de Banfield que se cuela en los velorios o gestiona una sucursal de correos.

10. Rebelión en la granja y 1984 (George Orwell).- En ambas se refleja con un acierto de experto adivinatorio las atrocidades que se ocultaban tras la megalomanía del Gran Timonel, el Padrecito, Koba, el georgiano que pudrió la Primera Revolución de obreros y campesinos de la Historia universal. Ampliamente conocidas y difundidas, son el más eficaz recordatorio de los errores cometidos, en nombre de la más digna de las ideologías, por la esencia humana, incapacitada para desarrollar acciones colectivas descontaminadas de tanta exposición al invididualismo y el totalitarismo, presas en su castigado genoma histórico.

Este es nuestro decálogo literario para no dejar pasar. La inmensa mayoría de ustedes se encontrarán ampliamente familiarizados con la totalidad de las obras recomendadas, pero eso no es óbice para homenajearlas en el día que nos recordamos lo imprescindible de la lectura como cobijo y, sobre todo, catapulta de nuestros principios. De nuestras utopías.

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5 respuestas a Nuestra particular aportación a El Día del Libro

  1. Alfaqueque dijo:

    Cuanto se tiene espíritu constructivo, siempre nos encontraremos. Un abrazo.

  2. PoKaMa dijo:

    Muy buenas sugerencias, gracias!

    • Tinejo dijo:

      De nada, nos alegramos que estén en sintonía con tus gustos y, sobre todo, que te haya podido aportar alguna recomendación literaria que te ofrezca un rato de felicidad y reflexión. Abrazos y gracias por visitar tu Casa Querida.

  3. Muchas gracias por la visita, vecino Tinejo.
    Excelentes recomendaciones y muy linda casa.
    Llamaré a su puerta muy a menudo.

    Bxo.

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