Compradores de vida miserable

En una entrada anterior realizamos un bosquejo sobre la devastadora película “nunca me abandones”, basada en la novela homónima del escritor Kazuo Ishiguro. En ella, como elemento de ficción (?) central se relata la fabricación de clones que, tras una infancia y adolescencia ajena a las preocupaciones, y tras recibir cierta formación y atendimiento, reciben la revelación de que su destino es estar dispuestos para que sus iguales vayan recibiendo los órganos necesarios a lo largo de su deterioro físico. Sus órganos, hasta que resistan. Esto es aceptado con absoluta naturalidad, sin rebeldía ni cuestionamientos, casi con cooperación fiel. Entregan su esencia a los que más tienen sin sentir la picazón de la negativa, de la búsqueda de respuestas ante preguntas tan tramposas.

La ficción comienza y termina en un futuro que es pasado distinto, porque de resto esas copias a modo de supermercado orgánico existen en nuestros días, sólo que expectantes entre el revuelo de su miseria, sin saber que, en cualquier momento, los secuaces de la ignominia aparecerán para ofrecerles, a lo sumo, 3.000 dolares por un riñón. Cantidad ridícula, de propina racana, frente a años de supervivencia. Esa calderilla no tintinea igual para el receptor de la oferta, evidentemente, ya que representa una auténtica fortuna, una puerta hacia la salida (craso error) del desastre y la penuria. Salida con doble puerta. En la segunda hay candado y barra de seguridad, nuevo muro ante el futuro irremediable.

Los países empobrecidos de Europa del Este y Asia Central se han convertido en fértiles centros comerciales para aquellos anónimos occidentales que no quieren ni aceptan esperar por un sistema de donación que se ha destacado por su eficacia, garantía y, sobre todo, iluminada por la solidaridad auténtica, sin transacciones de trilero ni asesinatos a medio plazo. En España podemos colgarnos una medalla bien ganada en la cancha, y no es otra que ser el primer Estado en número de donaciones y trasplantes de órganos del mundo, y aún así convivimos con la lacra colectiva que supone mucho más que una compraventa viciada: siquiera plantearse la posibilidad de recurrir a un mercado que tiene en cartera mercenarios reconvertidos, engaños y extorsiones, quirófanos de tapadillo en cualquier edificio descascarado y, finalmente, deterioro y muerte de otro individuo, rechaza cualquier comprensión conmiserativa hacia el desesperado enfermo. Es más, alejemos automáticamente de nuestro asco moral la imagen del ricachón opulento que tira por el camino sencillo antes que enfrentarse a la incómoda burocracia de las listas de espera. 3.000 dolares o euros están a disposición prácticamente de cualquier ciudadano occidental y, reiteramos, se contrapone al inmenso botín que supone ante los ojos y la desesperanza de aquel que consigue juntar, a lo sumo, un par de ellos al día.

Ni siquiera tenemos que imaginarnos que la totalidad de este mercado se basa en el engaño directo o, peor aún, la extorsión y presión para conseguir bienes orgánicos de consumo en este repugnante mercado común. Cientos de ofertas aparecen en anuncios por palabras, en páginas web, tras los que se encuentran particulares con problemas financieros, regularmente de Estados subdesarrollados pero con una invasiva conciencia capitalista irradiada desde sus órganos de gobierno y gestión, que fomenta torticeramente la perversa cultura de la oferta y la demanda, esa que nunca existe entre iguales, la de la balanza ladeada.

España, como comentábamos, es líder en materia de donación, a pesar de convivir con un distorsionado sentimiento religioso que frena, en multitud de ocasiones, la decisión de ceder, tras el fallecimiento, los órganos aprovechables a otros individuos que requieren de ellos para subsistir. En la mayoría de países nórdicos, por el contrario, los niveles son inferiores, a pesar que la legislación establece la donación automática post mortem, salvo declaración explícita en contrario en vida del potencial donante. Normativa explícita y erradicación de complejos producidos por la más turbia de las tradiciones religiosas suponen el camino correcto para finalizar con las listas de espera, aumentar la esperanza de vida de nuestros semejantes y, sobre todo, evitar la exportación de más perversidades de este sistema económico que compra y vende al mejor postor, con la salvedad de que el vendedor suele coincidir con el más desesperado y frágil del mercadillo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en La Farola vigilante y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Compradores de vida miserable

  1. Por suerte, algunas personas con conciencia han decidido que donarán sus órganos a quienes les puedan servir (aunque si mueren de viejos igual de poco valen) y después de que les hayan quitado todo lo que sea “de utilidad”, donarán su cuerpo a la investigación.

    Muy curiosa decisión y muy loable…

    • Tinejo dijo:

      Efectivamente, pero estarás con nosotros que lo aconsejable es que, salvo expresión en contrario antes del fallecimiento, a modo de testamento vital, la norma general sea la donación, ya que el cuerpo no es transmisible hereditariamente y, por tanto, no pertenece a sus herederos. De este modo, crecería exponencialmente la posibilidad de salvación de esas listas de espera agónicas, que tenemos la obligación de recortar en la medida de nuestras posibilidades. Un abrazo y gracias por visitarnos y compartir en Casa Querida.

    • El punto de obligación lo vería en cambiar el modo de educar a las personas para que fueran capaces y conscientes de tomar una decisión solidaria para con el resto de las personas que, por un casual, puedan necesitar de un órgano cuando nosotros nos hayamos ido dejando atrás los nuestros.

      Muchas cosas están dificultando además que la ciencia médica no pueda mejorar lo suficiente como para llegar a salvar cosas que hoy por hoy podrían tener cura pero no la tienen porque alguna persona decide culpar a quienes intentan ir más allá de lo que para esa persona es ético y moral. Por ejemplo, al único hombre que logró clonar un ser humano (aunque creo recordar que estaba en fase embrionaria) con éxito… Se tuvieron que “contentar” con condenarle a varias cadenas perpétuas, y dándose con un canto en los dientes por no poder condenarlo a morir.

      • Tinejo dijo:

        España está a la cabeza de donaciones en el mundo, y ese es un paso positivo. La ciencia avanza en la creación de órganos artificiales, y seguro que en un plazo no muy lejano podamos disfrutar de esa tecnología, pero la clonación como tal puede tener connotaciones complejas, en el sentido de enfrentarnos a seres de distinta categoría y los problemas y divisiones que eso podría conllevar, sin contar que estaríamos hablando de fabricación de vida para su uso por parte de otros, lo que sería una especie de esclavitud genética. En todo caso, no fantaseemos, ciencia y ética suelen acabar encontrándose.

  2. guss dijo:

    Es brutal. Espero yo también que pronto haya órganos artificiales. Que horror.

  3. Alfaqueque dijo:

    A la recíproca… Estupendo artículo. De paso, gracias por las aportaciones a CambiaCalp. Un abrazo.

  4. mr.carlos dijo:

    I think your article is excellent

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s